Apagó la luz de la mesilla y se envolvió con el edredón. El viento silbaba contra los tabiques de la casa, se colaba por la ventana y hacía vibrar el cristal. La gente común habría descrito el sonido como algo tenebroso y lúgubre, pero no Bonnie Bennet. Bonnie Bennet se había acostumbrado a cosas mil veces peores que el escalofriante sonido del viento en mitad de la noche. Eran pocas las cosas que podían privarla del sueño, y una de ellas, había rondado su mente durante los últimos días.

La mirada vacía de Kai se clavó en sus pensamientos.

Sin embargo, el cansancio pudo con ella. Pronto, sus pesados parpados la vencieron y Bonnie se vio sumida en un profundo sueño. Morfeo la abrazó hambriento y ella se dejó llevar.

Había una camino, un camino largo en el bosque, un bosque que había recorrido millones de veces; Mystic Falls. La luna era lo único que se reflejaba sobre él, una luna redonda e inmaculada, sombreada por un incipiente eclipse. Bonnie bajo la mirada al suelo y continuó el camino, que desembocó en la casa de los Salvatore. Alguien la esperaba dentro. No era una sensación, sino una certeza, que se confirmó cuando entró y reparó en el fuego ondeante de la chimenea.

−¿Elena? –por alguna razón, creyó que era ella la que se encontraba en el interior de la casa, junto a Stefan.

Pero no halló a nadie.

Bonnie se percató entonces de que todavía era una adolescente. Su traje de animadora recalcó el hecho. Sujetaba los pompones, en ambas manos, como si hubiese vuelto de entrenar ella sola hasta aquella casa.

−¿Stefan?

No hubo respuesta.

Alguien estaba sentado en una silla, frente al fuego de la chimenea. No, no sentado; sino atado contra ella. Bonnie se detuvo a escasos centímetros tras la silla.

−¿Damon?

Dio dos pasos más, y descubrió que no era Damon. Contuvo el aliento.

−Siempre te quise ver con ese traje de animadora.

Kai le sonreía, una sonrisa infantil.

Los pompones de Bonnie cayeron al suelo.

Phesmatos Capitis.

−Ah. Ah –él negó lentamente−. Chica mala. Tu brujería no funcionará aquí, el mundo onírico tiene sus triquiñuelas. Pero me ofende que esas sean tus primeras palabras al verme, ¿no me has echado de menos?

Permaneció quieta, consciente de que había estado aguantando la respiración demasiado tiempo. Tenía miedo. No deseaba demostrarlo. Sus pupilas se clavaron en él, con profundo rencor.

−¿Por qué estás atado?

−Estoy donde me dejasteis tú y Damon, atado a una silla, después de que recuperaras tu magia en el supermercado. Pero es tu mente; tu sueño, ¿quieres confesar algo? Que la forma más reciente que me recuerdes sea atado contra una silla, es bastante sospechoso.

Le guiñó un ojo con picardía.

Era un sueño, Bonnie giró sobre sus talones y abandonó la habitación. Pero estaba allí de nuevo, en la cocina, cocinando la cena de acción de gracias. Ahora se encontraban en Portland, en la casa de su aquelarre. Kai le sirvió un plato y Bonnie se percató de que estaba sentada. El brujo le dedicó una mirada de desaprobación.

−¿No vas a probarlo?

−Solo si está envenenado y me puedo morir para dejar de verte.

El muchacho dejó escapar una corta carcajada acompañada de una expresión de estupefacción.

−Vaya, que carácter.

Ella simplemente cerró los ojos con fuerza y se obligó a no hablar con él. Estoy soñando, estoy soñando, estoy soñando.

−Tengo curiosidad –Kai mastico la comida con avidez−. ¿Por qué Dublín? Podrías haber elegido un lugar diferente, ¿pero Irlanda? Solo hay laderas y cabras.

La bruja no respondió.

−Y el nombre que has escogido, ¿Sadie? Debe ser el nombre más deprimente de la historia. No la mejor opción para comenzar una nueva vida, ¿no crees? Me pregunto qué pensaría Mister Cuddles.

Bonnie recordó el oso en el que había escondido su magia para alejarla de Kai.

−O Damon, seguro que se burlaría de ti. Pero para ser sinceros, a nadie le importa lo que piense Damon, porque Damon solo sabe pensar en Damon y en Elena. Elena, Elena, Elena –dejó escapar un resoplido pesado−. Kai despierta a Elena, Kai Elena sigue dormida, blah, blah blah… Si hubiese sabido que se pondría así, simplemente la habría matado para que dejara de preguntarme sobre ella.

Puso los ojos en blanco como si fuese obvio.

−¿Y por qué no lo hiciste?

Kai compuso una expresión de falsa preocupación.

−Era tu amiga, nunca me lo habrías perdonado.

−¿Desde cuando te preocupa lo que opine de ti?

−No me preocupa, pero no quiero a una Bonnie Bennett detrás de mi cabeza, aprendí la lección. Si vivo quieres estar, a Bonnie Bennett no debes enfadar –canturreó.

La susodicha se levantó de la silla y abandonó el lugar.

Ahora estaban en el jardín; Kai sostenía el cuchillo de cazador con el que una vez había apuñalado a Jo y más tarde la apuñaló a ella. Bonnie dio un paso atrás instintivamente.

−Tienes miedo –susurró Kai, sus ojos encendidos−.Ah, ya veo, puede que también estés recordando, que si viva quieres estar, a Kai Parker tampoco debes enfadar.

Ladeó el rostro y dio un tímido paso en su dirección. Bonnie no se movió.

−Estoy soñando –repuso, expresión inmutable.

−Sí, lo estás… Pero ¿estás a salvo de mí?

Su mano se enredó en su nuca y la empujó en su dirección, tal y como lo hizo la última vez antes de ser apuñalada. Bonnie cerró los ojos y se preparó para el violento filo del cuchillo. Sin embargo, tan solo sintió su mano chocar contra su abdomen. Kai sonrió frente a ella, demasiado cerca. Se burlaba. Ella lo empujó.

−Tan solo bromeaba –repuso él con las manos en alto de forma inocente.

Se había metido el cuchillo entre el pliegue del pantalón y su vientre. Lo tomó el mango y avanzó en su dirección nuevamente. Esta vez, había una determinación sociópata en su mirada.

Bonnie sintió el corazón a mil.

Motus.

Kai no se movió, simplemente la miró con fingida decepción..

−Hemos dicho que nada de magia; es trampa.

Podía dejarse apuñalar una, dos veces, pero no tres. Bonnie corrió hacia el interior de la casa. Pero estaba en el coche de Damon ahora, y tardo medio segundo en percatarse de que ocurriría a continuación. Sin embargo no huyo lo suficientemente rápido.

Kai la aferró por el cuello y pegó el rostro al de ella.

−Suéltame –siseó asfixiada.

−Qué pocos modales, huyendo de tu anfitrión. ¿No podías estarte quieta verdad? Si tan solo no te hubieras movido, todavía estaríamos en la casa de los Salvatore conmigo atado en una silla. Tal y como más te gusto.

Bonnie trató de zafarse, Kai la aferró con más fuerza.

−Ahora despertarás y probablemente tratarás de convencerte de que tan solo ha sido un sueño, de que solo soy un fantasma del pasado. Pero recuerda, sigo vivo, donde me dejaste y he tenido mucho tiempo para pensar sobre las miles de formas en las que puedo castigarte. Una y otra vez… Y pronto descubrirás que no puedes escapar de mí…Phesmatos Incendia.

Los labios de Kai besaron su mejilla, ardientes. Quemaban.

El dolor la hizo regresar en sí.

Estaba en su cama y la tormenta azotaba la costa de Dun Laoghaire. El cristal de la ventana vibraba con frenetismo, al igual que el corazón de Bonnie. La bruja se puso en pie y caminó hacia el baño con manos temblorosas.

Solo había sido un sueño, había sido un sueño…

Encendió la luz y se acercó al espejo.

Solo había sido un sueño, había sido un sueño…

Se miró.

Solo había sido un sueño, había sido un sueño…

La marca del ardiente beso de Kai estaba grabada en su mejilla.


¡Gracias por las reviews! Siempre me hace ilusión leerlas. Espero que este capítulo sea entretenido. Echo de menos a Kai Parker :,(

Tengo la misma historia subid en Wattpad, en la que actualizo los capítulos antes que aquí. También tengo una historia original a la que me gustaría que alcanzara a más lectores. Siempre estoy muy agradecida por el apoyo.

¡Un abrazo!