Llegaron a la casa de Ana. Sus padres estaban trabajando, así que solo estaba su hermana en casa, quien saludó a ambos y los dejó solos en la sala de estar para que no se distraigan.

_Bueno -dijo Ana-, ¿por donde querés empezar? ¿Por repasar la anatomía de la hoja, o por la composición del fruto?

_Es mejor que hagamos una investigación previa -sugirió-, así unimos ambas cuestiones.

_Algo que me ayuda a concentrarme es masticar chicle, voy a traer algunos -dijo Ana, fue a la cocina, volvió, y puso sobre la mesa unos chicles de sandía con forma esférica.

Zim miró con curiosidad esas esferitas verdes, sin saber bien que hacer, hasta que vio que Ana se metía una en la boca y la masticaba, así que hizo lo mismo. Ana notó que Zim probó el chicle, pero, unos segundos después, dejó de masticar.

_¿Te tragaste el chicle? -preguntó, incrédula.

_Por supuesto -respondió Zim, sin entender a que venía la pregunta.

Ana se sintió algo sorprendida de tener que explicarle como se mastican los chicles.

_El chicle no se traga, solo se mastica, cuando queda sin sabor es cuando se escupe en la basura.

Zim no se esperaba eso, el creyó que todo aquello que se mastica se tiene que tragar, como todo el resto de los alimentos.

_¿Y ahora qué me va a pasar? -preguntó, algo asustado.

_No mucho, ¿como decirlo con elegancia...? Lo vas a expulsar con la mísma apariencia con la que entró.

Buscaron en Google, se ayudaron con libros de botánica de la madre de Ana, y leyeron artículos de divulgación científica en internet sobre la fotosíntesis y el azucar en las plantas. Zim tenía experiencia haciendo investigaciones, por eso no tuvo dificultades. Ana resumía la información valiosa que encontraba, y Zim escribía el informe relacionando cada punto. Al cabo de una hora habían terminado la tarea y se pusieron a conversar.

Ana estaba curiosa por saber de su nuevo compañero de clases, así que le hizo algunas preguntas para conocerlo mejor.

_¿Que te hizo cambiarte de escuela a mitad del año? -preguntó.

_Bueno, descubrí que podía hacerlo hace poco. Lo hice para huir de un malnacido que me fastidia todos los días -dijo Zim, con énfasis.

_Lamento que hayas pasado por eso, espero que en nuestra escuela tengas mejores experiencias -dijo Ana, tratando de animarlo.

_Su nombre es Dib, y espero que nunca lo conozcas, porque si lo hace te va a decir cosas de mí que no son ciertas.

_Ah, clásicos chismosos. Esos inventan rumores de todo el mundo y los difunden como si fuesen la noticia del año -dijo Ana, conociendo a ciertas compañeras suyas de otras aulas.

_Si te dice algo, no le creas. ¡Son puras mentiras!

_Está bien, no te preocupes, yo solo creo en algo si se tiene evidencia.

Zim se dió por satisfecho. Hacía solo unas horas que conocía a Ana, pero supo en seguida que podía confiar en ella.

Les dió hambre. Ana era una jóven que tomaba muy en serio el cuidado de la salud, por eso sirvió dos naranjas cortadas como merienda; comieron sin preocupaciones, hasta que se dieron cuenta que les quedó la boca llena de jugo de naranja.

_Voy a traer servilletas -dijo Ana, y se dirigió a la cocina.

Pero Zim no quería esperar. Vió una pecera con peces, en su planeta, se tienen plantas vivas en alcohol con azucar como decoración, así que pensó que eso era lo que contenía la pecera. Así que juntó agua con sus manos con guantes y se la echó a la cara. Craso error. Apenas el agua tocó su piel, empezó a sentir un ardor terrible.

_¡AAAAAAAAYYYYY! -gritó, y, sin ver hacia donde iba, salió corriendo con los ojos cerrados para alejarse de la pecera.

Sin darse cuenta, Zim entró a una habitación que estaba en remodelación, es decir, llena de pintura, escaleras, y muebles cubieros con una sábana.

Ana, tras escuchar el grito, fue a ver que pasaba.

(La siguiente escena podría tener como música de fondo el soundtrack de la película Buddy Superstar – The destroyer).

Zim corrió directamente hacia un montón de cacerolas apiladas, cuando las pateó sin quierer el ruido lo asustó todavía más, lo que lo hizo correr más rápido en otra dirección. Sólo para chocar contra una escalera y tirar al suelo tres tarros de pintura y un tarro con aguarrás, tras esto abrió los ojos y confundió el aguarrás con agua, así que salió corriendo asustado hacia su izquierda. Algo tarde, vió que en frente suyo había una mesa obstruyendo su camino, lo primero que se le ocurrió hacer fue pasar por debajo, pero cuando lo hizo enganchó la sábana con su mochila y tiró al suelo un montón de ropa vieja (que usaban los pintores mientras trabajaban). Al salir de debajo de la mesa, más calmado, se apoyó sobre una escalera; sin saber que, al moverla, hizo que un vaso grande lleno de Coca Cola (que un pintor se olvidó de su jornada de trabajo) le cayera encima.

Así quedó, todo patas arriba y Zim con su ropa y pelo mojado.

No contento con eso, Zim empezó a sacudir la cabeza con el pelo mojado (de una manera similar a los metaleros) y salpicó a Ana. Cuando paró, se puso a mirar como quedó la habitación, por alguna razón se le ocurrió que tenía que tirar abajo la escalera del vaso... y lo hizo.