Disclaimer: Naruto no me pertenece
Advertencias: Crackpairing, violencia, muerte de personajes, y what if.
La historia se sitúa en la tercera guerra ninja, un año antes de la batalla en el puente Kannabi, donde sucede el Kakashi Gaiden.
Hinata asiste a la academia ninja donde conoce a Obito Uchiha, a quien admira y observa de lejos en la aldea, aunque nunca se ha animado a hablarle. Pero un día el Bouke se alza contra el Souke y Hinata queda sola y perdida en los terrenos Uchiha. ¿Cómo se desarrollarán las cosas a partir de ese punto? ¿Reclamará su lugar como legitima heredera del clan o se marchará para siempre de Konoha?
Clanes y leyendas
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Capítulo II.
La vida sigue.
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40 días después de la masacre Hyuuga.
— Bienvenida a tu nuevo hogar, dattebane... — Exclamó Kushina con demasiado entusiasmo. Minato también sonrió y entró a la casa estirando los brazos con un poco de pereza. Eran las 9 de la noche cuando por fin salieron del hospital y los cuatro llegaron juntos a la casa.
Cuando el matrimonio Namikaze recién había encontrado a Hinata, se despidieron de los líderes del clan Uchiha, acompañaron a Obito por algunas de sus pertenencias a su casa, y fueron al hospital a tratar a Hinata, donde despertó. No estaban muy seguros de cómo tomaría la idea de que ahora viviría con ellos, pero por mandato del Hokage antes debería permanecer un mes en el hospital, ya que no respondió a ninguna pregunta de lo sucedido la noche anterior.
Obito era quien estaba más animado de lo normal, diciendo que tenía mucha hambre, así que mientras Kushina ayudó a Hinata a que se diera una ducha, Minato comenzó a preparar la cena.
— ¿Te has acostumbrado a estar aquí, Obito? — Preguntó Minato mientras hacía la mezcla con la que sazonaría el pescado, él chico ya llevaba más de un mes viviendo ahí.
— Es un lugar muy acogedor. — Comentó Obito quien estaba sentado en una silla junto a la mesa.
— En lo personal creo que esto es una buena idea, — Minato dudó un segundo sobre si abordar el tema de Fugaku, pero decidió que Obito era lo suficientemente grande para entenderlo. — Fugaku se preocupa por todos, estoy seguro de que pensó que estarías mejor con nosotros que solo.
El chico torció la boca y desvió la vista.
— No necesitan preocuparse por mí, sé cuidarme solo. Vine con ustedes solo porque no quería pelear con... — Ya no quería llamar con respeto al líder de su clan, pero tampoco sabía de qué otra manera llamarlo. — ...Fugaku-sama, además también les pagaré renta y lo que gasten en mi.
— Eso no es necesario, Obito. — Kushina apareció de pronto. — Tenemos el dinero suficiente para hacernos cargo de los dos y hasta de más niños.
Minato sintió un poco de vergüenza al ver a su esposa mentir de manera tan natural, sin embargo tuvo que aceptar que Obito lucía más tranquilo al saber que no lo consideraban una carga.
— Aún así, les daré la mitad de mis pagos. — Dijo pero entonces Kushina se acercó y le jaló el cachete.
— Creo que de los alumnos de Minato, eres mi favorito, ttebane.
Los ojos del chico se iluminaron, por fin alguien lo prefería antes que a Kakashi.
— Oh, Hinata-chan, ven a sentarte. — Dijo Minato cuando la niña se asomó por la entrada al comedor.
Ella se acercó y pudieron ver que vestía una playera blanca que le quedaba enorme, así como un pantalón negro que llevaba amarrado con un cinturón que evitaba que se le cayera.
— Siento no tener algo más pequeño, mañana iremos de compras Hinata-chan. — Kushina le sonrió pero la niña se limitó a asentir.
— ¿Te gusta el pescado? — Preguntó Minato mientras colocaba en el aceite los pescados.
Ella volvió a asentir.
— ¿Te comieron la lengua los gatos? — Preguntó Obito mientras Kushina acomodaba la mesa.
— No. — Murmuró Hinata.
Kushina sonrió.
— No te preocupes Hinata-chan, tómate tu tiempo y verás que poco a poco te sentirás mejor, los médicos dijeron que todas tus heridas estaban completamente curadas.
La niña asintió levemente.
Pronto Minato sirvió el arroz y el pescado, pero ella no volvió a pronunciar ninguna palabra.
Cuando era hora de ir a dormir, Minato sonrió apenado.
— Queda una habitación vacía, esa será tuya Hinata, pero queríamos esperarte para que tu eligieras la decoración y las cobijas. — Indicó el mayor.
— Hoy Hinata-chan dormirá conmigo en la cama y ustedes dos dormirán en el cuarto de Obito.
Obito alzó los hombros restando importancia al asunto.
Pero a la hora de dormir, Hinata solo podía mirar el techo blanco de la habitación, porque si cerraba los ojos, veía el rostro de su madre cubierto de sangre y perder el brillo de sus ojos.
Al día siguiente Kushina, Hinata y Obito fueron de compras al centro de la aldea.
Primero fueron a conseguir cobijas y un escritorio de madera para los dos chicos, aunque Obito dijo que prefería escribir sus reportes de misión en el suelo. Cuando salieron, los alcanzó Minato con una gran sonrisa en el rostro.
— Aquí está, Hokage-sama nos ha dado un poco de dinero para comprar todo lo que necesite.— Le susurró a su esposa, quien asintió agradecida. — Sin embargo debo regresar a la torre. — Dijo en voz más alta. — Volveré a tiempo para preparar la cena.
— De acuerdo cariño, nos vemos— Gritó Kushina y agitó la mano efusivamente.
Después entraron a una tienda de ropa, y la mujer se puso a buscar atuendos para Hinata, quien estaba sentada mirando al piso.
— ¿Qué opinas de este vestido, Hinata-chan? — Kushina le estiró un kimono rosa con flores de cerezo. Hinata asintió, lo cual hizo que la mujer se emocionara, tal vez estaba logrando que la chica se abriera, pero después se dio cuenta de que a todo le decía que sí, por lo que terminó ella eligiendo todo.
— ¿Qué piensas de ésta playera, Kushina-san? — Después de vivir algunos días con la pareja, Obito ya estaba tuteando a la pelirroja, quien muy contenta asintió.
— Te ves muy apuesto Obito-chan, seguro todas las chicas se morirán por ti. — Aquellas palabras impactaron en el chico, cuyas mejillas se sonrojaron, y aquello llamó la atención de Hinata.
— ¿Tú crees? Tal vez le guste a Rin...
— ¿Te gusta Rin? — Preguntó Kushina con un tono de picardía.
— Sí bueno, un poco... — Dijo mientras se rascaba la cabeza y trataba de ocultar su sonrojo.
— Ella es una chica maravillosa y muy hábil, sin duda tienes mi aprobación.
Hinata observó a los dos interactuar y se sintió aún más triste por no ser capaz de reaccionar igual que ellos. Y siendo honesta, no quería oír las historias que Obito estaba contando sobre Rin, por lo que se puso de pie y salió de la tienda sin saber realmente a donde ir.
Justo cuando la puerta de la tienda se cerraba tras ella, se dio cuenta de que siempre había deseado ser como Obito, tener su determinación, fortaleza y optimismo y ahora que se sentía más triste que nunca, se sentía indigna de tener cerca su calida presencia.
— Hola. — Un perro se acercó a Hinata y dado que ella solo miraba hacía el suelo, supo que esa voz era del canino.
Ella alzó su mano izquierda en señal de saludo, mientras con la derecha sostenía la piedra roja que tanto atesoraba, Kushina ya le había preguntado porqué tenía siempre cerrado el puño derecho, a lo que ella solo atinó a responder con un movimiento de hombros.
— ¿Has visto a Obito Uchiha? El capitán Kakashi lo está buscando.
Ella señaló dentro de la tienda.
— Gracias humana. — Y el perro desapareció en una voluta de humo, dando a continuación paso a la presencia de Kakashi.
— Jutsu de cambio. — Respondió al ver el rostro sorprendido de la chica, quien al oír la respuesta, asintió. — ¿Obito está dentro?
Hinata asintió.
— Bien. — Kakashi abrió la puerta pero antes de entrar miró a la chica ver de nuevo el piso. — ¿Te vas a quedar ahí parada?
Ella lo miró y alzó los hombros.
— Entonces entra.
Ella negó, no quería oír a Obito hablar de Rin.
— Entonces vete.
Ella no se movió, no tenía a donde ir.
Kakashi suspiró fastidiado pero entonces Obito apareció frente a él.
— Kakashi, ¿Qué haces aquí?
— Tenemos una misión en la aldea.
— Ya era hora, solo dame un minuto más. — Y se metió de regreso en la tienda.
Kakashi miró de nuevo a la chica.
— ¿Eres la chica Hyuuga, no?
Ella asintió.
Kakashi la examinó. Ya la había visto en la academia, siempre los seguía y se ocultaba para tratar de no ser vista, pero no podía engañarlo a él.
— A ti te gustaba Obito en la academia, ¿No es así?
Las mejillas de Hinata se tiñieron levemente de rojo y negó.
— Deberías entrar a la tienda, y no te alejes de Kushina-san.
Hinata lo miró atentamente, y él supo que ella deseaba oír el porqué de sus palabras.
— Toda la aldea ya sabe lo sucedido en tu clan, tus padres han sido calificados como traidores, así que ten cuidado, la gente puede llegar a ser muy cruel y más con las personas como tu.
— ¿C-cómo y-yo?
— Débiles.
Hinata bajó la vista y al mismo tiempo Obito salió corriendo de la tienda con una playera nueva de color lila.
— ¿Qué tal Kakashi? Rin se enamorará de mi a primera vista.
— Vamos, se hace tarde. — Y comenzaron a caminar.
Cuando los dos chicos dejaron de verse, Hinata entró a la tienda, donde Kushina pagaba las cosas.
— ¿Cu-cuando regre-saré a-a la acade-mia? — Preguntó Hinata entre tartamudeos.
Kushina tomó las bolsas y apuró a la niña a salir de aquel lugar, después de avanzar unos pasos, le dijo sin mirarla.
— Me temo que no vas a regresar a la academia, Hinata-chan.
— ¿Por q-qué? V-voy a ser un n-ninja...
— Me temo que no, Hinata-chan, no puedes regresar a la academia ni aplicar los exámenes para ser un shinobi de Konoha. — Kushina la miró con tristeza.
Las lágrimas se asomaron en los ojos perlados.
— ¿P-por q-qué?
La mayor se detuvo, puso las compras en el piso y se agachó para estar a la altura de la niña, quien comenzaba a sollozar.
— En esta aldea hay gente que cuida por todos, y a veces ellos toman decisiones que no nos gustan pero que son por el bien de la aldea. No puedes ser una Kunoichi pero eso no es el fin del mundo Hinata-chan, puedes ser cualquier cosa, cocinera, maestra, florista... ser un ninja no es lo único en la vida.
— P-pero ento-nces... — Pero las palabras dejaron de salir y lágrimas silenciosas la aprisionaron. ¿Cómo iba a vengar las muertes de sus padres? ¿Cómo iba a dirigir el ejercito de los Hyuuga si no era una kunoichi? ¿Cómo dejaría de ser débil?
Kushina jamás se había sentido tan impotente ni tan mal al caminar de la mano de una niña que lloraba en silencio por el miedo al futuro.
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En silencio llegaron a casa, donde vistió a la niña con ropas nuevas, le preguntó si quería sacar el contenido de la mochila con ropa y algunos insumos de limpieza personal que había traído consigo de su estancia en el hospital, a lo que ella respondió con un mudo asentimiento. Mientras la mayor desempacaba, la niña escondía en uno de sus calcetines puestos la pequeña piedra roja. Los adultos le habían dicho que había pasado cuarenta día en un cuarto del hospital de Konoha, pero ella sentía que apenas hace un par de días sus padres habían muerto.
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Al día siguiente, en los primeros días de febrero, Hinata salió del hospital después de otra revisión de rutina acompañada de Minato, quien no consiguió que la niña dijera una sola palabras. El dictamen que le habían dado es que la niña estaba libre de toda sospecha y que presentaba un cuadro de "síndrome por estrés post traumático complejo", por lo que le recomendaban que vigilara a la niña y que regresaban si veía actitudes anormales.
Minato suspiró, él no había convivido con la niña antes del incidente, Kushina era quien solía visitar a su madre Hana en el complejo Hyuuga, por lo que suponía que ella podría detectar mejor esos cambios en Hinata.
Pronto llegaron a la casa de la pareja, donde ellos y Obito ya tenían una rutina establecida, por lo que esperaba que Hinata se sintiera cómoda. Y de alguna forma fue así, para la Hyuuga fue un pequeño respiro salir del hospital, a pesar de que no recordaba qué había sucedido en el último mes, fue como si hubieran borrado lo sucedido de su mente. Solo recordaba haber estado acostada con una bata blanca por días, sin sentir hambre ni frío o calor. De alguna manera se encontró cómoda quedándose quieta y solo sintiendo la roca en uno de sus pies, dentro de su calceta. A veces la sentía emitir un poco de calor, pero creía que era cosa de su imaginación.
Se sentía más fuerte físicamente pero su cabeza le dolía un poco.
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Pronto pasó un mes, el tiempo estaba tomando una dimensión totalmente desconocida para la niña, a veces los días pasaban muy rápido o muy lento, dando la sensación de que eran eternos.
Era noche cuando Obito mandó un mensaje a Kushina diciendo que llegaría tarde por su misión, por lo que la cena pasó en silencio total. Cuando Hinata hubo terminado, se marchó a su habitación donde su nueva cama la esperaba y miró la mochila que contenía las pocas pertenencias que su madre logró empacar al huir. Así fue como se armó de valor y tomó una decisión.
Se vistió con algunas ropas nuevas y se colocó unas sandalias lista para salir de casa. Su control de chakra esa bastante avanzado para su edad gracias a los arduos entrenamientos que tuvo con su padre, por lo que pudo bajar por las paredes exteriores de la casa de dos pisos.
Hinata releyó por milésima vez el pergamino con sangre que escribió y escondió en un bolsillo del abrigo que usó aquella fatídica noche, volvió a ocultarlo en una grieta en el suelo de madera de su habitación y solo se llevó la piedra roja en sus manos. Nunca se separaría de aquella piedra, se la había dado su madre y obedecería sus indicaciones toda la vida. Pronto llegó al Valle del fin, sabía llegar gracias a que una vez en la academia los habían llevado ahí a tener un día de picnic.
Se acercó a la cascada y la atravesó quedando empapada y encontrando una gran roca. Hinata comenzó a palpar la roca, tratando de encontrar una marca, una señal o algo que le dijera que estaba en el lugar indicado, sin embargo una voz le habló al oído, dándole un susto de muerte a la niña.
— No eres digna, pero reconozco tu derecho como princesa del Byakugan, si deseas entrar debes demostrar fuerza y templanza. — De repente frente a ella apareció la imagen de un hombre de blancos cabellos, túnica blanca y los ojos cerrados. — Cuando tus maestros concluyan tu entrenamiento, regresa.
Hinata tragó un poco de saliva para tratar de que su voz sonara clara y no reflejara el temor que sentía.
— Mis padres están muertos y no hay nadie que me enseñe. — Hablar en voz alta le dolía, le raspaba la garganta y sentía que le rompían las cuerdas vocales.
La imagen le ofreció su mano.
— Si aceptas mi mano, puedo ayudarte en tu entrenamiento, pero como puedes ver soy ciego y mi hogar está en la luna, de ti dependerá decidir cuánto estás dispuesta a sacrificar y obedecer mis instrucciones. Yo te puedo acompañar hasta que estés lista para la prueba final o hasta que decidas rendirte. Aunque claro, mi ayuda tiene un precio a pagar.
Hinata observó la imagen y supo que si Konoha no le permitiría seguir con su entrenamiento ninja, no iba a quedarse sin hacer nada, tenía que cumplir con las últimas voluntades de sus padres, debía conseguir venganza.
— ¿Cuál es el precio?
El hombre sonrió.
— Los ojos del usurpador del clan Hyuuga.
Aquel precio era justo para la niña, quien sin imaginar las implicaciones decidió aceptar.
Y entonces, con un nuevo calor en su pecho, estiró su mano, hasta colocarla sobre la del hombre de blancos cabellos, quien sonrió. Hinata no sintió nada pero entonces un fuerte dolor en todo su cuerpo la hizo caer de rodillas y presionarse la cabeza con fuerza. La imagen desapareció y poco a poco comenzó a desaparecer el dolor, pero empezó a sentirse débil y mareada. Imágenes de un hombre anciano con un parche en el ojo pasaron fugazmente por su cabeza.
Cuando el dolor disminuyó un poco, con mucho esfuerzo salió de la cascada y volvió a empaparse, pero aún no tenía ganas de regresar a la casa. Sabía que Kushina había sido amiga de su madre desde la academia pero seguía siendo una completa desconocida para ella, pues solo se habían visto un par de veces antes. Lo único que quería era caminar y caminar, estar tanto tiempo acostada la había cansado.
Hinata continuó caminando bajo la luz de la luna y por primera vez sintió que estaba haciendo lo correcto, aunque aún era muy pronto para que pudiera conseguir su venganza, debía planearlo y ser sumamente cuidadosa.
Mientras caminaba sumida en sus pensamientos, el sonido de un kunai clavándose en la madera de un árbol la alertó de que alguien se encontraba cerca. Sintió que todo el valor de hace un rato desaparecía y daba lugar al miedo que la acompañaba cada segundo desde la muerte de sus padres.
Hinata retrocedió en el mayor silencio posible, pero el niño, a pesar de ser más pequeño que ella, era más rápido y llegó a su lado.
— ¿Por qué no puedo verte con mi sharingan? — Preguntó el pequeño de cabellos y ojos negros. — ¿Acaso eres un fantasma?
Ella niega con la cabeza, y siente como la piedra roja que guarda en su bolsillo empieza a emitir un poco de calor.
— Es la primera vez que no puedo ver a alguien con mi doujutsu. — Y el chico se dio media vuelta tratando de entender la situación.
Hinata miró el símbolo Uchiha en su espalda y supo que era un miembro de ese clan.
— Probaré otra cosa. — Y volteó de nuevo hacía la chica, girando la única aspa que tenía su doujutsu.
Hinata desvió la mirada muy asustada y retrocedió. El niño frunció el ceño e hizo un par de señas con sus manos. Fue así que Hinata vio un par de enormes serpientes subiendo por sus piernas y haciéndola caer, para comenzar a estrangularla. Trató de liberarse pero no podía, hasta que de pronto sintió un ardor en la mano izquierda y al mirar su herida, las serpientes desaparecieron y volvía a ver la noche tranquila iluminada por una luna llena.
— Lo siento. — Murmuró el niño mientras se acercaba a Hinata, quien vio que su mano chorreaba un poco de sangre. — Estás muy fría y mojada... — Murmuró el chico.
— ¿Q-qué pasó?— Fue lo único que pudo decir ella.
— Traté de meterte en un genjutsu con mi sharingan, pero no funcionó, así que probé con un genjustu normal y caíste sin problemas. Pero se me salió un poco de control y caíste y te clavaste uno de mis kunais.
Hinata miró su mano y comprendió que el dolor de esa herida había sido la que la había traído de vuelta a la realidad.
— Está bien, no te preocupes. — Susurró ella sin tartamudear. El niño tenía una lágrima de preocupación en sus ojos lista para derramarse.
— No, yo no debí hacerlo, perdóname. — Y sacó de su estuche de kunais, una venda y un bote con pomada. — Es que mi sharingan es nuevo y estoy muy emocionado por saber cómo usarlo a la perfección.
— Soy débil, no es tu culpa. — Volvió a susurrar, entonces se dio cuenta de que cuando hablaba en un volumen muy bajito, las palabras le salían más fácilmente.
— Me llamo Shisui Uchiha. — Exclamó el niño mientras colocaba pomada en la herida de la niña y después comenzaba a vendarla.
— Yo soy Hinata Hyuuga. — Pero al susurrar aquello, el niño la miró con más interés.
— ¿Qué haces tan tarde en el bosque?
Ella lo miró y entonces una voz le dijo al oído.
— No digas nada de mi, ni de la guarida Hyuuga, no confíes en nadie, Hime.
— Yo... No podía d-dormir. — Y bajó la mirada con tristeza. Shisui había oído los chismes por lo que imaginó que la niña no estaba en la mejor situación posible.
— ¿Quieres entrenar conmigo? — Ofreció. — Conozco un par de jutsus de fuego, podría ayudar a secarte.
Hinata lo miró sorprendida.
— Los dirigentes de la aldea han decidido que no puedo ser una ninja.
Contra todo pronóstico, Shisui sonrió.
— Estamos en la zona Uchiha, nadie viene que no sea del clan y si viene algún guardia, no te podrá ver con su sharingan. Podemos entrenar si tu quieres.
Hinata apretó sus dedos en señal de nerviosismo, pero al no escuchar la voz de su nuevo guardián, decidió aceptar.
Eran casi las cuatro de la madrugada cuando un ruido despertó a la joven pareja de recién casados.
— ¿Oíste eso? — Preguntó Kushina, al ser dos ninjas altamente eficientes, supieron que alguien había ingresado a la casa.
— Probablemente solo sea Obito que regresó de su misión... pero iré a asegurarme. — Respondió Minato mientras se levantaba y comenzaba a andar descalzo por el piso de madera. No podía descartar que algún Hyuuga hubiera osado entrar para buscar a Hinata.
Abrió la puerta del cuarto de Obito y vio al chico dormir plácidamente, colgando la mitad de su cuerpo de la cama, lo acomodó suavemente y salió en dirección a la habitación de la niña.
Al asomar su cabeza por la puerta abierta, quedó pasmado al ver la imagen de Hinata, parada frente a su ventana observando la enorme luna llena. Minato se acercó y percibió la temperatura fría que emanaba la chica. Tenía puesta una sudadera color lavanda y las sandalias puestas.
— ¿Hinata? — Trató de llamar su atención.
Ella giró lentamente y lo miró con atención.
— ¿Saliste de casa?
— Sí... — Susurró ella, no se había equivocado, las palabras le salían mejor si las decía en voz baja.
— ¿A dónde fuiste? — La preocupación se hizo presente en el rostro del mayor. Hinata extendió sus manos, las cuales estaban manchadas de tierra y una de ellas tenía una venda un poco manchada de sangre, aquello fue suficiente para que el hombre se alarmara. — ¿Qué pasó, Hinata?
— Salí a entrenar. — Minato la escuchó perfectamente en el silencio de la madrugada. — Yo tengo que ser una kunoichi fuerte.
Un nudo se formó en la garganta del rubio.
— ¿Por qué?
— Porque soy la verdadera heredera del clan Hyuuga. — Susurró, desde que tenía memoria sus padres y su abuelo le habían enseñado que debía ser una digna heredera, por eso su padre era tan severo en los entrenamientos y por eso su madre siempre le corregía la postura y la etiqueta con la que debía dirigirse a las personas.
— Hinata. — Minato se sentó en la cama y le hizo una seña de que también lo hiciera, pero Hinata permaneció inmóvil junto a la ventana. — Sé que todo esto ha sido muy repentino para ti y también sé que no es justo que te prohíban ser un shinobi... pero tu vida vale más que cualquier título o cargo político, por eso tus padres dieron su vida para salvarte.
— Ellos no son traidores. — Dijo recordando las palabras que Kakashi Hatake le había dicho hace un tiempo que se le antojaba eterno y a la vez corto. — Ellos eran buenos... — Las lágrimas comenzaron a agolparse en sus ojos. — Ellos n-no m-mere-cían mo-morir...
Y rompió en llanto.
Y su llanto no cesó ni cuando Kushina llegó a su lado a abrazarla, ni al quedarse dormida. El llanto constante continuó por una semana, tiempo que permaneció en cama, sin salir... hasta que de pronto se dio cuenta de que sus ojos ya no podían producir más lágrimas. Pero ni siquiera así quiso volver a salir de su habitación, y se encerró por tres meses sin que Kushina y Minato supieran qué hacer, por lo que decidieron darle un poco de tiempo.
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Tres meses pasaron.
Obito estaba acostado en una rama de un árbol dormitando, cuando de pronto la voz de Kakashi lo despertó.
— ¿Qué haces ahí?
El uchiha miró hacía abajo y vio que el chico de cabellos plateados traía consigo un paquete envuelto en papel café.
— Duermo un poco. — Respondió de mala gana.
— Se supone que hoy es la reunión por el cumpleaños de Kurenai, asumo que lo olvidaste.
Obito suspiró profundamente. Claro que lo había olvidado, pero no le daría la satisfacción a Kakashi de aceptarlo.
— No lo olvidé, solo estaba descansando un poco. — Era una mentira a medias, la verdad era que desde que Hinata se encerró en su habitación, las cosas en la casa de su sensei se habían vuelto un poco tensas y prefería dormir fuera.
— Entonces imagino que tienes un regalo para ella. — Kakashi se dio la media vuelta. — Rin querrá saber qué elegiste.
Los ojos de Obito se abrieron con sorpresa y bajó del árbol de un brinco.
— ¿Tú que conseguiste?
— Un juego de té. — El peliplateado alzó su paquete. — No olvides que estaremos en la casa de Kurenai. — Y alzó la mano en señal de despedida.
Con desesperación, Obito comenzó a correr de un lado a otro, pero ya era tarde y la mayoría de las tiendas estaban cerradas.
— ¿Y ahora qué hago? Yuhi Kurenai es una gran amiga de Rin, no puedo quedar mal... — Pensó el chico mientras que recordaba que tenía una caja de chocolates nueva en su habitación, por lo que se dio prisa en ir por ella.
Cuando llegó a la casa vio las luces prendidas, y al entrar, su sensei y Kushina estaban cada uno leyendo un pergamino en la sala. Saludó y subió corriendo por los chocolates, pero justo cuando regresaba a la puerta de salida, la voz de la mujer lo detuvo.
— ¿A dónde vas tan tarde, joven?
—Hoy es el cumpleaños de Yuhi Kurenai, solo vine por el regalo. — Respondió mostrando la caja.
— De acuerdo, diviértete y esfuérzate con Rin — Kushina alzó un dedo en señal de apoyo para el chico.
Obito sonrió muy emocionado, pero ésta vez la voz de su sensei lo detuvo.
— ¿Por qué no llevas a Hinata-chan? Esta semana ha salido a dar breves paseos, quizás quiera divertirse con ustedes.
Kushina se puso de pie de un salto.
— Es una gran idea, podría convivir con personas de su edad.
El Uchiha cerró los ojos y suspiró.
— No tengo ningún problema en llevarla, si ella quiere venir.
Minato le sonrió agradecido mientras la pelirroja subía a la habitación de la niña.
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Mientras tanto, Hinata estaba sentada en su cama, mirando el techo y jugando con la piedra roja entre sus manos.
— Debes de conseguir poner tu mente en blanco, hasta que encuentres paz en tus emociones, podrás entrenar tu Byakugan. — La voz le susurró y Hinata volvió a cerrar los ojos. Llevaba dos semanas intentando meditar, pero a pesar de que ya no tenía lágrimas que derramar, su mente no lograba detener el torbellino de imágenes e ideas que la atormentaban. Hasta había intentado meditar en el jardín de la casa, pero no conseguía obtener ni un poco de paz.
¿Y si su tío regresaba para matarla? ¿Y si se topaba a Neji en la calle? ¿Y si el Hokage decidía que debían matarla? ¿Sus padres realmente eran inocentes a pesar de que le pidieron que vengara sus muertes? Sólo tenía diez años y no lograba comprender todo lo que sucedía. Se sentía mal por ser tan cortante con la pareja que la había adoptado y temía que fueran a hartarse de ella y echarla a la calle, pero Toneri, la voz de su cabeza, le decía que no podía confiar en nadie, menos en esa amorosa pareja que era tan leal al Hokage de Konoha.
Respiró y trató de poner su mente en blanco, cuando de pronto su puerta se abrió y la pelirroja entró con lentitud.
— ¿Estás despierta? — Preguntó la mujer y sonrió al ver a la niña sentada en la cama. — Hinata-chan, ¿Quieres ir a una reunión hoy con los amigos de Obito?
Hinata observó detrás de él al Uchiha, quien le hizo una seña de victoria.
La niña negó con la cabeza y apretó con más fuerza la piedra entre sus dedos.
— Vamos, Hinata-chan, será divertido y podemos darle este regalo juntos a Kurenai, son los chocolates más ricos de la aldea.
Y entonces ocurrió algo que sorprendió a la Uzumaki: Hinata se sonrojó cuando Obito entró en la habitación y la jaló de una mano.
— ¿Le gustará Obito? — Pensó la adulta y vio cómo el hiperactivo chico logró sacar de la cama a la chica.
— Hay que darnos prisa, ya es tarde...
— Espera... — Kushina alzó la voz un poco más de que hubiera querido, pero sonrió. — Deja le pongo un lindo traje a Hinata-chan y podrán irse. Tu también deberías cambiarte, tienes moho en el pantalón.
Obito frunció el ceño pero acató la indicación de la mujer.
La reunión había comenzado hace un par de horas, y la fiesta estaba en su mejor momento. Rin bailaba con Genma y Kurenai con Asuma, mientras Anko bebía todo el sake que podía y el resto conversaban sentados por toda la casa. Sin embargo Kakashi no lo estaba pasando nada bien, pues Gai se le pegó como chicle y no lo dejaba de seguir mientras decía incoherencias como la llama de la juventud y ser rivales.
— ¿Obito no piensa venir? — Preguntó Kotetsu con una botella de Sake en las manos.
— Ni idea. — Kakashi se alzó de hombros, y decidía que ya había tenido suficiente.
— No deberías beber eso, Kotetsu, — Gai lo señaló acusadoramente — Apenas tienes 13 años y eres menor de edad.
Izumo apareció detrás de Gai y lo abrazó por los hombros.
— Caray hombre, todos aquí somos gennin por lo menos, si estamos dispuestos a matar o morir, podemos beber sake. — El castaño trastabilló y decidió que mejor se sentaría cerca de Anko, quien comenzaba a hablar sola.
— Excepto Kakashi, él ya es chunnin. — Kotetsu le dio una palmada en la espalda al peligris y reía al ver las lágrimas de orgullo que Gai sentía por Kakashi.
— Además no sabemos cuando nos llamarán al frente de guerra, tenemos que vivir mientras podamos — Gritó Anko desde donde estaba.
Kakashi miró a su alrededor y decidió que ya había tenido suficiente esa noche, pero cuando viró hacía la salida, vio a Obito entrar seguido de la niña Hyuuga.
— Hey, por fin llegó el rey de las fiestas. — Exclamó Obito al entrar a la casa, mientras Hinata se quedaba en el marco de la puerta.
— ¡Aoba! ¡Shizune!— Gritó Kotetsu ignorando a Obito y saludando a los dos que entraron después del Uchiha.
— ¿Alguien ha visto a Yugao? — Rin llegó junto a Kakashi y puso sus manos como visor tratando de encontrar a su amiga.
— Allá atrás con Ibiki... — Señaló Izumo, cosa que hizo sonrojar a Rin.
— ¡Ya sé! — Gritó Gai con emoción. — Hay que alimentar la llama de la juventud con un pequeño juego de botella.
Todos los presentes asintieron y se sentaron en un círculo.
— No te vayas, Kakashi. — Rin sujetó al chico de la manga mientras un tierno color rosa adornó su rostro. — Será divertido.
— No me interesa. — Y el chico se soltó, pero entonces Obito lo abrazó por la espalda.
— ¿Huyendo de un reto? Quién diría que Kakashi sería tan miedoso.
Aquel comentario hizo enojar al Hatake, quien se quitó de encima el abrazo del Uchiha y lo miró con fastidio.
— Mejor cuida de tu acompañante, sigue parada en la entrada.
Obito se sintió un tonto al ver a la pequeña Hinata mirar el suelo sin animarse a entrar, pero lo que más le sorprendió fue el silencio que se formó luego de las palabras de Kakashi. Al parecer todos en aquella habitación habían escuchado los rumores de que sus padres habían encabezado una revolución en contra de Konoha y que por eso fueron asesinados. Sin embargo era la primera vez que veían a la niña y nadie sabía qué decir.
— Ven, eres bienvenida. — Kurenai se acercó a la niña y la tomó del brazo.
— F-Feliz C-cumpleaños — Murmuró la pelinegra, a lo que la festejada respondió con una sonrisa.
— Gracias, ven a sentarte. — Y la sentó entre Obito y Rin.
El silencio comenzó a tornarse incómodo, por lo que Asuma carraspeó para llamar la atención de todos.
— Bien, este juego será verdad o reto. — Asuma colocó en el piso una botella de sake.
— ¿No crees que es muy pequeña para jugar? — Anko señaló a Hinata sin ningún pudor, cosa que hizo avergonzar a la aludida.
— Solo se lleva dos o tres años con la mayoría de nosotros, solo hay que ser suaves con ella. — Opinó Shizune.
Aquel silencio estaba empezando a aterrorizar a la Hyuuga.
— Yo juego primero. — Aoba giró la botella, la cual señaló a Kotetsu. — ¿Verdad o reto, Kotetsu?
— Reto...
— Te reto a beber 3 botellas de sake sin vomitar.
Y así comenzaron a jugar con retos bastante ridículos, pero es que todos estaban entrando a la adolescencia y tenían la firme convicción de disfrutar su juventud en esos breves momentos de tregua que les daba la guerra con Iwagakure.
— Mi turno. — Anko giró la botella por décima vez en la noche y señaló a Kakashi. — ¿Verdad o reto?
Kakashi suspiró más que fastidiado.
— Reto.
Los ojos de la kunoichi brillaron con diversión.
— Debes entrar al clóset por 10 minutos... — El chico se puso de pie con aburrimiento. — Pero... con Hinata-chan.
El rostro de alivio de Obito contrastó con el rostro asustado de Hinata.
— Tranquila, solo serán 10 minutos con el aburrido de Kakashi. — Y el Uchiha le dio un empujón para que se pusiera de pie.
— P-Pero...
— Nada de peros, no haz dicho algo en toda la noche y sin duda otras personas envidian tu suerte. — Una anko muy alcoholizada señaló a Rin, cuyo rostro se sonrojó y ocultó en el hombro de Kurenai.
— Y-yo n...
Pero no pudo decir nada porque el peligris la sujetó del brazo y la llevó hasta el clóset de la casa y cerró la puerta tras ellos.
— ¿P-por q-qué...?
— Al mal tiempo darle prisa, dudo que estén midiendo el tiempo por lo que podríamos salir antes. — Respondió el chico con evidente fastidio en la voz, a lo que ella asintió. — Después de esto podré irme.
El closet era amplio, pero al estar lleno de todos los abrigos de los invitados a esa fiesta, el espacio se reducía mucho, por lo que Kakashi era capaz de percibir el calor corporal de la niña. Decidió que prendería la luz ya que no habían dicho nada sobre eso.
Todo hubiera estado bien, cuando de pronto Kakashi empezó a percibir algunos ruidos extraños en una de las paredes del clóset. Miró a la chica de cabellos azules, quien también trataba de descifrar que era ese sonido tan rítmico. Sin embargo el chico fue quien comprendió que del otro lado una pareja estaba teniendo relaciones sexuales y eso volvió realmente incómodo su cercanía con la chica.
— ¿Qué es eso? — Susurró ella con un hilo de voz, a lo que Kakashi la miró sorprendido, creía que no podía hablar sin tartamudear.
— Están teniendo sexo, deben ser Yugao e Ibiki, no los he visto en toda la noche. — Respondió el chico como si eso fuera lo más obvio del mundo. Sin embargo el rostro de Hinata siguió mostrando confusión.
— ¿Sexo? — Y la pregunta fue suficiente para que Kakashi la mirara sorprendido.
— ¿Cuantos años tienes?
— Diez... — Susurró.
— ¿Aún no te hablan de la reproducción humana?
Ella negó.
Kakashi arrugó el ceño y la miró con reproche.
— No voy a explicarte eso. Solo te diré que el sexo debe ser con alguien en quien confíes.
La joven asintió mientras acomodaba un mechó de sus cabellos negros, fue ese movimiento el que impulsó a Kakashi a observarla con detalle. Sus ojos color perla eran enormes, su piel era blanca como la nieve que en el invierno le parecía tan fría y sin vida, pero en Hinata parecía reflejar pureza y suavidad.
Fue entonces que Kakashi se arrepintió de haber prendido la luz. Los labios naturales de la niña se le antojaron tiernos, sus manos nerviosas acariciando algo que tenía entre ellas lo comenzaron a impacientar, y el olor floral de su cabello hizo que el estómago se le comprimiera, mientras los ruidos rítmicos se terminaban.
Tragó pesado y se sintió idiota por estar en aquella situación.
— ¿Está bien si apago la luz? — Dijo en voz baja, no quería que ella percibiera cierta parte de su cuerpo estaba empezando a reaccionar en contra de su voluntad.
— Sí...
Pero en cuanto alzó su brazo para alcanzar el apagador que estaba a la altura de la cabeza de ella, rozó su cabello y sintió una descarga de electricidad por todo su cuerpo.
— Suficiente. — Exclamó el chico mientras abría la puerta de un empujón y salía a prisa.
— Hey te faltan tres minutos... — Exclamó Anko pero el chico la ignoró y caminó hasta la puerta de salida, donde cerró con un portazo y todos giraron para ver a Hinata, quien observaba el piso sin hacer un ruido o un movimiento.
— Supongo que es mi turno... — Exclamó Gai tratando de retomar el ambiente festivo, cosa que los demás agradecieron y decidieron obviar la salida del peligris.
— ¿Estás bien?
Hinata alzó la mirada y vio a Rin, la única alumna de su sensei. Ella asintió y miró su mano que fue tomada suavemente por la chica de cabellos cafés.
— ¿Sucedió algo?
La niña negó. Desde la perspectiva de Hinata no había ocurrido nada malo ahí dentro, pero si le preguntaban, desearía no estar ahí sino en la seguridad de su cama. Se dejó guiar por Rin hasta que estuvieron otra vez sentadas en el círculo junto a Obito.
Gai giró la botella, la cual señaló a Rin.
— ¿Verdad o reto?
La castaña se sonrojó. — Verdad.
— Di el nombre del chico que te gusta.
Las chicas comenzaron a reír ante la mirada de asombro de Obito, quien comenzó a rascarse la nuca con nerviosismo.
— Que diga mi nombre, que diga mi nombre. — Hinata escuchó los murmullos de Obito, mientras Rin se tapaba la cara para que no vieran su expresión azorada.
— Eso es fácil Gai, todo el mundo sabe que Rin quiere a Kakashi. — Kotetsu alzó su botella de sake. — ¿No es así Rin?
La chica asintió, incapaz de decir algo más.
— ¡No sé que le ven a Kakashi! — Gritó Obito. — Es un anciano amargado en el cuerpo de un niño, no hace otra cosa más que subestimar a todos.
— Se graduó de la academia antes que todos nosotros. — Kurenai alzó los hombros. — Sin duda es muy fuerte.
— Siempre era el favorito de los profesores... —Dijo Aoba e hizo una mueca.
— Y es digno de ser mi rival — Enfatizó Gai.
— Además es tan lindo y caballeroso. — Shizune juntó sus manos con emoción. — El otro día iba con muchas compras a casa de mi tía Tsunade cuando se rompió una bolsa y Kakashi que estaba cerca, me ayudó a llevar las cosas.
— Kakashi... — Todos miraron a Rin. — Él es un chico muy especial, sé que tiene un gran corazón y lo admiro mucho.
Hinata vio que el semblante de Obito se oscurecía. Asuma también pareció notarlo, por lo que se apresuró a girar la botella de nuevo.
Sin embargo en ese momento la puerta se abrió y dio paso a un chico de largos cabellos cafés.
— Gai, tenemos una misión. — Dijo sin poner un pie dentro de la casa.
— ¡Hey Neji! ¿Por qué no tomas un trago antes de irte? — Anko alzó su botella de Sake.
— Tsk. — El Hyuuga miró a su prima con odio y después desapareció.
Hinata sintió temblar todo su cuerpo y solo atinó a acercarse más a Rin, quien tomó nota de aquella actitud hacía la menor.
— Es otro idiota. — Murmuró Obito y Hayate asintió.
— Es guapo pero siempre van con ese aire de grandeza. — Shizune observó la botella que había girado Asuma y señaló a Gennma.
— ¿Verdad o reto?
Gai salió del lugar a trompicones y el resto continuó con su juego, pero el nerviosismo ya no abandonaba a Hinata.
— Obito-kun... — Hinata miró al chico quien reía al escuchar la confesión de Aoba. — ¿P-podemos irnos?
El chico escuchó el hilo de voz y volteó a verla.
Un par de lágrimas asomaban en sus ojos, y sintió mucha ternura hacía la peliazul, pero no fue el único, Rin también se enterneció con la imagen.
— Supongo que el idiota de Neji te asustó. — Dijo de manera imprudente, haciendo que la chica bajara la cabeza. — Vayámonos, ya me estoy hartando de que Kotetsu escupa todo lo que bebe. — Y se puso de pie.
— No te preocupes, Hinata-chan, mientras estés con Obito no te pasará nada malo. — Y Rin le dio un ligero apretón de manos. La más joven asintió y se despidió con una reverencia antes de salir por la puerta de mano del Uchiha.
— Vaya noche, sin duda valió la pena. — Obito comenzó a hablar solo, pues Hinata se limitaba a caminar mirando el piso. — ¿Viste la expresión de Rin? Ella es muy lista, realmente no te pasará nada si estás conmigo. — Y comenzó a reír.
Pronto llegaron a la casa, donde las luces aún estaban encendidas y una sonriente Kushina los recibía.
— ¿Cómo les fue? ¿Se divirtieron?
Hinata intentó sonreír con pocos resultados e hizo una reverencia para continuar su camino al piso de arriba donde estaba su dormitorio.
— ¿Y bien?
— Estuvo bien, todos fueron amables. — Se rascó la nuca. — Pero al final apareció Neji y creo que eso la asustó.
Kushina se sintió mal por la pequeña.
— Tenemos que ayudarla a que haga más amigos, no es bueno que esté tanto tiempo encerrada.
Obito tuvo una idea.
— ¿Y si va a la otra escuela de la aldea? Además podemos invitar a Rin a casa, ella le agradó mucho y podrían hacerse buenas amigas.
— Suena bien, ttebane, es un inicio.— Kushina suspiró, deseaba dedicarle más tiempo a Hinata, pero la guerra estaba en un punto muy crítico por lo que nadie podía negarse a las largas jornadas de trabajo, desde el carpintero hasta los ANBU de raíz.
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Muchas gracias por leer.
Sé que ilustré una fiesta un tanto adulta, pero quiero hacer un bosquejo de las edades y el contexto para que no quede muy fuera de lugar la escena de la fiesta.
Hinata tiene 10 años, era la más pequeña del lugar.
Obito, Rin, Kakashi, Gai, Asuma, Kurenai y Neji tienen 12 años. Todos eran gennin, excepto Kakashi que es Chunnin.
Kotetsu, Izumo, Genma y Anko tenían 13 años, todos gennin.
Shizune, Aoba y Hayate 14 años y gennin.
Yugao 15 años e Ibiki 16, son chunnin.
Otra nota importante es que Shisui tiene 7 años y acaba de ser nombrado gennin.
Y no hay que olvidar que la guerra ya llevaba años, desde que estaban en la academia se les formó con la idea de que en algún momento iban a ir a pelear y que debían dar su vida para proteger a la aldea de Konoha y a todos sus seres amados. Así mismo quedó implícito que Yugao e Ibiki tienen una relación, que espero poder desarrollar más adelante.
El 11 de junio es el cumpleaños de Yuhi Kurenai.
Ojalá pudieran dejar un review para darme su opinión, ese es el mayor incentivo para un escritor.
Domingo 05 de abril del 2020.
