2. UNA NUEVA VIDA
Mai seguía su camino en medio de la noche montada en la motocicleta, furiosa y hecha un mar de lágrimas, tratando de asimilar lo ocurrido hace unos minutos. Ella había soportado toda clase de injurias y castigos por parte de su amo, pero esta vez sintió que él se había pasado de la raya al entregarla a ese trío de malhechores que la violaron y la ultrajaron a más no poder.
- No –se dijo ella misma –esta vez ya llegué a mi límite. Que se joda ese marciano inútil; a ver cómo se las arregla sin mi ayuda. Aunque me preocupa más Shu, quien fue el único que trató de defenderme…
Estuvo tan ensimismada que no se dio cuenta para dónde se dirigía, ni qué camino estaba tomando. Había dejado su pistola, su única arma de defensa, en aquél prostíbulo. Además de su habilidad para las cosas tecnológicas y para el uso de las armas de fuego, no poseía alguna habilidad de supervivencia además de no tener consigo el radar para poder orientarse. Definitivamente se hallaba perdida.
- ¡Mierda! –exclamó Mai frustrada -¡No sé dónde estoy! ¡Desearía tener el radar conmigo! ¡Cómo pude ser tan estúpida! Y ahora tengo hambre y frío –dio un suspiro –Genial, no sé dónde estoy ni a dónde iré. Y ahora también tengo sueño –lanzó un bostezo.
Continuó su camino hasta llegar a un espeso y oscuro bosque; la temperatura estaba bajando y cada vez más se sentía frío, más porque lo único que cubría su cuerpo vejado era la sábana que se llevó del lugar. El hambre, la sed y el cansancio extremo comenzaban a agotar sus fuerzas, al punto de que, poco a poco comenzó a sentir los primeros signos de sueño; sentía que sus párpados le pesaban, no había un sitio dónde dormir en esa zona y no quería hacerlo a la intemperie. Buscó desesperadamente un sitio dónde pasar la noche, pero justo en ese momento…
- ¡AAAAAAHHHHHHHHH! –Mai estrelló la motocicleta contra una roca, saliendo disparada hacia algo duro que no pudo ver por la noche, estrellándose contra lo que parecía una especie de grueso pilar.
El golpe fue de tal magnitud que quedó inconsciente; trató de levantarse, pero sintió un gran dolor en todo su cuerpo que le impidió ponerse de pie. De repente, vio una silueta oscura que no pudo distinguir, provocando que se desmayara. La silueta levantó a Mai en sus brazos y se la llevó consigo a las inmediaciones del espeso y oscuro bosque, dejando atrás los restos de la motocicleta que ella había robado.
Mientras tanto, Pilaf y Shu, aun tratando de digerir lo que había sucedido, se llevaron las cosas de Mai, incluyendo su uniforme, su pistola y el radar que ella poseía y huyeron del sitio, pues no tenían dinero para pagar la estadía no deseada. Pidieron aventón a un granjero que conducía una camioneta repleta de paja para que los sacara de ese lugar lo antes posible. Se subieron a la parte trasera de la camioneta, con las pertenencias de la pelinegra y la esfera del dragón.
- Dime, Shu –dijo Pilaf a su único subordinado con tono suspicaz -¿Tú también piensas renunciar?
Shu, sorprendido ante la pregunta, no supo qué contestarle, ya que, a diferencia de su compañera, él no tenía las suficientes agallas para decirle a su amo la verdad, pues temía por las consecuencias que eso traería. Sin embargo, su amo ya no era ni sombra de lo que él era antes de perder el castillo y la fortaleza voladora, así que decidió tomar el riesgo.
- ¿Quiere que le diga la verdad? –dijo secamente el ninja canino.
- Sí –dijo con tono cortante el marciano azul.
- Pues, sí –dijo sin más Shu –Porque esta búsqueda de las esferas del dragón nos ha costado la renuncia de Mai. Ella era el principal cerebro de toda la tecnología puesta a sus órdenes; pero ahora ella ya no está y no hay nadie que pueda manipular todas las cosas que ella hizo.
- Pues si quieres irte –dijo Pilaf con tono sombrío –Pues vete, lárgate. Puedo buscar nuevos subordinados.
- ¿Está seguro? –preguntó Shu extrañado.
- ¡¿Qué esperas?! –exclamó el marciano azul, quien empezaba a perder la paciencia -¡LÁRGATE YA, PERRO SARNOSO E INÚTIL! ¡QUIÉN TE NECESITA!
- Pues en ese caso –dijo Shu sin más –Me voy y buscaré a Mai, sin su ayuda.
Pero antes de que él saltara de la camioneta, escuchó un martilleo detrás de él, se volteó lentamente y vio a su jefe apuntarle con la pistola de Mai.
- ¿Acaso creíste que te irías así como así? –dijo Pilaf fríamente apuntándole con la pistola al ninja canino –Tal vez no pude impedir que Mai se fuera, pero no permitiré que otro de mis subordinados me abandone.
- ¡Me engañó! –exclamó Shu impotente. Sacó su espada y los dos se quedaron mirándose uno al otro sin atreverse a atacar.
- ¿En serio, piensas que puedes matarme? –preguntó Pilaf amenazador, con la pistola a la mano, temblando de nervios, pues no sabía si su lacayo se atrevería a hacer el primer movimiento –No olvides que fui yo quien los contrató a ambos cuando estaban sin empleo.
- Pues ahora estamos justo como estábamos al principio –replicó el ninja canino –usted ya no es más mi amo ni mi señor; ahora sólo es un pobre hombrecillo que ha perdido todo.
- ¡Cállate! –exclamó Pilaf irritado, perdiendo la cordura. Intentó disparar la pistola, haciendo que Shu se cubriera, pensando que ya estaba muerto; pero para su sorpresa, ésta no funcionaba. No salió ni un tiro de ella -¡¿Qué demonios?! –inspeccionó la pistola y descubrió para su horror que ésta no tenía balas -¡Maldita seas, Mai! –exclamó el enanillo azul, lanzando la pistola al suelo de la caja de la camioneta.
De repente, Shu soltó una leve risita que puso a Pilaf nervioso. Ahora Shu era el único armado y listo para atacar.
- Oye… -dijo Pilaf en un tono más amistoso, tratando de calmar a Shu -¿No podríamos olvidar lo que pasó? Je, je, je…
Pero Shu se lanzó sobre Pilaf, katana en mano, para tratar de hacerle daño, pero el marciano se hizo a un lado, esquivando el ataque del perro ninja. Shu volvió a cargar, pero esta vez Pilaf detuvo el ataque con sus propias manos. Ambos forcejearon, uno tratando de hacerle daño al otro, mientras que el otro luchaba por sobrevivir. Fue tanto el forcejeo que ambos cayeron del vehículo en que iban viajando y, sin darse cuenta de dónde estaban, cayeron rodando por una ladera hasta caer dentro de una cueva.
Los dos quedaron desmayados, inconscientes, sin darse cuenta de dónde se hallaban. Así permanecieron un buen rato hasta que despertaron.
- ¡Aaaayyyy! –se quejó Pilaf recuperando el conocimiento -¿Qué pasó? –poco a poco fue recuperando la visión y de repente vio que estaban en una cueva oscura y húmeda; su voz resonaba fuerte.
- ¡Uuuugggghhh! –Shu también volvió en sí, sobándose la cabeza -¿Qué es esto? ¿Dónde estamos?
- No lo sé –dijo Pilaf tratando de distinguir siluetas en la oscuridad –No puedo ver nada.
- Amo Pilaf –dijo Shu desorientado -¿Dónde está?
- ¡Shu! ¿Dónde estás? –gritó el marciano azul.
Ambos caminaban a ciegas sin saber hacia dónde se dirigían. De repente, distinguieron un leve resplandor a unos metros de donde se hallaban; ambos, cada quien por su lado, se dirigieron rápidamente hacia donde se hallaba el resplandor. Al llegar ahí, ambos se reencontraron.
- ¡Shu! –gritó Pilaf emocionado.
- ¡Amo! –gritó el perro ninja también emocionado.
El resplandor provenía de una serie de antorchas que iluminaban un camino.
- ¿Hacia dónde cree que nos lleve ese camino? –preguntó asustado Shu.
- ¡¿Cómo quieres que sepa eso?! –exclamó molesto Pilaf –La única forma de averiguarlo es explorando.
- Ya me temía que dijera eso –dijo Shu bastante mortificado.
- ¿Acaso quieres quedarte aquí, mariquita? –dijo Pilaf con sorna, quien ya iba adelantándose.
- ¡Espéreme! –gritó el can tratando de alcanzar al marciano, iniciando una penosa travesía por diversas catacumbas, las cuales nunca antes habían visto.
Mientras tanto, Mai, quien había resultado herida por el accidente en moto, comenzaba a recuperar el conocimiento. Se levantó poco a poco y vio que estaba en un sitio medio raro y muy pequeño; sintió dolor en su cabeza y en su cuerpo, pues de a poco comenzó a recordar lo último que pasó. Recordó el accidente de moto que provocó que perdiera el conocimiento, pero no sabía cómo había llegado ahí; intentó ponerse de pie, pero sus piernas no le respondían bien, así que decidió arrastrarse hasta sacar la cabeza por la abertura del lugar.
- ¿Qué es esto? –se preguntó Mai confundida -¿En dónde estoy?
- Parece que ya despertaste –dijo una voz grave a unos metros de ahí.
Mai volteó a su derecha y lo que vio la asustó en la primera impresión. Era un hombre alto, de piel oscura, musculoso, de pelo castaño y largo, recogido en una trenza; su rostro tenía algunas marcas rojas de pintura. Tenía el torso desnudo, pantalones color caqui y sandalias. Ella rápidamente se metió dentro de lo que resultó ser una tienda, muy asustada; él se metió dentro de la tienda tratando de calmarla.
- ¡Por favor! ¡No me hagas daño! –exclamó ella muy asustada.
- No voy a hacerte daño –dijo el sujeto con voz suave, pero ella seguía muy asustada.
De repente, apareció un niño pequeño, con ojos pequeños, piel oscura, usaba una pluma en su cabeza; vestía chaleco, pantalones y sandalias color caqui. Apareció por los gritos de Mai, pensando que algo le pasó a su padre.
- ¡Papá! ¿estás bien? –preguntó el niño asustado por los gritos.
- No te preocupes, Upa –dijo el sujeto –Es la chica que está asustada. De repente, la presencia del niño ayudó a tranquilizar a la pelinegra.
- ¿Quién… quiénes son ustedes? –preguntó ella nerviosa.
- Mi nombre es Bora –se presentó el sujeto –y este pequeño es mi hijo Upa –el pequeño saludó a Mai, quien le devolvió el saludo de manera tonta.
- Ho… hola –dijo ella con timidez -¿Dónde estoy?
- Estás en la tierra de Karin –dijo Bora –Yo soy el guardián de la torre Karin.
- ¿Acaso dijo torre Karin? –preguntó Mai incrédula.
- ¿La conoces? –preguntó Upa.
- He oído hablar de ella –confirmó ella; luego recordó que no se había presentado –Por cierto, mi nombre es Mai. ¿Cómo fue que llegué aquí?
- Te encontré desmayada junto a la torre –explicó Bora –al parecer recibiste un buen golpe y otros más que tenías en todo el cuerpo. Te traje a mi tienda y te apliqué una solución para tratar de sanar tus heridas. Estuviste dormida un día entero.
- Ya veo –dijo ella tratando de asimilar lo ocurrido –Pero, bueno, los demás golpes en mi cuerpo fueron por otra cosa –luego ella fijó su atención en el pequeño –No quiero ofenderlo, pero creo que lo que voy a contarle no es apto para que su hijo lo escuche.
- Upa –dijo Bora a su hijo -¿Por qué no vas a buscar comida? Luego yo te alcanzo.
- De acuerdo, papá –dijo Upa y se fue de la tienda, dejando a Mai y a su papá solos.
Fue entonces que Mai le explicó lo ocurrido a Bora: la búsqueda de las esferas del dragón, las tragedias y calamidades que tuvieron que pasar para poder buscarlas, la mayoría de las veces sin éxito. Luego relató el momento en que llegaron al prostíbulo, se encontraron con los ex empleados de Pilaf, cómo su amo hizo ese trato nefasto con ellos involucrándola a ella, usándola como objeto sexual, cómo se enfrentó a su amo y se alejó de allí sin saber hacia dónde dirigirse. El recordar todo eso le causaba a Mai un gran dolor, especialmente la parte de la violación, haciendo que le resbalaran las lágrimas por las mejillas.
Bora sintió ira e indignación al escuchar esa historia. Apretó sus puños muy fuerte, conteniendo la furia que lo invadía en ese momento.
- Y ahora –dijo Mai recuperando la compostura –No sé qué voy a hacer; le dediqué mi alma y mi esfuerzo a Pilaf y ahora no tengo idea de qué hacer con mi vida.
- Puedes quedarte con nosotros el tiempo que necesites –dijo Bora recuperando la calma –Te enseñaré todo lo que se necesita para sobrevivir a la intemperie.
- ¿En serio? –dijo Mai con ingenuidad.
- Te enseñaré a defenderte de aquellos que te acosan –explicó Bora –Al menos todo lo que necesitas saber.
- Gracias –dijo Mai agachando la cabeza en señal de agradecimiento. Bora salió de la tienda, dejando que Mai siguiera descansando.
Se quedó pensando en todo lo que le contó la joven, permaneciendo serio y pensativo, hasta que oyó la voz de su hijo, sacándolo de su ensimismamiento.
- ¡Papá! –gritó Upa –Ya traje esto para la comida –Traía consigo un montón de peces que había pescado de un lago.
- ¡Ah, Upa! –dijo él al oir la voz del pequeño -¿Trajiste lo suficiente para los tres?
- Sí, papá –luego el pequeño preguntó –¿Mai se va a quedar con nosotros?
- Escúchame –le explicó Bora a su hijo con seriedad –Esa chica está pasando por un momento muy difícil, por lo que le dije que se podía quedar el tiempo que ella quisiera. También le dije que le enseñaría todo lo que sea necesario para sobrevivir, tal y como lo estoy haciendo contigo.
- Ya veo –dijo el pequeño con preocupación en el rostro –Ojalá se recupere.
- Yo también, Upa –confirmó su padre.
Mientras tanto, Pilaf y Shu seguían caminado por las catacumbas alumbradas por antorchas, hambrientos y cansados. No sabían hacia dónde los conducirían, pues lo único que los motivaba era llegar hasta el final del camino. Shu iba adelante, pues trataba de usar su sentido del olfato para rastrear alguna clase de olor especial, y se era comida, pues mucho mejor.
- Shu –dijo Pilaf sintiendo cómo todo su cuerpo le dolía -¿Aún no has notado algún olor? ¿Algo?
- ¿Por qué no usa usted esas enormes orejas que tiene para escuchar algo? ¿Eh? –respondió Shu con irritación y fastidio, faltándole al respeto a su amo, aunque a esas alturas, ya no le importaba. Pilaf sólo se limitó a gruñir.
De repente, a unos metros más adelante, se veía una luz brillante. Los caras de ambos adquirieron una expresión de triunfo y alegría. Corrieron hacia donde estaba la luz, pensando que los sacaría de esos túneles.
Vieron una abertura rectangular iluminada; la cruzaron y vieron que llegaron a un sitio abandonado que, para su desgracia y sorpresa, les resultaba muy familiar.
- No puede ser –dijo Pilaf horrorizado.
- Es… es… -Shu trató de buscar las palabras adecuadas, pero no le salían.
Resultó ser que habían llegado a las ruinas de lo que alguna vez era su castillo, el cual había sido destruido por Gokú, transformado en un simio gigante. Pero ahora estaba peor que cuando lo habían abandonado: las paredes estaban llenas de grafitis, algunos de los salones estaban repletos de basura, había un olor fétido en varios sitios y, en otras partes del castillo, había vagabundos durmiendo en las camas de Mai y Shu y una pareja desnuda estaba teniendo relaciones sexuales en la cama de Pilaf, lo que hizo que la cara del marciano adquiriera un tono escarlata y echara humo por las orejas.
- ¡ESA ES MI CAMA! –gritó Pilaf lleno de furia -¡LÁRGUENSE DE AQUÍ! –La pareja se asustó ante el grito del marciano, por lo que ellos se fueron corriendo tomando su ropa y huyeron.
Pilaf se desplomó de rodillas, quebrándose en llanto, al ver que su cama, donde muchas veces había dormido, ahora era usada para otros fines. Se acercó para ver más de cerca y notó que su cama olía a orina y a sexo, además de que tenía manchas de orina y de semen. En un arranque de ira, el marciano tomó la cama y la levantó con todas sus fuerzas, lanzándola y volteándola.
- ¡Maldita sea! –gritó Pilaf golpeando el suelo con los puños al recordar el momento en que su amado castillo fue destruido -¡Voy a vengarme de ti, Gokú! ¡Juro que me vengaré!
A Shu no se le ocurría nada qué decirle a Pilaf para consolarlo, pues él también se hallaba angustiado y deprimido por esa noche en que el castillo fue destruido. Apretó los puños fuertemente y también se soltó a llorar.
Al pie de la torre Karin, en la tienda donde se hallaba reposando de sus heridas, Mai estaba recostada boca arriba, con semblante pensativo, viendo hacia el techo de la tienda. Aún seguía asimilando lo sucedido hace dos días, pero además se empezaba a hacer preguntas que nunca antes se había hecho.
- ¿Por qué seguí con él? –se preguntó a sí misma –Siempre estuve a su lado, aunque él siempre me regañaba y me castigaba por los errores que cometía. Pero de todos modos, siento que acabo de despertar de un sueño; él es sólo un pequeño mandón que solamente quiere hacer su voluntad. ¿Por qué nunca había hecho esto antes? A veces pienso que me he estado engañando a mí misma al seguir a ese enano inútil, con su endemoniado y podrido orgullo. Lo único que le importa es él, él y solamente él. Ni siquiera sé qué es lo piensa hacer una vez que se convierta en el amo de la Tierra, si es que su deseo se llegara a cumplir. Supongo que solamente serán caprichos suyos; a Shu y a mí ya no nos necesitaría pues de lo único que se preocupa es de él –Su rostro comenzó a hacer muecas de desagrado al recordar todas aquellas veces en que él la castigaba –Me preocupa Shu, pues él ha sido mi único amigo y compañero en todas las aventuras que hemos tenido juntos. No me imagino lo que debe de estar pasando al lado de ese hijo de puta. Pero yo no tengo poder sobre él; él decidirá si seguirá con él o no y ése será su problema. Al final… creo que tomé la decisión correcta. Siento que me quité un gran peso de encima; ahora conocí a estas personas que me han tratado de una forma completamente distinta, casi casi como un miembro más de su familia. La verdad, quisiera quedarme con ellos, pues no conozco a nadie más… además de Gokú y sus amigos, pero no creo que quieran hacer las paces conmigo, después de todas las veces que nos hemos enfrentado por las esferas del dragón. Creo que esas esferas no han hecho sino más mal que bien, pues sólo han despertado la codicia de aquellas personas que, lo único que buscan es poder y destrucción, aunque también hay personas que las utilizan para fines altruistas. Creo que yo podría ser un ejemplo para todas aquellas mujeres que, al igual que yo, han sufrido algún tipo de violencia física o psicológica y que han tratado de salir adelante… pero no sé cómo hacerlo.
Este último pensamiento hizo eco en ella, pues sentía que ahora tenía el control de su vida en sus manos, sensación que no había sentido cuando estaba bajo las órdenes de Pilaf, pues se había entregado en cuerpo y alma a los deseos del marciano azul, incluso aunque éstos estuvieran fuera de toda lógica. Sin embargo, en lo que debía enfocarse ahora era en recuperarse totalmente de sus heridas y así poder recibir entrenamiento por parte de Bora.
- Shu… -se preguntó a sí misma -¿En dónde estás ahora?
Mientras tanto, Pilaf y Shu se pusieron a descansar en las ruinas de lo que alguna vez fue el gran castillo del emperador Pilaf. Ambos se recostaron sobre unas colchas que aún había entre las ruinas, cada quien en una; no eran muy cómodas, pero era lo mejor que había. Una vez que ambos se acomodaron en sus sitios, se aprestaron para intentar dormir. No obstante, Shu aún seguía pensando en Mai.
- ¿Por qué sigo siguiéndolo a él? –se preguntó a sí mismo el can ninja -¿Será que no tengo la valentía suficiente para rebelarme contra él? ¿O será porque tengo miedo de quedarme solo sin nadie conmigo? Mai era más que sólo mi compañera de andanzas; era… era mi amiga. Quizá la única amiga de verdad que he tenido al servir bajo Pilaf. La envidio de veras por haber podido sacudirse de encima a ese enano inútil… ojalá hubiera ido con ella a donde quiera que hubiera ido. Me pregunto qué estará haciendo ahora, si estará bien o qué le habrá pasado. Sólo quiero pensar que de verdad ella se encuentra bien.
Hubo un momento de silencio, mientras los dos se quedaron profundamente dormidos. No pasaron ni dos horas hasta que Pilaf fue despertado por los gritos insistentes de Shu.
- ¡Amo Pilaf! –gritó el ninja canino aterrado -¡Despierte!
- ¡Cállate! –exclamó el marciano tratando de volverse a dormir. Luego se oyó otra voz que ordenó:
- ¡Oye, levántate! –esta voz hizo que Pilaf terminara por levantarse de mala gana. Se incorporó y de repente vio dos siluetas, las cuales iban poco a poco tomando forma, hasta que se asustó al distinguirlos.
- ¡Aaaaayyyy! –gritó Pilaf -¡La policía!
- Vaya, vaya, vaya –dijo uno de los oficiales, que era alto, pelirrojo y con bigote, mientras que el otro era un perro antropomorfo de pelo azul –Creo que finalmente los encontramos ¿no, pareja?
- Así es –dijo el otro oficial –Los que iban y se iban de los pueblos sin pagar comida ni hospedaje.
Los rostros de Pilaf y Shu se pusieron completamente pálidos al saber que, finalmente, los habían atrapado. El policía pelirrojo notó que faltaba alguien.
- Oye, enano –dijo el oficial de forma despectiva –¿Dónde se encuentra tu amiga?
- ¿Se refieren a Mai? –preguntó Shu de forma inocente.
- ¡Cállate, idiota! –exclamó enfadado Pilaf, luego se dirigió a los oficiales -¡No lo sé! Y aunque lo supiera… Bueno, se los diría.
- Ok, ya escuchamos suficiente –dijo el oficial perro –Vamos, a la patrulla.
Ambos se sentaron en la parte trasera de la patrulla con las manos esposadas a la espalda. Fueron llevados a la comisaría para responder por sus delitos.
- Esto no está pasando –murmuró Pilaf en voz baja –esto no está pasando, esto no está pasando, esto…
Y así siguió todo el camino, pensando que todo esto era una pesadilla, un mal sueño. No podía creer que él, el gran Pilaf, el futuro emperador de la Tierra, sea conducido a la cárcel. Mientras que Shu solamente pensaba en Mai y en su seguridad.
- Mai… -dijo el perro en voz baja mirando hacia la ventana de la puerta de la patrulla mientras eran llevados para procesarlos.
He aquí el segundo capítulo de esta nueva serie. ¿Qué destino le deparará a Mai de ahora en adelante? ¿Cómo van a salir Pilaf y Shu de esta situación? No dejen de seguir esta historia y el crossover Sailor Moon + Garfield "Invasión masiva" (Que por cierto le mando un saludo a MontanaHatsune92 por seguir el crossover). Nos vemos. Chao.
