Permaneció un largo rato en su sitio sin comprender porque había hecho lo que hizo.

Era cierto que disfrutaba de hacerla rabiar, adoraba verla fruncir el ceño y escucharla gritar un diccionario entero de palabras altisonantes, sin embargo ¿de donde había nacido tal altruismo para intentar hacerla sentir mejor?

No lo entendía.

Pero debía admitir, que le había parecido interesante verla sonreír, al menos esa había sido la primera vez que le había dedicado una sonrisa.

Pensar en eso le hizo dibujar una sonrisa propia en su rostro.

—Vaggie —susurró comenzando a caminar sin poder sacar su dulce sonrisa de su cabeza—, definitivamente Charlotte no te merece —apuntó caminando sin rumbo fijo, sorprendido por sus propios pensamientos.

A esa hora la mayoría se encontraba metido en sus habitaciones o en algún lugar de Hell escapando de su encierro, quizá Angel estaba en el segundo grupo, por lo que sin nada mejor que hacer se dirigió hacia el único lugar donde sabía que podría divertirse un poco.

Apenas llegar al bar, Husk le levanto el dedo corazón a modo de saludo.

—Un gusto también compañero —dijo burlón tomando asiento.

Husk le vio de reojo y paro de guardar las copas.

—¿A quien mataste?

—¿Disculpa?

—Tu jodida sonrisa da más miedo de lo habitual, ¿a quien mataste? —volvió a preguntar cruzándose de brazos.

Alastor parpadeo confundido.

Llevó su mano derecha hasta su rostro descubriendo una inusual sonrisa.

—Es curioso —musitó más para sí, pero a los oídos del felino fueron perfectamente audibles.

—¿Te enredaste por fin con la niña chillona? —quiso saber tratando de sonar desinteresado, cuando realmente quería averiguar el motivo detrás de aquella extraña expresión.

—¿Bromeas? —rió recargando los codos sobre la barra—, creo que sin darme cuenta me he fijado en alguien un poco más... interesante.

Husk enarco una ceja observando con curiosidad a Alastor.

—¿Irás tras Angel?

Alastor no pudo evitar soltar una carcajada ante aquellas palabras.

—Oh, Husk mi querido amigo, que bromista eres —apuntó tratando de no prestar atención al trasfondo de aquellas palabras—, ¿qué dices de Vaggie?

Husk entonces centro toda su atención en Alastor.

Eso era lo último que habría espera escuchar.

—¿Bromeas? —ahora fue su turno de decirlo. El interés detrás de aquella pregunto le había descolocado.

Alastor ladeo sutilmente la cabeza al ver la confusión en su rostro.

—¿Te parece tan extraño que pregunte por ella?

—Cada que la tienes alrededor haces a esa pobre niña sacar canas verdes, ¿de verdad me estas haciendo esa pregunta?

—No lo sé —aceptó por fin mirando hacia sus garras—, por eso pienso que es curioso, hace un rato la he visto llorar y en lugar de molestarla tal como pensaba hacerlo... por algún motivo termine animandola —dijo confundido por sus propias palabras.

—Que inusual viniendo de ti —apunto Husk estudiando el rostro del hombre frente a él.

—Eso mismo pensé, ¿a que se deberá? Cuando la mire llorar , tuve... un pesar en el pecho.

Husk entonces bajó las orejas al entender.

—¿Eres idiota verdad?

—Husk —advirtió inclinándose sobre la barra—, cuida tus palabras-

El aludido rodó los ojos y él mismo se inclinó sobre la barra, sin despegar la mirada del rostro de Alastor.

—Te gusta, es tan simple como eso —dijo para inmediatamente alejarse y seguir con lo suyo.

Esas palabras rebotaron en la cabeza de Alastor.

¿Gustarme? ¿Ella?

Ante aquel pensamiento se puso de pie, totalmente desconcertado por esa extraña verdad.

No entendía qué estaba pasando, pero de lo único que estaba seguro, es que sin importar el resultado, iba a averiguar el porqué de sus acciones.

Le gustará o no la respuesta.