Capítulo 1: Draco Malfoy y el Retrato de la Biblioteca
El día antes del cumpleaños número once de Draco su padrino Severus Snape lo sacó a rastras de la casa de los Tonks para llevarlo hacia el Callejón Diagon aun sabiendo cuanto él odiaba ese lugar. No dudó en hacer un berrinche y rogarle a su prima e incluso fingir un par de lágrimas con Ted Tonks y casi logra que el hombre se ponga de su lado pero su padrino fue más rápido sacándolo de inmediato de la casa.
—Mañana llegará tu carta a Hogwarts, pero ya tengo la lista de lo que necesitaras para tu primer año así que lo buscaremos ahora y evitaremos las desagradables multitudes de gente poco precavida que deja las compras para último minuto.
Draco que seguía un poco detrás de su padrino rodó los ojos como veía que su prima lo hacía cuando creía que nadie la estaba viendo.
—¿Y si mi carta nunca llega? ¿Y si soy un squib?
Severus lo observó por un momento antes de fruncir el ceño.
—Es muy triste ver que tu nivel de ineptitud ha aumentado desde mi última visita, considerando que has olvidado algo tan simple como la definición de squib.
—¡Sé que es un squib! —Soltó Draco en defensa propia.
—Entonces sabrás que de ser un squib todos nos habríamos salvado del incidente de tu primera manifestación de magia hace algunos años, que como recordarás fue desastroso para todos los presentes.
Draco guardó silencio, recordando como en su segundo cumpleaños hizo explotar el pastel sobre todos los presentes al sentir que no estaba recibiendo suficiente atención. Era una memoria que sin duda aun le avergonzaba y hablaba muy mal de su carácter aun desde que era un niño.
Siguieron caminando, visitaron Gringotts, salieron de Flourish & Blotts con lo que parecían toneladas de libros; junto a los obligatorios también llevaron algunos sugeridos para obtener más información y mejores referencias según Snape. Se tardaron alrededor de tres horas seleccionando los ingredientes para pociones que complacieran las exigencias de su padrino y también en encontrar la lechuza indicada que esta vez debía cumplir los muy específicos requisitos de Draco terminaron eligiendo una majestuosa lechuza gris casi del tono exacto de sus ojos, la nombro Alsafi, lo que lo hizo recibir una mirada significativa por parte de Severus pero siguieron su camino sin decir nada al respecto.
Cuando estaban a punto de irse Draco se distrajo en la tienda de baúles, había uno hermoso con dragones grabados en las manillas de plata y de un color esmeralda cautivador. Tan ensimismado se encontró observándolo que perdió de vista a su padrino y se encontró entre un mar de gente desconocida, su primer impulso fue colocarse un pequeño gorro muggle que Ted Tonks le había regalado en navidad y siempre llevaba consigo para ocultar su llamativo cabello platino, había aprendido de mala manera lo peligroso que puede ser que sea reconocido como un Malfoy y su cabello era la mayor pista.
Avanzó decidido a encontrar a su padrino, sin embargo, esa estrategia no le sirvió de mucho ya que solo logró perderse más, a su alrededor no veía ningún lugar conocido y sentía el pánico empezar a invadir sus huesos, se quedó de pie allí pensando que sería lo siguiente que haría ahora que estaba perdido, pensó en seguir caminando pero eso no le había funcionado, también consideró devolverse a la tienda de baúles pero no recordaba el camino de regreso. Se había quedado sin ideas o posibles soluciones, y justo mientras dudaba en dar otro paso hacia adelante alguien lo tomó del hombro suavemente.
—¿Estás perdido?
Una mujer de callejo rojo y amables ojos verdes le preguntó y Draco no estaba seguro de responderle, no es bueno darle información a extraños pero él no sabía que más hacer, así que lentamente asintió.
—¿Puedes decirme cómo se llaman tus padres y dónde fue la última vez que los viste?
Draco dudó en como contestar a esa pregunta. —Mi padrino fue quien me trajo aquí, viste una túnica negra, lo vi cerca de la tienda de baúles por última vez y su nombre es Severus Snape.
La mujer se sorprendió ante el nombre mencionado pero no dijo nada al respecto.
—Eso no es muy lejos de aquí, seguramente te está buscando lo encontraremos rápido, mi nombre es Lily ¿Y el tuyo?
—Soy Draco.
No mencionó su apellido e ignoró el silencio en el que se mantuvo la mujer esperando a que lo dijera. Ella le ofreció la mano pero él negó con la cabeza y solo la siguió de cerca, pronto llegaron a la tienda de baúles cerca de la cual se encontraba un frenético Severus caminando rápidamente y mirando a su alrededor repetidamente.
—Bueno, parece que aquí termina nuestro camino, Draco. Ten más cuidado, parece que está preocupado.
Él solo asintió y se reunió con su padrino quien sólo dijo entre dientes algo que sonó como "mocoso irresponsable" antes de arrebatarle el gorro y tomarlo de la mano para llevarlo a las chimeneas para finalmente irse a casa. En el camino volvió a ver a Lily, la mujer que lo había ayudado, estaba reunida con un hombre de anteojos en la heladería Florean Fortescue, parecían bastante felices.
Al día siguiente fue el décimo primer cumpleaños de Draco lo recibió en una casa vacía, Nymphadora presentaría su examen para ingresar a la Academia de Aurores y sus tíos querían acompañarla para darle ánimos, él decidió no ir y lo dejaron porque sabían que era un día difícil para él, ya que era el día en el que más extrañaba a sus padres, aun cuando no los había conocido y todos a su alrededor hablaban muy cuestionablemente de ellos, aun así cada año en su cumpleaños él deseaba que estuvieran a su lado, así que no era muy un día muy alegre para él.
Tan pronto bajo a la cocina se encontró con una carta dirigida hacia él, pensó en esconderla y decirle a todos que no había llegado que tendrían que mandarlo al mundo muggle y abandonarlo ahí porque jamás sería un mago. Pero no lo hizo sabía cómo funcionaban estas cosas, no era algo que pudiera ocultar o de lo cual pudiera salvarse.
Oyó un par de pasos en el piso de abajo, bajó y se encontró con Severus saliendo de la chimenea.
—Hoy vendrás conmigo, niño.
Draco se cambió y lo siguió, juntos aparecieron frente a Malfoy Manor.
Nunca había podido entrar, estaba bajo custodia del Ministerio desde la Gran Guerra Mágica, pero algunas veces la había visto como ahora acompañado por su padrino, esta vez sería diferente. Severus le extendió una llave plateada de aspecto antiguo.
—Feliz cumpleaños, Draco Lucius Malfoy.
Juntos entraron, era un lugar majestuoso, un par de elfos domésticos arreglaban diligentemente el lugar quitando hasta la última partícula de polvo, y frente a ellos lo primero que se observaba era una pintura de sus padres y él mismo de bebé, lucían felices mientras le hablaban entre susurros al pequeño niño en sus brazos. Era de la forma en que él los imaginaba cada noche.
—¿Padre? —Dijo esperanzado, al menos queriendo escuchar la voz de su padre a través de una vieja pintura.
—No funcionará, se les aplicó un hechizo a todas sus pinturas para que no puedan interactuar con el exterior, fue uno de los muchos daños que causaron los del Ministerio.
La sonrisa de Draco disminuyó ante esa información, pero no le quitó las ganas de explorar el lugar y eso hizo junto con su padrino, incluso encontró el que debió ser su cuarto de pequeño y se sintió en casa. Aunque amaba a sus tíos y prima siempre sintió que no era el lugar al que pertenecía, se sentía mucho mejor en esta casa enorme donde la mirada sonriente de su madre en la pintura lo reconfortaba.
Pasaron gran parte de la mañana recorriendo el lugar, se toparon con varios elfos domésticos que casi lloraron de la emoción al reconocer al joven amo, pero Draco no se sintió abrumado, sintió que así era como debía ser, como si ese lugar siempre hubiese sido un reino esperando por la llegada de su rey.
Visitaron a los pavos reales, el despacho que era de su padre y la biblioteca, nunca dejó de sonreír o de maravillarse, y cuando comenzaba a anochecer se inundó de nostalgia sabiendo que debía irse y que sin importar cuanto tiempo pasará ahí sus padres no llegarían, pero al menos podía sentirse más cerca de ellos.
—Hoy el Ministerio liberó las posesiones de los Malfoy, todas han quedado en tu poder, por ahora yo soy el guardián, hasta que cumplas la mayoría de edad.
Draco solo asintió.
—Tus padres cometieron errores, pero eso no los convierte en personas terribles, aunque hicieron cosas considerablemente malas te amaban y querían lo mejor para ti, así que deja de ocultarte y renegar de tu herencia, no creo que haya nada de lo que debas avergonzarte.
Una pequeña lagrima se escapó del ojo derecho de Draco, pensó en el tiempo en el que quiso cambiar para que no quedara nada de su padres en él, cuando temió ser tan malvado como sus padres lo fueron, pensó que si ellos lo vieran ahora estarían muy decepcionados. Y con la carta de Hogwarts guardada en su bolsillo decidió que debía cambiar para ser más como se suponía que un Malfoy debía ser.
—Mañana vendré a restaurar las protecciones ¿Vendrás?
—Sí, gracias por traerme.
El hombre asintió.
Más tarde ese día los Tonks cantaron cumpleaños a lo Muggle, Snape hizo una pequeña mueca de desdén pero todos lo dejaron pasar, le dieron varios regalos pero Draco solo podía pensar en volver a Malfoy Manor y ver un poco más de lo que había logrado apreciar ese día más temprano, sus tíos no dijeron nada sobre Hogwarts o el mundo mágico en general, sabían que era un tema delicado, además Draco no era la celebración principal ya que su prima seguía ansiosa por el examen para la Academia de Aurores, todos afirmaban que le había ido bien mientras que Severus se quedaba en una esquina observándolos, claramente incómodo.
Antes de despedirse su padrino se acercó a Andrómeda y se dirigieron a hablar en la cocina, Draco no necesitaba ser muy listo para saber que era sobre él.
Nymphadora aprovechó para acercarse a él, se sentó su lado y le extendió un pequeño regalo envuelto precariamente en un pliego de papel arrugado. Draco lo destapó para ver qué contenía y se encontró con una pequeña caja con la imagen de una mujer de cabello negro en el frente.
—No lo entiendo.
Ella rodó los ojos antes de continuar.
—Es un "tinte" lo traje de mi último viaje con papá al mundo Muggle, ellos lo usan para cambiar el color de su cabello ¿Puedes creerlo? —Antes de continuar cambió el color de cabello un par de veces —No es como ser un metamorfomago pero te ayudará a pasar un poco más desapercibido, aunque claro eso solo funcionará si dejas de actuar como un pequeño príncipe estreñido con ese ceño fruncido. —Se rio un poco pero al ver que Draco no cambió su expresión dejó de lado su tono burlón. —Pensé que ayudaría… Sé que no te gusta ser reconocido.
—Creo que ya no me molestará —Dijo, luego de un momento de silencio, pensó en Malfoy Manor y en la cara orgullosa de sus padres. —Soy un Malfoy, creo que es hora de estar bien con eso. —Su expresión era solemne y sumamente seria para un niño de su edad.
Nymphadora dejó escapar una pequeña sonrisa y lo envolvió en un cálido abrazo y no lo soltó aunque éste comenzó a removerse y refunfuñar en protesta. También cambió su color de cabello al rubio platinado casi idéntico al tono de Draco y sus ojos se volvieron grises.
—Me alegra escuchar eso, me preocupaba como te las arreglarías para tintarte el cabello cada quince días tú solo.
—¿Cada quince días? —Dijo Draco horrorizado.
—Digamos que los muggles hacen mucho con lo que pueden, pero están ciertamente muy lejos de nosotros.
Siguieron hablando por un rato, hasta que Severus se retiró y dejó a Andrómeda con cara de haber chupado un caramelo muy amargo y la verdad era que Draco no quería saber a qué se debía así que se excusó y subió a su recamara.
Su recamara estaba llena de cosas muggles, de hecho, Draco tenía en su poder muy pocas posiciones relacionadas con el mundo mágico. Pensaba que quizás sus tíos tenían miedo de que se convirtiera en alguien como a quién sus padres servían y por ende le obligaban a acostumbrarse e incluso apreciar el mundo muggle, sin embargo, Draco no lo encontraba tan interesante, pero tampoco se sentía cómodo en el mundo mágico, siempre estaba fuera de lugar, incluso en esa casa, siempre se sintió muy lejos de donde se suponía debía estar. Aun recordaba los escalofríos que sintió cuando intentaron convencerlo de que Hufflepluff sería su casa ideal.
Siempre que se sentía un poco alejado de su realidad pensaba en sus padres en cómo sería su relación con ellos, y como su vida sería diferente si ellos no hubieran elegido el bando equivocado. A veces sentía que podría llegar a odiarlos, no entendía la lógica en seguir a un loco en la supuesta dominación del mundo, Draco había leído los viejos comics de su tío y era fácil saber qué tipos como él nunca ganaban.
Al día siguiente cuando Draco bajo de su recamara sus tíos estaban esperándolo en el comedor, sus expresiones eran serias y por un momento se sintió nervioso.
—Draco, siéntate con nosotros. —Dijo su tio.
Y en definitiva no sonó como buenas noticias, pero, aun así hizo lo que le pedían.
—Sabemos que quieres continuar visitando la antigua casa de tus padres, pero ¿Estás seguro de que quieres hacerlo? Sé que después del incidente en el callejón Diagon has estado inseguro en cuanto al mundo mágico y no creemos que sea adecuado que vayas, puede haber cosas ahí que te podrían afectar.
Draco sintió que su pecho se comprimía mientras escuchaba a su tío, iban a prohibírselo, no lo dejarían ir a la casa de sus padres, el único lugar al que sentía que pertenecía. Mordió el interior de su mejilla para lograr mantener la misma expresión.
—Pero, sabemos que no podemos prohibirte visitar la casa que por derecho es tuya, pero queremos que tengas cuidado y que sepas que en cualquier momento puedes volver. Severus y yo acordamos que ante cualquier signo de que algo va mal sellaremos esa casa hasta tu mayoría de edad, pero antes de volver deber prometerme que tendrás cuidado e irás sólo a dónde tu padrino vaya. —Continuó su tía.
Y con eso Draco les regaló algo que pocos tenían oportunidad de ver, una gran y genuina sonrisa. Y susurró un "gracias" justo cuando las llamas de la chimenea se alzaron dejando pasar a su padrino, que sólo dio los buenos días antes de llevarse a Draco con él.
Mientras más exploraba la casa, más vivo se sentía, empezó a estudiar su árbol familiar y los orígenes franceses de los Malfoy, incluso se podría decir que se obsesionó un poco con ello, memorizo cada nombre de cada cuadro, descubrió que solo los de sus padres estaban silenciados cuando entró a la biblioteca un par de sus ancestros saludaron, ahí fue cuando se encontró con uno muy grande justo arriba del escritorio de mármol en el fondo de la habitación.
Era Armand Malfoy, el primer miembro de la familia Malfoy en llegar a Gran Bretaña. El retrato miraba fijamente hacia la derecha, casi parecía una pintura muggle porque ni siquiera un cabello se movía de su lugar, incluso cuando Draco había pasado el día rebuscando algo interesante en la biblioteca el hombre no se había movido ni un poco, intento hablarle un par de veces pero seguía siendo ignorado.
Comenzó a sentirse ofendido con la actitud de su antepasado así que decidió ponerse a su altura, sin pensarlo mucho se subió en el escritorio frente al cuadro, aun así el hombre siguió sin dirigirle una mirada.
—¿Podrías hablarme, por favor? —No obtuvo respuesta. — ¡Hola! ¿Puedes oírme? ¿Fuiste silenciado? —Aún si lo había sido debería ser capaz de moverse. — ¿Acaso sólo me estás ignorando? —Draco comenzó a perder la paciencia. — ¡No puedes ignorarme! — Refunfuñó. — ¡Yo te prohíbo ignorarme! ¡Está es la casa de mis padres no puedes elegir no hablarme!
A pesar de que desde muy joven Draco había sido reprimido por sus constantes rabietas era un rasgo de su personalidad que no había cesado aún con las múltiples advertencias de su tía Andrómeda, sin embargo, habían disminuido con los años, pero eso no evitaba que siguiera siendo un poco caprichoso.
Respiró hondo antes de bajarse del escritorio, decidiendo que ese hombre no merecía ni otro segundo de su atención, mucho menos merecía hacerle perder sus estribos.
—No debes ser más que un simple cuadro muggle. —Dijo con desdén.
Y obtuvo algo, aparte de las caras de sorpresa de los ancestros en otros cuadros, un bufido por parte del mismísimo Armand Malfoy.
—Maldito niño malcriado, vienes y me insultas no sólo con tu presencia sino también con tan sucias palabras. —Dijo el hombre tras bufar.
Draco frunció el ceño ante sus palabras, también se sintió profundamente insultado.
—¡Yo no soy sucio! ¡Tú eres el maleducado! ¡No me respondes!
—¡Tú presencia es un insulto! ¡Tan sólo mírate! Me da vergüenza ver en lo que se ha convertido mi prole, luciendo como un Malfoy pero es claro que no tienes ni una pizca de lo que eso conlleva. —Le espetó, dejando al pequeño Draco más que atónito. —Esa postura desgarbada, el cabello desordenado hasta el punto que parece paja y… ¿Qué estás usando? —Esto último lo dijo horrorizado.
Draco se miró a sí mismo, había ido con la intención de explorar así que llevó su ropa muggle que mucho más cómoda y le permitía moverse mejor, pero al parecer ese hecho había horrorizado profundamente a su muchas veces tátara abuelo.
— Avec ce garçon et la princesse qui était son père, nous sommes allés en enfer.
Draco no le entendió ni una palabra.
—¿Qué quieres decir?
—¡Por la barba de Merlín!¡¿Acaso ni siquiera sabes tú lengua madre?! ¡Votre père m'a finalement supris en énumérant un sans cervelle!
No estaba seguro por qué pero Draco se sintió bastante insultado, pero al mismo sintió deseos de justificarse ante su antepasado.
—Mis padres murieron poco después de que nací, no es mi culpa no saber qué es ser un Malfoy, no conocí a ninguno de ellos.
—Hasta eso hizo mal el inútil de tu padre, oí a los que vinieron "inspeccionar" mi casa, lo que le pasó fue por estar detrás de un ser inferior ¿Puedes creerlo? Un tal Voldemort ¡Un tipo que ni siquiera un nombre adecuado tenía! ¡Qué tan estúpidos se han vuelto mis descendientes! ¿Acaso crees que un mago de sangre pura elegiría ocultar su apellido? ¡No lo creo! ¡Siguieron a ese tipo tan ciegamente que no notaron que no era más que un idiota con complejo de grandeza!
Draco encontró un punto válido en eso, a veces resentía a sus padres por haberse ido por el lado equivocado y dejarlo solo, así que no protestó.
—Pero… ¿Qué edad tienes muchacho?
—Tengo once, los cumplí ayer.
—Creo que aún podemos corregirlo.
Y así fue como sin quererlo Draco se enlistó a "Cómo ser un Malfoy 101" sin saberlo. Diariamente durante ese verano se reunía con el retrato de su ancestro, le había contado a Severus y este había accedido a llevarlo concordando con el hecho de que necesitaba una educación más apropiada para un mago de su rango.
Su verano se convirtió en un ir y venir a Malfoy Manor.
