Capítulo 2

Bella's pov.

Seattle. Septiembre, 2014.

El timbre sonó casi 25 minutos después de que cortamos el teléfono. Abrí la puerta y vi a Mike con una gran sonrisa en el rostro, traía dos bolsas con comida china.

- ¡Sorpresa! –dijo entrando, me dio un rápido beso –traje algo rico para comer, tenemos mucho que celebrar.

- Gracias, Mike. Pero me gustaría habl…

- Trae dos copas, traje un vino delicioso. Vamos a celebrar por el trabajo soñado.

No sabía si realmente era el trabajo soñado, pero si era una gran oportunidad. Agradecí que Mike tuviera este gesto tan lindo hacia mí. Saqué dos copas mientras él ponía la comida aún caliente en la mesa del comedor. Sirvió dos copas y me tendió una.

- Vamos a brindar, entonces, por mi nuevo trabajo. Comienza a armar tus maletas, Isabella. Porque dentro de un mes exactamente nos iremos, ¿puedes creerlo? ¡Atlanta nos espera! Vamos a iniciar una nueva vida.

¿Nueva vida? ¿Atlanta?

- Mike, ¿de qué estás hablando?

- Ay, estoy tan emocionado que no puedo ni ordenar las ideas. Isabella, me ofrecieron el cargo de Gerente de Personal. ¿Sabes lo difícil que es para alguien de mi edad alcanzar el cargo de Gerente? En la oficina de Atlanta hubo problemas administrativos y grandes pérdidas financieras, me ofrecieron ser quien solucione estos problemas. Tengo que estar instalado en un mes en el nuevo trabajo –hablaba rápido y sus ojos estaban tan abiertos de la emoción, no dejaba de sonreír –. Es casi el doble de salario, Isabella. Allá habrán buenas escuelas donde puedas trabajar y…

- ¡Espera! Mike, quiero decir, te felicito estoy segura que es una gran oportunidad para ti pero…

- ¡Lo sé! ¿Lo hubieras imaginado? Yo como Gerente en Personal, no imaginas lo feliz que estoy.

- Lo sé, Mike. Y me siento muy contenta y orgullosa por ti…

- Sabía que estarías contenta, amor. Es la oportunidad que tanto habíamos esperado. Comencé a ver apartamentos para arrendar, pero luego de unos meses podríamos buscar una casa, ¿imaginas un gran jardín? ¡Justo cuando comenzábamos a planear nuestra vida a futuro!

- ¡MIKE! ¡Escúchame, por favor! Yo no puedo irme.

- ¿De qué estás hablando?

- Creí que querías celebrar mi nuevo cargo de Jefa del Departamento de Párvulos. ¿Recuerdas que te conté por teléfono? No puedo irme ahora. Sabes cuánto me gusta mi trabajo.

- Pero Isabella, no es un nuevo cargo para ti es solo el reemplazo. Además, está lleno de escuelas por allá y podrás trabajar donde gustes. ¡Cualquier escuela se moriría por tener una profesora como tú!

- ¡Pero yo no quiero cualquier escuela! Y para mí no es solo un reemplazo, Mike.

- Amor, estamos hablando de casi el doble de salario. Ni siquiera será necesario que sigas trabajando, podrás dedicarte a cuidar nuestra casa, cuando tengamos hijos podrás pasar todo el tiempo con ellos.

Casi me ahogo cuando habló de hijos. ¿HIJOS?

- Mike, ¿si quiera me conoces? –la voz sonó quebrada, pero no me importó.

- Oh, Isabella. Solo quiero que entiend…-

- No voy a dejar de trabajar, Mike. Y no me voy a mover de Seattle –dije firmemente.

- Mi amor, lo siento. Quizá deba darte tiempo para que lo pienses porque…-

- No tengo que pensar nada. Entiende bien, Mike. Yo-no-me-iré.

Guardamos silencio por un momento, Mike parecía muy decepcionado, pero también molesto.

- Creo que, este viaje tuyo llega en un buen momento –agregué.

- ¿A qué te refieres?

- Que tomar distancia podría hacernos bien. Tú… eres muy dulce y sé que me quieres, pero también sabes que no me siento de la misma forma hacia ti.

- Isabella…

- Mike, lamento hacer esto. Me cuesta mucho, y llevo mucho tiempo pensando en cómo decírtelo. Anoche, cuando me pediste que viviéramos juntos, me di cuenta que no podía alargar esto más tiempo. Tú no te mereces esto, mereces alguien que te quiera de la misma forma, y yo no puedo darte eso.

- Amor, podemos tomarnos un tiempo, te darás cuenta de lo mucho que te amo, y de lo mucho que tú también me amas a mí.

- No creo que sirva. De verdad lo siento. Será mejor que dejemos nuestra relación hasta aquí.

Dio dos pasos hacia mí y comenzó a besarme, yo respondí de manera calma. No quería ser cortante, era solo un beso de despedida, de verdad desearía tanto estar loca por él, por alguien que me quiere de esa forma. Sin embargo, comenzó a profundizar el beso, yo inmediatamente me tensé.

- Isabella, por favor. Déjame tocarte –susurró a mi oído, mientras sus manos sostenían fuertemente mi espalda –no hay nadie que pueda tocarte como yo lo hago, nadie te conoce como yo te conozco.

- Mike, espera –mi voz sonó débil. Sus labios comenzaron a besar mi cuello y sus manos a recorrer mi cuerpo; yo comencé a sentirme demasiado incómoda. Mis ojos se llenaron de lágrimas, e insistí –Mike, por favor detente.

- Me vuelves loco, Isabella –sus manos ya apretaban mi trasero y comencé a sentir su erección presionarse sobre mí –necesito sentirte, ahora.

Puse mis manos en su pecho mientras le pedía que se detuviera, él parecía no escuchar. Comencé a empujarlo para separarlo de mí.

- Déjame mostrarte cómo me siento por ti, Isabella. Te prometo que no te arrepentirás –su mano comenzó a subir mi blusa, dejando expuesto mi vientre mientras acariciaba mis senos.

Forks. Junio, 2002.

El fin del año escolar tenía a toda la escuela de buen ánimo. Hoy por fin terminaba noveno grado, y comenzaban los tres meses de vacaciones. Además, hoy era el cumpleaños de Edward, cumplía 17 años y parecía que toda la escuela estaba al tanto, pues era una suerte de tradición comenzar las vacaciones celebrando el cumpleaños de Edward, y toda la escuela estaba invitada.

Por esa razón, aquí estaba yo, terminando de arreglarme para poder ir a la fiesta de Edward. Alice había insistido mucho en arreglarme y maquillarme, y aunque no me gustaba la idea, finalmente acepté. Aplicó una suave capa de maquillaje, usando tonos bronce y dorados para destacar mi mirada, combinando con el color de mi blusa oscura con brillos dorados. Era un poco ajustada, pero con mis jeans negros combinaba muy bien. Era casual, pero de muy buen gusto. La verdad, sentía que me veía muy bien, lo que no era tan común.

- Wow, Alice. Realmente tienes talento en esto.

- ¡Lo sé, chica! Te ves hermosa. Eres mi obra de arte.

Ella traía una falda negra de cuerina que llegaba hasta medio muslo, y una blusa roja que mostraba sus hombros. Una capa de maquillaje en tonos oscuros destacaba su mirada, pero de forma muy natural.

- Jamás creí que estaría así.

- ¿Así, cómo? –preguntó mirándome a través del reflejo del espejo.

- Así… preparándome para ir a la fiesta del "chico popular de la escuela" –reí haciendo las comillas en el aire, ella rio conmigo –, en Chicago no tenía muchos amigos, la verdad. Aquí ha sido todo tan distinto.

- Porque hacía falta mi presencia en tu vida. Ilumino tu vida, admítelo.

- Lo haces –admití con sinceridad –, eres la mejor amiga que he tenido en mi vida, Alice.

- Eres mi mejor amiga, Bella. Tú también hacías falta en mi vida. Eres lo mejor que me pasó este año, amiga.

Nos abrazamos con fuerza, sintiéndonos realmente contentas de esta amistad tan linda que teníamos. Nos quedamos así durante un breve momento, hasta que sentí como secaba una rápida lágrima del borde de sus ojos.

- ¡Aj, Bella! Mira lo que haces, cambiemos de tema mejor o arruinaremos todo mi trabajo –ambas reímos y yo asentí, limpiando también el borde de mis ojos.

- El fin del año escolar nos tiene un poco sensibles.

- Será mejor que bajemos ya, Bella –se apresuró, al tiempo que escuchábamos la música prenderse a alto volumen en el primer piso.

Bajamos juntas hasta la fiesta y me sorprendió ver que ya comenzaban a llegar los demás chicos de la escuela. Estaban todos muy bien vestidos. Creí que a lo mejor nuestra vestimenta sería algo llamativa, por la formalidad, pero noté que si bien no usaban vestidos ni trajes, todos venían muy bien vestidos. Realmente la fiesta de Edward era un gran acontecimiento para la escuela.

- ¡Allá están los chicos! –Alice me arrastró por entre medio de la gente, hasta que llegamos junto a Jasper, Emmett y Edward, sumidos en una conversación que no nos notaron hasta que ya estuvimos a su lado.

- ¡Wow, chicas! Se ven hermosas –elogió Emmett, tomando nuestras manos y haciéndonos girar al mismo tiempo. Ambas reímos y le seguimos el juego.

- ¡Hey, hey! –Advirtió Edward –cuidado aquí, con mi hermanita no –el tono de hermano celoso de Edward era bastante gracioso, no todos se imaginarían que él era tan protector con su hermana menor. Sabía lo mucho que molestaba esa actitud a Alice, porque sentía que Jasper podría tomárselo demasiado en serio.

- ¡Edward!

Yo estaba consciente de que aún no saludaba a Edward. Nos habíamos visto en la escuela a lo lejos, pero no se dio la oportunidad para que habláramos, y justo mi padre pasó por mi al final de las clases, por lo que tampoco tuvimos tiempo en el auto al volver para poder decirle feliz cumpleaños. Recién habíamos estado todos juntos, pero me dio tanta vergüenza saludarlo frente a Alice y los chicos. ¿Por qué era tan patética? Llevábamos casi tres horas en su fiesta, bailando y conversando con los demás chicos de la escuela, pero aún no saludaba al cumpleañero. ¿Era algo grave? Obviamente él no está ni un poco interesado en mi saludo, pero quería hacerlo. ¿Sería ridículo de mi parte saludarlo tan tarde? ¿A lo mejor no debía hacer nada? Él no se daría ni cuenta.

- ¿Por qué tan sola, Bella?

Eric Yorkie. Un chico de la clase de Edward. Si bien era muy guapo, también era demasiado egocéntrico.

- Hola, Eric.

- ¿Perdiste a Alice?

- ¿Qué necesitas? –ignoré su pregunta, Eric era realmente cargante. Lo vi tambalearse un poco antes de dar dos pasos hacia mí.

- ¿Qué necesito? –preguntó mirando a su alrededor –… ¿qué necesito? –tomó asiento a mi lado. Noté el fuerte olor a alcohol que estaba impregnado en su cuerpo.

- ¿Qué bebes, Eric? ¿Estás borracho?

- ¡No! Es ron, pero no estoy borracho. ¿Quieres probar? –levantó su vaso hacia mí, ofreciéndolo.

Alice y yo habíamos tomado dos cervezas al comienzo de la fiesta, escondidas de sus padres y de Edward para que no nos dijeran nada, pero no estábamos borrachas ni nada del estilo. Aunque ya hubiera bebido algo antes, no significaba que debía seguir bebiendo. Me preocupé al notar que Alice aún no volvía del baño, y yo estaba aquí en medio del patio sola con este idiota, mientras el resto de los invitados estaban en la terraza y living de la casa.

- ¡Vamos, es solo un poco de ron! No me vas a decir que no, ¿verdad?

- Eric, de verdad no quiero. Pero gracias –me puse de pie para caminar hacia la casa, cuando lo sentí ponerse de pie rápidamente, impidiéndome el paso –permiso, Eric.

- Pero no te vayas aún, si recién empezamos a hablar –tomó una de mis manos con la suya, mientras sostenía el vaso de ron y daba el último sorbo, sin quitarme la vista de encima.

- ¿Qué quieres hablar?

- No sé, de ti… de mi… -su mano comenzó a subir por mi antebrazo hasta mi hombro. Repitió el movimiento un par de veces.

- ¿Por qué? –sentí cómo rápidamente sostuvo mi rostro con ambas manos, acercándose y colocando por un breve segundo, sus labios sobre los míos –¿¡Qué crees que haces!? –no supe bien cómo reaccionar, pero sabía que esto estaba mal.

- ¡Ay, Bella! No exageres, es solo un beso –volvió a sostenerme, ahora de la cintura y se acercó nuevamente a mí. Logró robar un beso rápido, antes de que volteara mi rostro. Sentía sus labios en mi cuello y sus manos insistentes recorrer mi cuerpo.

- ¡Basta, no! –pedí medio grité. Las lágrimas se acumularon por la desesperación. Y de pronto, todo fue muy rápido.

- ¿QUÉ HACES, IMBÉCIL? –Eric fue rápidamente apartado de mí, y me sentí aliviada. Hasta que fijé la vista en lo que ocurría.

Edward estaba rojo de furia, puso su cuerpo frente a mí, enfrentándose a Eric. Sus manos estaban cerradas fuertemente en puños.

- Edward, amigo. Solo estábamos jugando –Edward apretó aún más sus puños.

- Edward, por favor –supliqué, él estaba furioso. No quería que hubiera un escándalo por esto. Agradecí que nadie más que nosotros estuviera en el patio en ese momento –tranquilo, no pasó nada.

- ¿Estás bien? –volteó su mirada hacia mí, sus ojos llenos de rabia me hicieron sentir algo incómoda, un poco asustada. Yo solo asentí.

- Te lo dije, amigo. Estábamos bien acá –sentí la furia volver a su rostro, mientras se volteaba hacia Eric nuevamente.

Un puño voló al rostro de Eric, al momento que un grito ahogado salió de mí.

- ¡Edward!

- ¡Ándate de mi casa, ahora! –demandó él, sosteniendo a Eric de la camisa y empujándolo hacia le entrada –ya no eres bienvenido acá, nunca.

Eric se sostuvo apenas, y se tambaleó hasta la salida, hasta desaparecer de nuestras vistas. Yo permanecí inmóvil, sin saber qué hacer o qué decir. Edward esperó hasta que Eric estuviera lejos de nosotros antes de voltearse. Se veía preocupado.

- ¿Estás bien, Bella? –yo asentí –¿te hizo algo? –negué con la cabeza.

- Lo siento, Edward.

- ¿Qué cosa sientes? No tuviste la culpa de nada, Bella.

- Yo quise irme, estaba esperando a Alice, no me di cuenta en qué momento se acercó hasta acá…

- Bella, tranquila. No te culpo de nada, ¿por qué te justificas? Escúchame bien –su mirada ahora era mucho más tranquila, su semblante había vuelto a ser el mismo de siempre, amable y contento. Tenía un ligero olor a alcohol, y sus mejillas coloradas dieron cuenta que no estaba al cien por cien, agradecí que el conflicto con Eric no pasara a mayores –… no debes dejar, nunca, jamás, que nadie te pase por encima. No te avergüences por no querer estar con alguien, ni tampoco es culpa tuya que ese imbécil haya querido aprovecharse. Tú no hiciste nada malo. ¿Está bien?

Yo asentí, algo sorprendida ante sus palabras. Me sonrió nuevamente e hizo un leve gesto con la cabeza, señalándome que volviéramos hacia la casa. ¿Cómo era posible que fuera tan guapo y a la vez tan amable? Caminamos en silencio por el jardín, hasta que estábamos a punto de pisar la terraza.

- Por cierto –él se detuvo, y me volteé a verle –, aún no me has dicho feliz cumpleaños.

Sonreí, algo avergonzada. Volví a dar un paso hacia él, y sacando valor de no sé dónde, le di un rápido abrazo, pasando mis brazos alrededor de su cintura y susurrando a su oído.

- Feliz cumpleaños, Edward.

Me sorprendí cuando sentí sus brazos a mi alrededor, y podría jurar que sentí como acariciaba levemente mi cabello.

- Gracias, Bella.

Seattle. Septiembre, 2014.

¿Por qué recordaba ese momento ahora? Llevaba tanto tiempo sin pensar en él, casi creí que lo había olvidado completamente, y hoy no podía sacármelo de la cabeza. No debes dejar, nunca, jamás, que nadie te pase por encima. No sientas miedo, Bella. No te avergüences por no querer estar con alguien. Tu no hiciste nada malo. Limpié mis lágrimas y me puse firme, alejando a Mike de mí, yo no quería estar con él.

- ¡Mike, detente! –dije, casi grité.

- Isabella, lo siento. No quise ser un idiota, yo solo…

- Pero lo fuiste –le corté –, sabes mejor que nadie que no tolero esto. No quiero que vuelvas a venir a mi casa.

- Bella, tienes que entender.

Fue tan extraño escuchar ese apodo de su parte.

- Vete, Mike.

- Está bien, está bien –dijo tomando su chaqueta y las llaves de su carro –, lo mejor será que me vaya, para que pienses en lo que me dijiste. Te darás cuenta que es una reacción exagerada y luego todo seguirá tan bien como antes.

- Esto se acabó, Mike. Ya basta.

- No, Isabella. No se ha acabado, porque sabes que me quieres y me necesitas para estar bien. Yo te daré tiempo para que pienses bien. Y cuando estés lista, yo estaré aquí. Descansa, mi amor. Y que tengas una buena semana.

Tomó una de las bolsas de comida, dejando otra para mí y salió de mi apartamento, dejándome sola otra vez. Las lágrimas comenzaron a salir y no pude controlarlas. No podía creer que Mike se haya comportado de esa manera conmigo, sentía mi cuerpo tembloroso y me tomó unos minutos calmarme. Al menos ya se había marchado, y yo necesitaba estar sola. Sabía que Mike nunca había sido de aceptar negativas a la primera, pero ya se daría cuenta que merecía alguien que lo amara de forma recíproca.

Ya estaba anocheciendo, eran cerca de las 8 de la noche aún, pero mi cansancio era demasiado. Todas las emociones del día se me vinieron encima, y decidí que necesitaba descansar. Me puse mi pijama y me fui a la cama, pero conseguir el sueño no fue tan fácil como creí. No podía sacar los rostros de Alice y Jasper de mi cabeza. Pero sobre todo la rabia reflejada en la mirada de Alice. Fui tan cobarde al marcharme sin decir nada, lo hice hoy y lo hice también hace diez años. Obviamente estaba molesta, yo solo esperaba que no me odiara. Alice fue mi mejor amiga, fue casi una hermana para mí. Ojalá algún día me armara de valor para contarle qué ocurrió, pero era tan doloroso revivir esa parte de mi pasado…

Edward estaba en Seattle. Algún día lo vería, pero no me sentía preparada. ¿Él querría verme? Por supuesto que no, tonta.

.

.

.

- Felicitaciones, Isabella –Courtney extendió su brazo por sobre el escritorio para estrechar su mano con la mía. Yo sonreí. Acabábamos de firmar las nuevas condiciones del contrato.

- Muchísimas gracias, directora Stanley. Esta es una gran oportunidad para mí. De verdad estoy muy contenta y emocionada. Siento mi corazón acelerado de emoción.

Courtney sonrió y me abrazó dulcemente.

- Sabes que no estás sola en esto, ante cualquier duda puedes acudir a mi. Estaremos en contacto para agendar reuniones y planificar actividades.

Angela y yo salimos de la oficina de Courtney con una sonrisa en el rostro. Aunque mi sonrisa no era del todo sincera, debo admitir. Me entristecía pensar que estaba viviendo un momento de mi vida que había esperado por mucho tiempo, estaba en un lugar que amaba trabajando en algo que me hacía feliz. Y justo ahora, este momento de luz se vio ennegrecido por mi pasado. Por ese pasado que no quería enfrentar. Hoy tuve que reunirme con Courtney, por lo que Angela estuvo sola entregando a los estudiantes a la salida, antes de unirse a nosotras en nuestra reunión. Agradecía este día de pausa, pero no podía evitarlos por siempre. Alice y Jasper eran apoderados de una de mis estudiantes, tendría que enfrentarlos en algún momento. Tendría que responder preguntas. Y, aunque quería evitar pensar en esta parte, sabía que era muy probable que lo vería a él también. No quería admitirlo, pero pensar en eso no me parecía del todo terrible. Sabía que él no querría ni saber de mí, y temía a su reacción, pero no podía controlar la emoción de ver a un Edward de 29 años.

Con Angela nos dirigimos hacia el estacionamiento, el café que dejamos pendiente ayer lo tomaríamos hoy.

- ¡Estoy tan orgullosa de ti, amiga! Estaba pensando que deberíamos celebrar, un café parece algo aburrido. ¿Qué te parece si pasamos a buscar algo de ropa a tu apartamento y nos quedamos en el mío? Ben sigue de viaje y vuelve en tres días, podrías dormir conmigo –levantó las cejas de manera sugerente, yo reí ante su propuesta indecente –así podríamos ir al bar que queda cerca, podremos beber unos tragos y no necesitaremos conducir.

- Ay, Ang. No sé si estoy en ánimo de celebrar.

- ¡No quiero volver a escuchar algo así, Bells! –la voz de Jake me sorprendió, no me esperaba ver a mi amigo el día de hoy. Se acercó a abrazarme y me levantó entre sus brazos mientras me hacía girar en el aire.

- ¡Jake! ¿Qué haces acá? –pregunte en medio de risas.

- Ang me contó sobre el reemplazo que harás como Jefa de Párvulos. ¡Por supuesto que tenemos que celebrar!

No pude negarme. Ante la insistencia de mis dos mejores amigos, solo pude aceptar y entregarme a la entretención. Nos dirigimos a mi apartamento, y rápidamente me cambié de ropa y armé un bolso con ropa para el día siguiente y guardé mi pijama. Nos dirigimos al apartamento de Angela, donde fue ella quien se cambió de ropa y dejamos nuestras cosas ahí. Caminamos hasta el bar de siempre, a dos cuadras del apartamento de mi amiga.

Pedimos tres pintas de cerveza artesanal. Tomamos asiento en la terraza, aprovechando que aún teníamos un tiempo agradable en la ciudad.

- ¡Por Bells, y esta nueva oportunidad laboral que se le ha presentado! Sabemos que lo harás increíble –brindó Jake. Ang y yo le seguimos, levantando nuestras pintas y haciéndolas chocar. Nos pasamos conversando y riendo por mucho tiempo.

- ¡Otra ronda! –pidió Angela al garzón que nos atendía. Era ya la cuarta ronda, yo me sentía completamente mareada.

- ¿Estás loca? –Pregunté tratando de aguantar una carcajada –Angela, mañana trabajamos. No podemos seguir bebiendo así.

- Vamos, ya. Es hora de que te desinhibas.

- Escucha a Jake, amiga. Él es la sabiduría en persona –agregó Angela, ella estaba evidentemente mareada también.

- ¿Sabiduría? –pregunté con burla, para molestar a mi amigo.

- ¡Hey! Sabes que es verdad, doy los mejores consejos.

- Después de mi –recriminó Angela.

- ¡Está bien, está bien! Solo una pinta más, después nos marchamos antes de quedar realmente borrachos que ya no estoy en edad de fiestas en medio de la semana.

- Hablas como si tuvieras 40 años, Bells –señaló Jake mientras hacía un gesto al garzón para indicarle que nos trajera una ronda más.

- Vas a cumplir recién 27 años. Deberías salir de fiestas, llegar a trabajar con resaca, disfrutar de tu juventud.

- Antes de que lleguen los 30 –Jake puso voz como si tuviera escalofríos de solo pensar en esa edad.

- Tú llegarás a los 30 antes que nosotras, Jake –indiqué burlándome de él.

- Ni lo menciones, tengo 28 recién.

- ¿Recién? ¡Cumpliste 28 a principios de año, ya casi tienes 29! –Jake puso cara de disgusto ante el recordatorio de Angela, lo que nos hizo reír fuertemente a ambas.

Angela volvió a burlarse de Jake, pero por un segundo me desconecté de lo que ocurría frente a mí. Me quedé pensando en lo que Angela me había dicho recién. Sobre salir de fiestas y disfrutar la juventud, los 27 años. No pude evitar pensar en Alice. Ella tenía mi edad, y ya casi era madre de su segundo hijo. Se notaba que Jasper y Alice se querían mucho, y Amelia era una niña preciosa, tan parecida a Alice en su personalidad, pero con esos ojos intensos de Jasper. Ojos intensos. Similares a los de su tío, también. Automáticamente mis pensamientos se dirigieron a él, a Edward. Tenía tantas ganas de verlo, saber cómo estaba. ¿Era esto producto de las cervezas?

Forks. Agosto, 2002.

Ya casi llevaba un año viviendo en Forks con Charlie. En todo este tiempo no había podido ver a mi mamá. Estaba muy feliz, pues quedaban tres semanas de vacaciones antes de empezar la escuela y viajaría a Chicago para estar con ella durante todo este tiempo. Me emocionaba volver a verla, pero debía admitir que sentía algo de tristeza por estar todo este tiempo lejos de Alice –y Edward, me recordó mi mente.

Desde que comenzaron las vacaciones, con Alice nos veíamos prácticamente todos los días, y por consiguiente veía a Edward también. Aunque intenté ocultárselo, mi amiga no tardó mucho en darse cuenta de que estaba interesada en su hermano. Tras la fiesta de cumpleaños de Edward, y el episodio con Eric, Alice vio de lejos nuestro abrazo. "¿¡Cómo no me di cuenta antes!? Alice Cullen, a veces puedes ser tan ciega" recuerdo que fueron sus palabras, aunque intenté negarlo, no logré convencerla, no era muy buena mintiendo. Aunque era evidente que él no tenía ni el más mínimo interés en mí, yo era solo la amiga de su hermana, y aunque nos llevábamos muy bien sabía que él veía en mí una niña. Eso no me gustaba. Me hubiera gustado ser solo un poco mayor, para poder verme ante él como una mujer.

Hoy era mi última noche antes de viajar a Chicago y, como siempre, había decidido venir a dormir a casa de Alice.

- Chicago debe ser maravilloso, ¿no, Bella?

- La verdad, tiene su encanto. Hay muchas cosas entretenidas que hacer, pero creo que ya había comenzado a acostumbrarme a la vida tranquila de pueblo.

- ¡Vamos, no puedes estar hablando en serio! Forks es aburridísimo. No puedo esperar a irme de este lugar, no es para mí. Yo necesito ciudad, más entretención, algo como Los Ángeles o San Francisco.

- La verdad para mí no es tan importante el lugar. Solo espero que sea un lugar tranquilo, donde pueda dedicarme plenamente a lo mío.

- Claro, eso es muy importante. Tú sabes que soy del mundo de la moda, la gran ciudad es lo mío.

- Claro, pero en mi caso es distinto.

- Exacto, tú eres un ratón de biblioteca.

- ¿Cómo que ratón de biblioteca? –fingí sentirme ofendida, pero ambas reimos ante su comentario.

- Creo que serías una gran maestra de literatura, Bella.

- También lo he pesado, de verdad creo que sería buena en eso. Aunque bueno, aún tenemos mucho tiempo para pensar qué haremos.

- Así tus hijos con Edward tendrán un padre de cada área. Padre médico, del área de las ciencias y la biología, y una madre del área de las letras –la sonrisa burlona de Alice me hizo sonrojar.

- ¡Alice, no seas boba!

- Ay, pero si es lo que quieres, ¡y lo sabes! –volvió a reír. Yo me sumé a su risa, negando con la cabeza. Alice no tiene remedio –la verdad, Bella. Tengo algo que contarte.

- ¿Estás sonrojada? Ok, esto debe ser algo importante porque jamás te había visto así.

- ¿Recuerdas la promesa que hicimos la primera vez que viniste a mi casa? –intenté hacer memoria, y pensar en ese día.

- ¿Lo que hablamos sobre… eso del primer beso? –Alice asintió emocionada –no me dirás que tú… –volvió a asentir, con mayor efusividad esta vez –¿¡Qué!? ¿¡Cuándo!? ¿¡Cómo!? ¡Quiero detalles!

- Anteayer. Cuando volví de tu casa, llegué acá y Edward estaba con Emmet y Jasper. Más tarde llegaron esas chicas, Lauren y Maria –esta última dijo casi escupiendo el nombre; ambas sabíamos que Maria gustaba de Jasper, y por eso Alice no la toleraba. Era Lauren quien me ponía de mal humor a mí, ¿no se suponía que habían terminado? –estuve muy molesta por la presencia de ellas, pero evidentemente no lo podía demostrar. Por lo que solo observé desde lejos, tratando de no mostrar como realmente me sentía.

- Analizando a tu víctima –dije levantando las cejas de manera sugerente.

- Ya sabes como soy –me guiñó un ojo –estuvieron bebiendo cervezas y cuando ya era tarde estaban todos un poco borrachos, o eso creí. Yo estaba aquí, en mi pieza, pero podía oír todo lo que hablaban en la sala común. Me asomé a mirar, y vi como Maria prácticamente se abalanzaba sobre Jazz. Me puse realmente de mal humor, y no quise quedarme acá. Tomé mi celular y mis audífonos, y salí de mi cuarto sin siquiera mirarlos y me fui al porche. Me senté en el borde de la terraza y me envolví en mi música, molesta.

- ¿Y Jasper te siguió? –ella asintió.

- Llegó al porche a conversar. Ahí noté que él no estaba borracho, me dijo que tenía que conducir para llevar a Emmet de vuelta a casa. Conversamos mucho tiempo, reímos, intenté coquetearle de manera sutil, pero sabes cómo soy –ambas reímos –lo de ser sutil no se me da del todo bien.

- ¿Y cómo fue? ¿Fuiste tú quien lo besó a él? ¿O él te besó a ti?

- Llevábamos mucho tiempo hablando, y de repente nos quedamos en silencio. Ninguno dijo nada. Cuando levanté la mirada para verle, noté que él me estaba mirando. Puso su mano aquí –dijo mientras tocaba su nuca, mordiendo levemente su labio inferior –y se acercó lentamente.

- ¡Aaaaay!

- ¡Lo sé! Cuando estaba a solo unos centímetros de mí, se detuvo a mirarme como si estuviera pidiendo permiso. Yo corté la distancia y lo besé –Alice se arrojó de espalda a la cama, extendiendo los brazos, era como si no fuera capaz de aguantar tanta emoción.

- ¿Y cómo fue? ¿Te gustó? ¿Cuánto tiempo estuvieron ahí? ¿Qué te dijo después de que se besaron?

- ¡Fue maravilloso! Después de besarnos, reímos como bobos y nos quedamos abrazados. Me confesó que llevaba mucho tiempo queriendo besarme y yo me sentía en las nubes.

- ¡Qué romántico!

- Lo fue, muy romántico. Fue perfecto. Cuando notamos que llevábamos mucho tiempo a solas, me dijo que era hora de irse. No pude evitar hacer un puchero, y el volvió a besarme. Me dijo que siempre que ponía esa cara lo volvía loco. Por primera vez en mi vida me sentí muy tímida

- ¿¡Tú!? –pregunté burlándome un poco.

- ¡Lo sé! Me sentí como otra persona, no sabía cómo actuar. Nos pusimos de pie y caminamos de la mano hasta la escalera. Subimos en silencio y los demás seguían aquí. Cuando llegamos ellos parecían no haber notado todo el tiempo que estuvimos abajo, excepto por Maria, quien nos miró con sospecha. Yo solo la ignoré. Jasper le dijo a Emmet que era hora de marcharse, Lauren y Maria le pidieron si podía pasar a dejarlas a ellas a sus casas también. Me tensé un poco, pero intenté disimular. Edward bajó con ellos para despedirlos en la puerta, y bajaron todos.

- ¿Y no te dijo nada? –pregunté incrédula.

- Cuando todos habían bajado, me quedé acá con una sensación extraña. No sabía en qué quedamos. De pronto, Jasper volvió a subir, había dejado las llaves de su carro en el sofá. Me guiñó un ojo, noté que las había dejado a propósito y se acercó a abrazarme. Le devolví el abrazo con una sonrisa en el rostro. Besó mi frente y me dijo "buenas noches, señorita".

- Entonces… ¿Qué son? ¿En qué están?

- No lo sé, Bella. Pero esta sensación es maravillosa. No puedo dejar de pensar en él, en su cara, sus ojos.

El resto de la noche hablamos de Jasper y reímos por la reacción tímida que tuvo ante todo lo que pasó. Tras apagar las luces, Alice no tardó mucho en dormirse.

Mantuve los ojos cerrados para intentar dormir, pero fue más difícil de lo que pensaba. Seguía dándome vueltas ante la emoción de volver a ver a mamá. Tras unos minutos, decidí levantarme y dirigirme a la cocina para buscar un vaso de agua. Tras beberlo, dejé el vaso en el fregadero y volví a subir hasta el tercer piso para acostarme. Era increíble lo cómoda que me sentía en esta casa, poder pasearme por los pasillos de noche con confianza. Noté que el reloj del segundo piso marcó la hora, eran ya las 3 de la madrugada, Charlie pasaría por mí a las 8:30 de la mañana para llevarme al aeropuerto.

Una vez en la sala común del tercer piso, tuve que ahogar un grito ante la impresión de ver a Edward en medio de la oscuridad, sentado en uno de los sofás.

- Lo siento, Bella. No quise asustarte.

- Tranquilo, no hay problema, es solo que no me di cuenta que estabas acá –dije mientras mi mano permanecía en mi pecho, intentando calmar mi agitado palpitar. Sentí algo de vergüenza al notar que traía solo un pantalón de pijama y su torso desnudo. Agradecí al cielo haber traído un pijama decente.

- ¿No puedes dormir?

- No sé por qué, creo que estoy ansiosa por el viaje de mañana –Edward miró al suelo. La luz de la luna se colaba por la ventana y, aunque no había luces prendidas, podía ver perfectamente la expresión de Edward.

- La extrañas mucho, ¿no es así?

- Claro que sí. Desde los seis años jamás había pasado más de un mes lejos de ella. Ahora ha sido casi un año. Aunque hablamos siempre –mientras hablaba me acerqué lentamente hasta estar a su lado. Tomé asiento en el sofá, al otro extremo, y permanecimos en silencio unos segundos.

- Te extrañaremos –levanté la mirada, algo sorprendida ante sus palabras. Él pareció de pronto nervioso –digo… Alice y yo. También mis padres. Ya se había vuelto costumbre verte siempre acá. Será extraño no verte seguido.

Yo asentí, con una extraña sensación en el vientre, y en el pecho. El silencio se volvió a instalar entre nosotros. Me generaba algo de ansiedad. Levanté la mirada que había mantenido fija en mis manos, y al mirar a Edward noté que él miraba mis manos también.

- Creo que iré a dormir ya. Tengo que levantarme en unas pocas horas para que Charlie me venga a buscar –me puse de pie –descansa, Edward. Buenas noches.

- Buenas noches, Bella –respondió Edward, poniéndose de pie a mi lado.

Miré fijamente su expresión, la cual no supe descifrar. Me armé de valor, una vez más, y le di un abrazo. Lo sentí estático por un breve lapso de tiempo, antes de envolverme con sus brazos. Apoyé mi mejilla en su pecho, mientras lo sentía enterrar su rostro en mi cabello. Permanecimos abrazados por un largo momento, hasta que lo sentí apoyar su mentón suavemente sobre mi sien. Por primera vez levanté la mirada, sintiendo su respiración muy cerca de mi rostro. Miré a sus ojos, y vi como él desviaba su mirada hacia mis labios. Le imité. Una de sus manos que me abrazaba, se deslizó desde mi espalda hasta mi hombro y cuello, sosteniendo mi rostro. Se inclinó, suavemente, juntando nuestras frentes. Instintivamente, cerré mis ojos ante la espera.

- Te extrañaré estas tres semanas, Bella.

Sonreí. Abrí los ojos y él me estaba mirando fijamente. Sentía mi corazón agitado en mi pecho, estaba a punto de explotar. Era una cercanía única, diferente, maravillosa. Poco a poco nos fuimos acercando. Me paré en las puntas de mis pies hasta que nuestros labios se rozaron levemente. Sentí una extraña y maravillosa sensación ante el contacto, quería más.

- ¿Bella?

La voz de Alice nos hizo dar un respingo, e inmediatamente nos separamos. Miré rápidamente hacia su puerta, y noté que ella seguía dentro, por lo que no había visto nada. Sentía mis mejillas sonrojadas. Sin detenerme a mirar a Edward, me volteé y entré a la habitación de Alice antes de que ella saliera.

- Hola, Alice. Lo siento, no podía dormir.

- ¿Estás bien? Te ves algo exaltada.

- Sí, estoy bien. Creo que estoy ansiosa, por ver a mamá –no era del todo mentira, pero de todas formas evadí su mirada. Creo que Alice aún estaba muy dormida como para notar mi actitud extraña. Si ella hubiera estado en su cien por cien, habría notado de inmediato que no estaba siendo sincera con ella.

- Me asusté al despertar y no verte aquí. Ven, duerme conmigo –me recosté nuevamente a su lado, intentando calmar mis pensamientos. Pero rápidamente mis pensamientos volvieron a dirigirse al chico del cuarto de al lado. Oh, por Dios. Estuve a punto de besarlo. ¿Casi nos besamos? ¡Casi beso a Edward Cullen! Llevé mis dedos al borde de mi labio, donde sentí el roce de los suyos. No pude evitar sonreír. ¿Qué estará pensando él, en este momento? ¿Él quería besarme también? Con todos estos pensamientos invadiendo mi cabeza, me quede profundamente dormida.

Seattle. Septiembre, 2014.

- Bells, ¿podrías decirme por qué estás tan extraña? –la voz de Jake me sacó de mis pensamientos.

De pronto sentí que todos los recuerdos de ayer y hoy se me vinieron encima. Escondí mi rostro en mi cara y pronto sentí mis ojos inundados en lágrimas. Había pasado tanto tiempo, pensé que ya no quedaban más lágrimas para Forks, pero me mentí tanto, intentando negar todo de mi pasado y sin querer enfrentarlo. Dolía tanto.

- ¿Está todo bien, amiga? –Angela tomó mi mano y la apretó suavemente con un gesto amigable.

- Lo siento, es que estos días han sido demasiado intensos. Siento que me voy a volver loca.

- ¿Pasó algo que no me has contado, Bells?

- Rompí con Mike –dije, tras unos segundos de silencio. Aunque Jake intentó disimular, supe que estaba feliz.

- Lo siento, Bells. Sabes que yo no tenía la mejor opinión de Newton. Si quieres, puedo intentar fingir pero no sé qué tan buen actor sea.

- No tienes que fingir, Jake. Sé que estás feliz por eso. La verdad, yo también estoy más aliviada. Es solo que, eso no es lo único.

- ¿Ah no? –preguntó ahora con voz curiosa, algo más seria.

Angela apretó suavemente mi mano con la suya, dándome coraje para contar la otra parte.

- Tenemos una nueva estudiante en la escuela, es una niña hermosa. Se llama Amelia. No vas a imaginar quienes son sus padres –la duda era evidente en la cara de Jake, tras un silencio breve dije: –Alice y Jasper.

Escuché a Jake jadear. Se llevó la palma de la mano a la frente, dándose un pequeño golpe como si de esa forma pudiera reaccionar.

- Y Edward es su padrino. Él está en Seattle también –dije en voz baja, casi un susurro.

- ¿La sobrina de Cullen está en tu clase? –parecía no poder creer la desafortunada coincidencia –¿Ya lo viste? –negué con la cabeza.

- Y espero no tener que verlo pronto, porque no tengo cabeza para eso.

- Pero algún día tendrás que verlo. Sus caminos se han vuelto a cruzar, de alguna manera él sabrá que eres la maestra de su sobrina. Él va a querer respuestas. Querrá saber por qué te fuiste.

- Es cierto –agregó Ang –, y creo que a ti también te hará bien conversar con él, será lo mejor para cerrar ese capítulo de tu vida.

- Lo sé. Es tan extraño, creí que había borrado todos los recuerdos de Forks. Desde que vi a Alice y Jasper ayer, no dejo de pensar en mi vida allá. No dejo de pensar en él –escondí mi rostro en mis manos –, tengo tantas ganas de verlo, pero me da miedo enfrentarlo. Debe odiarme.

Angela y Jacob guardaron silencio. Sabían que era verdad. De pronto noté que el efecto de las cervezas se había esfumado, y el ambiente entre los tres ya no era de celebración. Que bien, siempre siendo el alma de la fiesta, pensé con ironía.

- Lo siento, arruiné esta pequeña celebración.

- ¡Nada de eso! Al contrario, nos has dado más razones para celebrar.

- ¿Cómo? –preguntó Angela.

- Es una nueva oportunidad. No solo en lo laboral, también te libraste de Newton. Y además tienes la posibilidad de cerrar el gran capítulo pendiente de tu vida. Una nueva Isabella Swan está a punto de nacer.

- ¡Es cierto! –Se sumó mi amiga –, será una gran oportunidad para ti, para sanar ese pasado, y así poder seguir adelante.

- Creo que tienen razón –intentaba ver el lado positivo de todo esto, y era cierto que llevaba años intentando avanzar sin soltar esta mochila tan pesada. Quizá ahora podría sanar para avanzar.

.

.

.

Las risas y gritos de los estudiantes inundaron el patio. Había pasado ya una semana desde el comienzo del año escolar, y ya se habían formado pequeños grupos dentro de la clase. Me gustaba verlos jugar durante la hora de recreo, mientras unos corrían y saltaban otros no soltaban sus juguetes. Había pasado también una semana desde mi reencuentro con Alice y Jasper, y una semana desde que terminé con Mike. A Alice y Jasper no los había vuelto a ver, el trabajo administrativo me tenía algo consumida, reuniones constantes con Courtney para ponerme al día con los asuntos internos del departamento de educadoras de párvulo, y eso que aún no comenzaba a ejercer mi cargo de manera oficial. Por otro lado, tampoco había sabido nada de Mike desde nuestra discusión en mi apartamento. Solo esperaba que él estuviera bien, pero sabía que llamarlo para saber de él sería dar pie a una visita o algo, y la verdad no tenía ganas de verlo.

- Tu cumpleaños es el próximo sábado, Bella. Tenemos que salir a celebrarte –anunció Ang, quien venía caminando con Emily y Claire, las profesoras de la otra clase de párvulos.

- No sé si quiera hacer una gran celebración, la verdad.

- ¿Estás loca? –Preguntó Claire –desde que te conozco, por primera vez eres una chica soltera. Ahora puedes ser mi compañera de fiestas. Dejemos la fidelidad para las mujeres comprometidas –hizo un gesto hacia Angela y Emily.

Claire llevaba dos años trabajando en la escuela. Era un año menor que yo, y vivía una vida de juventud alocada, siempre nos hacía reír con sus historias y aventuras. Aunque su vida personal era muy agitada, era una excelente profesional con mucha vocación. Emily era quien llevaba más tiempo en la escuela. Tenía 30 años y estaba comprometida con su novio, Sam. ¿Han escuchado alguna vez cuando dicen que "el mundo es un pañuelo"? Sam es el primo mayor de Jacob, y yo lo conocía hace años. Por eso, cuando con Emily notamos que teníamos gente de nuestras vidas en común rápidamente nos volvimos amigas.

- La verdad no sé si soy una persona tan alocada como tú, Claire. Pero puedo intentarlo.

- Tendrás a la mejor maestra –me guiñó un ojo.

- Será una de las últimas salidas que tendremos las cuatro juntas, siendo solteras –dijo Angela, mirando a Emily.

- ¡Hey! Tienen que organizarme una despedida de soltera –advirtió Emily –, aún tenemos una salida segura.

- ¡Cierto! Está bien, aprovechemos de celebrar. Pero no se me ocurre bien, ¿les gustaría ir a comer algo? ¿o bailar?

- ¡Esa es la actitud! –celebraron las 3 dando suaves aplausos.

- No te preocupes de nada –señaló Claire –yo organizaré el panorama y juro que será tremenda noche –levantó su palma a modo de promesa scout, lo que nos hizo reír.

- ¡Aaaay! –un pequeño grito nos llamó la atención.

Miré de donde venía el grito e instintivamente me puse de pie y corrí hasta allí. Era Amelia, que jugaba junto con Clarisse y al parecer se golpeó al caerse. Me agaché a su lado y levanté suavemente su pierna. Ella se quejó.

- Uh-uh, tranquila cariño.

- Me caí y me pegué fuerte –hizo un leve puchero. ¡Dios, era igual a Alice! Unas lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos –duele mucho.

- Lo sé, lo sé. Pero va a pasar, ¿sabes? Eres una niña fuerte. Estoy segura que si vamos a la enfermería y ponemos una bandita ya no dolerá más. ¿Vamos?

- Sí, vamos –asintió mientras con una de sus manitos limpiaba una lágrima de su mejilla.

La puse de pie y tomé su mano para que caminara conmigo hasta la enfermería de la señora Cope. La amable mujer nos recibió y desinfectó rápidamente la herida para luego poner una bandita con dibujos sobre la rodilla de Amelia.

- ¿Ves que ya no duele nada? –pregunté.

- Es porque soy una niña fuerte –respondió ella de manera orgullosa y dulce.

- Exacto –nos pusimos de pie para volver tras despedirnos de la señora Cope.

Caminamos de la mano hacia la sala de clases, el receso ya había terminado.

- ¿Puedo preguntarle algo, señorita Isabella?

- Por supuesto.

- ¿Puedo llamarla señorita Bella, en lugar de señorita Isabella?

Juro que pude sentir mi corazón estrecharse en mi pecho por un segundo.

- ¿Señorita Bella?

- Sí, ya sabe. Escuché a mamá y a papá llamarla así, y me gustó. Creo que le queda bien.

- Claro que puedes llamarme así, querida.

- ¿Le gusta estar de cumpleaños, señorita Bella?

- Sí, me gusta. Aunque cada año me gusta menos, la verdad. Estoy volviéndome más vieja.

- Señorita Bella –Amelia rio con una dulzura muy propia de la familia Cullen –, usted no es vieja. Es de edad de mamá. Ser vieja es ser edad de abuela.

- ¿Edad de mamá?

- Sí, eso me enseñó mi mamá. Que cuando una es edad de mamá es joven aún. Vieja se pone una cuando tiene edad de abuela. Aunque a mi abuela Esme parece que no le gustó mucho eso –reí ante ese comentario, podría imaginar perfectamente a Alice burlándose de Esme, y a ella riendo y fingiendo estar molesta con su hija. Ella era una mujer tan adorable –aunque, ¿tiene hijos, señorita Bella? Porque si no tiene hijos, es aún más joven que edad de mamá.

- No, cariño –sonreí ante su pregunta –no tengo hijos.

- Usted es muy linda, tendría hijos muy lindos.

- Estas siendo muy halagadora, Amelia.

- Estoy diciendo la verdad –corrigió ella, con mucha dulzura.

- Ya tenemos que entrar a clases otra vez, ¿cómo está tu pierna?

- Bien, ya no duele nada.

- Que bueno, cariño. Entonces entremos a clases y sigamos el día.

- ¡Isabella! –Jessica venía entrando por el pasillo. Me volteé a verla, se veía algo molesta.

- Entra a clases, Amelia –pedí de forma amable, mientras le abría la puerta –yo voy de inmediato.

Amelia miró con preocupación hacia Jessica, pero sin decir nada más entró al aula. Caminé hacia Jessica hasta que nos encontramos a mitad del pasillo.

- Hola, Jessica.

- Me enteré de que mi madre te dio el reemplazo de mi cargo.

- Así es, el martes firmamos los documentos correspondientes.

- Qué vergüenza, Isabella. Después de todo lo que me hiciste, ¿vienes a comer de las migajas de mi cargo?

- Jessica, no tengo ánimos para discutir. Esto no tiene nada que ver contigo, lo conversé con Courtney y la decisión ya está tomada.

- Escucha bien, Isabella. Sé que soy la hija de la directora, pero el cargo de Jefa de Párvulos no me lo dieron gratis. Eso es consecuencia de mucho trabajo y esfuerzo de mi parte. No voy a permitir que te quedes con todo mi esfuerzo.

- No quiero quedarme con tu cargo, Jessica –mantuve la calma, no quería hacer un escándalo –. Tengo muy claro que mi cargo es un reemplazo, y haré lo mejor que pueda y que esté dentro de mis capacidades.

- Espero que así sea, porque volveré en unos meses y tú tendrás que regresar a ser solo una profesora más de esta escuela.

Tuve que morderme la lengua, hace unas semanas Jessica estuvo hospitalizada por malos ratos durante su embarazo, estuvo en una posición muy delicada. No me gustaría ser la persona que ocasione algún problema en su estado.

- No te preocupes, Jess. Ahora, si me disculpas, tengo que volver al aula.

Antes de que me dijera algo más, salí de ahí. No podría seguir aguantando tan tranquila que alguien me hablara con ese tono de voz y arrogancia. Yo no estaba dispuesta a dejar que nadie pasara por encima de mí. No otra vez.


Lamento muchísimo tanta demora en actualizar. Tuve un comienzo de año de locura y contexto nacional me tuvo lejos de todo y con muy poco tiempo. Ahora que estamos en cuarentena, tendré más tiempo y espero actualizar más rápido de ahora en adelante, lo juro!

Agradezco muchísimo los comentarios que tuve en el primer capítulo, me hicieron muy felizzz.

Gracias.

NicoleFernanda