No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Vatsiaiana. Yo solo me encargo de publicar los capítulos y divertirme.

.

.

.

2

- Edward -

Ha pasado una semana desde lo sucedido en el bar y su mal humor no se desvanecía.

Como era de esperarse al siguiente día la información se filtró a los medios de comunicación y se convirtió en la comidilla de la semana. Pero eso no era lo que realmente lo tenía de mal humor, poco le importaba lo que esa prensa amarillista opinara. Lo que en realidad lo tenía así era el cachondeo que le habían montado sus compañeros.

¡Menos mal que ellos más allá de compañeros de club son amigos porque no quería imaginar la misma situación si no lo fueran! ¡Demonios, tanto que se esforzó por evitar que eso sucediera!

Pero todo es culpa de esa mujer. Si, ella es la culpable. Si ella no le hubiese echado esa bebida no se tendría que aguantar semejante cachondeo ahora. De solo pensarlo su humor no hizo más que empeorar.

Chasquea la lengua exasperado.

¡Maldita mujer!

Lleva la botella a sus labios para continuar bebiendo su cerveza pero el líquido no llego su boca. Estaba tan metido en sus pensamientos que no se percató en qué momento se bebió todo ese líquido espumoso que contenía la botella. Suelta un suspiro con pesadez. Tiene que dejar de pensar tanto. Se dispone a buscar otra cerveza pero al sentir el frio de un objeto en su hombro se detiene.

–Gracias –se limita a decir, toma la botella y le da un sorbo.

Rosalie se sienta a su lado y suspira aburrida. Desde que había ido a nadar Edward no se había movido de ese lugar.

–Deja ya el mal humor y comienza a disfrutar las vacaciones –le dice en tono de reproche.

Ya no podía soportarlo más. Estas han sido las vacaciones más aburridas para ella porque a pesar de salir y jugar con su marido nunca se podría comparar a la compañía que le brindaba Edward. Él le proporcionaba la diversión y felicidad que por más que intentara no lograba sentir al lado de Emmett.

–No he estado de mal humor –miente.

Rosalie tenía razón faltaban pocos días para regresar a hacer la pretemporada con el club y aun no se había divertido en sus vacaciones.

Pero por más que intentó olvidar el asunto en el bar no pudo. ¡Y como hacerlo después de lo que le hizo esa mujer! Jamás en su vida lo habían humillado de semejante manera frente a tantas personas. Era como estar jugando el clásico contra los reds o el derbi contra los cityzens y uno de esos rivales te hiciera un caño. Así de humillado se sentía.

Esa mujer de verdad que logro tocarle los cojones pero jamás lo admitiría abiertamente. Hacerlo sería otro duro golpe a su orgullo.

Edward se termina de beber la cerveza de un sorbo y se coloca de pie. Suficiente. Es momento de divertirse en Ibiza.

–Juguemos –le dice con una sonrisa mientras le tiende la mano.

Rosalie le devuelve la sonrisa feliz porque Edward regreso a su actitud habitual.

–¡Sí! –exclama, y estrecha su mano colocándose de pie.

Rosalie busca el balón y se lo lanza iniciando así un juego de toques y pases.

Escucha pasos en la popa dirigiéndose a la amura del yate.

–Joder, viejo. Hasta que por fin te animas a hacer algo –dice Emmett perezosamente. Llega a la proa y se sienta en la baranda. Suelta un bostezo desperezándose, se acababa de despertar. Después lo mira con sorna y agrega:– Parece que esa mujer en vez de vaciarte la bebida en la cabeza te hubiese metido un palo en el culo.

Emmett y Rosalie se ríen.

Maldito… él era más culpable que esa mujer. Él fue quien comienzo con el cachondeo al burlarse en el grupo de Whatsapp.

¡Era momento de cobrársela!

–¡Rosalie, asistencia! –le pide Edward.

Rosalie lo mira desconcertada pero hace lo que le pide. Antes de que Emmett pudiera reaccionar recibe un balonazo en la frente que lo tiro al mar. Edward y Rosalie se acercan a la baranda asegurándose que el golpe no lo haya desmayado.

–¡Carajo!, ¡¿Te has vuelto loco?! –le reclama molesto, moviendo los brazos para flotar en el agua.

–¡Que te den! –responde Edward, haciéndole una peineta.

–¡Casi me lesionas! ¡Me hubiese perdido la pretemporada! –se queja Emmett.

–Juegas con los pies no con la nariz, subnormal –refuta Edward, volteando los ojos.

Emmett emite un gruñido y se aleja del yate nadando en dirección a donde cayó el balón.

Rosalie suelta una carcajada divertida por la situación. Podían pasar los años pero esos dos nunca dejarían de comportarse como niños.

–Menos mal que no has estado de mal humor porque no quiero saber que le hubieras hecho si en realidad lo estuvieses –le dice ella con sorna.

Edward en respuesta solo alza los hombros.

Rosalie comienza a caminar hacia la popa siendo seguida por Edward y entran a la sala de estar. Él se recuesta en el sofá y ella va al mini bar por dos cervezas. Se acerca al sofá ofreciéndole una de las cervezas. Edward se sienta y toma la botella.

–Gracias –dice, dándole un sorbo.

Ella se sienta a su lado y toma la Tablet para revisar las notificaciones.

–Parece que alguien va a ser la comidilla de la prensa por más de una semana. Mira –comenta Rosalie, ofreciéndole la Tablet.

Edward toma la Tablet viendo la noticia publicada por el diario The Sun. El encabezado rezaba: "Cityzen, Red or Red devil?" y abajo mostraba la foto de Black con el uniforme blaugrana.

Perfecto. Ahora a ese friki de las competencias lo quieren ver jugando en Inglaterra.

Suspira con pesadez y le da un sorbo a su cerveza.

–Oye, Edward… –dice Rosalie, con un tono de voz totalmente serio para llamar su atención.

–Ya cumpliste tu segunda meta –le notifica, al notar que logro su objetivo–. Ahora solo te faltan dos para cumplir todas tus metas.

–Me falta una. Solo son tres metas –corrige.

–Son cuatro, ¿No lo recuerdas? –inquiere al notar la confusión en Edward–. Primera: jugar con el primer equipo –comienza a explicar enumerando las metas con los dedos–, segunda: ganar el triplete, tercera: ganar el mundial y cuarta… –hace una pausa para míralo fijamente a los ojos– casarte conmigo. Lo prometiste.

Por supuesto que la recordaba pero aunque le doliera era una promesa que jamás podría cumplir.

–Estás casada con Emmett –le recuerda, sintiendo una opresión en su pecho.

Pero ella, inconforme al escuchar esa respuesta, no se daría por vencida tan fácilmente. Así que refuta:

–Y si me divorcio de Emmett. ¿La cumplirás?

Edward la mira sorprendido.

¿Lo decía en serio?

Busca algún indicio de que ella este jugando con él como lo hace siempre pero no lo hay. Rosalie de verdad está dispuesta a hacerlo.

Durante tanto tiempo a estado anhelado tener una oportunidad y por fin se le ha presentado.

–Rosalie…

.

.

.

- Isabella -

–¡Eric! –exclama Jessica, moviendo la mano en forma de saludo.

Caminando en su dirección se encontraba un muchacho de rasgos asiáticos hablando con quien seguramente sería su compañero de clases.

Eric la mira un segundo antes de pasar a su lado sin devolver el saludo.

Ella suspira resignada.

–Bueno, era de esperarse que aun siguiera enojado con nosotras después de que lo expulsaran de la peña –dice, haciendo una sonrisa forzada.

Lo siento… La única culpable soy yo. Era el pensamiento que pasaba por la mente de Isabella.

Pero sabía que si se lo volvía a recordar a su amiga la haría sentir peor. Porque el objetivo de su amiga era que ese día se olvidara de sus problemas y no agregarle uno más a su lista.

Suspira agotada.

Jamás pensó que esa noche que vacío su bebida sobre aquel idiota abriría las puertas del infierno. Solo pasaron menos de dos horas cuando la noticia se filtró a los medios de comunicación. Por suerte, su amiga logro sacarla a tiempo de ese bar.

A la mañana siguiente y durante el transcurso de esa semana la prensa sensacionalista no paro de hablar de ello. ¡Incluso los periodistas crearon un grupo de investigación para dar con la responsable de 'semejante barbarie'! ¡Por Dios, le podían hacer un atentado a la reina Isabel o a Carlos de Gales y no harían tanto alboroto!

Ni podía dormir en las noches por el puto temor de tener al día siguiente periodistas esperándola a las afueras del edificio donde vivía y no solo a ellos sino también a los fanboys y las fangirls de ese idiota con ganas de matarla por haber agredido a su ídolo y crush.

Maldita prensa sensacionalista y malditos periodistas que la integraban.

Como odiaba esa clase de periodismo.

Su temor pasó a un estado de pánico extremo cuando excluyeron a Eric de la peña al descubrir que fue él quien facilito las entradas.

La peña le vendería esa información al grupo de investigación y sería cuestión de tiempo para que dieran con su paradero.

Era su fin.

O al menos eso creyó. Tal vez sea suerte o alguna intervención divina pero por ahora no han podido dar con el paradero ella. Agradecía por eso y que también las noticias se centraran ahora en otra persona.

Pero todo era culpa de él. Si no hubiese tratado de humillarla esto no habría sucedido. No, pero el muy imbécil tenía que abrir su gran boca.

De solo pensar que por su culpa ha estado viviendo un infierno provoco que el buen humor que le quedaba se fuera al carajo.

¡Maldito idiota!

–Busquemos la nota que nos hace falta –dice Isabella, cambiando de tema tanto para su amiga como para ella–. Quiero volver pronto al piso.

–¡Eeeh! Pero yo no quiero volver tan rápido –se queja su amiga.

.

.

.

- Edward -

Final del partido.

Atlético de Madrid 1 – 1 Manchester United.

Por fin el último partido de pretemporada.

Estaba conforme con los resultados obtenidos en su gira a China.

Habían ganado dos partidos (uno a la Roma y otroal Bayern Múnich), perdido uno (Dortmund) y empatado este último. Dando el puntaje necesario para que ganaran la International Champions Cup.

Después de la celebración que se extendió hasta el vestuario del Shanghái SIPG arribaron al hotel. Se encontraba toda la plantilla en una sola habitación bebiendo y jugando en la consola FIFA 21.

–¡Por fin volvemos mañana a Mánchester! –exclama Jasper, esperando su turno para jugar.

–Y que lo digas –responde Anthony.

–¡Goool! –exclama Edward, al concretar la jugada en el videojuego–. ¡Toma, en tu puta cara!

Marcus chasquea la lengua molesto.

–El juego apenas está comenzando. Puedo remontar. –le informa.

–Inténtalo –Edward lo reta.

Emmett que en ese momento estaba revisando su móvil comienza a reír.

Edward que está sentado a su lado lo mira intrigado pero regresa su atención rápidamente al juego.

–¿Qué sucede? –inquiere.

The Sun asegura que tú y Black compartirán vestuario. Y no son solo ellos sino también la prensa española, es decir, o el viene a Mánchester o tú vas a Barcelona –responde.

¿Qué, él y ese friki de las competencias compartiendo equipo? Imposible.

–¡Gol! –exclama Marcus.

Mierda, eso le pasa por estar pensando tonterías en el momento menos oportuno.

–Tanta venta de humo porque no he renovado y él tampoco –refuta, soltando un bufido aburrido.

Durante ese mes lo han estado relacionando con algunos de los clubes más importantes de Europa como Barcelona, Real Madrid, Paris Saint-Germain, Chelsea y Manchester City.

–Bueno, todos aquí sabemos que tú te quedas. La duda esta es en sí Black se quedara en Barcelona –comenta Emmett, fingiendo falso interés.

En el salón comienza un debate sobre el futuro de Black y Emmett sonríe complacido por lograr su objetivo.

–Como hay diferentes opiniones sobre cual puede llegar a ser el futuro de Black. ¡Que comiencen las apuestas! –anuncia–. Apuesto 10.000£ a que desembarca con los reds.

Edward que estaba concentrado en el juego logra un desmarque con el jugador a último minuto haciendo que el balón entre en la portería.

–¡Goool! ¡Mira, mira! ¡Pero qué clase de gol, pero mira que elegancia! –exclama Edward, con sorna, mostrándole a Marcus la repetición una y otra vez.

–Cállate –murmura Marcus, fastidiado por su actitud infantil.

Se levanta del sofá y le ofrece el control a Jasper. Cuando él lo va a tomar Paul se lo arrebata de la mano sentándose en el espacio dejado por Marcus.

–¡Eh, que me toca a mí! –se queja.

–Yo también apuesto lo mismo que tú –le notifica a Emmett, ignorando olímpicamente a Jasper.

Después de él los demás comienzan a hacer sus apuestas.

–¿Listo para ser mi quinta victoria consecutiva? –le pregunta Edward, con tono arrogante.

–Perderás –anuncia Paul, haciendo un gesto con la mano para restarle importancia a la pregunta de Edward.

.

.

.

Cinco días después estaba concretando la compra de una casa a las afueras de Mánchester. Aunque no quisiera mudarse del centro de la ciudad se veía obligado a hacerlo. Tanto el club como su agente deportivo –Rosalie– temían por su seguridad.

El motivo es porque desde que regreso de la gira algunos de sus fanáticos habían logrado burlar la seguridad del apartamento con suma facilidad llegando a la puerta de su pent-house.

–¡Que bella! –exclama Rosalie, ingresando a la casa.

–Ni creas que nos mudaremos a este barrio –le dice Emmett, tajante. Sabía lo que su esposa estaba pensando y no tardaría en pedirle.

Ella suelta un bufido molesta.

–Ni siquiera estaba pensando en eso –murmura, desviando la mirada al sentirse descubierta.

–Sí, claro –refuta Emmett, irónico.

–¿Pero por qué no está amoblada? –le pregunta a Edward, ignorando por completo a su esposo.

–La compre sin muebles –responde, mostrándoles la casa–. Pero solicite los servicios de una empresa de diseño interior. La diseñadora que enviaron ya está haciendo los bocetos.

–¿Diseñadora, es joven? –inquiere Emmett, enarcando una ceja.

–Sí –responde Edward, extrañado por el interés de su amigo.

–Entonces en esta casa va a pasar mucho tiempo para que esté completamente amoblada –comenta, con tono sugestivo.

Rosalie al entender la indirecta no puede evitar sentir celos.

–Compadezco a la señora que se ha encargado de la limpieza del pent-house ahora – se apresura en comentar para cambiar el posible tema de conversación que iban a tener ellos dos.

–Sobre eso… Renuncio esta mañana –notifica Edward, haciendo una mueca–. A pesar que le ofrecí un aumento de sueldo me dijo que no porque ya era momento de comenzar a dedicarle tiempo a sus nietos. Pero me pidió que no contratara a nadie aún porque me presentaría a alguien que ocupará su lugar.

–Que mal… Con lo bien que me caía… –dice Rosalie y Emmett asiente estando de acuerdo.

–Solo espero que te mande una chica que sea sexy y te pueda quitar esa cara de estreñido –comenta Emmett con sorna, provocando que Edward voltee los ojos con fastidio.

–¡Ah, se me olvidaba! –exclama Rosalie, volviendo a cambiar de tema e intentado ocultar sus celos otra vez–. Ed, ya llegué a un acuerdo con el club. Renovaras después que juegues la Supercopa de Europa y Community Shield.

Edward asiente en respuesta.

.

.

.

¡Hola, hola! Al fin Vatsiaiana nos trae el segundo capítulo de esta divertida historia jajaja espero que les esté gustando, no olviden dejar un lindo comentario para que sepamos sus opiniones :3 si tienen ideas o críticas constructivas, adelante, se vale de todo.

¡No olviden quedarse en casa, no olviden lavarse las manos!

¡nos leemos pronto!