5 meses antes:

El corazón aún le latía fuertemente contra el pecho. Las lágrimas aparecerían ya en cualquier momento. Deseaba alejarse de los demás, de todos sus problemas. Deseaba desaparecer. No podía mucho menos dejar que le vieran llorar: delataría cuán débil era realmente detrás de esa máscara construida precisamente para no desmoronarse.

Sin embargo, en ese momento crucial, había aparecido su príncipe, para llevarlo lejos. Iori alzó su mirada desenfocada por las lágrimas, para mirar la espalda de su caballero. Las manos de ambos, entrelazadas. Parecía como si al estar juntas, pudiesen sentir el calor del otro. Incluso el frío en la delgada mano de él había comenzado a desvanecerse, mientras desaparecía un poco de peso de sus hombros.

Era una sensación agradable. Juntos , todo se sentía bien.

Llegaron a un prado verde y suave, cubierto de un sin fin de hermosas flores, más de las que Iori había visto en su corta vida. Todas ellas estaban acomodadas en hileras que se extendían en todas direcciones y notó que tras sus pisadas, florecían nuevas. Finalmente, luego de lo que se sintió eterno, pararon bajo la sombra de un enorme árbol de sakuras.

-No nos encontrarán aquí y ya no podrán lastimarte más- el joven aseguró volviéndose a mirarlo, el brillo penetrante y algo oscuro desvaneciéndose de sus ojos verde esmeralda mientras su mirada se volvía más serena. Luego, llevó ambas manos a los hombros de él, con gentileza, como cuidando de no ir a lastimarle.

-Hm- fué lo único que pudo salir de los temblorosos labios de él por el momento. Su cara se volvió 50 veces roja debido a la corta distancia que había entre la cara de él y la del joven guapo. No pudo evitarlo mucho menos, y sostuvo la mirada, sus ojos azul verdoso vívido encontrándose con profundos ojos verde esmeralda. Eran tan cautivadores que el castaño de pronto sintió como si le faltase el aire.

Sin embargo, algo se sintió extraño en ese momento. Mal.

Era un poco más bajo que el promedio de los hombres, además de que para su gusto, no era atractivo. Su cuerpo era demasiado delgado, su piel demasiado blanca casi como si no tuviese color, sus cejas eran más delgadas que de costumbre, sus ojos enormes como los de un pescado.

En su rostro infantil cuando intentaba dejarse crecer un poco de bello corporal, solo le salía un poco de pelusa, sus muslos eran delgados y frágiles, como los de una chica. Su espalda no era tan robusta como la de los demás chicos y su voz seguía teniendo un timbre intermedio que aún no había sido cambiado por su pubertad, a pesar de cumplir casi 16. Era además muy torpe y tímido. Pero lo que más se sentía mal, era que él no estaba en el lugar correcto.

-T-takato-san debería estar en mi lugar, no lo crees, ¿Chunta?- preguntó él en un murmuro, mirando hacia abajo y mientras se soltaba del agarre de la mano del joven de hermosos ojos verdes.

Chunta parpadeó mirándolo ligeramente confundido solo por breves segundos y luego la realización lo golpeó, su penetrante mirada esmeralda convirtiéndose en un ardiente deseo.

-Tienes toda la razón… - asintió, llevándose una mano al mentón. Después, con la energía sexualmente arrolladora que solía caracterizarlo más como Azumaya Junta, él joven actor sacudió ambas manos delgadas del chico más joven. -Muchas gracias, me aseguraré de hacerle saber lo que siento realmente y después de abrazarlo toda la noche.

Como por arte de magia, en su profundo sueño apareció el mencionado, totalmente atado en un listón color azul pálido. Se encontraba debilitado, con poca ropa. Sólo unas bragas negras y una coqueta lencería de encajes negros cubriendo su pálido cuerpo. Su boca tapada por una bola y con orejas de gato postradas sobre su sedoso cabello negro.

-¿Eh, qué es esto? – preguntó, jadeando. Estaba mareado, con mejillas ruborizadas y corto de aire. Cortesía del afrodisiáco barato el cual había aparecido en la televisión hace un par de días.

Iori observó realizado y orgulloso la escena mientras Junta se acercaba peligrosamente a Takato-san, como el depredador pervertido que era, listo para comerlo a chupetones.

Oh y sus vasos sanguíneos nasales estaban listos para soltar su gran carga.

Este era el momento que tanto había esperado. Una bien merecida ronda sexual que pasaba justo después de un par de mal entendidos. Ambos hombres listos en sus marcas, para la salvaje lucha de deseo. Iori los miró con anticipación, esperando el golpe final…

-¡Kae, despierta ya bruja floja o llegarás tarde!- rugió Yui, su hermana menor, abriendo de golpe la puerta de habitación del castaño, como si fuese la dueña del lugar. El estruendoso y repentino tono de voz que había usado fue demasiado para los pobres nervios de la chica castaña, quien sobresaltada salió disparada de su litera y perdiendo el equilibrio, cayó al suelo de cara.

Si antes había estado aun medio adormilada y pesada por el cansancio, ahora todo aquello había desaparecido, reemplazado por un dolor punzante en todo su semblante.

Demonios. ¿Ese pequeño monstruillo tenía que hacer tal escandalo tan temprano? ¿Qué no sabía que la gente podía morir de un infarto debido a un susto como aquel?

Ka se incorporó con dificultad, su visión nublándose un poco, la espalda y la cara explotándole de dolor. Estiró su brazo derecho para apoyarse en la cama, pareciendo una anciana que había perdido su andadera. Su hermana menor tuvo que reprimir una risita-tos con la parte trasera de su antebrazo, mirando a su hermana mayor, divertida.

-¡Estaba soñando con una delicia sado- maso de Takato y Junta mientras yo era hombre y los veía deleitado! ¡Y no hagas eso o un día de estos me matarás de un paro cardiaco! - gruñó la castaña, adolorida.

Yui miró la expresión de su hermana, y la risilla antes reprimida entre sus labios se convirtió en una gran cantidad de carcajadas, ignorando totalmente que no era común que chicas soñaran ser hombres que casi eran atacados por semes sexys pero que luego presenciaban un porno sado maso sacado de mangas yaoi.

-¿¡Qué!?- demandó Kae furiosa, comenzando a impacientarse por la repentina reacción de su hermana menor hacia ella. La chiquilla paró leves instantes para observarla a los ojos y luego continuó riéndose con fuerza, mientras se inclinaba levemente sobre sí misma, llevándose ambas manos al estómago incapaz de respirar.

Luego de limpiarse con el talón de su mano una lágrima de sus ojos color ámbar, la chica finalmente recobró la compostura antes de añadir medio a tono de burla -:Deberías mirarte. Ahora mismo pareces una friki loca retorcida. Además, ¿los sueños con chicos radiantes o siendo estrella de un espectáculo de canto no serían más adecuados a chicas de tu edad? ¿Quién soñaría ser un chico que se excita al ver un porno homosexual salido de un manga sado-maso?

Kae inclinó un poco su cabeza hacia un lado, mirando a su hermana, confundida.

-¿A qué te refieres? Para mí es demasiado normal soñar con este tipo de cosas. Oh, ¿hablabas de las fujoshis? Son una cultura exótica y compleja que verdaderamente sabe entender otros lados distintos de la naturaleza y dice que es igual de bueno ver a dos príncipes juntos. La definición correcta sería: persona que apoya con devoción la relación que ocurre cuando dos senpais se dan cuenta el uno del otro. Si te soy sincera, algunas sí están un poco locas, mientras que otras no tanto. Debido a la fuerte represión que existe hoy en día, las mujeres a veces no sabemos qué hacer con nuestros más profundos y prohibidos deseos de ver a dos hombres siendo tiernos, demandantes y cogiendo intenso entre ellos. - corrigió y explicó ella, alzando un dedo y sintiéndose repentinamente demasiado orgullosa de sus raíces.

Tal y como la mayoría de anteriores casos de Fujoshis, ella había terminado leyendo un yaoi por accidente tras comprar un libro que se había mezclado en la colección de la shonen jump mensual de las librerías y el primer momento que los vio fue único, sintiendo que aquella nueva sensación debía permanecer. Para ser específicos, había sido como una luz que iluminaba su vida. Aunque como siempre, comenzó lanzando el manga temerosa y asqueada, entrando en conflicto de por qué dos hombres harían tal cosa, mientras la parte más profunda de sus deseos le gritaba que tomara el manga y lo siguiese leyendo. O tal vez hubiese sido el morbo.

Al final terminó acostumbrándose más que perfectamente al nuevo pasatiempo. Aunque claro, antes muerta que alguien más se enterase de sus gustos raros y algo retorcidos. Alguien aparte de Yui.

-Ehm... ¿en general Fujoshi no significa mujer retorcida y podrida?-inquirió la chica menor.

Se ganó una mirada asesina por parte de su hermana mayor.

-Ejem…si- Yui arrugó un poco la nariz, carraspeando– Pero solo ve a mirarte en el espejo. Luces graciosamente horrible- continuó diciendo entre carcajadas ahogadas detrás de su antebrazo.

Cuando Kae sintió algo húmedo y cálido escurriendo de su nariz, corrió como alma que llevaba el diablo hasta su cuarto y se encerró en el baño, dirigiéndose torpemente hasta su espejo para mirarse: sus ojos azul verdoso estaban completamente rojos e hinchados, con bolsas oscuras dibujadas debajo de aquellos debido a su pequeño desvelo por la noche anterior. Su cabello estaba enmarañado y revuelto por toda su cabeza, su pijama estaba completamente arrugada y encogida, de ambas fosas nasales escurrían chorros y chorros de sangre haciéndolas parecer las cataratas del Niágara. Y aquello junto a su comisura derecha ¿era una mancha de saliva seca?

"Qué demo..." casi gritó en voz alta, sus ojos abriéndose como platos por el miedo e incomodidad. Madre mía, en verdad se veía horrible. Espantosa. Peor que la mujer que llora.

Yui podía casi oír todo lo que Kae pensaba para sí misma, como si fuese alguna especie de psíquica. –Como sea, solo apresúrate. Casi son las 8- murmuró entre dientes, cerrando la puerta detrás de ella de un golpe.

La castaña regresó a su habitación y se dejó caer sobre su cama buscando entre las sábanas su celular. Cuando lo encontró deslizó el dedo sobre la pantalla y observó la hora, forzando un poco la vista.

7:45.

-¡Miércoles, miércoles, miércoles! ¡Llegaré malditamente tarde!

Kae corrió lo más rápido que pudo, tomando su uniforme y se encerró en el baño. No había tiempo suficiente para tomar una ducha, así que se quitó la pijama aventándola prácticamente al cesto de la ropa sucia.

15 minutos.

Su cabello era ahora el problema: un caos total. Estaba completamente enmarañado y peinarlo le tomaría más de media hora debido a que podía tener días malos de cabello como días buenos. Intentó primero con cepillarlo, pero diversos mechones rebeldes color castaño claro volvían a desacomodarse, terminando en punta.

12 minutos.

-¡AHHHHHHHH!- gritando de la frustración, abrió por completo el grifo del lavabo para lavarse sin mucho cuidado la cara. Se la secó y después inclinó la cabeza sobre este, mojándose el cabello. Sin embargo, no le convendría dejarlo que se secara al natural porque después sería un problema enjuagarlo y volver a cepillarse.

Optó entonces por recogerlo hacia arriba, en la famosa cebolla floja - de no me importa en lo más mínimo- y se apresuró hacia las escaleras, bajando dos a la vez.

10 minutos.

Abajo, Yui tomó dos barritas de cereal y se las lanzó a su hermana mayor quien las atrapó fluidamente en el aire- una maniobra que había aprendido desde que eran muy pequeñas- a la vez que la castaña daba solo una mordida a su tostada y se dirigía a la alacena para colgarse su mochila al hombro.

No alcanzaría a lavarse los dientes. Quedaban 7 minutos o menos y de camino a Aoba Johsai -la cual por suerte, quedaba como a 5 cuadras de su casa- eran aproximadamente 5 minutos más en bicicleta y como 8 caminando. Frunció el ceño internamente pensando en qué hacer, después de todo las bacterias bucales matutinas olían peor que chivo mojado y eran desagradables. Debía verse presentable al menos por hoy, con todos los alumnos y maestros –sólo por el primer día.

Su hermana menor suspiró volteando disimuladamente sus ojos y le acercó el enjuague bucal medio abierto. –Toma- ordenó, a la vez que le lanzaba también el saco de tela blanca y el listón. Kae sonrió agradecida tomando la fábrica blanca en una mano mientras con la otra se llevaba el enjuague directo a la boca.

Sentía que hacer el procedimiento desde la tapita era más limpio pero no le quedaba tiempo, estaba medio desesperada después de todo. Yui frunció la nariz con asco. Luego, observó a Kae rutinariamente de arriba abajo, para ayudarla y comprobar que estuviese presentable. Notó entonces el detalle importante del cual no se había percatado aun habiendo visto a simple vista, las piernas semi-desnudas de su hermana.

-¿Y tus medias? No quiseras ir a sin depilarte y con las piernas a la vista, ¿verdad? - inquirió levemente irritada, apuntando con discreción a las delgadas piernas blancas de su hermana mayor. Ella siguió el dedo con su mirada y notó los odiosos y tenebrosos pequeños pelillos picudos brotando de su piel y las pálidas cicatrices que recubrían parte de sus pantorrillas.

Adorada seas hermana, por tu vista y atención impecables… para sí misma debido a que su boca seguía llena con el líquido azul bucal.

Yui suspiró nuevamente, peleando con su mano para no hacer facepalm. ¿Cómo Makoto Kae podía navegar por su vida de estudiante preparatoriana?

Kae odiaba usar faldas o cualquier cosa que dejase al descubierto sus odiosas piernas de pollo. Sobre todo por sus cicatrices. No era una linda vista para contemplar. Y al contrario, la gente hacia más rumores sobre ella.

Eran tan trasparentes que comenzaban a volverla loca. Había intentado numerosos tratamientos, bronceados incluso pero digamos que las cosas no habían ido tan bien y había terminado con chetos de queso en vez de piernas –las vacaciones que acababan de suceder.

No había tiempo ni siquiera para rasurarse. Maldición. Abrió sus cajones y los revolvió hasta encontrar lo que buscaba: mayas delgadas color café. Serían suficiente por ahora. Se las colocó sin molestarse siquiera en retirarse la falda y de nuevo corrió escaleras abajo, lista para salir por la puerta, cuando su hermana la detuvo.

-Espera...aquí- le tendió una taza para que escupiera dentro el contenido bucal. Kae escupió como la pelinegra le indicó y le sonrió ampliamente, limpiándose la boca con el dorso de su brazo.

-Gracias. Te debo una- murmuró, volviéndose una vez más a la puerta abierta, la cual parecía esperarla desde hace horas. Yui observó la taza con el contenido bucal arrugando la nariz por el asco. ¿Qué diablos haría ella con las bacterias de su hermana?

Por prisa asimismo –ya que tocaba asamblea de honores antes de que las clases comenzaran- y sin saber aún exactamente cómo proceder, lanzó el contenido bucal fuera de la ventana, apresurándose ella también para llegar a tiempo.

Su hermana mayor y el señor Fujima –el vecino de al lado- probablemente le darían un largo sermón más tarde de por qué no se debe lanzar "las asquerosas bacterias bucales" a jardines anónimos, pero por ahora, estaba en un tremendo apuro por quedar con Hana y Mitsuha, sus amigas de la infancia.

Kae pedaleó tan fuerte como sus piernas le permitieron, hasta la preparatoria Aoba Johsai. Y no podía negar rotundamente que en verdad estaba nerviosa sobre comenzar una nueva etapa de su vida lejos de su ciudad natal, con nadie más que su hermana menor y su abuela para hacerle compañía.

Ella había visto en todo tipo de películas, animes, mangas y revistas acerca de aquel mundo no tan desconocido: adolescentes superficiales y hormonales, terribles profesores que encargaban cargas y cargas de tarea, exámenes sorpresa o ensayos, exasperando a los pobres estudiantes. Personas que pertenecían a todo tipo de etiquetas: los populares, atletas y guapos. Los emos, los darks, las excéntricas chicas populares que eran perras de medio tiempo. Y finalmente, la categoría a la cual Kae había pertenecido desde que tenía memoria: a los invisibles, marginados o conocidos también como los "donnadies".

El aterrador pensamiento de "comenzar una nueva etapa en una nueva ciudad" la sacudía en sus más profundos interiores, haciéndola plantearse si huir o morir allí mismo de un paro por la ansiedad. Y sin siquiera darse cuenta, había llegado a las enormes y brillantes rejas de entrada justo cuando resonaba el timbre para indicar que restaban 5 minutos más para clase.

Para su diminuto consuelo, las clases comenzaban a las 8:05 y no a las 8:00 como había temido antes.

No faltó mucho menos la multitud de estudiantes que repentinamente se acercaron a las rejas, llamándose los unos a otros y empujándola o gritándole en el oído más de varias ocasiones, mientras la arrastraban hacia el corredor principal.

En su mayoría , lucían de grados superiores- los mismos que ocasionalmente la empujaban sin notarla realmente- pero no se dignó a recriminar nada.

Después de todo, estaba acostumbrada a ser invisible para los demás.

Se ajustó la correa de su bolsa sobre su hombro, inhaló profundamente, calmando sus nervios. Repetía varias veces como un mantra que este nuevo año escolar sería espléndido. Nadie se enteraría esta vez de su oscuro secreto. Se aseguraba además, que todo pasaría bien, sin gente que le diera demasiados problemas y sin interrupciones en su monótona y aburrida vida diaria.

Cruzó entonces con determinación, la entrada a su nueva vida.

°
Ayaka Miura tenía un plan que seguro funcionaría al 100 por ciento.

Mientras lo repasaba mentalmente tarareando una canción con anticipación en sus ojos azules metálicos, cruzó las rejas de entrada. Con la gran noticia que iba a dar, toda la pesadez debida a la falta de horas de sueño se había desvanecido por completo de su cuerpo.

¿Por qué?

Porque era algo perfecto que ayudaría a sus compañeros del equipo varonil de voleibol ( y más a los entrenadores). De antemano se vengaría un poco del idiota de Oikawa Tooru.

Especialmente no podía esperar a sugerir su idea magnífica a sus compañeros (y amigos ) de segundo año.

Cuando la chica morena divisó entre la multitud de zombies adolescentes ambulantes a Mattsun y Makki, inmediatamente corrió hacia ellos.

-¡Buenos Días, perdedores!- saludó, dándoles una fuerte palmada a ambas de sus espaldas, demasiado entusiasmada. Takahiro se encogió sobre su propio estómago, recobrando el aire que había perdido y lanzó de reojo una mirada asesina a Aya. Issei por su parte, respondió a la morena con voz arrastrada e aburrida.

-¿Saben? Es un nuevo año escolar lo que significa que...¡es un año lleno de oportunidades y nuevos miembros del club!- canturreó Aya, excesivamente feliz. Ambos chicos, la miraron, enarcando una ceja mientras intercambiaban sonrisillas entre ellos.

-¿Qué?- demandó ella, frunciendo molesta el ceño, percibiendo que la juzgaban y se reían mentalmente de su declaración.

-Nada. Pero, ¿Aya chan te encuentras bien?- inquirió Makki pícaramente, sintiéndose de pronto tentado a tocar la frente de la morena para revisar si tenía fiebre.

-Estoy súper feliz, es solo eso- masculló ella, rechinando los dientes. Era más, en menos de una milésima de segundo, la molestia se había disipado. -Lo que en realidad importa es que ya que sé que están aún faltos de suficientes jugadores y personal, y como lo genial que soy, tengo una sugerencia para ayudarles. Todo porque soy una persona amable- continuó explicando, abriendo los brazos en el aire.

-No. Detente. Acabas de sonar justo como Oikawa. Harás que me den arcadas-Hanamaki bufó burlonamente, fingiendo comenzar a tener dolor de estómago.

-Taka-chi. No me compares con ese bote de basura andante. Por lo menos yo soy auténtica, carismática y definitivamente mejor que ese Idiokawa- el semblante de Aya de repente se volvió más oscuro, casi como el de un demonio saliendo del infierno. Su voz además se hizo mucho más gutural y tajante. Lo que ella más odiaba era que la compararan con Oikawa Tooru. Pero, aún así habían sido hace algún tiempo amigos en primer año. Claro que la cosa no había terminado bien.

Miura estaba a lo mucho, casi al mismo nivel de popularidad que la ascendente estrella del equipo, tanto con chicos como con chicas. Era excelente en la mayoría de lo que hacía. Era una jugadora de voleibol respetable, en la cual sus compañeras confiaban y admiraban, concediéndole a penas al alcanzar el segundo año, el título de capitana. Oikawa Tooru ni siquiera tenía aquel título.

Aún siendo rica y de un alto estatus social, Miura Ayaka era amable, carismática y respetada por todos.

En cambio -según ella- Tooru era un idiota excéntrico, mujeriego sinvergüenza que amaba ser el centro de atención. Aunque sus habilidades como armador y en general, como jugador de voleibol eran abrumadoras e increíbles . Debía haber ido a Shiratorizawa.

-Sí claro. Cualquier idea que tengas de todas maneras, no puede ser nada bueno- suspiró Takahiro, volviéndole su espalda para comenzar a marcharse. Hizo un ademán con la cabeza a Mattsun quien se había quedado todo el tiempo en el mismo lugar, con expresión aburrida.-Vámonos. Nos vemos luego, Aya- el atacante lateral ordenó, empujando ahora a su compañero para que se marcharan. Pero Ayaka no iba a dejarles marcharse tan fácilmente.

-Ta ta ta~ Escuchen bien, perdedores- negó con su dedo índice bloqueando el paso de ambos chicos.

-¿Qué- suspiró Hanamaki, claramente irritado. Cada maldita vez que la chica de cabello azabache lo incluía obligadamente como parte de sus planes, él siempre era quien terminaba en problemas. Así había sido desde que estaban en 2ndo año de primaria.

-¿No les dan pena sus pobres entrenadores? De por si ya tienen demasiado trabajo que hacer. Es un abuso asimismo que utilicen el tiempo y energía que les queda para también encargarse de las medidas de los uniformes, organizar y quedar con escuelas para partidos de práctica, o encargándose de todos los asuntos ejecutivos. Lo que necesitan, es una manager. Alguien que pueda ayudarles con ese tipo de cosas. Además, si es muy buena en su trabajo y bonita, podría inclusive atraer a más gente que se interese en unirse al club- Aya dejó caer la bomba, sonriendo ante su maravillosa idea de ayudar al equipo.

-Yo haría esto, pero ya estoy ocupada con las chicas del equipo femenil- añadió, acomodándose un mechón corto de cabello detrás de la oreja. Los piercings en ésta brillaron debido a las luces.

Matsukawa se lo planteó por breves instantes. -Bueno, yo personalmente preferiría que tuviéramos una manager. He oído que la de Karasuno y las de Fukurodani son unas verdaderas bellezas- añadió encogiéndose de hombros, dibujando una sonrisita satisfactoria en sus labios. Makki miró a su amigo con un no tan discreto "¿Que demonios?"

-Espera, espera- movió las manos en un ademán, intentando analizar lo que la chica decía. Luego su semblante cambió a uno mucho más preocupado, como si le hubiesen dicho cosas terribles. -¡¿Qué?!- tomó a la chica por los hombros, jadeando. -¡¿Quieres conseguirnos una manager?!

-Sí. ¿Por qué? ¿Qué tiene de malo?- inquirió Aya, parpadeando confundida. A ella le parecía perfecto.

-No podemos tener una por Oikawa, Miura. El tipo ( tal y como te quejas de él) es un maldito imán de mujeres. Esto suena mal. No creo que los entrenadores quieran algo así tampoco, a menos que sea un hombre. Una mánager no podría durar ni siquiera un solo día concentrándose en su trabajo como tal. O peor aún, podría renunciar en la primera media hora.

Aunque ella no quisiera admitirlo en voz alta, Hanamaki tenía un punto. Tener una manager para el equipo varonil de voleibol estaba estrictamente prohibido. Cada chica en la escuela estaba engatusada por Oikawa. Él incluso, algunas veces había logrado hacer que las maestras hicieran lo que el quisiera, con su odioso guiño y regalos de chantaje. Ugh... ese maldito simplón.

-Hm- pensó llevándose un dedo al mentón. Estudió el techo, como si en él pudiese hallar una respuesta. Solo pasaron 3 segundos. -Ya sé- chasqueó sus dedos sonriente, asustando un poco a Mattsun con el repentino movimiento. -Puedo intentar convencer a los entrenadores. Solo debemos buscar a alguien que conozca las bases del vóleibol, sea efectivamente capaz de lidiar con idiotas coquetos, gente de mecha corta, payasos inmaduros y que esté dispuesta al 100% a cumplir su misión sin ninguna distracción - sonrió enormemente ante esto, ganándose una mirada molesta de ambos-. Y lo más importante: Alguien que no esté para nada, encantada por ese Idiokawa- explicó, sus ojos azul metálico asimilándose a los de un gato debajo de la luz de la luna.

Takahiro abrió la boca para protestar, cuando se detuvo a mitad del proceso, pensándolo. Intercambió una silenciosa discusión de miradas con Matsukawa y finalmente, suspiró.

-De acuerdo. Pero debes asumir cada parte de responsabilidad si algo sale mal, aunque estoy súper seguro de que caerá en su juego. Siempre lo hacen.

-¿Quieres apostar?- sonrió ella, cruzando los brazos con expresión confiada.

-Sí. Si ella termina loca por él, me deberás pagar 60 yen y lavarás mi ropa sucia por una semana entera- anunció Hanamaki orgulloso. Aquello mandó numerosos escalofríos por la espina dorsal de la morena.

-Hah. Sí como no. Si yo gano me comprarás yakisoba y lavarás la mía por tres semanas- Aya propuso, colocando ambas manos en sus caderas.

-No es justo. 2 semanas cuando mucho. Y es más en caso de que yo gane saldrás conmigo un mes entero. Al menos sólo en lo que pasa la boda de Saiko -chan.

-No. Ni de loca, solo 2 semanas . En ese tiempo también te lavaré la ropa interior y te pagaré 120 yen al mes. Saldrás luego de mi vida.

-No puedo, cariño. Se muy bien cuanto me amas- Hanamaki enarcó las cejas, sonriendo ampliamente.

Matsukawa los miraba de un lado a otro, completamente entretenido.

-Idiota- gruñó Aya, hinchando sus mejillas.

-Machorra

-Polea

-Salvaje

-Perdedor

-Enana

-¡De acuerdo! Un mes entero te lavaré la ropa y saldré contigo. Si yo gano me lavarás la ropa 1 mes entero y me comprarás yakisoba todos los días. ¡Y no me digas así!- remarcó tajante, apretando ambas manos en puños y sacándole la lengua a Takahiro, pareciendo una niña pequeña.

Esas palabras eran más que suficientes para sacarla de sus casillas. Hanamaki al conocerla desde pequeños, sabía exactamente qué tan sensible era con respecto a su altura.

Mattsun salió de su entretenimiento. -Em, ¿chicos?- trató de intervenir, ganándose miradas asesinas por parte de ambos.

-Sé que no debería meterme en esto que es entre ustedes, pero estamos hablando de algo muy delicado como es el tema de los sentimientos de ustedes mismos y de otras personas. No es como si pudiésemos controlar a quien decidimos querer o no- añadió.

-¡Entonces queda cerrada la apuesta!- ambos concluyeron, lanzándose miradas atroces, ignorando por completo la opinión de Issei. Después cada quien se marchó por su lado dando zancadas. Mattsun suspiró y simplemente se dirigió hacia la cafetería para tomar algo de comer antes del comienzo de clases, rindiéndose en aquellos dos.

Después de todo, las cosas se volverían interesantes, pero estaba hambriento.