Cuatro meses, no tengo perdón, aun así perdónenme.
Al fin logré quedar satisfecha con el capítulo y espero que también sea del agrado de ustedes. Por el momento, siguen sin haber advertencias y al parecer se mantendrá así.
Sin más que comentar, enjoy!
Terapia
By Zahaki
Capítulo 2
A su rutina se había sumado un nuevo compromiso y Asmita no había podido luchar contra eso.
Durante los próximos cuarenta y cinco días, cada uno de éstos tras salir de su trabajo, tomaba una nueva ruta al hospital en donde pasaba otros 45 minutos ocupando su tiempo en actividades físicas diversas que jamás se hubiera molestado antes en realizar.
Sus prácticas de meditación y relajación últimamente habían estado enfocadas en mantener sus nervios relativamente sanos de su recién descubierta agorafobia. Mantenerse cuerdo en este momento era más importante que alcanzar cualquier nirvana y por supuesto, su nueva terapia física no ayudaba demasiado a toda la aglomeración de emociones que había experimentado las últimas dos semanas.
Evidentemente, Asmita se había quejado, se había negado y había luchado en favor de conservar cierta independencia, en mantener su rutina tranquila y sin alteraciones ahora que podía regresar sin un impedimento físico tan molesto.
Pero Hasgard se aseguró en usar una artimaña que a él le pareció sumamente baja:
Habló con Defteros.
Y contra Defteros no podía ir porque él simplemente podía buscarlo, cargarlo, arrojarlo al auto y llevarlo a terapia, donde lo esperaría fielmente como un perro lazarillo mientras se entretenía viendo alguna revista o jugando con su celular para posteriormente llevarlo de vuelta a su casa sin cruzar una sola palabra con la única intención de castigarlo por su obstinación al "no cuidar bien de su cuerpo".
Pese a esta nueva incomodidad, terminó acostumbrándose a la presencia de Hasgard, pero no podía decir que le tenía la suficiente confianza o que siquiera le había perdonado que se valiera de un método tan vil para obligarle a tomar una terapia que él no quería y en este sentido su trato para con su médico no era el más condescendiente que se pudiera esperar.
Si bien es cierto que cumplía con las actividades diseñadas por éste, lo hacía con cierta renuencia que terminó siendo una costumbre. En algún punto a Hasgard pareció dejarle de importar su enojo y asumiendo simplemente que Asmita era una especie de erizo que apenas se sentía amenazado sacaba sus púas, optó, metafóricamente hablando, por buscar la forma en cómo protegerse las manos para agarrarlo sin importarle sus esfuerzos por zafarse y las amenazas que sus expresiones y el frecuente rechazo de su cuerpo hacían al tacto.
Era obvio que su médico había notado que más que eso no podía hacer.
Asmita no era un buen contendiente y mucho menos para alguien como Hasgard que se mostró bastante habituado a trabajar con "personas difíciles" de acuerdo a lo que le dijo en una ocasión a Defteros como si él no estuviera presente en la conversación.
El sudor deslizó por sus sienes provocándole un leve cosquilleo y tras una respiración pesada, se detuvo para recuperar el aliento.
—Mantén el ritmo.
Su ceño se frunció involuntariamente.
—Sólo fue un segundo —respondió de mal talante y continuó con su actividad.
Su pierna se elevó con gran esfuerzo. Estaba sujeta a un cordón que se estiraba a medida que hacía el movimiento y cuya función era resistírsele haciendo que sus fuerzas mermaran con pocas repeticiones. Sus dedos, afianzados a barras de metal, sujetaron con más fuerza de la necesaria, pues la intención de las mismas era sólo mantener el equilibrio, pero Asmita se aferró a ellas como si su vida dependiera de ello.
Hasgard, como si fuese ajeno a su titánica labor, continuó impertérrito en su tarea de terapeuta.
—La idea de hacer una serie es no detenerse —aclaró. Asmita le sintió acercarse a pasos firmes y su presencia frente a él le hizo detener cualquier réplica antes de que hubiera tomado forma en sus pensamientos—. Tienes que entender que no estoy asignándote ejercicios que tu cuerpo no resista. ¿Tienes alguna incomodidad que no me hayas notificado?
Asmita se mantuvo en silencio, obstinado, unos momentos antes de contestar.
—Sólo estoy cansado.
—Se supone que debes estarlo hasta que tu cuerpo se habitúe, mientras yo supervise que no haya lesión, la idea es fortalecer. Continúa ahora con la otra pierna.
A regañadientes, emitió un resoplido y acomodó su posición para ejercitar la pierna contraria, preparado para cuando Hasgard comenzara el conteo sin esperar la siguiente notificación.
—A partir de mañana incrementaré la serie de tus ejercicios.
La protesta y la indignación no se hicieron esperar.
—¡Pero si apenas puedo caminar al salir de aquí con esta serie! ¿Cómo pretendes aumentarla?
Hasgard hizo caso omiso, como era de esperar.
—¡Vamos! No eres mi único paciente. ¡Uno!
Asmita salió del lugar sintiendo que valía menos que los días anteriores debido al agotamiento físico y en mayor medida al mental.
Si bien era cierto que cumplía a cabalidad con los ejercicios, seguía sin sentarle muy bien que no se tomaran en consideración sus opiniones y quejas, y en esto último quien tenía mayor responsabilidad era quien iba a su lado cada noche sin cruzar palabras con él más que las necesarias.
Su relación con Defteros, aunque con sus respectivos tropiezos, siempre había sido buena. Era alguien con quien al fin se sentía que era tratado como un igual, pero con los últimos acontecimientos, incluso en ese aspecto, experimentó algo parecido a una sensación de pérdida que le aquejaba los pensamientos, y sin pretenderlo, la autoestima. No podía decir que no se sentía además de molesto, algo resentido con todo este asunto.
—No tienes que seguir de niñero.
A su lado, escuchó a Defteros resoplar con aspereza.
—Seré lo que necesites que sea. Si sigues comportándote como un niño, seré tu niñero. Ahora, si decides dejar las tonterías y comportarte como el adulto que se supone que eres, volveré a ser el amigo que siempre esté a tu lado.
Asmita apretó el bolso en el que siempre transportaba sus utensilios contra sí.
Extrañaba lo directo que era Defteros con él, su tosquedad e incluso su poco sentido común para ciertas cosas se le hacían encantadores. Su salvajismo también era un rompe barreras eficaz que siempre le ayudaba a volver al balance, pero todo eso se le había negado y no podía evitar sentirse un poco abandonado en un mundo donde todos podían ir y venir a su antojo y a él se le había negado semejante derecho con algo tan simple.
—Sabes que podías hablar conmigo sobre lo que te molestaba.
Defteros no respondió al instante, si no tras emitir una honda respiración. Asmita comprendió que estaba tratando de no acorralarle con su brusquedad, ya que el otro no era tan bueno con las palabras a diferencia de su hermano mayor, lo cual era un hecho conocido que siempre se sometía a discusión comparativa en las reuniones. Aun así, tenía razones suficientes para la inusual mesura con la que estaba hablando.
—Y también sé que hay temas que para ti aún son susceptibles —dijo al fin.
Asmita no podía rebatir aquel argumento, era muy probable que de haberse tratado el tema antes de que Defteros tomara las medidas que tomó, los hubiera conducido a una discusión difícil de abordar y que posiblemente los habría distanciado aún más.
Sin que él mostrara intenciones de contestar, el otro continuó.
—Sólo quería hacerte entender que esta situación es más importante, confiaba en que tarde o temprano ese buen juicio que tienes saldría a flote y tomarías la ventaja de esta situación.
—A costa de tratarme como un lisiado. Muy considerado de tu parte.
—A costa de meterte en la cabeza que hay prioridades sobre tu necesidad de reclusión.
El auto continúo su recorrido y entre la reticencia y la incomodidad, se retomó lentamente la amistad en el punto en el que se había dejado congelado antes. Defteros aprovechó la oportunidad de ponerlo al tanto de sus avances culinarios y sus últimos logros, lo que en cierto modo aumentó el cargo de consciencia a Asmita, comprendiendo que pese a lo ocupado que estaba su amigo, no dejaba de buscarle, esperarle y llevarle cada día con puntualidad.
No había dejado de recordarle que estaba ahí, aunque su compañía hubiera estado henchida de silenciosos reproches.
Elogió sus progresos y recriminó a modo de broma por dejarlo fuera de los últimos sucesos. Defteros correspondió mostrándose muy distendido todo el camino de regreso y debía admitir que él también había echado de menos hablar de igual a igual con alguien, y no sólo alguien, si no con él.
—Cuando todo esto termine, podremos tener más actividades al aire libre —ofreció Defteros—. Ya sabes, volver a aprovechar el tiempo.
Asmita estuvo a nada de sacar su carta dorada, la que Defteros conocía de memoria y siempre recordaba en cualquier evento: su rechazo a las multitudes, pero contra todo pronóstico, terminó concediendo con una sonrisa.
—Sólo si consigues un contrato igual de bueno.
—Si consigo otro contrato así ni siquiera podré llevarte a terapias ¿cómo quieres que te saque de juerga si apenas tendré tiempo para dormir algunas horas?
—Estoy seguro de que te inventarás algo.
Los días que sucedieron a ese, transcurrieron con mucha más normalidad. Se había habituado a que su horario fuera de casa se extendiera al menos un par de horas más y con esto, ya habían transcurrido tres semanas completas desde que inició esta nueva rutina.
Desde la distancia, Hasgard y Defteros hablaban mientras el paciente hacía algunos minutos en una caminadora a una velocidad moderada. Los pasos de Asmita, si bien no eran muy fuertes, se mostraban más firmes y seguros que los de su habitual andar, lo cual llenó de complacencia al bonachón terapeuta ante el avance de su diseño terapéutico. Era la primera vez que trabajaba con alguien invidente, aunque eso no era lo verdaderamente difícil
Defteros ya había tenido la oportunidad de mencionarle algunos detalles del duro carácter de Asmita, pero no era como si él mismo no hubiera sacado sus propias conclusiones y ya para esas alturas se había hecho su propio perfil del hindú.
—¿Cómo lo ves? —preguntó al fin.
—Esta debe ser la primera vez que lo veo caminar tan rápido.
Por su parte, Defteros cada vez que estaba con Asmita, tenía que regular su velocidad a los titubeantes pasos del otro y verlo así en ese momento le hizo percatarse de la inseguridad que experimentaba su amigo aún en su presencia. No era algo fácil de digerir cuando lo había tenido siempre al frente sin ser capaz de verlo realmente.
—Bueno, debe ser lógico —irrumpió Hasgard sacándole de sus pensamientos—. Las barras le dan seguridad y conoce el punto al que tiene que desplazarse con el conocimiento que no tendrá obstáculos en el camino. Ha de ser una buena experiencia o al menos eso espero.
—Tiene sentido —concluyó Defteros.
Se produjo otro intercambio de palabras mientras concluía el tiempo de la terapia de Asmita y siendo el último día de la semana para éste, Hasgard no reprimió el hacer algunas acotaciones ya sin tener que usar a Defteros como intermediario.
—Mañana no te toca venir —le recordó el terapeuta—. Entiendo que estés más que encantado con el descanso de mi voz, pero como tu médico sugeriría que no te lo tomes tan a la ligera.
Asmita no reprimió el gesto de extrañeza y levantó una delgada ceja.
—¿No me dirás que ahora tengo que hacer ejercicio en casa?
—Sería lo ideal —respondió para la perturbación de Asmita—. Tampoco es que hagas las actividades que te pongo a hacer acá porque no tienes el equipo y la supervisión adecuada. Sin embargo, hay muchas cosas que puedes hacer de manera independiente, sólo te pido que intentes desplazarte más o incluso hacer pequeñas series de alzamientos con cada pierna y estiramientos para mantener la flexibilidad que has adquirido.
Asmita posó su dedo en la barbilla y lo meditó brevemente encontrándole la lógica al asunto. Él mismo debía reconocer que su ánimo había mejorado considerablemente cuando aceptó finalmente hacer sus ejercicios con la mejor de las disposiciones, y si se lo planteaba con seriedad, estaba seguro de encontrar una actividad para mantenerse en constante movimiento.
—Creo que puedo pensar en algo —concertó sin complicaciones.
—¡Esa es la actitud! —respondió el médico palmeando su hombro con una mano cargada en camaradería que pocas veces Asmita había tenido oportunidad de disfrutar, impidiéndole manifestar el rechazo que siempre se presentaba cuando era tocado inesperadamente.
Hasgard, sea por indiferencia o por verdadero descuido de su carácter amigable, ignoró por completo su consternación y procedió a hacerle las recomendaciones del caso. Su pierna lesionada, aunque ya se había recuperado lo suficiente, tenía que conservar ciertos cuidados por tanto los ejercicios que le había asignado el médico debían ser más reservados si no tenían su supervisión.
Y de este modo, el paciente fue despedido. Su cuidador, quien aguardaba en el pasillo con unos dulces de recompensa para celebrar su progreso, notó ahora de modo más detallado la inseguridad del rubio mientras se ubicaba en el espacio antes de darse a la tarea de localizarlo en el único pasillo frente al consultorio. Defteros tuvo la intención de llamarlo, pero se contuvo y permitió que fuese Asmita quien le hallara en el espacio de espera, confiando en que éste sabría que estaría ahí para él como cada día.
—Estoy listo. Gracias por esperar.
Y Defteros jamás se había sentido tan dichoso de unas palabras tan triviales.
Tengo que confesar que este capítulo no tuvo una edición tan rigurosa, de hecho hice un par de revisiones y me sentía extrañamente cómoda con ellas a diferencia del anterior, que tuve que pedir que le dieran una revisadita.
Si hay algún interesado por la historia todavía, quizá se habrá hecho un par de preguntas por cómo lo estoy manejando y sólo les puedo decir que no hay sorpresas en el camino. Lo que ven es una especie de headcanon que siempre me gusta desarrollar si tengo oportunidad en ciertos contextos y nada más.
Espero que haya sido de su agrado.
¡Hasta la próxima!
