Sweet German

Ella lo esperaba todo los días a las 7:00 P.m. ni un minuto más ni un menos siempre puntual llegaba el alemán a la cafetería que era de su querido abuelo, ella no mentiría si sintió un enorme flechazo desde que lo vio entrar por esa puerta, su piel era blanca como el mármol pulido de ojos tan azules como el resplandeciente cielo, cabello rubio brillante como el oro además de un cuerpo que a pesar de llevar un traje se notaba bien trabajado.

Era tan atrayente a la mirada todo un ejemplar de masculinidad, engañaría si dijera que no fantaseaba con ese hombre cual adolescente enamorada, ser envuelta por esos protectores brazos y acogida por ese fuerte pecho, mientras sus manos se aferraban a esos anchos hombros y esa voz seria y gruesa le hablaba al oído haciéndola estremecer.

Suspiro llamando la atención de su mejor amiga quien sabía de su enamoramiento por el alemán que solía ir a la cafetería, ambas eran meseras en el sitio y se conocían desde muy jóvenes, Felicia siempre había tenido intereses románticos era una chica muy entusiasta y enamorada del amor, pero así como llegaban así se iban, era muy coqueta pero nunca era algo serio.

Hasta que llego ese alemán y todos los días veía la mirada risueña de Felicia, siempre esperando la dichosa hora para poder verlo, solamente verlo ¡Ni siquiera se acercaba a coquetearle! Y eso era algo muy extraño viniendo de la italiana pero delante de ese hombre parecía un gatito asustadizo.

Sakura sonrió mientras observaba como su amiga se acercaba al alemán al fin teniendo el valor de atenderlo y no mandarla a ella a que le atendiera, suspiro por lo tierno del amor y es que se le notaba a ambos que se sentían atraídos hacia el otro; ¿por qué sería que los interesados son los últimos en darse cuenta? Pensó para hacer su trabajo.