Día 2
No. Parece que no voy a morir.
Mi movilidad ha aumentado sensiblemente desde ayer. He dado algunas vueltas por la habitación, hay dieciséis pasos desde mi ventana hasta la pared del fondo, y unos ocho de la chimenea a la puerta. Es una habitación enorme y empieza a preocuparme la idea de estar acaparando el espacio de otras personas.
Hoy he estado unas cinco horas despierta (eso creo por el movimiento del sol en la ventana, ya que aquí no hay relojes ni ninguna otra referencia), el sueño remite poco a poco. No remite tanto el cansancio, una especie de debilidad me sobreviene y no me queda más remedio que volver a meterme en la cama. De todos modos, hoy ha sido un día especial y atípico, y he estado más pendiente de los acontecimientos que de monitorizar mi estado de salud.
"Pay"
Es el nombre de la muchacha. Hoy volvía a llevar el obi violeta, y se ha sorprendido al llegar temprano a la habitación y verme despierta a esa hora. Me pregunto cuántas veces vendrá a controlar si estoy dormida.
"Gracias por decirme tu nombre, Pay."
Ella asiente y se agacha para encender la chimenea. Antes de que pueda preguntarle por el diario u otros millones de cuestiones que se me pasan por la cabeza, sale de la habitación para volver con unas trébedes y un cubo lleno de agua.
"Dicen que necesitas un baño", murmura, mientras pone a calentar el cubo en la lumbre.
"¿Dicen? ¿Quién lo dice?"
Otra vez se marcha volando y reaparece con una cuba enorme de madera, que hace rodar hasta el interior de mi habitación. Con paciencia, va llenando la bañera de agua caliente. Yo la observo desde la cama, sólo aparto la vista para mirar de vez en cuando por mi ventana. Desde aquí sólo veo los tejados de otras casas y las montañas altas abrazadas por la niebla que rodean la aldea. No he visto a nadie más, ningún alma viviente, nadie excepto Pay. El tiempo ha cambiado y desde hace un rato, ha comenzado a caer una lluvia suave que llena el cristal de diminutas bolas transparentes.
"¿Vives sola, Pay?"
Ella agita la cabeza negando, mientras vierte otro cubo para el baño.
"¿Quién vive aquí contigo? ¿Quién te ha pedido que me ayudes? ¿Hay algo que pueda hacer yo?"
Por todas las diosas, es un encanto, pero su silencio es desquiciante. No es la primera vez que lidio con algo así, seguro que habrá algún modo de acceder a ella. Paciencia, Zelda.
"La abuela me ha dicho que te ayude a bañarte si… si no puedes tú sola."
He estado tentada de decirle "claro que puedo yo sola, no necesito ayuda, ve a descansar un rato." Pero ¡ah! Esa debilidad en las piernas otra vez.
Al desnudarme me sobrevienen algunos recuerdos amargos que quiero que también el agua limpie. He llevado esta túnica más de cien años, y al quitármela, me siento más desnuda que en toda mi vida. Forma parte de mí tanto como yo formo parte de ella.
"¿Estás bien? Puedo lavarte eso" me dice, titubeando.
Esta vez soy yo la que no tiene palabras, así que asiento y entro en el agua caliente. Es agradable, todo mi cuerpo reacciona, como si despertase por segunda vez, no ese día, sino un segundo despertar después de un siglo.
Pay es delicada. Es mil veces más delicada que cualquiera de mis doncellas. Ellas me tiraban del pelo para deshacerme los nudos sin piedad, se quejaban cuando volvía polvorienta de mis expediciones, se quejaban si tenían que lavarme la ropa, si tenían que prepararme la bañera. Y para colmo me recordaban lo perfecta que era mi madre en comparación, nunca tuvo un nudo en el pelo, nunca se ensució la falda. Las oía murmurar sobre mí casi a todas horas.
"Gracias por bañarme, Pay" le suelto, casi sin pensar.
"De nada, prin… maj…"
Me doy cuenta de que no sabe cómo referirse a mí. Seguramente lleva un tiempo pensando en cómo hacerlo. Oh, Pay… yo tampoco sé cómo referirme a mí, y eso me hace dibujar una sonrisa extraña.
"Zelda."
"Zelda" repite, mientras vierte jabón en mi pelo y hombros, "está muy enredado".
"Lo sé."
"Tendré cuidado."
El baño no puede ser más perfecto, y me gustaría que hubiera durado más. Había olvidado cómo huele el jabón. El que me ha puesto Pay lleva alguna esencia de flores, muy sutil, puede que se trate de pétalos de flor del sigilo, antaño eran abundantes en la aldea. Lo malo es el horror que siento al ver el agua negra a mi alrededor justo antes de salir de la bañera, ¿tan sucia estaba?
Pay me envuelve en una toalla que huele aún mejor que el jabón de antes, y me anima a que me siente junto a la chimenea. El fuego arde alegre y chisporrotea. Me da paz. ¿Cuándo demonios habrá avivado el fuego si ha estado bañándome todo el tiempo? ¿Habré cerrado los ojos sin darme cuenta?
"¿Vives con tu abuela entonces?" pregunto, mientras ella recoge mi vieja túnica y mis brazaletes del suelo.
"Así es."
"¿Me la presentarás? Quiero agradecerle todo lo que hacéis por mí."
"Voy a buscar la cena, Zelda. Después puedes volver a descansar, ya está anocheciendo."
Es la primera vez que veo sonreír a Pay, y lo hace mirándome, sin titubear. Giro la cabeza y veo que ella está en lo cierto, no llueve y la luz de una enorme luna creciente ya está entrando por la ventana. ¿Tan rápido pasa el tiempo? Cuando me vuelvo Pay se ha esfumado. Sheikah.
Pay me ha dejado una túnica limpia, y unas sandalias que parecen nuevas. Me las pruebo y mis pies se sienten extraños, pero son exactamente de mi tamaño.
Pronto podré bajar las escaleras y averiguar dónde estoy de verdad, y qué ha pasado con él. No se lo pregunto a Pay, porque no estoy segura de que sepa quién es él. Ya le cuesta hablar de su abuela, así que no es oportuno preguntarle por él. Tampoco sé cómo he llegado hasta aquí, si él lo ha ideado todo, o… Lo dejo por ahora. Esto son preguntas para otro día.
En Kakariko, entre las cuatro paredes, sentada junto a un agradable fuego,
-Zelda B.
Nota:
Palabra cultureta del día: "trébedes"
La última persona a la que oí decirla, es a mi abuela.
Un abrazo, seguimos con la cuarentena!
-Nyel2/23-Juliet
