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Hermione se pasó el resto de la semana de vacaciones con la mente ocupada en ése único momento. Nada más, no pensaba en nada más. Ni siquiera le preocupaba avanzar con las tareas que los profesores les encargaron para cuando regresaran al colegio. Nada.
Ella, por primera vez en su vida, no quería volver a Hogwarts. No quería volver a pisar el castillo. No quería ver a su profesora otra vez. No quería verla. Quería, deseaba, anhelaba, con cada fibra de su se, desaparecer del mundo, hacerse nada, borrar su existencia de la humanidad y de la mente de los demás.
A nadie le había contado lo que paso y ella deseaba con toda su alma olvidar aquello. Después de que se atrevió a besar a Bellatrix, la bruja la aparto mirándola con una expresión que Hermione no acabo de descifrar. Bellatrix quizá tuvo la intención de decirle algo pero al final nada salió de su boca. Hermione esperaba que la hechizara, eso la hubiera hecho sentir aliviada.
Bellatrix la estuvo mirando unos segundos más, hasta dio la vuelta con brusquedad y se fue por las escaleras sin decir más.
La joven no tuvo valor para volver a la cocina y se fue derechito al cuarto que compartía con Ginny, no salió de allí hasta bastantes horas después. A nadie le extraño, pues el resto se había amanecido bebiendo en la cena que, con la resaca encima, no tuvieron tiempo ni cabeza por preocuparse por nada más.
—Hermione, ¿te sientes bien?—preguntó Lily, notoriamente preocupada.
Harry había invitado a Ron, Hermione y Ginny a pasar el último día de vacaciones en su casa. Ellos aceptaron sin pensárselo dos veces. Ahora, Hermione había insistido en quedarse a ayudar a Lily a cuidar el pequeño jardín de la casa mientras el resto de sus amigos iban a pasear en el Valle de Godric.
—Sí…—contestó ella nerviosa.
—¿Segura? ¿No estás preocupada por algo? Los EXTASIS tal vez…—aventuró Lily.
—No, no es eso.
—¿Entonces sí que te preocupa algo?—Lily sonrió—Hermione, si quieres hablar de algo estoy dispuesta a escucharte. Si no quieres, está bien, lo respeto, pero quiero que sepas que cuentas conmigo, ¿está claro?
Hermione tragó saliva y pensó en aquella oferta. Sabía que Lliy era su mejor opción para hablar de algo como aquello. No tenía muchas otras personas adultas de confianza con las que pudiera hablar de eso; ni siquiera se quería imaginar la cara que pondría la señora Weasley, James y Sirius estaban totalmente descartados, a Andrómeda probablemente le provocaría un paro cardiaco y lo mismo sucedería con Tonks, Lupin era una opción razonable pero si debía elegir entre él y Lily…
—Bien, te va a parecer una locura…—Hermione respiro hondo—Está bien…
La chica empezó a contar su historia y con cada palabra que salía de su boca la expresión de incredulidad en el rostro de Lily se hacía más y más evidente. Lily se esperaba otra cosa, quizá un problema familiar que la tenía preocupada o, tal vez (y ella siempre lo había creído así), las cosas con Ron no estuvieran yendo por buen puerto. Cuando Hermione terminó de hablar, Lily necesitó unos momentos más para procesar la información recibida.
—Me va a matar, ¿verdad?
Lily hubiera querido decir que sí, pero no le pareció que fuera lo correcto. La chica estaba nerviosa y aterrada y no iba a ser ella quien confirmara esa cruel realidad.
—Considero una buena señal que no lo haya hecho cuando…. Bueno…
—Quizá estaba demasiado sorprendida para hacerlo pero no tengo duda de que lo hará cuando me vea en Hogwarts—Hermione tragó saliva—Estoy pensando darme de baja.
—Hermione, ella no va a matarte—aseguró Lily, tratando de sonar lo más sincera posible.
—¿Entonces va a torturarme?
La pelirroja suspiro, tenía que cambiar el rumbo de la conversación, tenía la obligación de tranquilizar a Hermione.
—Cuando ella regresó, tomó una de las botellas selladas que estaban en la mesa. Se la acabó sola—contó Lily—Quiso repetir pero no la dejamos, no nos pareció que fuera buena idea que se emborrachara hasta la inconciencia. Ya sé que Sirius no le tiene mucho cariño a su casa, ¡pero es su casa!, no le iba a parecer gracioso que Bellatrix le prendiera fuego—Lily sonrió nuevamente, recordando cómo entre James y Lupin lucharon por quitarle la segunda botella de whisky de las manos—Aceptó tomar desde un vaso, como todos.
—Pensé que se había ido de Grimmauld Place.
— No, se quedó hasta el amanecer. La admiro, estaba borrachísima pero aún podía mantenerse en pie.
— Ah…
— Hermione—empezó Lily, con rostro serio— ¿Realmente ella te gusta?
La chica no respondió, se cubrió la boca con una de sus manos y asintió.
—Bien—dijo Lily y sonrió para tranquilizar a la más joven—Eso está bien, no dejes que nadie te haga sentir mal por ello, ¿está bien?—Hermione volvió a asentir—Ahora quiero pedirte algo.
—Claro.
—¿Me dejas que se lo cuente a Sirius?—preguntó Lily.
— ¿Para qué?
—Hermione, yo sé que ella no te hará nada, pero quiero estar segura. Sé que Sirius no es la mejor opción, preferiría contárselo a Andrómeda pero no sé cómo se lo va a tomar…. ¡No, no creo que se lo tome mal! Pero después del incidente con Lestrange estará preocupada por ti, a-a eso me refiero…—aclaró Lily de inmediato—Le pediré a Sirius que hable con ella, es su prima y la conoce bien y no te preocupes, me aseguraré que nadie (ni siquiera James) se entere de esto, ¿está bien?
Hermione temblaba de pies a cabeza cuando ingresó con el resto de sus amigos al Gran Comedor. Había estado nerviosa todo el viaje y sus amigos empezaban a preocuparse, insistiendo en que fuera a la enfermería con la señora Pomfrey. Ella no aceptó y decidió enfrentar con valentía la cena de bienvenida.
Cuando llegaron a la mesa de Gryffindor, se sentó entre Ginny y Ron. Mantuvo todo el tiempo que duro el breve discurso de Dumbledore la cabeza fija en los platos vacíos, no quería mirar hacía la mesa de los profesores porqué sabía que ella estaría allí y todavía no se sentía preparada para enfrentarla.
El director acabó con su discurso y todos en el Gran Comedor empezaron a aplaudir, luego los platos y copas de las cuatro mesas se llenaron de comida. Todos se abalanzaron sobre sus platos.
— Parece que hoy se esmeraron, ¿no?—preguntó Ginny, acercándose a Hermione— ¿Me vas a contar ya lo que pasó en Navidad con ella?
— No sé a qué te refieres—susurró Hermione.
— Hermione, no soy estúpida—dijo Ginny muy bajito para que solo su amiga la escuche. Tanto cuidado no era necesario pues el resto de sus compañeros de Gryffindor estaban concentrados en sus platos—Te vi seguirla y luego ella regresó con toda la intención de beberse todo el whisky de fuego y tú no volviste, ¿qué pasó?
— No pasó nada, Ginny—insistió Hermione sin inmutarse.
— Hermione, ¿sabías que venden veritaserum en Sortilegios Weasley?
— No pueden hacer eso Ginny, es ilegal.
— Bueno, sí—admitió Ginny—pero me he robado un poco y no creo que quieras que accidentalmente mezcle un poco en tu zumo de calabaza del desayuno, ¿no? Quizá alguien pueda hacerte preguntas muy íntimas y las vas a responder en medio del Gran Comedor…
— Bien—cedió Hermione—Mañana te lo cuento todo, a las siete en la Sala Común, ¿feliz?
—No te imaginas cuánto.
Hermione sabía que podría haberse negado a contarle algo a Ginny, tampoco le preocupaba mucho su amenaza con la poción de la verdad pues encontraría la manera de evitarla pero, debía admitirlo, quería la opinión de alguien más. Y como no había contado nada de nada a sus amigos y la joven Weasley era la única a la que le confesó la verdad, no le pareció mala idea.
Suspiro y siguió devorando el plato de papas fritas que estaba delante suyo, en un fugaz acto de valentía se atrevió a mirar hacia la mesa de los profesores, solo para descubrir que Bellatrix también la estaba mirando.
A diferencia de Lily, Ginny estaba más que maravillada con el relato de su amiga y, cuando Hermione le contó el momento del beso, casi se puso a saltar de la emoción en medio de la Sala Común de Gryffindor. El resto de compañeros de su casa que estaban por allí las miraban divertidos pero a ninguna le importo.
—No pensé que se lo dirías tan rápido—confesó Ginny cuando logro calmarse—Pero veo que te he subestimado, de verdad me tienes sorprendida. ¡Seguro que si en ese momento hubieras intentado sacar la espada de Gryffindor del sombrero lo habrías conseguido!
—Se lo he contado a Lily también…—murmuró Hermione.
—¿En serio? ¡Cuéntame!
—Bien, de camino al Gran Comedor, me muero de hambre.
Mientras ambas chicas abandonaban su Sala Común, Hermione narraba su conversación con Lily Potter y Ginny la escuchaba con mucha atención. Aquello tampoco se lo esperaba y, otra vez, no pudo disimular la emoción que sentía. Se sentía eufórica.
—¿Y crees que ya habló con Sirius?
—Espero que sí, dijo que me mandaría una carta luego. Así que voy a esperar…
Entraron al Gran Comedor. Debían ser menos de las siete porque solo unos pocos alumnos madrugadores se encontraban repartidos por todas las mesas. En contraste, la mesa de los profesores se encontraba casi llena. Hermione le dio una rápida mirada y se sintió aliviada al comprobar que la profesora Black no estaba allí. Aún no sabía cómo interpretar su mirada del día anterior.
— ¿Cuándo tienes clase con ella?
— Hoy a última hora—contestó Hermione tragando saliva—Creo que me la voy a saltar.
—Hermione—Ginny la apuntó con una salchicha—No te atrevas a dejar en vergüenza los colores de Gryffindor, ¿escuchaste?
Una hora después Harry y Ron se unieron al desayuno. Los dos tenían cara de trasnochados así que no hablaron mucho mientras comían. Hermione se levantó de la mesa.
—Iré al baño, los veré en Transformaciones.
Sus amigos, por toda respuesta, gruñeron y Ginny se despidió de ella guiñándole un ojo.
Las clases transcurrieron con toda la normalidad posible y no ocurrió nada digno de mención. Primero tenían Transformaciones, luego una hora libre y después Herbologia. Pasada la hora del almuerzo tenían otra hora libre y más tarde Encantamientos, la última clase del día era Defensa Contra las Artes Oscuras.
— ¿Estará bien si organizo el entrenamiento de quidditch para el viernes?—preguntó Harry a sus amigos mientras se dirigían al aula de Defensa.
— Mientras antes mejor, Harry—contestó Ron—Si ganamos lo haríamos por segunda vez consecutiva, estoy seguro que McGonagall nos va a perdonar los deberes por un tiempo.
Harry estaba de acuerdo y Hermione le apretó el hombro con cariño. Sabía que su amigo estaba nervioso y quería ganar la copa más que nada en el mundo, era su primer año como capitán y moría por demostrar que era tan talentoso como su padre. O incluso, mejor.
Fueron de los primeros en llegar al aula de Defensa. Llevaban ése curso con los Slytherin así que no les sorprendió ver a Draco Malfoy y a Theodore Nott sentados en la primera carpeta. El trío se sentó detrás.
— ¿Cómo estuvieron las vacaciones?—preguntó Draco, girándose para hablar con los chicos—Me enteré que la tía Bella estuvo allí.
— Pues bien…—murmuró Harry—Se bebió una botella de whisky de fuego sola…
— Eso suena como ella—dijo Draco sonriendo— ¿No quemó nada?
— Pues a Pettigrew, casi… Creo que intento tocarle una pierna y ella le prendió fuego a su túnica—dijo Ron, recordando el divertido momento—Se lo merece, no entiendo como puede ser amigo de tus padres, Harry.
Harry se encogió de hombros, a veces él tampoco lo entendía.
— ¿Y tú, Granger? ¿Estuviste con ellos, no?
— Ajá. Fue divertido, te lo perdiste—Hermione sonrió.
— Sí—suspiró Draco—Espero lo hagan otra vez, me aseguraré de estar allí.
La relación con Draco era algo rara. No eran amigos ni enemigos. Él era una especie de primo para Ron y era el sobrino de Sirius, así que Harry lo conocía hace mucho. Nunca tuvieron una estrecha relación de amistad pero con el tiempo, y después de muchas peleas (sobre todo por Hermione y su ascendencia muggle), aprendieron a mantener una relación cordial y tratarse con respeto. Además, con eso lograron que ninguno de los amigos del rubio volviera a soltar un comentario despectivo sobre Hermione.
Harry y Ron empezaron a hablar sobre quidditch mientras Hermione fingía que los escuchaba. Su mente estaba en otro lugar, pensando en Bellatrix y la actitud que tendría con ella a partir de hoy. El miedo empezaba a invadirla otra vez.
El aula se fue llenando y, un minuto antes de que dieran la hora, entro Bellatrix con el porte de reina que la caracterizaba. Todas las conversaciones se detuvieron y todos los ojos de la habitación se fijaron en ella y en su andar elegante y refinado. Las miradas la siguieron hasta que llegó a su escritorio.
— Silencio, por favor—no hacía falta pedirlo, todos estaban callados— Bien, ¿practicaron el hechizo plaquio en vacaciones?
Un murmullo general inundó la clase.
— Bien—dijo Bellatrix—Entonces, señorita Patil, si yo decidiera lanzarle una daga con toda la intención de asesinarla usted la evitaría con toda facilidad, ¿verdad? Después de todo, ha dicho que sí practico el hechizo, ¿no? ¿Señorita Patil?
— No, profesora—Parvati dijo la verdad, temiendo que la amenaza con la daga fueran reales.
— Son alumnos de sexto curso, los hechizos no verbales no deberían ser todavía un problema…
Bellatrix no pareció decepcionada por descubrir que los estudiantes no habían practicado como se los pidió, hace mucho les había dicho que se ahorraba corajes cuando no esperaba nada de ellos. Por otra parte, propuso practicar el hechizo con dagas reales esperando que la necesidad y su instinto de supervivencia los ayudaran a lanzar el hechizo correctamente.
Nadie acepto.
Bellatrix se pasó veinte minutos de la clase explicando nuevamente los correctos movimientos del hechizo, el resto de la clase obligo a los alumnos a levantarse de las carpetas para juntarlas una sobre otra en ambos extremos, dándoles el espacio necesario para que se pusieran a practicar.
Como era de esperarse, fue Hermione la primera en conseguir el hechizo con éxito.
— Muy bien, señorita Granger—dijo Bellatrix—Veinte puntos para Gryffindor.
La siguiente, para sorpresa de todos, fue Pansy Parkinson. Estaba bastante satisfecha de su logro y, cuando Bellatrix le otorgó veinte puntos, no pudo evitar hinchar el pecho de orgullo.
Nadie más lo consiguió pero Harry estuvo muy cerca y eso le subió el ánimo.
Faltando diez minutos para terminar la clase, Bellatrix les pidió que pusieran las mesas en su lugar otra vez. Una vez hecho, se dirigió a los estudiantes.
— Bien, han olvidado practicar pero si hicieron el ensayo que les pedí, ¿verdad? Dejen los pergaminos en la mesa.
Los estudiantes empezaron a buscar en su mochila y a dejar el rollo de pergamino en la mesa. A Hermione se le cayó el alma a los pies. ¡Lo había olvidado por completo! Ron se dio cuenta y la miro, sorprendido.
— ¿Diecinueve?—preguntó Bellatrix— ¿Quién falta?—los reviso todo con rapidez— ¿Señorita Granger?
El resto de sus compañeros la miraron igual que sorprendidos que Ron, nunca en su vida hubieran imaginado jamás que a Hermione Granger se le olvidaría presentar una tarea.
— Yo…
— Bien, señorita Granger—la cortó Bellatrix, seria— Quédese mientras discutimos su castigo. El resto puede irse.
Los estudiantes obedecieron.
— ¿Te esperamos afuera?—le preguntó Harry.
— No, está bien, los veo en la cena.
— Bien.
Harry y Ron se marcharon. Hermione seguía en su asiento mientras que Bellatrix estaba sentada en su pupitre con la cabeza levantada, mirando al techo, y jugueteando con su varita entre las manos. El último estudiante se marchó y cerró la puerta tras de sí. Bellatrix bajó la mirada pero seguía sin mirar a Hermione.
Hermione se movía incomoda en la silla. Era la primera vez que no entregaba un deber, aunque no era eso exactamente lo que la tenía tan intranquila.
— Jamás me lo hubiera esperado de usted, señorita Granger.
— Lo lamento, profesora, no-no se volverá a repetir.
— Está bien—Belltarix volvió a mirar el techo—Imagino que ayudar a la señora Pince en la biblioteca no se sentirá como un castigo para usted, ¿verdad?
— No, profesora—respondió Hermione.
—Entonces, ¿estaría bien ayudando a limpiar los frascos de pociones del profesor Snape?
Bellatrix no la miraba y, aunque no parecía molesta, tampoco estaba muy feliz. La incomodidad de ambiente era tan tangible que podrían haberla cortado con un cuchillo si quisieran.
—Profesora, —Hermione había tomado una decisión—lo que pasó en Navidad…
—Mi querido primo—la cortó Bellatrix—ya me lo explicó todo, señorita Granger, bebió demasiado y se dejó llevar por sus impulsos, ¿no es así?
—Sí, pero…
—Y creo que tendremos que advertir a Andrómeda, ¿no?—una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Bellatrix—La pureza de mi hermanita peligra a su lado, señorita Granger.
Las mejillas de Hermione se encendieron por la vergüenza y la sonrisa de Bellatrix se ensanchó más dejando en evidencia que ella se estaba divirtiendo. Esa era una buena noticia para Hermione: la bruja se lo estaba tomando con diversión y no planeaba asesinarla al menor descuido.
—Pero a mí no me gusta ella—confesó Hermione armándose de valor e ignorando el rojo de su cara—. Andrómeda no tiene de que preocuparse por qué me gusta usted.
Después de decir eso Hermione tuvo toda la intención de salir corriendo del aula gritando que iría esa misma tarde a las mazmorras a cumplir su castigo pero, cuando estaba levantándose de la silla y cogiendo su mochila, una mano la agarró por la muñeca con brusquedad. Ella giró para ponerse al frente de Bellatrix; temblando de miedo y con los ojos fuertemente cerrados se preparó para escuchar los gritos o quizá recibir algún hechizo que la obligará a quedarse en cama unas semanas, pero nada de lo que esperaba sucedió.
Nuevamente volvió a tener esos labios contra los suyos pero esta vez era Bellatrix quién la estaba besando.
A Hermione le dio un vuelco el corazón.
