Disclaimer: Los personajes usados acá no me pertenecen.
Advertencias: GENDERBENDER. PAREJAS CRACKS. SEXO EXPLICITO. USO DE DROGAS. EXCESO DE ALCOHOL.
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El beso de Singapur
St. Yukiona.
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Prólogo
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El incidente en Ikebukuro
—Esa es Hinata-chan —dijo Sugawara-senpai mientras que Tobio alistaba sus cosas para apresurarse e ir al segundo gimnasio.
—¿Qué? —respondió confundido el moreno mientras que se giraba hacia su senpai, no lo había sentido llegar, ni siquiera había sentido en el momento en que sus compañeros de clases lo habían dejado sólo y él había estado viendo embelesado a la adolescente que abajo en la pista de carreras había dejado atrás al resto de sus compañeras. Era rápido, como una flecha naranja partiendo la pista de tierra, alzando una estela café a su paso. Ahora se secaba el sudor y hablaba con otras chicas.
—Esa chica, la que estás viendo Kageyama-kun —insistió el albino al tanto sonreía—. Se llama Hinata-chan, también está en primero como tú pero en otra clase...
El menor decidió apresurarse para colocar la mochila sobre su hombro y empezar a caminar.
—No me interesa conocer el nombre de chicas —aclaró en un tono amable pero tajante a su superior, después de todo, no tenía tiempo suficiente como para dedicarse a ver chicas o perder el tiempo en cosas como enamoramientos infantiles. Si quería cumplir con su meta de llevar al Karasuno a las nacionales debía de concentrarse totalmente.
—Hmp, supondría que te interesaría porque ella también estaba en el equipo de vóley —comentó el dl lunar caminando con una sonrisa hacia la puerta donde el moreno lo esperaba, y al tener la mirada y el silencio de Kageyama supuso que podía continuar con su parloteo—. Es rematadora, o era... no estoy muy seguro, Michimiya debe de saber más al respecto.
Pero Kageyama no era del tipo que anduviera investigando, mucho menos perdiendo el tiempo en cosas como esas. Alzó los hombros y dio el tema por zanjado.
En todo caso, sabía perfectamente que a la misma hora que ellos tenían la practica en el gimnasio dos, el equipo femenil del Karasuno practicaba en el gimnasio número uno. Su capitana era Michimiya Yui y era del tipo más blandengue si se lo preguntaban a Tobio puesto que de las pocas veces que la había visto y escuchado jamás encontró ese toque que la distinguiera como una auténtica capitana. No es que desacreditara su capacidad para dirigir o jugar, sino que simplemente no se había detenido a estudiarla realmente, ni mucho menos la había visto jugar, a él le interesaba las condiciones de su equipo y las estrategias con las que iba lograr la victoria.
—¡Karasuno!
—¡Vuela! —chillaron todos al mismo tiempo lanzando sus manos al aire y dando por terminado ese entrenamiento. Al día siguiente irían a jugar contra el Nekoma hasta Tokio y habían terminado de rehacer toda la estrategia con la cual harían morder polvo a esa escuela de sus eternos rivales, y aunque el mismo Tobio había sido quien diera el visto bueno a la estrategia hecha entre el capitán y el sub-capitán, la espina y el terror de enfrentarse a sus excompañeros y no parecer más que un payaso le carcomía lentamente la cabeza. De camino a casa, cabizbajo observaba las puntas de sus zapatos escolares. Sentía el cuerpo cansado como cada noche después de entrenar y no era contagiado por el ambiente de guerra que se tenía antes de una batalla: Bromas tontas, y comentarios llenos de testosterona, mientras que sus compañeros se empujaban entre ellos y todos parecían tener algo que decir. Hasta el idiota de Tsukishima que no le había parado a su cantaleta de: "Su majestad mañana escogerá su lugar en el autobús primero o terminará de malhumor como pasó la última vez que fuimos para Sendai" parecía más o menos motivado, o algo por el estilo, al menos hablaba con Yamaguchi que se retorcía ante la expectativa de ir de visita a una escuela rival.
—¡Kageyama-kun! —Tanaka lo tomó por sorpresa rodeándolo con su brazo por el cuello y acercándolo—. ¿Estás nervioso? ¿Estás nervioso porque nos vamos a encontrar de nuevo con ese armador silencioso y taciturno? ¡Qué envidia que una escuela de ELITE te tenga en la mira! —chilló el pelón sin soltar al moreno.
—Tanaka, suelta a Kageyama —se quejó Daichi ante el escándalo.
—Deberías decirle que cierre la boca —gruñó Ennoshita que iba más adelante.
—¡Tú! ¡Bastardo! —gritó el bloqueador agitando el brazo.
—¡Equipo de vóley! ¡Guarden silencio! —vociferó Ukai, el dependiente de la tienda a la que se dirigían mientras que entraba a la tienda cargando unas pesadas cajas—. ¡Hay gente que intenta comprar! ¡Vayan a sus casas! ¡No sigan de vagos! —siguió gritando incluso cuando hubo entrado a la tienda.
—Lo sentimos —dijo Daichi apenado y Sugawara golpeando la cabeza de Tanaka que se quejó.
Uno a uno los miembros del equipo empezaron a entrar para ir por algo rápido de comer y solventar el hambre que se manifestaba en sus cuerpos cansados. En la tienda estaban algunos otros estudiantes. Probablemente era cosa del destino o Miyagi era sencillamente mágica.
—Serían 320 yenes.
—Sakura-chan ¿tienes cinco yenes? Tú siempre tienes cinco yenes.
—Hinata, siempre me pides cinco yenes.
—¡Eres la mejor! —gimió la aguda voz mientras que Tanaka se paraba.
—¡Ah! ¡A ellas no les gritas que se callen!
—¡Cállense ustedes vándalos o los sacaré a patadas! —gritó de regreso Ukai y después se disculpó con las chicas que se rieron.
—Es culpa de Hinata-chan que es tan ruidosa.
—Lo siento —las tres estudiantes que habían estado pagando recogieron sus compras y caminaron hacia la salida de la tienda. Kageyama se hizo a un lado para que las tres chicas pasaran y se dio cuenta que aquella cabeza naranja le rozaba apenas el hombro, y si rodeaba con los brazos ese cuerpo seguramente sobraría mucho espacio porque era pequeño y delgado. ¿Todas las chicas eran así de pequeñas? ¿Cuánto medía? ¿1.59 cm? ¿Y decían que jugaba vóley? Torció los labios mientras que las puertas se cerraban, sus ojos bajaron de inmediato hacia sus piernas y delineó con ojo crítico –casi obsesivo—el contorno torneado que los muslos tenía. Las pantorrillas endurecidas y el modo en que la parte trasera de la falda se alzaba ligeramente seguramente por glúteos trabajados gracias a un duro entrenamiento. Se quedó quieto sin despegar la mirada de la espalda de la chica que de momento a otro se diluyó en la sombra de la noche.
Pensativo, regresó su atención al interior de la tienda donde hasta el dependiente le miraban fijamente.
—Kageyama... está bien que tengas deseos masculinos, todos los tenemos pero... no seas tan obvio —pidió Daichi con una de sus manos sobre el hombro de Kageyama.
—¿Perdón?
—Poco más y te le tiras encima. No vuelvas a ver a una mujer de ese modo, y mucho menos a su trasero.
Hasta ese momento, la única sensación de vergüenza que Kageyama conocía era el de concentrado realizar toda una ejecución perfecta en un saque y que éste terminará enredado en la red. Al menos, hasta ese momento, pues dos segundos después de darse cuenta lo enfermo y depravado que tuvo que haberse visto al observar tan fijamente a esa chica todos los colores se le subieron al rostro, su dermis ardió y las burlas no se esperaron ni un poco.
Ukai terminó por correr al equipo completo quienes acabaron por dejar el tema de lado conforme iban caminando. Tsukishima y Yamaguchi se despidieron no sin antes el primero agregar un: "Rey, hasta alguien de la realeza debe esperar hasta llegar a su palacio para manosearse pensando en su reina, no lo vaya a hacer en la vía pública". Algunos de segundos también se despidieron sin comentar nada pues suficiente tortura había sido para el pobre de Tobio pero fue Daichi el que regresó el tema a colación.
—La recuerdo, era la rematadora de primero que ingresó en el equipo de vóley, se llama Hinata Shoyoka —contó el capitán.
—Shoyoka-chan... Shoyoka —repitió Tanaka tratando de recordar algo.
Kageyama miró a Daichi sin saber si quería o no seguir indagando. Sugawara no había comentado absolutamente nada sobre lo que había visto en el salón de clases de Kageyama, donde encontró a éste viendo el entrenamiento de las chicas en educación física, específicamente a la misma pelirroja con la que habían chocado en la tienda y la que se había vuelto desde en ese momento en "la reina" del "rey de la cancha".
—Es muy buena saltando y tiene una fuerza brutal para ser una chica, de hecho, Michimiya comentó al respecto que fue una pena que se saliera pues con ella hubieran llegado a las nacionales.
Ahora tenían toda la atención de Tobio, hablar sobre vóley era algo que siempre se le daba fácil y le gustaba, aunque no muchas veces se daba la oportunidad, o hasta el momento en Karasuno era la primera escuela desde la primaria en que más gente parecía estar interesada en interactuar con él, de hecho, el detalle por sí mismo de ir caminando con sus senpais le hacía sentir algo bastante extraño. Nunca había regresado a casa en compañía y ahora, ahí iba hablando sobre el vóley y escuchándolos parlotear, aunque el tema principal era la curiosidad por lo alto que una chica podía saltar o la fuerza que podía imprimir en un remate.
Nunca había jugado con una chica así que desconocía todos esos detalles. Sabía, por cultura general que la red para mujer era más baja que la de los hombres, sin embargo, las mujeres al ser más esbelta seguramente podían saltar con mayor rapidez. ¿Los senos femeninos serían un problema gravitacional para saltar? Tobio sorbió más. No había prestado atención sobre cuánto seno tenía esa tal Hinata Shoyoka, sólo había visto sus piernas desarrolladas y trabajadas, seguramente saltaba alto. Aunque si había dejado el vóley quizás se debía a una lesión. ¿Sería tan grave como para que dejara de jugar? Porque una persona que trabajaba de tal maneras su piernas no era un simple aficionado. Sorbió más de su pajilla y le quedaba poca leche.
—¿Se salió siendo tan buena? —interrogó Sugawara. Tobio escuchaba a sus senpais y sorbía leche de la pajilla del envase de cartón.
—Sí, no recuerdo bien los detalles... —contestó el capitán.
—¡Oh! Shoyoka. Es "esa" chica —dijo Tanaka casi chillando e irremediablemente llamando la atención de todos. Tobio enarcó la ceja parando sus conjeturas sobre la salida de esa desconocida de buenas piernas.
—¿Shoyoka? ¿Esa pequeña chica es la chica del incidente en Ikebukuro? —Ahora fue Ennoshita el que habló, se había mantenido callado hasta ese momento.
—Sí, claro, es ella "Shoyoka" del equipo de vóley, debe de ser ella, aunque es pequeña... pues tiene buen cuerpo —añadió Ryu acariciándose el mentón.
—¿El incidente en Ikebukuro? —enarcó la ceja Sugawara esperando una explicación.
Ennoshita y Tanaka se miraron entre sí.
—Bueno, al parecer... —comenzó Ennoshita un poco apenado, no sabía cómo decirlo.
—Resulta que esta chica salía con un senpai de tercero de otra escuela, alguien de otra escuela los vio entrando a un love hotel en Ikebukuro, así que empezó a acosar a Shoyoka-chan y a cambio le pidió que tuvieran relaciones.
A Tobio le daban igual los chismorreos escolares. En Karasuno, como en otras escuela había muchos, borbotones, todos los días alguien terminaba con alguien o alguien se acostaba con alguien. Él se mantenía al margen y así como surgían los chismes sobre él solos se volvían a calmar, desde antes descubrió que ignorando a las lenguas mal intencionadas éstas se aburrían y buscaban a alguien más que joder. Pero una cosa era hablar sobre "el novio que le fue infiel a la novia" y otra muy diferente difamar al punto de dañar la reputación de alguien, pues no tuvo que terminar de escuchar la historia para suponer por donde iba la cosa.
—Oh vaya —murmuró Sugawara.
—Lo peor no es eso —inquirió Tanaka y Ennoshita afirmó—. Es que al parecer ella aceptó y el tío este los gravó a ella y a él teniendo relaciones —soltó el rematador del Karasuno cruzándose de brazos molesto, él tenía una hermana y cualquier ofensa contra las mujeres las sentía a un grado distinto—. El bastardo hizo viral el vídeo cuando al parecer Shoyoka-chan no quiso volver a tener más vídeo y bueno... se hizo mucho drama porque al fin de cuentas Shoyoka-chan es menor de edad.
—Al parecer terminó por abandonar el equipo de vóley por acoso de otras chicas y de algunos chicos... —alzó los hombros Ennoshita—. Eso fue lo que escuché.
El mal sabor de boca a Kageyama le duró el resto del trayecto hasta su casa e incluso cuando llegó el momento de bañarse. Jamás se había interesado en ninguna chica, de hecho tampoco es que si le interesara por algún motivo particular esa pero no podía evitar sentirse incómodo ante los hechos, aunque una parte de él asumía perfectamente que la culpa la había tenido ella al dejarse chantajear.
El tema quedó zanjado por la mañana cuando el enfrentamiento con el Nekoma era cada vez más real. Si quería ir para las nacionales, entonces tenía que vencer como mínimo una vez a ese equipo de gatos molestos.
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¡Nos leemos pronto!
¡Gracias por leer!
St. Yukiona.
Que los ama de pulmón, páncreas y todo lo demás.
