Resumen: Lemmon. No podía darle todo lo que se merecía y más… No podía amar por entero a alguien tan bueno como él, por razones que ella ya ni siquiera comprendía. No podía darle todo de ella. Pero, por lo menos, podría darle una noche. Esa noche.


Disclaimer: Naruto, y todo lo a él respecta, pertenece a Masashi Kishimoto. Yo solo me adjunto de la sarta de ocurrencias plasmadas a continuación con ellos.


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Una noche

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Capítulo II: Tiempo.

No.

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—Sakura. Quiero hablar contigo.

La trémula sonrisa que se dibujó en sus labios al verlo entrar a la pequeña carpa se desvaneció de golpe, dejando solo un par de ojos curiosos y desconcertados.

—No te preocupes, seré muy breve. Es acerca de lo que ocurrió con Naruto y Sasuke.

Tragó en seco. Era un tema que seguía siendo delicado… hasta un poco tabú para sí misma y el resto de sus compañeros que lo presenciaron. Sintió como una parte de sí se tensaba al comparar el tono de la voz de Yamato con la de Kakashi, en particular cuando éste le había propiciado el regaño del siglo… ¿Por qué sentía que Yamato estaba por extender la riña que le propició su primero al mando?

Insegura, y con un poco de miedo, se limitó a asentir, dándole ánimos para continuar.

—No celebro tu imprudencia. "Confesarle" tus sentimientos a una persona en un momento tan inoportuno… ¿Cuántos años tienes para pensar que con el mundo hecho un caos, la aldea destruida, la guerra más cerca que nunca, Sasuke en el libro Bingo, es buen momento para hacer una pequeña excursión, con escolta incluida, solo para decirle a alguien que "lo amas"? Esa es una manera cruel de jugar con los sentimientos de las personas.

Sakura agachó su mirada, incapaz de mantener el contacto visual con los redondos y vacíos ojos carbón de su segundo capitán. Presa de la vergüenza, del remordimiento… una vez más, contempló el contorno de las palmas de sus manos. Ya estaban empezando a sudar.

—Naruto es una cabeza hueca. No importa cuán evidente sea, él jamás lo sabrá hasta que alguien se lo explique de la manera más sencilla posible.

Escuchó un suspiro. Y apostó por la imagen mental de Yamato cansado, decepcionado, pero muy aterrorizante a la par. Apostó, porque no se iba a atrever a mirarlo. Si su intuición no le fallaba, éste regaño estaba por ser peor —pero muy bien merecido— que el de Kakashi.

—Cometiste un error al encubrir su absurdo plan con esa excusa —eran palabras muy sencillas, sin nada de complejidad ni trascendencia, pero fueron suficientes para sentir su corazón estrujarse. . Ella ya lo sabía. Pero resultaba más doloroso que terceros lo confirmaran—. Pero el error más grande que puedes cometer es negarte a ti misma la verdad, Sakura.

¿Eh?

—La verdad que está detrás de tus excusas.

Se congeló.

detrás de tus excusas.

Y de repente, sintió como si la pequeña tienda estuviese dando vueltas… como un carrusel, donde ella estaba en medio, en un punto fijo. El calor de la sangre acumulada en sus mejillas la golpeó de repente, aumentando su desconcierto. ¿Había escuchado bien?, se preguntó mientras —finalmente— reunía el valor necesario para mirarlo.

No había un rostro tenebroso, con los ojos bien abiertos sin parpadear, que la miraban rebuscando en cada rincón de su alma. No.

Yamato la recibía con una cálida sonrisa.

—Sai, siendo Sai, lo sabe, ¿no es así? —se río entre dientes—. Sai, un ex–ninja de la raíz, criado bajo una educación rigurosa y adiestrado en la frialdad… pudo percatarse de lo que dos personas sienten mutuamente…

Se sentó en la orilla de una mesa, metiendo sus manos a los bolsillos de su chaleco. Lucía despreocupado, pero determinado.

—No conozco a Sasuke, Sakura. No entiendo la relación que mantuvieron con él —que mantuviste, sintió la frase implícita—, y al principio, para ser sincero, tampoco entendía la dinámica tan familiar que el equipo siete mantenía. Me parecía absurdo, y hasta estúpido, que Kakashi–senpai se preocupara por un ninja renegado, una kunoichi médico y un gennin… Hasta que vi cómo integraron a Sai, cómo él los hizo parte de su familia…

Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.

—Tienen un don para crear lazos con las personas… Naruto lo tiene y es epidémico. Pero no dejes que eso no te permita ver tus sentimientos. Sakura… los ninjas no tenemos la vida asegurada. Cada día es un misterio saber si volveremos a casa con vida. Se qué tu conexión con Naruto va más allá de la fraternidad. Y sé que su unión es más fuerte que la determinación de recuperar a Sasuke.

Se incorporó, y avanzó unos cuantos pasos hasta quedar delante de ella, mirándola fijamente, sin parpadear, pero con una mirada que no era atemorizante. ¿Acaso sería paternal?

—Una guerra está por estallar. Donde nuestras vidas estarán envueltas en peligro más que nunca. No desperdicies el tiempo, Sakura. No huyas más de lo que sientes por él. Mañana puede ser muy parte… para ambos.

Y sin esperar una respuesta o, al menos, una reacción clara que no fuera la de sorpresa, se machó. Dejando a una joven aturdida y al borde las lágrimas que se mantuvo inmóvil por lo que pareció una eternidad.

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A la quinta Hokage, la princesa Tsunade, le costó aceptar la reclusión de su icónico nuevo héroe. Aunque el motivo principal fuera el de preservar su seguridad, le pesaba tener que mantenerlo fuera del combate. Al mismo tiempo, la aldea entera estaba haciendo un esfuerzo inhumado por morderse los labios para no clamar por su socorro que, tras lo de Pain, ahora les parecía indispensable. Y a sus camaradas más cercanos… a sus amigos les estaba costando la vida entera inventarse excusa tras excusa, todas carentes de sentido, para resguardar el secreto de lo que era ya tan inminente.

Empezando, y pesando más, con Sakura. La encomendada para fungir como distracción del hiperactivo ninja rubio. Tsunade–sama consideró que no existía nadie más apto para la fugaz misión —al menos, que estuviera disponible y poseyera un par de puños que intimidasen al ninja—. Y fue así como terminó de espectadora de un fugaz combate de jutsu sexy entre Konohamaru y Naruto.

Pasar tiempo con Naruto nunca suponía un gran esfuerzo. Era confortable y se sentía segura… era como si estuviera en casa. En cualquier otra circunstancia, por supuesto. Ahora mismo, la cabeza no dejaba de darle vueltas, y comenzaba a punzarle en la parte frontal del cráneo. ¿Es qué cómo a la quinta se le ocurría darle la tarea de ser niñera de un ninja que no podía quedarse quieto justamente cuando no podían andar libremente por la aldea sin que fuese evidente que se estaban preparando suministros y armas para una guerra?

Las afueras de la aldea, donde a Naruto le encantaba pasar tiempo, estaban abarrotadas por carpas y carpas que albergaban estrategas, arsenales de armas… de ninjas que revoloteaban de aquí y allá, preparando lo restante o entrenando hasta el último momento posible de lo que podría ser su último combate…

El área donde podían transitar, sin preocupación, era muy reducida. Y no lucía nada encantador ante la desolación que azotaba la aldea en reconstrucción. De por medio estaban las viviendas y los locales —ramen—… pero Naruto parecía tener gusanos en el trasero porque no le estaba dejando fácil la tarea de cuidarlo.

Y… ¿la única alternativa? Resignarme a verlo competir —bobamente, absurdamente— con su pequeño secuaz.

—Te he dicho que no importa el movimiento —reñía con gran seriedad el gran Héroe—. No importa el tubo si la forma de las caderas no está bien pulida.

El niño de la larga bufanda azul asentía con entusiasmo y, apostar por la mirada que tenía en su semblante, podía apostar a que estaba plenamente concentrado en el "aprendizaje".

Aunque rompió su serenidad por un instante, por una mueca.

—Pero, tengo una pregunta, ¿cómo cambio la apariencia?

Naruto abrió muy grandes los ojos, como si nunca se lo hubiese preguntado a sí mismo. Acarició con sus dedos su mentón, mirándose dubitativo…

Posada en un pequeño peñasco, a las orillas de un pequeño riachuelo, los observaba desde lejos. Naruto estaba demasiado entusiasmado, se notaba a leguas que disfrutaba su boba tarea de instructor, a tal punto, que había pasado por alto que ella, la mujer a la que le irritaba de sobremanera la falta de tacto —y de respeto— que tenía en público con las mujeres ante sus ridículos jutsus, se prestó como jueza para el resultado final de su "práctica".

Y aunque fuese una tarea asignada por la quinta, existía algo que le hacía pensar que valía la pena encontrarse ahí, por más penosa que resultara la escena. Y empezaba a tomar seguridad respecto a la idea que ese algo consistía en contemplar la enorme y radiante sonrisa despreocupada que se dibujaba en los labios del rubio.

Verlo sonreír. Observar cómo su rostro adoptaba un semblante de seriedad. Cómo tambaleaba entre sus hombros una autoridad tan absurda… Pero todo con un deje de inocencia radiante. La facilidad de su felicidad, que de una u otra forma, resultaba siempre contagiosa.

Sakura sonrío sin dejar de mirarlo embelesada.

Y en un momento más, Naruto la miró.

La sangre se acumuló de golpe en sus mejillas, y en un deje de orgullo enorme, se hizo la abscisa y arrastró su mirada a cualquier otro lado que no fuera él.

Pero tarde. Naruto podría dejar de lado muchas cosas, hasta el cumpleaños de la quinta… pero no le pasó desapercibido lo que encontró, el suave sonrojo en sus mejillas y su mirada anhelante hablaba por sí sola.


Nota: Buenos días, feliz navidad, feliz año nuevo, felices reyes, felices todos, felices todos. El próximo es el cúspide de esto. Creo. Gracias por leerme 3