II. Digna sucesora
—Me alegro de volver a verte, Lagertha —le dijo Helga con una dulce sonrisa.
—Yo también me alegro de verte, mi querida Helga —le contestó dedicándole una de sus encantadoras miradas.
—¿Te quedas a cenar? —le preguntó, mientras apartaba la olla del fuego.
—Por supuesto —respondió encantada—. Así le comento lo que necesito a Floki.
Éste, que estaba quitándose una astilla de un dedo, levantó la vista para mirarla con cierta sorpresa. Hacía demasiado tiempo que no le pedía ningún favor. Helga dispuso un poco de la sopa que acababa de hacer en un cuenco y se lo ofreció a su invitada, la cual se acomodó en una de las sillas que había junto a la mesa. Lagertha esperó a que todos estuvieran servidos para dar el primer sorbo. Estaba delicioso, como todo lo que cocinaba su amiga.
—¿Y qué es eso que me quieres pedir? —preguntó Floki, sin tapujos, una vez que todos comenzaron a tomar su cena.
—Veo que no te andas con rodeos. —Floki alzó una ceja y sonrió. Como si a él le gustase irse por las ramas—. Necesito un nuevo portalón.
—¿Y qué ha pasado con el que había? —preguntó preocupada Helga.
—Prácticamente está destrozada —respondió tajantemente. Al ver la cara de espanto de la mujer, continuó—: Nos invadieron hace unos días unos hombres que querían hacerse con mi condado.
—¿Otra vez? —quiso saber Helga.
—Otra vez —repitió Lagertha, poniendo los ojos en blanco. Ya llevaban tres ataques en lo que llevaban de mes y se estaba cansando un poco de esos indeseables—. Esta vez nos han reventado la puerta, y por eso estoy aquí.
Floki masticaba con cierta calma un trozo de pan. Se estaba tomando con mucha tranquilidad la petición de su vieja amiga. Tomó un poco de aire antes de decir nada.
—¿Para cuándo lo necesitas?
—Para esta semana, a ser posible.
—Pues me temo que eso no va a ser posible.
Helga y Angrboda lo miraron con asombro.
—Si es por el dinero, no te preocupes por eso… —Earl Ingstad sacó una bolsita llena de monedas y se la entregó al carpintero—. Y eso es solo la mitad de lo que tengo pensado pagarte. La otra parte será cuando termines el trabajo.
Floki abrió la bolsita y miró su contenido. No podía negar que era una suma bastante grande, mucho más que la que le daban por la cabaña que estaba construyendo.
—Lo siento, pero si quieres que haga ese portalón, va a tener que esperar.
—¿Pero por qué? —le instó Helga—. Ese dinero nos viene muy bien, Floki. Y lo sabes.
—Claro que lo sé, pero la casa del hijo del herrero está ya en marcha…
—¿Y no puedes compaginar ambos trabajos o pausarlo por unos días?
Floki emitió una aguda risa.
—Otras veces lo has hecho, Floki.
—Lo sé, mi amada Helga, pero no es lo mismo. La cabaña va a estar a unos pocos kilómetros, que puedo ir a pie, mientras que el portalón he de ir a caballo varios kilómetros. No puedo estar en ambos sitios a la vez. Me volvería loco.
—¿Más de lo que estás? —bromeó Angrboda, dándole un sorbo a su cerveza. Su padre se echó a reír.
—Yo creo que si se lo explicas al herrero, lo entendería…
—No va a entender nada porque no pienso hablar con él.
—¡Pero Lagertha es nuestra amiga!
—Y el herrero un cliente que ya me pagó. Y ya me gasté parte del dinero en los materiales, Helga.
—No discutáis por mí, por favor —intentó calmar el ambiente Lagertha—. Floki, no te preocupes. Ya buscaré a otro que lo haga.
—¿Seguro que no puedes esperar a que Floki termine con la casa? —preguntó esperanzada Helga.
—Me encantaría, pero no sé cuándo nos van a volver a atacar. De todos modos, volveré a contactar contigo para otros trabajos. No os preocupéis.
—Lo lamento mucho, Lagertha —se lamentó Helga.
—No te preocupes, tengo a varios hombres que estarían dispuestos a hacerlo sin problema.
—Si aceptas un consejo, Lagertha —comenzó a decir Floki—, no aceptes el trabajo de cualquiera.
—Pero no me queda de otra si no lo haces tú. El tiempo corre en mi contra. Tú eras mi mejor baza y no estás disponible.
—Lo sé, pero la mejor opción después de mí es Angrboda.
La joven casi se atraganta con su sopa al escuchar lo que su padre acababa de decir. Éste le miró sonriente, satisfecho por la sugerencia.
—¿Hablas en serio, padre?
—Completamente.
—Pero si todo lo que he hecho hasta ahora ha sido serrar y lijar y poco más. Nunca he creado nada de la nada.
—Pero estás mucho más preparada que cualquiera de esos hombres de los que habla Lagertha.
Angrboda miró a su madre, queriendo saber si ella estaba también de acuerdo.
—Si tu padre dice que eres la mejor es que es así.
—¿Y no te importa?
—¿Qué me va a importar? Estoy segura de que harás un gran trabajo, hija.
La chica pasó la mirada de sus padres a Lagertha, que se terminaba su cena en silencio.
—¿Y tú qué opinas, Lagertha?
—Confío en la palabra de tu padre. Si alguien tiene que ser su sucesor, quién mejor que su hija, ¿no?
Angrboda le sonrió y asintió con entusiasmo. Estaba más que entusiasmada con su nuevo proyecto. Y no pensaba defraudarles.
oOo
Estaba nerviosa. No podía dormir. Sería más de medianoche, pero le era imposible conciliar el sueño después de semejante propuesta.
Partirían al alba. Aún quedaban unas horas. Necesitaba calmarse.
Salió de su casa. Siempre que se desvelaba, le gustaba dar un paseo por la playa. El sonido de las olas chocándose en las rocas era música para sus oídos. Era tan gratificante que podría dormirse allí mismo, junto al mar, aunque éste le arrastrase.
Se descalzó y se desvistió. Decidió que tomaría un baño. El agua estaba tibia, como a ella le gustaba. La luna era creciente. Siempre que había luna creciente cosas buenas le pasaban. Y esta era una de ellas. Comenzó a nadar, sintiendo el agua rozar su cuerpo desnudo. Le tranquilizó bastante. Respiró hondo. Relajó el cuerpo y dejó que el mar la llevara a donde quisiera por unos segundos.
Tras unos minutos más, salió del agua. Al entrar de nuevo a casa, se encontró a su madre en la puerta. Había ido a por un poco de leña para avivar el fuego de la estufa.
—¿Tú tampoco podías dormir? —preguntó la chica.
—Te vi levantarte y pensé que luego tendrías frío al salir.
Helga tenía razón. Angrboda sintió un escalofrío y su madre le pasó una manta por encima. Ya conocía a su hija y sabía qué es lo que tenía que hacer en estas situaciones. Echó un trozo de tronco al fuego y se sentó junto a ella frente a él.
—Sé que lo harás bien, hija.
—No lo sé. Me preocupa no ser tan buena como Floki.
—Lo eres. Debes confiar en tu instinto. Te pareces demasiado a él como para no saber que hasta en esto os parecéis.
Angrboda se encogió de hombros. Miró fijamente el fuego, mientras crepitaba silenciosamente.
—Temo decepcionarlo. No le podría mirar a la cara si algo saliera mal.
—No debes temer por eso. No hay nada en este mundo que puedas hacer para decepcionarlo. Y si él dice que eres buena, es que lo eres.
La chica se quedó en silencio. No quería seguir pensando en ello. Lo mejor sería regresar a la cama e intentar dormir un poco.
O, al menos, lo intentaría.
oOo
—¡Pero es tu hacha, padre! —exclamó con sorpresa cuando Floki le entregó el mayor de sus tesoros—. Estás trabajando ahora mismo con ella.
—Lo sé, pero tú la necesitas más que yo.
—Yo ya tengo la mía, la que me regalaste de pequeña.
—Esa es más débil. Además, esta es más resistente y puedes manejarla mejor.
—Pesa más.
Mejor. Así sabes que no te va a defraudar.
Angrboda se echó a reír.
—Muchas gracias, padre.
Lo abrazó con tanta fuerza que creyó que podría partirlo en dos.
—¿Estás lista? —preguntó Lagertha, una vez que terminó de amarrar todo lo necesario al caballo.
La joven asintió. Miró a su madre, quien le dio un fuerte abrazo. Su padre se acercó, le dio la alforja que llevaba en las manos y besó a su hija en la frente.
—Ha en god tur, datter.
Ayudó a la chica a subir al caballo, justo detrás de Lagertha. Se agarró a su cintura y, con un chasquido de la lengua, el animal comenzó a caminar despacio.
Angrboda vio alejarse lentamente a sus padres. Era la primera vez que se separaba de ellos tanto tiempo. Pero le resultaba emocionante todo lo que le estaba pasando. Debía hacerlo por ellos. Por ella misma.
El estómago le dio un vuelco por los nervios. Tenía ganas de saber cómo terminaba esta pequeña aventura.
Y no había hecho más que empezar.
NDA: Ha en god tur, datter quiere decir que tengas un buen viaje, hija en noruego.
