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El sonido de algo duro, golpeando la carne dolorosamente, acompañado por el gruñido ocasional, se vuelve más y más fuerte a medida que Tanjiro se acerca a la habitación situada al final del largo pasillo.
Solo entrar la mirada de Tanjiro se ve inmediatamente atraída por las figuras encadenadas a lo largo de la habitación. Las muñecas ya magulladas de los humanos —con sangre que brota en cortes superficiales, se derrama por sus brazos en pequeños ríos— han sido atadas por cadenas que cuelgan del techo alto.
Las cadenas los mantienen en pie incluso cuando sus rodillas se doblan y ceden.
Los humanos están completamente desnudos; expuestos sin nada para protegerlos de cuchillos y bastones.
Sus hermanos se ríen, las copas se llenan con la sangre que escapa de los cuerpos expuestos como bocadillos exóticos.
Tanjiro odia las reuniones con sus hermanos, más allá de los festines, y el entretenimiento barato, no hay más que le ofrezcan. Sin embargo, sonríe y coge una de las innumerables copas esparcidas en las pequeñas mesas que abundan en la habitación.
—¡Oh, Gompachiro está aquí! —La voz potente se escucha por encima de los gemidos de dolor y miedo que predominan en el aire.
—Es Tanjiro. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo en esta década para que entre en tu cabeza, Inosuke? —Inquiere, la burla es suave y menos puntiaguda de lo que normalmente sería.
—Ni un milenio sería suficiente —contesta con diversión otra voz. Los ojos de Tanjiro buscan y sentado en un diván los ojos de Zenitsu brillan. Levanta una copa a rebosar de sangre en su dirección, mientras la sonrisa se amplía—. Bienvenido hermano. Han pasado cinco años desde que nos concediste el honor de tu presencia.
Tanjiro se encoge de hombros. Mientras un gritó de dolor y muerte retumba en las paredes y un montón de sangre salpica por todos lados.
—Digamos que estuve viajando —pronuncia mientras se limpia la única gota de sangre que la ha caído en la mejilla, se la lleva a la boca y el sabor es tan simple comparado con la dulce sangre del niño que había dejado en Kyoto, que se encuentra haciendo una mueca.
—¿Viajando? —La suave voz de su hermana, se eleva a sus espaldas. Sus brazos lo rodean y el perfume suave de lilas que emana es un suave recordatorio de los primeros años de su existencia, de ellos dos luchando por sobrevivir, alimentándose de la carroña—. ¿Y no pensaste llevarme contigo?
Sus ojos brillan con inocencia y su boca forma un adorable mohín. Su hermana es la combinación perfecta de belleza y dulzura. Rasgos delicados envueltos en porcelana, sin embargo, debajo de eso, de la cubierta dulce e ingenua que proyecta, la sed de sangre se esconde lista y dispuesta a consumir el mundo si se deja.
—Te habrías aburrido, hermana. Lo tuyo nunca ha sido observar —pronuncia con una suave sonrisa, además, si Nezuko hubiera estado con él todas esas primaveras atrás cuando conoció a Giyuu por primera vez, estaba seguro que la muerte hubiera encontrado a su dulce niño antes de que la temari diera su primer giro en el aire.
La nariz de Nezuko se frunce. Mientras finalmente se aleja y coge asiento junto a Zenitsu, sus dedos no tardaron en unirse. Había algo adorable y dulce en la manera en que ellos dos gravitaban, a veces, Inosuke se les unía. Y Tanjiro se sentía particularmente celoso en los años anteriores porque si bien Nezuko era su hermana de sangre, y Zenitsu e Inosuke sus mejores amigos, le había faltado una conexión como la suya.
—Nunca voy a entender tu deseo de observar a tus presas —pronunció Nezuko, Inosuke se había acercado a ellos con una copa extra para Nezuko—. Al final, lo único que importa es la sangre que nos da vida y...
—Y así nuestra existencia se vuelve taaan aburrida... —Completó con una sonrisa. Nezuko frunció el ceño ante su interrupción, pero no hizo comentarios al respecto.
Ella y Tanjiro podían haber venido de la misma madre, un milagro en muchos sentidos porque regularmente la progenitora moría cuando daba a luz a un inmortal, pero eran completamente distintos.
Finalmente, Tanjiro llena su copa con la sangre del humano más cercano. Es insulsa y el miedo solo ha causado que su sabor sea más amargo, sin embargo, está tibia y le calma el estómago.
—Entonces, ¿de que me perdí? —Inquiere después de un silencio particularmente incómodo. Las manos de Zenitsu se había colado en la parte frontal del Kimono de su hermana, el olor de la excitación se espesa en el aire y aunque los vampiros no guardan los mismos códigos morales de los humanos, la incomodidad envuelve a Tanjiro.
—Nada particularmente interesante —murmura Inosuke, sus ojos resplandecen con cierta diversión. Siempre le ha parecido divertido la manera en que Tanjiro reacciona cuando el sexo comienza a ser parte de la diversión. Coge una de las manos de Nezuko. Sus muñecas son delicadas, a Inosuke le gustan, en sus bocadillos siempre se asegura de comenzar por morder las muñecas. Sin mucho preámbulo, entierra sus dientes en la muñeca de Nezuko.
Nezuko suelta un gemido particularmente fuerte y la Tanjiro desvía la mirada.
Compartir sangre es un acto íntimo, aún más que el sexo. Inosuke se aleja, se lame los restos de la sangre y mira a Tanjiro.
—Solo tal vez... esa nueva facción pro humanos que Yorīchi ha fundado, Muzan está furioso —su hermana pronuncia, su voz es ronca y el rojo brillante que enciende sus pupilas de los vampiros cuando están bebiendo sangre, la hacen ver aún más hermosa. Su kimono resbala de sus hombros, Nezuko inclina la cabeza y Zenitsu lame con avidez una franja en su cuello, la respiración de Nezuko se vuelve más superficial—. E-eso... aah... mantenido las cosas entretenidas.
Tanjiro asiente, sin embargo, su interés se ha perdido. Inosuke, Zenitsu y Nezuko no son los únicos que han iniciado un encuentro sexual. No es infrecuente que las reuniones terminen en orgias, no cuando la sangre abunda.
Y aunque suena de lo más interesante saber en qué nueva discusión se han metido los originales, Tanjiro ha tenido suficiente.
Deja su copa sin terminar en una mesa adyacente y sin despedirse, se marcha. No es como si a alguien le importará su rápida despedida, además, Tanjiro se encuentra anhelando un tipo de bocadillo más dulce y enteramente suyo.
Tanjiro se va, pero la muerte lo persigue y no siquiera se ha dado cuenta.
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Cuando Tanjiro se ausenta la vida de Giyuu se vuelve más aburrida y decadente.
Los días transcurren lentos.
Giyuu se pregunta si es así como se siente el amor.
Si es sentir que tu existencia es una vacío perpetuo cuando tú persona preciosa no está ahí, si es sentir que una parte de ti falta, que los días se ven grises y el mundo parece carecer de importancia.
Giyuu no lo sabe y tampoco lo entiende.
Cómo heredero de la familia Tomioka, su padre le inculcó desde que prácticamente tenía uso de razón la importancia de los lazos políticos y económicos. Lo importante que es proteger el prestigio de la familia. Lo poco que importa el amor cuando no hay una ganancia más substancial. El matrimonio de sus padres había sido arreglado, y aunque Giyuu recuerda la manera suave en que su padre miraba a su madre, la manera cálida en que su madre siempre sonreía cuando su padre estaba cerca, no está completamente seguro que el amor formará parte del matrimonio. Luego su madre había muerto y aunque su padre no había vuelto a casarse, Giyuu era consciente de las amantes que solían calentar su cama.
Luego había venido el matrimonio de su hermana. Un matrimonio completamente político. Sin embargo, su hermana solía sonrojarse cuando las reuniones con su prometido eran dispuestas. Sus expresiones se volvían aún más dulces y su prometido solía tartamudear cuando le hacía llegar algún cumplido.
Pero, ¿eso era amor?
Hay días, cuando mira a Tanjiro y su pecho se contrae. La necesidad de tocarlo y besarlo lo consume y cuando finalmente sus labios se tocan, siente que el corazón va a fallarle, que se le saldrá por la boca y se posará sin remedio en las manos de Tanjiro.
Hay días en los que sus sentimientos le pesan en el corazón, las venas y la sangre, guardados en un secreto que se muere por compartir.
Pero, ¿eso es amor?
El río sigue su cause, las hojas de los árboles se agitan y caen. Tanjiro se ha ido por más de una semana y el mundo parece volverse gris en los bordes.
—¿Por qué tan serio cariño? —La voz de Tanjiro es suave, una brisa arrastrada por el viento.
El pecho de Giyuu se contrae por la emoción y el anhelo y cuando gira, ahí está; Tanjiro a unos pasos, su cabello burdeos resplandece y sus ojos brillan de una manera antinatural, sin embargo, la sonrisa suave sobre sus labios, esta llena de dulzura.
Giyuu no pierde el tiempo, camina los pocos pasos que los separan y se funde en los brazos abiertos que lo esperan.
—Te extrañe —confiesa en un murmullo, sus mejillas se han puesto rojas y la suave risa de Tanjiro vibra a través de todo su cuerpo y se instala en su corazón.
El abrazo de Tanjiro se vuelve ligeramente más apretado.
El olor dulce de la sangre de Giyuu envuelve sus sentidos, sin embargo, la forma en que Giyuu lo acepta, abrazándolo, los labios presionando contra su cuello, manteniéndolo cerca; la comodidad que ofrecen sus brazos y el cariño sin adulterar de sus acciones, tiene una chispa encendida en el corazón de Tanjiro ansiosa por más muestras de afecto. Y es peligroso.
Tomioka Giyuu es un dulce bocadillo con el que a Tanjiro le gusta jugar. Y los sentimientos que puede o no tener son una debilidad y sin embargo...
Cuando su risa se apaga, Giyuu se aleja lo suficiente para verlo a los ojos y cuando Tanjiro se inclina y sus labios se encuentran en el anhelado beso que ambos han estado esperando, Giyuu deja de preguntarse y la sangre para Tanjiro deja de importar.
Pero, ¿eso es amor?
... Hay días en los que Giyuu se pregunta y en los que Tanjiro responde con besos suaves sin saberlo.
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Continuará...
