-Encuentro que es tonto que hablemos por aquí- dijo el hombre desde el otro lado de la llamada- nos vimos hace unas dos horas.

-Eso no importa, Tony- dijo Steve mirando fijamente la pantalla- tenía ganas de verte.

-Steve, nos vimos hace dos horas- replicó Tony otra vez- además, ¿no deberías estar trabajando?

-Debería, pero mis compañeros están en una conferencia en estos momentos-dijo mirando hacia todos lados- tengo la oficina para mí solo.

-Podrías adelantar trabajo ¿sabes?

-Tengo todo el tiempo del mundo para hacerlo- dijo estirándose sobre la incómoda silla con ruedas- por otro lado, estoy seguro que te salve del aburrimiento. Siempre te quejas de que odias estar encerrado en el departamento.

-Yo nunca digo eso.

-Ayer no más te quejaste.

-Está bien, lo admito- dijo Tony desde el otro lado de la pantalla- es triste sentirse un poco solo.

La sonrisa de Steve desapareció al ver la mueca infeliz de su esposo. Entonces habló:

-Tú sabes que me encantaría poder acompañarte en todo momento.

-Lo sé. Hoy tuve que sacarte de patadas del departamento- agregó su esposo riéndose ante el recuerdo de hoy en la mañana. Steve se alivió un poco al ver esa sonrisa- no tienes por qué preocuparte, sabes que ando sensible estos días. Tiendo a exagerar.

-¿Estás seguro?

-Por supuesto que sí- dijo el castaño intentando calmar a su esposo con una sonrisa- ¿sabes? Hoy Peter no ha pateado mucho.

-Debe ser porque ese está quedando sin espacio.

-Quiero que se mueva.

-Hace unos días te quejabas de que no podías dormir de lo tanto que te pateaba.

-Si pero ahora estoy despierto. No sé porque pero me siento algo ansioso.

-¿Ansioso?

-Sí, ya quiero que esté con nosotros.

-Falta poco amor, cuando menos te des cuenta ya estará llorando por toda la casa.

Tony lo miró con emoción en sus ojos. Entonces decidió que ya era suficiente.

-Creo que debo colgar. Tengo ganas de ir al baño.

-Pero te puedo esperar.

-Steve debes trabajar. En un rato llamaré a Natasha para que me haga compañía. No estaré solo.

-¿Seguro?

-Por supuesto que sí, anda será mejor que cuelgues.

-Puedes llamarme para cualquier cosa ¿sí? Si tienes algún tipo de malestar, cualquier cosa.

-Sí, cariño- dijo Tony levantándose de la cama. Steve pudo apreciar la voluptuosa barriga que cargaba el castaño

- Oye- dijo Steve ganándose su atención- te amo.

El castaño regresó a la pantalla y lo miró con dulzura.

-yo también te amo, Steve.

. . .

Condujo lo más rápido que el auto le permitió. La llamada llegó de manera inesperada mientras se encontraba trabajando. Ni siquiera habían pasado dos horas desde que la última vez que habían hablado y ahora Tony se encontraba en labor de parto. ¿Por qué no se quedó en casa? Pudo haberlo hecho. Por alguna razón hoy había amanecido con una corazonada. No sabía de qué se podía tratar pero debió ser más atento a las contracciones que había tenido Tony los últimos días. Bruce le había comentado que era completamente normal que sintiera contracciones en los últimos dos meses. Sin embargo, debió ser más precavido, más atento con su esposo. Lo peor de todo es que su jefe no lo dejó salir al instante. El maldito lo mandó a hacer unas últimas tareas antes de que este se marchara al hospital.

Steve frenó con frustración al ver otro semáforo en rojo. Al parecer el destino no quería que llegara a tiempo a acompañar a su esposo. Pobrecito Tony, pensó Steve con algo de culpa. Lo más seguro es que tuviera miedo o nervios. Necesitaba de su apoyo y él estaba de lo más cómodo esperando a que el semáforo cambiara a luz verde.

En cuanto llegó al hospital, las enfermeras no parecían ayudarlo. Para su mala suerte, muchas lo ignoraron por completo. Nervioso se acercó a otra que se encontraba apoyada en el mesón central, ella se asustó ante lo preocupado que se encontraba el rubio.

-Mi esposo, necesito ver a mi esposo.

-Está bien- dijo la mujer intentando entender al hombre- ¿Cómo se llama su esposo?

-Anthony Rogers Stark –dijo el hombre controlando un poco su respiración- recibí una llamada de ustedes diciendo que estaba en labor de parto. ¿Dónde está? Necesito verlo.

-Déjeme buscarlo en el registro- dijo la mujer alejándose de él- esto me tomará unos cuantos segundos.

Steve la siguió hacia la recepción y esperó a que la mujer buscara a su esposo en la computadora. Los dedos de Steve golpeaban ligeramente el mesón esperando a que la mujer se dignara a dar una respuesta. Hasta que finalmente la escuchó.

-Aquí está, Anthony Stark. Se encuentra instalado en la sala 129.

El rubio agradeció por la información y se dirigió rápidamente hacia donde la mujer le había indicado. Corrió velozmente topándose con muchas personas en su camino. Se sintió un poco desorientado, ya que, no conocía el lugar completamente. En eso una voz lo llamó.

-Steve.

El nombrado se giró de inmediato, esa voz le era fácil de reconocer.

-Bruce- dijo corriendo hacia donde se encontraba el doctor.

-Felicidades por ser padre.

-¿Cómo? ¿Ya nació?- preguntó Steve parando en seco.

-Así es- dijo el hombre con una sonrisa algo cansada- es un niño fuerte y sano.

-¿Y dónde está? ¿Dónde está Tony? llévame con él.

-Ahora mismo tu bebé se encuentra con las enfermeras. Tienen que hacerles algunas revisiones.

-¿Algo le pasó? ¿Nació enfermo?

-No, Steve. Tranquilízate- dijo el hombre con lentes sujetándolo por los hombros- solo es rutina. Ya te dije, tu bebé nació sano. Ven te llevaré a ver a Tony.

Bruce lo guió por el pasillo de maternidad. Steve se sentía ansioso pero a la vez aliviado. El escuchar desde la propia boca del doctor de que ambos se encontraban en perfectas condiciones lo hacía sentir más calmado.

Los ojos azules de Steve miraban cada una de las puertas, poniendo especial atención en cada uno de los números señalados. Luego sus piernas comenzaron a correr por si solas. Ya estaba cerca, Tony se encontraba a unas cuantas puertas más allá.

Viéndose olvidado, el médico lo dejó marchar, era más que obvio que el rubio no lo esperaría sabiendo que se encontraba tan cerca del castaño. Sonrió y se devolvió por donde vino. Mientras tanto, el rubio siguió corriendo hasta que llegó a la dichosa habitación. Titubeó por unos segundos al momento de tomar la manilla de la puerta. Luego, sin querer esperar más, entró.

Las ventanas dejaban pasar bastante bien la luz del sol. La habitación era pulcra y blanca. Sobre la cama se encontraba Tony durmiendo plácidamente en ella. Lucía cansado, su cabello era un manojo de mechones revueltos por aquí y por allá. Su rostro estaba ligeramente sudado y las ojeras se marcaban notoriamente sobre su piel bronceada. Estaba exhausto, pero aun así, Steve lo observó como si fuera lo más hermoso del mundo.

Con cuidado, se acercó a la camilla y tomó la silla que se encontraba al lado donde dormía el reciente padre. Se sentó, y con cariño, tomó una de las manos del hombre durmiente. La acarició con vehemencia. Los párpados de Tony poco a poco comenzaron a abrirse y para dicha suya se encontró con los azules ojos de su esposo. En cuanto ambas miradas se encontraron, el castaño sonrió.

-Felicidades-dijo Tony con la voz cansada- hoy por fin eres padre, Steve.

-Cariño- dijo Steve tomando con más fuerza la mano de su esposo, la guió a sus labios y la besó con amor- ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?

-Me siento muy adolorido- dijo Tony tratando de sentarse sobre la cama. Sin embargo, se detuvo cuando sintió los fuertes brazos del rubio sujetar su cintura y alzarlo, de modo que lograra hacerlo sin mayor esfuerzo- gracias, Steve.

-No quiero que te sobreesfuerces- dijo Steve tomando nuevamente asiento- tienes que recobrar fuerzas.

-Puedo estar muy cansado- dijo Tony mirándolo con ojos brillosos- pero estoy muy pero muy feliz. ¿Lo viste Steve? es un niño precioso. Y no lo digo porque sea nuestro hijo, y por el hecho de que yo soy el hombre más guapo de la tierra, pero nuestro hijo es el bebé más bonito que he visto.

-No lo he visto todavía.

-Cuando lo veas comprenderás lo que digo. Estuvo unos minutos en mis brazos.

Steve oía como Tony no parecía parar de hablar de su querido hijo. El hombre estaba maravillado con la llegada de Peter. Nunca lo había visto así de feliz.

La cálida de atmósfera de los padres primerizos fue interrumpida por el ingreso de Bruce a la habitación. Sin embargo, no venía solo. En sus brazos portaba lo más valioso que tenía la pareja. Tony sonrió aún más cuando vio a Peter con sus ropitas que le había regalado Pepper.

-Alguien quiere pasar más tiempo con sus papás- dijo Bruce.

Tony alzó sus brazos para sostener al pequeño bulto que traía el doctor. En cuanto lo tuvo entre los suyos, el castaño destapó un poco su rostro de la suave manta que lo protegía. Steve se acercó a él y pudo ver por primera vez a su hijo. En cuanto lo hizo, sintió como sus ojos parecían arder y su garganta apretarse. Tony tenía razón, Peter era él bebe más lindo del mundo.

-¿Quieres conocer a Papá Steve, Peter?-preguntó Tony al recién nacido.

Tony miró a su esposo quien contenía la emoción. Luego alzó a su hijo para que el rubio lo sostuviera. Steve rápidamente se puso nervioso.

-Yo no sé cómo tomarlo- replicó el rubio. Sus manos no paraban de tiritar de la emoción y los nervios.

Tony rió levemente, su esposo, quien era una persona prácticamente impenetrable emocionalmente, parecía un manojo de nervios en ese preciso momento.

-Pues este es el momento para aprender, Steve- dijo Tony esperando que el rubio acomodará sus brazos para albergar al infante- pon tus brazos como los míos.

Steve observó y copió. Entonces poco a poco sintió como el castaño le hacía entrega de Peter. Sintió pánico al entender que tenía a un ser tan frágil en sus brazos, pero el miedo se le esfumó cuando vio de más cerca a su bebé. Peter era pequeño y liviano. El tacto de su cuerpecito era cálido y suave. Los ojos azules del rubio no se despegaron de su rostro., apreciando cada facción del pequeño.

-Hola pequeño Peter- dijo Steve susurrándole- soy tu papá Steve.

Por obvias razones el bebé no respondió. Entonces Steve continúo:

-Yo y tu padre Tony estamos muy felices con tu llegada- dijo emocionado. Tony pudo percatarse de cómo la voz del rubio parecía quebrarse con cada palabra- hemos esperado este momento por mucho tiempo, amor.

El castaño miraba enamorado a su esposo. Definitivamente Steve será un buen padre, pensó para sus adentros. Mientras que él, haría todo lo posible para también serlo.

En eso, Steve interrumpió sus pensamientos.

-Es rubio- dijo Steve acariciando la regordeta mejilla de Peter- como yo.

-Así es- dijo Tony mirando con ternura como su esposo sostenía a su hijo- sacó tus genes.

-Ojala saque tus ojos.

-Ojala que no. Entre tus ojos y los míos, los tuyos son más bonitos, Steve.

-A mí me gustan tus ojos, amor.

-Es porque me amas mucho.

Steve despegó la mirada de su bebé y posó sus ojos azules en Tony. Se levantó de la silla y se sentó en el borde de la cama del otro. Estaba cerca del castaño, pero lo suficiente para no incomodarlo. Se pasó mucho rato mirándolo, tanto, que Tony comenzó a ponerse nervioso.

-¿Qué pasa?- preguntó Tony desviando su mirada del rostro de su esposo- ¿tengo algo en la cara?

-Te amo, Tony- dijo acercándose a su marido- no sabes cuánto te amo en este momento.

Steve posó sus labios en la mejilla del castaño, causando un leve sonrojo por parte de este. Tony tomó la iniciativa y junto sus labios con los de Steve. Él también lo amaba mucho y Peter era la gran prueba de ello.

. . .

Una vez que estuvo enfrente de lo que alguna vez llamó hogar, Steve estacionó el auto. A su lado, Tony yacía dormido. Chasqueó la boca, no le gustaba despertar al castaño cuando se encontraba profundamente dormido. Esperó unos minutos a que este se despertara por sí solo, aun así, este no lo hizo. Finalmente intentó de otra forma.

-Tony-dijo Steve sacudiendo su hombro con suavidad-ya llegamos.

Tony despertó poco a poco, un tanto confundido acerca de donde se encontraba, sus ojos se pasearon por el interior del auto. Y luego vio a Steve.

-¿Dónde estamos?

-En tu casa.

. . .

El camión de la mudanza venía detrás de ellos. Steve iba conduciendo mientras Tony iba en los asientos de atrás junto con Peter.

-¿Está durmiendo? –preguntó Steve viendo a Tony desde el espejo retrovisor

-Se durmió durante el camino- dijo Tony mientras le limpiaba el rastro de saliva que bajaba de la boca del infante- estará emocionado cuando lleguemos a la nueva casa.

Tony se abrazó al asiento del piloto, apoyando su mentón en el hombro del rubio. Steve tomó una de sus manos y la besó.

-Yo también estoy emocionado- dijo Steve sin despegar la vista del camino- por fin tenemos una casa propia. Podremos estar tranquilos ahora.

-En el departamento también estábamos tranquilos- añadió Tony.

-Lo sé pero no había espacio, Peter está creciendo y necesita más espacio para jugar. El departamento se nos estaba haciendo pequeño, Tony.

-Es cierto. Pero a pesar de que era pequeño, pasamos buenos momentos ahí. Nuestros primeros aniversarios, los cuatro cumpleaños de Peter, nuestras peleas también.

Steve río al evocar esos recuerdos. Si bien los dos han tenido una gran cantidad de peleas, también luego de ellas venían las reconciliaciones. Como en toda pareja casada, había tenido altos y bajos pero siempre se las empeñaban en salir adelante. Ambos se amaban con devoción.

-Fue nuestro primer hogar- añadió Steve.

Una sonrisa se formó en los labios de ambos cuando ante sus ojos apareció la casa que con tanto empeño compraron. Cuando eran jóvenes y llevaban unos cuantos años de noviazgo, soñaban con su futura casa. Tenía que ser blanca con el techo de color gris. Steve pedía que tuviera dos jardines, uno trasero y uno delantero. Por otro lado, Tony siempre quiso que su habitación tuviera un balcón y un habitación extra para instalar un estudio.

Juntaron el dinero necesario para hacerlo. Sin embargo fue difícil, en un principio cuando se casaron, Steve y Tony tenían sus respectivos empleos. Steve trabajaba como abogado mientras que Tony era un investigador. Los primeros años, entre los dos, pudieron recaudar gran cantidad de dinero ahorrado, pero una vez que llegó el pequeño Peter las cosas cambiaron. Tony abandonó su empleo para poder ser un padre de tiempo completo para el pequeño. Así fue como Steve se convirtió en el principal sustento de la pequeña familia. Y no se quejaba, su sueldo servía para mantenerlos sin problemas a los tres. No con muchos lujos pero sí con lo justo y necesario. Sin embargo, según Steve, Tony había hecho un gran sacrificio al abandonar su empleo para cuidar de Peter. El rubio sabía cuánto su esposo amaba su trabajo. Era un hombre apasionado con lo que hacía, pero a pesar de ello, prefirió ser un padre presente para su hijo, repitiendo una y otra vez que no quería cometer los mismos pasos que su padre.

Ahora, los ojos de ambos brillaban al admirar la bella casa que se encontraba en frente. Steve se bajó del auto y sacó a Peter de la silla para poder llevarlo en brazos.

-Sí que está pesando este pequeñín- dijo el rubio mientras tomaba al pequeño entre sus brazos- cariño ¿podrías abrir la puerta?

Tony asintió y tomando las llaves de su nuevo hogar se dispuso a entrar. El living era grande y espacioso, el castaño ya estaba reubicando mentalmente todos los muebles en el lugar. En eso, Steve pudo sentir como Peter comenzaba a moverse. Despertó sobándose los ojos por el cansancio. El rubio no pudo evitar sonreír enternecido.

-Hola Peter, ¿dormiste bien?

El pequeño de ojos azules asintió con la cabeza, y empezó a observar hacia todos lados. Entonces preguntó:

-¿Dónde estamos?

-Es nuestra nueva casa, campeón- dijo Tony acercándose a su hijo.

-¿Nueva casa?

-Así es ¿quieres que te muestre el jardín trasero?- preguntó el castaño quitándose su hijo a Steve- tiene una piscina gigante.

-¿Una piscina? –preguntó emocionado Peter.

-Si, pero solo la usarás cuando estemos yo o papá ¿sí?

El pequeño rubio asintió y siguió a su papá Tony. Steve se les quedó mirando apoyado en el marco de la puerta.

. . .

Era fin de semana, y Natasha junto con Bruce decidieron hacerle una visita a la familia Rogers-Stark. Hacía bastante tiempo que no veían al pequeño Peter y además, les servía para conocer la nueva casa de la familia.

Steve fue quien los recibió, y fue sorprendido con una canasta repleta de frutas.

-¡Felicidades por su nueva casa!-dijo Bruce ofreciéndole la canasta.

-Pero si nos mudamos hace como tres meses.

-Aun así ni siquiera nos invitaste- resoplo Natasha con el ceño fruncido- vámonos Bruce, Steve no nos quiere aquí.

-No me malinterpretes, Nat- dijo Steve ante el fingido comentario ofendido de la pelirroja- vamos adelante.

La pareja ingresó al hogar, Steve se las dio de anfitrión y les dio un recorrido por todo el lugar.

-Es bastante bonita, Steve- comentó Natasha- apuesto a que Tony fue quien se encargó de la decoración.

-Apostaste bien.

-Y hablando de Tony, ¿Dónde está?

-Acompañó a Pepper a hacer alguna diligencia. Solo estamos yo y Peter.

-Así que te tocó cuidar de Peter ¿no? ¿No es algo muy difícil para ti?-preguntó Bruce.

-Por supuesto que no, Peter se porta bastante bien.

-¿Dónde está? Tengo ganas de apretar esos cachetitos- dijo Natasha

-Está en el segundo piso, síganme- dijo el rubio guiándolo hacia las escaleras- ¡Peter! Tus tíos quieren saludarte

El nombrado no respondió, pero Steve podía ver la cabellera desordenada de su hijo. Sin embargo, en cuanto vio lo que estaba haciendo, rápidamente la sonrisa se fugó de su rostro. El pequeño Peter se encontraba felizmente rayando la pared de color beich con crayones de todos los colores. Steve rápidamente lo tomó y se los quitó de las manos.

-Peter no- dijo el rubio alzando la voz- ya hablamos acerca de rayar las paredes. ¿Por qué volviste hacerlo?

El pequeño no respondió, en vez de eso, sus grandes ojos azules comenzaron a cristalizarse hasta que se formaron incontrolables lágrimas que descendieron por sus regordetas mejillas. Steve se alarmó, sintiéndose culpable por gritarle a su niñito.

-No campeón, no llores.

-Pero que malo eres Steve- contestó Natasha divirtiéndose ante la situación- no debes gritarle al pequeño Peter.

-Nat, no ayudas- dijo Bruce con una sonrisa nerviosa.

-Perdóname si –dijo Steve acercando su rostro con el de su hijo- pero ya sabes lo que opino acerca de las paredes. El otro día te di un cuaderno para que hicieras todos los dibujos que quieras.

El niño no dijo nada, solo atinó a hacer un puchero que a Steve junto con Natasha y Bruce les pareció enternecedor.

-¿Por qué no me muestras ese cuaderno, Peter? –preguntó Bruce intentando distraer al rubio de la reprimenda que le había dado Steve- puedo enseñarte a dibujar un león.

Rápidamente Peter se bajó de los fuertes brazos de su padre y tomó la mano que le ofrecía Bruce. Emocionado fue guiado por el menor hacia su habitación.

-Puedo ver que Tony es quien mantiene el control en este hogar- dijo Natasha mientras veía la creación del pequeño rubio.

-Tony pasa más tiempo con él. De hecho le hace más caso a él que a mí.

-Peter parece quererlos a los dos por igual- dijo la pelirroja señalando el dibujo- los dibujo ambos del mismo tamaño.

Steve observó el intento de dibujo de Peter. Más que nada eran corazones, flores y círculos por doquier, pero se podían distinguir a la perfección tres figuras que se encontraban en medio de todos los garabatos. Pudo detectar una figura que parecía ser Tony, ya que, tenía el pelo color café y unos lentes cuadrados. Mientras que al otro lado, se encontraba Steve con su característico maletín de color marrón y su corbata roja. Y al medio estaba Peter, quien era más pequeño que los otros dos y estaba tomado de las manos de sus padres. Los tres parecían felices. Y eso emocionó a Steve.

-Es bonito- dijo Steve.

-Es bonito y todo lo que quieras, pero estoy segura que Tony te matará por esto.

Steve frunció los labios con molestia. Aun recordaba como Tony les daba órdenes a los pintores acerca de todos los detalles que habían faltado en la casa. Steve pensaba que no eran para tanto, pero para Tony era algo que no podía ocurrir. Según él todo tenía que ser perfecto. Y obviamente lo que había hecho Peter no era perfecto. Para Steve lo era pero para su esposo de seguro que no lo sería.

-¿Y qué se supone qué es eso?

Los adultos se agacharon para observar la mancha café que se encontraba al lado de la familia. Era algo ovalado, café y que tenía cuatro líneas que asumieron que eran patas.

-Lo más seguro es que sea un perro-dijo Steve intentando indagar sobre el garabato.

-Un perro ¿eh? ¿Peter tiene amigos en el jardín?

-Mmmm… no lo sé, Nat- dijo Steve levantándose- además, ¿no crees que es muy pequeño para eso?

-No lo creo- dijo Natasha cruzándose de brazos- a lo mejor se siente algo solo. ¿Han pensado tú y Tony en tener más bebés? Puede que un hermano o hermana le haga falta.

-Nat…-dijo Steve un tanto incómodo con el comentario de la pelirroja- ¿Bruce no te contó nada?

-¿Contarme qué?

-Lo que pasa es que-dijo mirando hacia todos lados, corroborando que su hijo no estuviera cerca- el embarazo de Peter fue algo complicado. De hecho, para mí fue una sorpresa que Tony haya quedado embarazado, según él, era poco probable que lo hiciera. Luego, de que nació, Bruce nos confirmó que sería muy riesgoso que Tony pasara por otro embarazo.

-Steve, yo no lo sabía- dijo Natasha un poco arrepentida de la pregunta poco oportuna.

-No te preocupes, no tenías por qué saberlo, Nat- dijo Steve tocándose el cuello con incomodidad- solo te pido que no hables del tema con Tony, aunque no lo creas es sensible a este tema.

-Por supuesto. Ahora entiendo porque Tony es tan atento respecto a Peter.

-Yo creo que es como cualquier padre normal.

La conversación fue interrumpida por completo al escuchar el sonido de la puerta principal siendo abierta junto con la voz conocida de Tony.

-Familia, ya llegué- dijo a todo pulmón.

-Maldición –dijo Steve mirando el desastre que había hecho Peter- ¡el dibujo! ¿Qué hago?

-Tranquilo, Steve. No es para tanto. Ni siquiera lo notará.

-¿Tú crees?

-¿Steve, estás arriba?-preguntó Tony subiendo las escaleras – Espero que no te moleste pero Pepper está aquí.

-Aquí estoy cariño- dijo Steve.

Nat observó como el rubio se posó en la pared de modo que el castaño no viera el dibujo. En cuanto llegó al segundo piso, Tony se dirigió a la pelirroja.

-¡Nat! Pero que sorpresa tenerte aquí- dijo el castaño saludándola con un beso en la mejilla.

-Vine a visitar tu casa – dijo el mujer sonriendo maliciosamente mientras veía como Steve seguía pegado a la pared- Virginia, hace tantas lunas que no te veía.

-Que gusto verte Natasha- dijo la rubia saludando- Hola, Steve perdona si vengo a interrumpir.

-No te preocupes Pepper, siéntete como en tu casa.

-¿Viniste con Bruce?-preguntó Virginia.

-Por supuesto, está en la habitación de Peter.

-Voy a saludarlo.

-Te sigo- dijo Nat acompañando a la rubia.

El par de hombres observaron cómo las mujeres se retiraron del pasillo hacia la puerta más cercana. De pronto, Steve sintió como la mano de Tony fue posada en su hombro, entonces lo escuchó:

-Nunca habíamos tenido tanta gente en esta casa- dijo el hombre un tanto feliz- podríamos hacer una barbacoa ¿no te parece, Steve?

-Creo que es una buena idea, amor- dijo el rubio tomándolo de la cintura-vayamos en la cocina.

-Espera, quiero saludar primero a Peter.

Por un momento Steve creyó que Tony no se percataría del dibujo. Sin embargo, el rubio dio un paso en falso mostrando un pequeño rincón que el castaño pudo detectar inmediato. Steve se percató en que su esposo se había quedado estático mirando un punto fijo. Maldición, pensó para sus adentros.

-¿Y eso?- preguntó Tony intentando mover al rubio, el cual no cedía- Steve, muévete.

-Solo prométeme que no te enojaras- dijo el rubio plantado en ese lugar- no lo hizo con intención.

Con toda su fuerza, Tony logró mover el cuerpo de su esposo y observó del dibujo incrustado en la pared. Steve tragó seco, el castaño no emitía ninguna sola palabra. Solo se quedó mirando el bendito dibujo.

-¿Lo hizo Peter?

-Si. Por favor, cariño. No lo regañes, yo ya lo hice.

-¿Por qué habría de regañarlo?- preguntó Tony confundido- es perfecto. Mira estamos los tres ahí ¿no te parece asombroso que Peter lo dibujara?

Steve se quedó con las palabras en la boca ante la reacción de su esposo. Nat lo miraba desde el marco de la puerta, incluso pudo escuchar como esta se burlaba de él. Steve suspiró cansado ante el supuesto escenario que había imaginado.

. . .

-¿Has pensado en lo que podríamos regalarle a Peter para su cumpleaños?

Tony y Steve estaban preparándose para ir a dormir. El ex-investigador ya se encontraba listo para ir a recostarse, mientras que Steve se quitaba la camisa blanca que llevaba puesta.

-La verdad es que no lo he pensado.

El castaño se apoyó en su almohada mientras observaba a Steve desvestirse, sin ánimos de lujuria ni nada por el estilo, solo lo observaba. Apoyó sus dedos en su mentón y dijo:

-A veces siento que esta casa es muy grande.

-¿Acaso no te gusta? –preguntó Steve preocupado.

El rubio se sentó a su lado y tomó gentilmente su mano.

-La amo, Steve-dijo Tony apretando la mano de su esposo- es la casa que siempre anhele tener contigo. Pero cuando tú no estás y estamos solo yo y Peter se siente tan grande.

-¿Crees que Peter se sienta solo?

-No lo creo pero hay veces en que sí.

Por un momento, Steve pudo apreciar como Tony se mantuvo de manera ausente en los últimos tres minutos. Luego vio como este sacudió su cabeza regresando.

-No hagas caso a lo que digo ¿sí? –Dijo acomodándose para ir a dormir- a veces me pongo un poco melodramático.

Steve lo abrazó por detrás y apagó la lámpara de noche. Tony se giró para apoyarse en el pecho de su esposo. Estar en esa posición lo hacía sentir con una sensación de calma.

-Buenas noches, Steve- dijo Tony besando con gentileza los labios del rubio.

-Buenas noches, cariño.

Steve se quedó pensativo en la oscuridad, acariciando suavemente la espalda del investigador por debajo de la camisa de dormir. Entonces dijo:

-Creo que ya sé que podemos darle a Peter de cumpleaños.

Tony irguió la cabeza y miró atento.

-Pero primero necesito tu aprobación.

. . .

El abogado podía escuchar los pasos de los niños corriendo por aquí y por allá. La casa estaba cubierta por globos de todos los colores y formas. El pequeño Peter estaba emocionado porque hoy cumplía cinco años. Y se emocionó aún más cuando vio cuan bonita estaba la casa decorada. La noche anterior, mientras el pequeño cumpleañero dormía, Steve junto con Bruce y Natasha decoraron la casa para la fiesta de cumpleaños. Por otro lado, Tony y Pepper prepararon el pastel. Al pequeño Peter le encantaba el chocolate, así que pastel fue de ese sabor.

Los corazones de Steve y Tony latieron dichosos cuando su hijo despertó feliz de ver su casa completamente transformada para la gran fiesta.

-¿Qué haces mirando la ventana? –preguntó Tony antes de que los niños llegaran.

Steve miraba entre ansioso y preocupado las calles de afuera de su hogar. Se volteo y se aseguró de que Peter no se encontrara cerca. Entonces preguntó:

-¿No te da miedo que ningún niño vaya a llegar?

Tony se le quedó mirando sin entender a lo que iba. Steve suspiró e intentó ser más específico.

-Mi cumpleaños es en julio, Tony- cosa que el castaño ya sabía- siempre fueron en temporadas de lluvias. Mi madre se las empeñaba siempre para que no faltara nada pero no todos los niños llegaban. Me acuerdo que una vez, de los 20 compañeros que invite, solo cuatro llegaron. Creo que ese fue el cumpleaños donde más comí pastel.

Tony lo miró compadeciéndose de la historia que le estaba contando el rubio.

-Creo que entiendo ahora un poco a mi madre- dijo Steve enfocando nuevamente su mirada azulada a la ventana- tengo pánico de que los niños no lleguen. Siento algo inquieto en el pecho.

-Yo también estaba pensando en lo mismo- dijo Tony abrazando por detrás a su esposo. Posó sus manos en su pecho para calmarlo- Peter se ve tan feliz. Me da miedo que se ponga triste para su cumpleaños.

Se quedaron pensativos, con la mirada perdida en la ventana. Steve sentía como las manos de Tony acariciaban con calma su pecho, y también su lento respirar. El castaño apoyaba su mentón en el hombro del rubio provocando pequeñas cosquillas a causa de que su respiración hacia tacto con su cuello.

Luego, Tony habló:

-Pero no tenemos por qué ponernos negativos. Hoy el día está precioso y especial- dijo Tony abrazándolo con más fuerza y luego soltándolo- ¿Por qué no lo vas a bañar en lo que yo hago el almuerzo, si? No quiero que reciba a sus compañeros estando todo sucio.

Tony desapareció de la sala dejando a Steve mirando como su hijo jugaba entusiasmado entre los árboles. El castaño tenía razón, tenía que dejar de ser pesimista. Todo saldría bien.

Y así fue como de a poco los niños fueron llegando. Steve parecía bastante serio mientras veía a los niños jugar, pero por dentro se sentía a gusto de que la gran mayoría de los niños haya podido venir a la fiesta. Observó de reojo como Natasha acompañaba a Tony mientras este sacaba fotos. Su esposo lucía feliz. Eso también lo alegraba.

Cantaron el cumpleaños feliz y después de comer el rico pastel, llegó la hora de los regalos. Peter había recibido un sinfín de juguetes, desde un camión de bomberos hasta unos cubrecamas de naves espaciales. La fiesta resultó ser todo un éxito.

Ya eran las nueve de la noche cuando el último niño abandonó la casa. Ahora solo quedaban los adultos y el cumpleañero. Tony dejó que su pequeño fuera a su habitación para que estrenará los nuevos juguetes, mientras los adultos se comían el poco pastel que quedó.

-Peter esta tan grande –dijo Pepper mientras tomaba un poco del café que Steve había preparado- aún recuerdo cuando lo vi por primera vez.

-Vamos Pepper, no te pongas sentimental- dijo Natasha mientras comía un poco de pastel- ese es el papel de Tony.

-Oye –exclamó el castaño.

- Es solo una broma, Tony. Por cierto, el pastel te quedó delicioso.

-En eso concuerdo contigo, Natasha- dijo Rhodes saboreando el postre- te quedó bastante bueno.

Continuaron hablando alrededor de una hora, los invitados quienes vieron a los dueños de casa un poco cansados prefirieron irse para dejarlos descansar. En cuanto se fueron, Steve cayó rendido en el sofá de la casa, al igual que el castaño.

-Te dije que saldría todo bien- dijo Tony con una sonrisa triunfante- salió todo perfecto.

Steve sonrió y observó como la casa había quedado después de la fiesta. El helio de los globos comenzó desvanecerse haciendo que estos comenzaran a descender poco a poco. Había serpentina por todos lados y envoltorios de dulces esparcidos por todo el suelo. En fin, su casa estaba patas para arriba.

-La casa está hecha un desastre- dijo Tony cansado- será mejor que ordenemos.

Estaba poniéndose de pie cuando la mano de Steve lo detuvo. Tony se giró observando la suplicante mirada de Steve.

-Ordenemos mañana. Los dos estamos cansados y mañana es domingo. Tenemos todo el día para ordenar ¿sí?

El investigador no pudo negarse a la petición que le ofrecía su esposo, especialmente por la cara que este le estaba poniendo. Tony lució una sonrisa radiante y asintió. Entonces Steve dijo:

-Además tenemos que darle nuestro obsequio a Peter.

Los adultos subieron las escaleras dirigiéndose hacia la habitación del pequeño rubio. Lo encontraron acostado en su cama jugando con los autitos que le había dado Natasha y Bruce.

-¿Te estas divirtiendo campeón? –preguntó Steve ingresando a la habitación.

-Sí-dijo Peter sin apartar la mirada de los autitos rojos y negros.

-¿Te divertiste en la fiesta? –preguntó Tony sentándose en un espacio de la cama.

-La pase muy bien –dijo Peter alzando la mirada- vinieron todos mis amigos y recibí muchos regalos.

-¿De verdad?

-Sí –contestó el rubio con una sonrisa

-Pero sabes –dijo Steve ganándose la mirada azulada de su hijo- falta darte nuestro regalo.

-¿Acaso no me lo dieron?-preguntó Peter –yo pensé que la fiesta era mi regalo.

Tony se enterneció por la respuesta de su hijo. A lo largo de la corta vida que había tenido junto a Peter se había dado cuenta de que el pequeño no era un niño quisquilloso. Nunca había echo ningún tipo de pataleta por un regalo. Siempre se había conformado con lo que sus padres podían darle.

-Estas equivocado Peter- dijo Steve- tenemos un regalo preparado para ti. Cierto ¿Tony?

El castaño asintió y se retiró de la habitación. No pasaron ni dos minutos cuando Tony apareció nuevamente en la habitación con un regalo de color rojo y un listón negro. Peter lo miró, no era ni tan grande ni tan pequeño. Le causaba curiosidad, y más cuando vio que dentro de la caja emergió un sonido un poco extraño. Sus manos levantaron la tapa del regalo y sus ojos brillaron al encontrarse con la mirada café de un cachorro.

-Es un perrito- dijo Peter con los ojos tan abiertos como podía tenerlos- ¿es mío?

-Por supuesto que si- dijo Tony.

-¿Y puedo quedármelo? –pregunto sin poder creerlo.

-Para eso te lo regalamos Peter-respondió Steve- es completamente tuyo.

El cachorro, que resultaba ser un labrador, comenzó a lamer los brazos del pequeño Peter. Sus manos acariciaron el pelaje del cachorro, el cual era suave y dócil. Peter estaba maravillado, encantado con el regalo.

-Me encanta- dijo mientras dejaba que el perro lamiera su rostro- muchas gracias.

Steve y Tony se miraron, al parecer había sido buena la idea del perro.

. . .

Pestañeó varias veces, tratando de identificar el lugar en el que estaba. Si bien su exmarido le había dicho que había llegado, él todavía no se hacía la idea de que esa era su propia casa. Suspiro nuevamente, ansiando no haber sido despertado de su sueño.


Hola a todos, he traído otro capitulo de la historia. Ojala les haya gustado.

¡Nos leemos!