Disclaimer: los personajes de Naruto no me pertenecen.

Advertencia: AU en el mundo ninja, algo de occ quizá, humor absurdo, hormonas alborotadas.

Situado antes de I need to Know.


De decisiones que toman los genios y rubias entrometidas.

Aquella mañana en la residencia Hyuga, todo lucía diferente. Desde el color crema que decoraba su habitación, hasta la insignificante pelusa que se encontraba sobre el buró; y es que no todos los días descubres tus sentimientos, esos que reprimes durante años.

Así es, luego de una exhaustiva investigación dentro de sus recuerdos, llegó a la conclusión de que hace años había algo guardado bajo llave. Quizá por temor, o verguenza, pero el punto es que siempre estuvo ahí, y era hora de hacer algo con ello.

Se vistió con rápidez, seguridad y un poco de valentía tal vez. No desayunó, saludó a su tío y primas que comían en el comedor y tomó rumbo hacía la casa de su compañera.

Debía blanquear sus sentimientos con la castaña, ¿pero cómo? Él no era un hombre de muchas palabras. Decirlo de forma sútil para no espantarla, pero directo para sentirse cómodo al hablarlo.

Ah, le dolía el estómago, ¿esas eran las condenadas mariposas?

Cuándo llegó a la vivienda de su compañera de equipo notó tres cosas. 1) La puerta estaba abierta, 2) Shikamaru Nara salía de ella, 3) ¡¿Por qué Shikamaru salía de su casa?!

Bien, la tercera era más bien una pregunta.

—Gracias por la azúcar —lo oyó decir. Ah, era sólo por azúcar—. Nos vemos más tarde.

¿Qué?

—Saludos a tu mamá Shika —el Nara le dió la espalda y cruzó la calle, ¿eran vecinos y nunca lo había notado?

Unos segundos después, la castaña descubrió su presencia. Le sonrió, con algo de confusión en los ojos.

—Neji, ¿hay entrenamiento?

—Mn —asintió. Mentiroso, le reclamó su consciencia, no lo había, si Guy y Lee se habían marchado esa misma mañana a una misión.

—Neji, eres un mentiroso —sus mejillas se habían teñido de rojo al darse cuenta que había sido pillado en plena farsa—. Si querías salir sólo tenías que pedirmelo, ¿sabes?

Asintió nuevamente, apenado.

—Pero no puedo, la madre de Shikamaru me invitó a comer, es su cumpleaños y... —¿era ella o de las orejas del Hyuga salía humo?—. Pe-pero puedes acompañarme si gustas.

Sonrío con suficiencia.

—Si querías salir, sólo tenías que pedirmelo —la experta en armas lo miró con recelo, aunque ciertamente ese tipo de actitud en el genio solía divertirle.

—Eres un idiota —murmuró, lo suficientemente bajito para que creyera que no quería ser oída—, debo darme una ducha, ¿desayunaste? —le dió lugar para entrar y así lo hizo.

Eran contadas con los dedos de una mano las veces que había estado allí, a pesar de la estrecha relación que tenían, solían verse en el complejo Hyuga o en el campo de entrenamiento, rara vez salían a comer o a tener una salida casual.

Se preguntó si aquello evitaría que la castaña pudiera fijarse en él.

—Ya sabes dónde está la cocina, me bañare rápido —dicho esto se soltó las trenzas que solía usar para dormir y desapareció tras la puerta del baño.

Caminó entonces a la pequeña cocina, ¿la castaña habría desayunado? Él era pésimo en la cocina, no podía hacer un mísero té sin bueno...quemar el agua.

Suspiró, quizá una fruta.

No, ¡debía hacer todo lo posible por demostrarle a Tenten que él era el hombre perfecto! Pero, uh, no, que vergonzoso sería equivocarse.

Escuchó el ruido de la regadera, la curiosidad le invadió de inmediato. Más bien, el libido, reconoció dentro de sí.

Se imaginó a la castaña debajo de esas ropas, con el agua cayendo en gotas por su trabajado cuerpo y...¡no podía pensar eso! ¡No!

Desvió la mirada, como si aquella imagen estuviera frente a él. Pero tenía el byakugan, podía saciar su curiosidad, no, no debía, ¿o sí? No, antes que todo tenía que respetarla, también era su amiga y compañera.

Aunque su amigo debajo de los pantalones no estaba de acuerdo con ello.

Ah, malditas sean sus hormonas.

Se apoyó en la mesada, debía pensar en algo que no fuera Tenten. Cerró los ojos y meditó, pero lo único que venía a su mente era el beso que le había dado el idiota de Naruto, al Nara saliendo de su casa, ¡agh! Que odioso.

Minutos después la fémina salió del baño, vistiendo un vestido de estilo chino que se ceñia en su cintura. Sumamente casual, de un rosa pálido que le recordaba vagamente a su días como genin.

—¿Tomaste algo?

—Lo olvidé —mintió.

—Neji, no tienes que mentir, se que no puedes cocinar nada —la chica se rió, se estaba riendo de él—. Ayudame, hagamos tsukemono —el castaño asintió, mientras tanto Tenten puso agua a calentar en la hornalla—, espero que tú futura esposa sepa cocinar o morirás de hambre, Neji.

Quiso decir que esperaba que fuera ella, pero por supuesto, aún era pronto para eso.

Cocinaron en silencio, y el desayuno fue igual de tranquilo a excepción de algún que otro tipo de comentario. No estaba seguro de cuándo debía decírselo, pero lo cierto es que las palabras le quemaban desde lo más profundo de su estómago cuando la veía sonreír o degustar sus alimentos.

Ahora entendía porque al Nara todo se le hacía 'problemático'.

Abandonaron la casa al rededor de una hora después, luego de ordenar y pelear por quién lavaria los platos y luego los secaria (claro está, él lavó y ella secó a regañadientes).

Cruzaron la calle y fueron recibidos por una alegre Yoshino Nara.

—¡Nuera! —Tenten se ruborizó abruptamente, aquella mujer quería que Temari la enterrara viva.

—Se-señora Nara le dije que no me diga así —movió nerviosamente sus manos bajo la atenta mirada de su compañero. Perfecto, ahora debía competir con la madre del estúpido chico sombra.

—Pero, cariño, te dije que puedes tutearme —la sujetó de los hombros y los hizo entrar a su hogar. Había, o eso creía, varios miembros del clan incluyendo al equipo diez con padres y maestro.

—Yoshino, la asfixias —Shikamaru se acercó, aún más rojo que la experta en armas. Su madre haría que la rubia problemática los mate a ambos, bien, no iba a negar que era atractiva y quizá la única mujer en su vida que no le hacía perder los estribos, pero definitivamente no estaba dispuesto a morir en manos de Neji Hyuga, al menos no por el momento. Ese territorio no quería explorarlo.

—¡Es mi cumpleaños! —le tiró de la oreja—. Y dime madre, mocoso.

—Tsk —se sintió incomodamente fuera de lugar, su amiga parecía encajar perfectamente con la excéntrica familia.

—¡Ino! —la castaña encontró una vía de escape, lo tomó de la mano y lo arrastró hacía el resto del equipo. Choji devoraba fervientemente un tazón de patatas y la rubia simplemente se miraba las uñas con aburrimiento—. ¿Qué tal?

—Mn, Tenten —sus ojos se iluminaron, ¡al fin podría hacer algo!—. Esto es el infierno —hizo un puchero con sus labios, adoraba a la familia de su amigo, pero detestaba cuando sus madres se reunían a complotar sobre su futuro.

Estuvieron durante unos minutos así, charlando sobre trivialidades hasta que Tenten fue secuestrada nuevamente, pero esta vez por Shikaku Nara. La siguió con la mirada, le sonreía a todos con comodidad, y eso hizo que sintiera celos, con su clan no podría desenvolverse con tanta naturalidad, con ellos en cambio...

—Deberías decírselo —Ino lo observaba con diversión—, antes de alguien más te la gane, ¿sabes? Oí que Kiba quería volver a salir con ella.

Eso era por supuesto, una mentira, habían terminado porque su relación no los llevaba a ningún lado y simplemente, había sido producto de la curiosidad adolescente y las hormonas.

Aunque él no tenía que saberlo, y ella lo usaría a su favor.

—También le gusta a Genma-san —dijo con burla. La sangre le hirvió por unos segundos, ser amiga de la castaña, y con la que mejor se llevaba en ese aspecto (dado que la Haruno vivía llorando por el Uchiha y profesando que se guardaría para él; o la Hyuga que se desmayaba al oír 'sexo'), le daba suficiente poderío para incitar los celos del Hyuga con verdades a medias.

—Ella, ¿ya tuvo novio? —indagó. Podía sumarse a las cosas 'lo que Tenten no le dijo como su relación con los Nara y Naruto'.

—Si —le sonrió—, pero fueron como dos meses.

—Y, ¿nadie más? —vaya, que hablador resultaba el genio cuando se trataba de la experta en armas.

—No oficialmente.

Tenía mucho con que competir, concluyó. A diferencia de él la castaña había experimentado, no era algo malo, pero si le dejaba en desventaja si quería impresionarla.

La Yamanaka seguía mirandolo, con una sonrisa digna del gato de Cheshire. Había comprado boletos de primera fila para aquella historia que prometía ser entretenida para ella.

Sólo esperaba no haber metido la pata.