Las Crónicas del Campamento Mestizo, pertenecen a Rick Riordan.
Harry Potter, pertenece a J.K. Rowling.
Harén de Harry: Pansy Parkinson, Hermione Granger, Kayla Knowles, Thalía Grace y Artemisa.
Harén de Percy: Clarisse LaRue, Rachel Elizabeth, Afrodita y Reyna Ávila Ramírez.
I
01: Callejones y Sombreros
Todos estaban un poco pálidos. El saber que los dioses eran reales, que James tendría un semidiós con la diosa de la primavera y sobre cómo el mundo sería destruido.
―Yo leeré ―dijo Sirius, Albus asintió y le pasó el libro.
―El título del libro es "Harry Potter y La Piedra Filosofal" ―más de uno abrió los ojos, mostrándose incrédulo ―título del primer capítulo es: ¿"Callejones y Sombreros"? ―se preguntó Sirius, completamente extrañado, por tal título.
Mi padre tuvo una forma curiosa, de contarme la verdad. Ahora mismo, a mis once años me dijo una verdad a medias: "Perséfone, es una maga que nació en Grecia, pero sus padres son inmigrantes nacionalizados en américa, estuvo de visita aquí en Londres y pasó por la Academia Umbra, algo así como Hogwarts, pero con especializaciones y de clases muy veloces, la suya fue en la Herbología, es muy bella, tiene el cabello largo negro y, dependiendo de la estación, sus ojos cambiaban de color, algo que solo la hacía más preciosa"
James tragó saliva, y no se atrevió a mirar a Lily.
La lectura se vio interrumpida, por la inesperada risa de Lily Evans, la cual no podía controlarse.
― ¿De qué se ríe, señorita Evans? ―preguntó confundida la profesora Sprout.
―Es... ¡es James! ―dijo la "Perfecta Prefecta", hablando como mejor podía, sin poder evitar reírse a todo pulmón ―Desde... desde que se describió... a.… a Perséfone... no... ¡no es capaz de mirarme, está tan asustado, que humedeció el espaldar del asiento con su sudor! ―las risas de los Merodeadores, eran aún mayores, que la de Lily, y pronto, las risas ahogaron el gran comedor, mientras que James buscaba donde meterse.
Por órdenes de la tía Lily, nos fuimos a bañar, primero uno y luego el otro.
― ¡Maldita sea, Harry! ―gritó Mary desde el baño, yo ya estaba vistiéndome, escuché el sonido de la puerta abrirse violentamente y la vi entrar en la habitación, furiosa y con una toalla alrededor de su cuerpo― ¡A la próxima que me dejes sin agua caliente, voy a arrancarle el cabello, uno a uno! ―yo retrocedí asustado, mientras me hacía una trenza en mi largo cabello, y trataba de no darle la espalda a mi hermana.
Todos en el comedor, se rieron ante eso. Lo mismo ocurría en el Olimpo.
―Niños, hora de irnos ―dijo mi padre, bajamos por las escaleras, hasta la chimenea, donde nuestro padre nos entregó un puñado de polvos Flu y él nos miró fijamente ―Deben decir muy claramente, Callejón Dia-Gon. ―Asentimos, vimos a mi padre y la tía Lily, desaparecer entre las llamas verdes, nos miramos mutuamente y tragamos saliva.
―Las damas primero ―dije. Ella me miró como si quisiera asesinarme.
―Sí, claro, como no ―dijo Mary ― ¿Tú no eres el machito? ―preguntó con un tono burlesco ―venga hermano. Andando.
La miré con enfado y entré en las llamas, arrojando los polvos al suelo, al tiempo que decía "Callejón Diagon" y las llamas verdes se formaban ante mis ojos, saliendo yo en un lugar distinto, era un bar bastante sucio, lleno de magos y brujas, a mi derecha, estaban mis padres, acompañados por un hombre de la tercera edad, segundos después, mi hermana salió algo asustada, yo la sujeté y la tranquilicé, vi a un mago con turbante al cual reconocí inmediatamente y me pregunté, si debería de probar la efectividad de mi espada, en él, pero decidí dejar esos sentimientos homicidas para después, debía de comprobar primer, si Quirrell, seguía siendo un enemigo, o un aliado. Salimos por una puerta trasera, siguiendo a nuestros padres y a Tom, el posadero del Caldero Chorreante, que era como se llamaba ese establecimiento, tras aquella puerta, solo estaba una gran pared de ladrillo, tuve ganas de colocar yo mismo, la contraseña, pero eso hubiese sido muy raro.
―Bien niños, presten atención ―dijo mi padre ―Dos arriba y dos al lado. Debe de tocar, estos dos ladrillos y... ―el muro se hizo a un lado, dejando ver una larga calle, llena de edificios y demás.
Todos, sin poderlo evitar, lanzaron largos suspiros de añoranza, al recordar su primera visita al Callejón Diagon.
En mi pasada visita, ambos estábamos inquietos, ahora era solo Mary, la cual volteaba su cabeza tan rápido, de un lado al otro, que yo temí que se fuera a quebrar el cuello, por sus movimientos bruscos.
La tía Lily nos miró. ―Por lo general, iríamos primero al banco de Gringotts, pero ya tengo el dinero que necesitaremos para las compras. Así que las realizaremos rápidamente.
Primero compramos los libros de magia, rápidamente, me decidí a abrir uno, el libro de Transformaciones, comprobé que la dislexia era un problema verdadero, pero especialmente por el asunto de los hechizos en latín, más que por las palabras en inglés, que también se habían presentado como un inconveniente para mí, sin embargo, fue mi bella Misa, quien pulió mi lectura. Tuve ganas de arrojar el libro a la distancia y luego, pisarlo repetidamente. Mi padre se acercó al vendedor.
Artemisa alzó una ceja, ese chico debería de ser sumamente especial, para que ella se hubiera enamorado de él y le hubiera auxiliado con su Dislexia. ¿Cómo pudo el chico, ganarse su confianza?
―Disculpe, caballero ―dijo nuestro padre― ¿Sabrá usted de alguna librería, que venda libros en griego?
―Lo lamento, caballero ―le dijo a nuestro padre, el vendedor ―Sin embargo, podría emplear el hechizo de Lenguaje, sobre el libro ―a mi padre se le iluminó la sonrisa, a mí también, mientras me preguntaba: ¿por qué mi habilidad de comprensión de lenguaje, parecía haberse ido al demonio, al volver a mi cuerpo de 11 años?
Todos en Hogwarts lanzaron una carcajada. Sin embargo, el profesor Flitwick tenía una mirada pensativa. ―Según lo que estoy entendiendo: los Semidioses solo pueden leer en inglés y en el idioma de su padre divino.
En eso, apareció La Dama Gris ―Los Semidioses, necesitan aprender a escribir y leer en la lengua nativa de sus padres humanos, pero su cerebro está... cableado, para poder leer en el lenguaje de su padre divino. Yo lo sé, porque mi madre era hija de Minerva, la versión Romana de Atenea.
Luego de los libros, compraron un baúl para cada uno, allí metieron los calderos plegables, las redomas de cristal para Pociones, los telescopios, fueron por las varitas.
―Mi varita es de Sauce y de pelo de unicornio ―dijo Lily sonriente, mientras guiaba a la familia, hacía la tienda de Ollivander ―La varita de su padre es de Caoba y de fibra de corazón de dragón. Cada madera tiene una afinidad emocional, con su mago y así mismo, es con los núcleos.
― ¡James y Lily Potter, sean bienvenidos! ―dijo Ollivander sonriente ― ¡Sus hijos, ¿no es así?!
―Exactamente, Ollivander ―dijo James sonriente.
―Lily: Sauce, buena en encantamientos.
―En cualquier materia, especialmente en pociones ―dijo Slughorn orgulloso.
―James: Caoba, buena en transformaciones. Uno de los alumnos favoritos de McGonagall, a pesar de que ella siempre se quejó de que eras muy... em... ¿Cómo lo diría ella?
―Sus bromas rayan a veces, señor Potter, en el matoneo. ―Regañó la mujer, James asintió. Hace casi un año, que dejó de hacer bromas, desde aquello de que Quejicus, llamó a Lily "Sangre Sucia"
―Decía que las bromas, rayaban en el matoneo, Ollivander ―dijo James, con una sombra de culpa, en sus ojos.
Snape sonrió ante aquello.
―Bien, veamos... ―los miró a ambos de forma intercalada.
―Primero las damas ―dijo Harry sonriente, Mary le miró, como queriendo decir "tú eres más especial, que yo" ―Adelante, hermanita. ―La pelirroja asintió y caminó hasta el vendedor.
―Veamos, inténtalo con esta ―dijo Ollivander, entregándole una varita a la chica, pero fue nada más sujetarla, que Ollivander le dijo como debía de acostumbrarse a agarrarla, solo para quitársela y ponerse a buscar en otra caja ―El agarre debe de ser instintivo, debes de sentirla cómoda, desde el primer instante, por eso te la he quitado. ―explicó, Mary asintió. Entregó la varita numero ciento cinco. ―El verdadero compañero para una varita de Haya será, si es joven, sabio más allá de sus años, y si es adulto, rico en comprensión y experiencia. Las varitas de Haya funcionan muy débilmente para los intolerantes y fanáticos. Con el núcleo adecuado, la varita de Haya es capaz de una sutileza y un arte rara vez se ve en cualquier otra madera, de ahí su brillante reputación. Su núcleo es una Fibra de Corazón de Dragón ―del suelo, saltaron trozos de madera y el vidrio de una ventana se volvió polvo, mientras que un remolino de luces verdes y dorados, recubrían a Mary. ―Interesante. La madera de Haya parece ser la indicada, pero no una fibra de corazón de dragón ―dijo Ollivander, mientras buscaba otras varitas de Haya, tomó las otras tres que tenía y le pasó, una que estaba en una caja blanca, destacando de las demás ―Es también de Haya, pero con un poco familiar pelo de Veela, lo lamento, no tengo un gran conocimiento en este núcleo, este fue un obsequio de hace ya muchos años, en fin: sé que el pelo de Veela. Es una varita leal y no cambiará su lealtad a pesar de la muerte, es un núcleo que busca un dueño de fuerte carácter y decidido. ―Mary agitó su varita, y fue rodeada por un remolino de luces verdes, dorados y una música suave como en un coro, se escuchaba, los sonidos cayeron ―Tenemos una varita ganadora ―mi padre pagó dos galeones. Y luego, fue cosa de encontrar mi varita, yo estaba calmado, esperando a la varita de Arce y Pluma de Fénix. Imaginen mi sorpresa, al ser escogido por una varita distinta, siendo que estaba yo ya preparado para la varita hermana de la de Voldemort: ―Las varitas de Ébano tienen una apariencia y reputación impresionante, siendo muy adecuadas para todo tipo de magia combativa y para la transfiguración. El ébano está más feliz de la mano de aquellos que tienen el coraje de ser ellos mismos. Su dueño es alguien conformista, altamente individual o cómodo con el estado de ser un extraño. La varita se aferrará a las creencias de su dueño. El pelo de centauro, es para el mago valiente que se guía por su instinto. El usuario de esta varita deberá de ser un amante de la naturaleza, con una habilidad para la clarividencia.
―Gracias, Ollivander ―dijimos al mismo tiempo, mientras nos girábamos e íbamos hacía la salida. Mi hermana y yo, parecíamos a punto de saltar de la felicidad.
―Oh claro ―dijo Lily sonriente, volviéndose hacía el vendedor. ―Garrick, los niños necesitarán fundas porta-varitas.
―Por supuesto, Lily ―dijo Garrick, agachándose y sacando cinco extraños objetos, con forma de brazaletes o algo así ―Tengo de piel de dragón, de basilisco y tela de Acromántula. ―Mary escogió la de tela de Acromántula, por su suavidad y el color blanco. Yo escogí la de Basilisco, colocamos las varitas en su lugar en nuestros brazos, y salimos de la tienda.
―Solo queda, escoger sus mascotas ―dijo nuestro padre, mientras nos guiaba a la tienda de mascotas, abrimos la puerta, se escuchó la campanita y todos se giraron a mirarnos o más bien, a mirar a mí. ―Se permiten sapos, lechuzas o gatos. ―Inmediatamente, el dueño vino hacía mí y comenzó a preguntarme, qué animal deseaba llevar yo, si bien extraño mucho a Hedwig...
― ¿Quién es Hedwig? ―preguntó extrañada la profesora McGonagall.
(...) Y deseaba volver a tenerla a mi lado, no deseaba llamar la atención, con mi lechuza blanca.
―Oh ―dijeron todos en el gran comedor.
Al principio, pensé en un gato, pero, a pesar de que muchos se veían juguetones y demás, mis pensamientos y recuerdos, me llevaron a la zona de aves y se escuchó un chillido, proveniente de un águila de plumaje castaño oscuro, que se tornaba dorado en la cabeza.
― "¿Abuelo?" ―susurré para mí mismo.
En el Olimpo, Zeus sonrió orgulloso, pero negó ser él, en su forma animal. Solo era un Águila Real, mortal.
Mi padre me permitió comprarla, y la transformó en una lechuza, pero Minerva McGonagall, jefa de la casa de Gryffindor y subdirectora de Hogwarts, revertió la transformación, y dijo que hablaría con Albus, para permitirme llevar el águila, a la cual nombré Júpiter, pero la profesora McGonagall dijo que era un águila hembra, así que la renombró como Core, por la forma romana madre (Proserpina o Core).
―Bien, es hora de irnos ―dijo mi padre, yo decidí que eso sería lo mejor, mientras pensaba en donde conseguirme un arco, realmente deseaba volver a tomar un arco en mis manos, puede que ni mi madre, ni mi abuela, ni el tío Hades, lleven un arco, pero fue algo que aprendí de Artemisa y Thalía, cumplí muchas misiones junto a ellas, pues a veces las misiones las superaban y mandaban mensajes al Campamento Mestizo, llegando nosotros en el momento justo, para auxiliarlas. En fin, pensaré en eso, más adelante.
Sirius sonrió y dijo: ―No le sería difícil al cachorro encontrar armas en alguna de las bóvedas, ya sea Potter o Deneuve o Black ―James sonrió ―Es mi cachorro, James, mi dinero y propiedades, son suyas. Así como todo lo que haya en mi boveda
―No creo que eso haga muy feliz a tu madre, Canuto ―dijo Lupin.
Pasó una semana, hasta que llegó el gran día. Mary me dijo, que creyó que irían hasta la estación King Cross, pero usamos la red Flu, para aparecer en el lado mágico del King Cross. Ante ellos, había un gran tren rojo con las palabras "Expreso a Hogwarts", no hacía falta que nos dijeran nada más, era obvio, recibimos abrazos y besos, de nuestros padres. Siempre le estaré en deuda a la tía Lily, por ser desde siempre, una madre para mí, incluso si no llevo su sangre.
Lily sonrió feliz.
En eso, una carta apareció y Dumbledore la atrapó, abriéndola, resultó ser un Vociferador, todos esperaron gritos, pero la voz que surgió, fue calmada y femenina. «Estimado Profesor Dumbledore: en algunos minutos (o quizás ahora mismo), deberían de estar llegando algunos alumnos de Hogwarts, más que nada, los más cercanos a mi padre, para contestar a las preguntas que les vayan surgiendo. En algún momento próximo, le será enviado un espejo, aquello les permitirá interactuar con los Olímpicos, hasta entonces, por favor continúen la lectura. Atte. Perséfone L. Potter»
Me hice a un lado, cuando la chimenea, se encendió, aun así, una bella chica de cabellos negros, tropezó conmigo y ambos acabamos en el suelo.
― ¡PANSY PARKINSON, TEN MÁS CUIDADO! ―escuchamos, era su padre, ella chica me ayudó a ponerme de pie.
―Perdón por atropellarte, ¿estás bien? ―preguntó ella, sonrojada.
―Estoy bien, tranquila ―dije yo, sonriéndole a mi bella esposa, verdaderamente, Pansy siempre ha sido preciosa, pero siempre se ha preocupado demasiado por el "Qué Dirán", cosa que llegó a hacerla actuar como una verdadera perra y practicar magia oscura, cosa que, en una ocasión, me confesó que odiaba con toda su alma ―Fue mi culpa, por no haberme hecho a un lado.
― ¿Te encuentras bien, joven? ―preguntó la madre de Pansy, Ariel Parkinson.
―Sí. Estoy bien ―dije, mientras me ponía de pie, mi hermana apareció segundos después y luego mis padres.
―Que tengan un buen día, niños ―en eso se resumió todo, es extraño el encontrarte con una de tus esposas, cuando ella te atropella con su baúl, pero tampoco es una mala forma de que Mary y ella, comenzaran una amistad.
―Mi cachorro, es un conquistador nato ―dijo Sirius, haciendo sonreír a James.
Ascendimos al tren y los tres nos acomodamos, en uno de los vagones.
―Perdón por haberte atropellado ―se disculpó ella, yo le mostré una de mis (como diría Mary) "sonrisas conquistadoras".
―No hay problema, yo no me hice a un lado, exactamente ―dije ―Soy Harry Potter, ella es mi media hermana Mary.
―Soy Pansy Parkinson ―dijo ella― ¿Saben ya, a qué casa irán? Espero ir a Slytherin.
―Yo a Gryffindor ―saltó mi hermana sonriente.
―Prefiero esperar, y que el Sombrero Seleccionador escoja por mí ―dije. Esperaba que tanto este, como los próximos años, no resultaran ser tan movidos, como lo fueron en la anterior línea de tiempo. Siete jodidos años, siendo el héroe del mundo mágico, si a eso le sumamos las misiones que tuve junto a mi hermano, en el nombre del Campamento Mestizo, pues... no es que haya tenido una vida muy calmada.
― ¿Qué clase de cosas, tuvo que vivir Harry? ―se preguntaron todos, preocupados, aunque, teniendo el libro por título "Harry Potter y La Piedra Filosofal", ya era un indicio, no solo para Albus Dumbledore, sino para otros.
Pasamos un largo rato, hablando de todo un poco, hasta que llegó la Señora del Carrito, la cual se me quedó mirando, algo estaba mal. Muy mal, mi instinto así me lo decía, rápidamente, me preparé para desenfundar mi espada.
― ¿Qué podría hacerle?―preguntó preocupado Calibán Parkinson, mientras que su novia, Ariel escuchaba la lectura.
La Niebla, es una fuerza sobrenatural, controlada por la diosa Hécate, su objetivo es provocar que los mortales no puedan ver con claridad las cosas míticas y en su lugar, vean cosas que sus mentes puedan comprender. Si llego a desenfundar mi espada, estando rodeado de Muggles, verán un bate de béisbol o un rifle. Siempre ignoré que forma tomaría, ante Magos.
―Que tonto ―dijo Severus Snape, recibiendo miradas de odio de los Gryffindor, especialmente de James, Lily, Sirius, Remus, Marlene McKinnon y Dorcas Meadowes.
La señora del carrito, resultó ser una Empusa, seres bebedores de sangre, que podía hacerse pasar por una mujer dulce, de unos sesenta años, pero quizás buscaría matarme, solo se les puede reconocer, por el hecho de que tienen una pierna de bronce. Ella se llevó un buen susto, al verme sujetar mi espada y solo nos cobró los alimentos. Espero y no resulten estar envenenados. Mientras Pansy yo conversábamos, apareció una bella chica de cabello castaño alborotado y ojos del mismo color, era Hermione, la cual claramente estaba buscando al sapo de Neville, llamado Trevor, aunque Pansy y yo, le contestamos, que no lo habíamos visto, Pansy me jaló fuera, para buscarlo.
Así estuvimos un rato, hasta lograr hallarlo, en un vagón abandonado en esos momentos, Neville y Hermione, se vinieron a nuestro vagón, trayendo sus baúles.
―Una buena forma de hacer amigos, es ayudando a otros ―dijo la profesora Pomona Sprout, sonriente. Ese mismo año, había sido nombrada jefa de Hufflepuff, la cual encarnaba los valores de la esposa de Godric Gryffindor: Lealtad, dedicación y trabajo duro.
Seguimos el camino hacía Hogwarts, mientras que nos encontramos con un Draco Malfoy, el cual no era acompañado por Crabbe y Goyle, se le veía un poco perdido e incluso apenado, al preguntarnos si podíamos hacerle un campo en nuestro vagón, lo invitamos, era extremadamente distinto al que yo había conocido, era mucho más amigable.
Lucius Malfoy, alzó una ceja, preguntándose sobre cómo sería su hijo, en la otra línea de tiempo.
Llegamos a Hogwarts y, al igual que en la ocasión anterior, la profesora McGonagall nos hizo esperar, en una sala aparte, hasta que volvió, tras unos minutos, ahuyentando a los fantasmas. Y llevándonos al Gran Salón, pidiéndonos hacer una fila, en esta ocasión, si bien todo siguió igual, todo parecía ser igual, el Sombrero Seleccionador se quedó un largo rato en la cabeza de Draco, antes de mandarlo a Slytherin. Pasó otro largo rato y Pansy fue llamada, caminó hacía el frente, contoneando las caderas, (tendré que darme un baño de agua fría más tarde); ella también fue a Slytherin, luego fui yo, el sombrero se pasó un rato sobre mi cabeza, murmurando sobre Slytherin o Gryffindor, una y otra vez, como si no pudiera decidirse. En la ocasión anterior, mi padre me convenció de que los Slytherin eran magos oscuros, Draco fue (en pocas palabras) un completo estúpido Sangre Pura, que creía a los Mestizos e Hijos de Muggles, indignos de asistir a Hogwarts; yo estuve a punto de decirle al sombrero, que creía estar bien en Slytherin, en esta ocasión, pero...
― ¡RAVENCLAW! ―gritó, asombrándome. El profesor Dumbledore y la profesora McGonagall también se veían sorprendidos, pero algo en los ojos del profesor Dumbledore no me gustó, la mesa de las águilas comenzó a aplaudir, me levanté y me senté, junto a Padma Patil y la siempre coqueta Sally-Anne Perks, esta chica cansa, aunque no tanto como cierta "perra de Gryffindor" (en palabras de Hermione), hablando de ella, fue a Gryffindor, cosa que no entiendo, pero bueno, quizás sea por el hecho de que existen cambios en la línea de tiempo, no sé cómo estoy tan seguro, de que esto es algo más que solo ese Draco Malfoy tranquilo e incluso algo apenado, esto es algo más, pero aun no sé el qué.
― ¿Se llevarían tan mal, como nosotros, Quejicus? ―preguntó James, a Severus, el cual frunció el ceño.
―Posiblemente sí ―contestó, como siempre con ese tono de voz bajo, pero claramente audible.
En la línea de tiempo pasada, el sombrero había querido enviarme a Slytherin, pero yo había querido probarme a mí mismo, antes de ir al Campamento Mestizo y eso, me hizo ir a Gryffindor, donde no lo pasé para nada mal.
Ahora, estoy aquí, en Ravenclaw. En estos momentos, estamos subiendo unas escaleras, por una torre, ubicada por encima del séptimo piso, hasta una puerta, sobre la cual hay una gárgola con forma de águila, no hay perilla, ni tampoco hay bisagras, en la puerta se ha formado un acertijo, el cual fue contestado por Patricia Stimpson, la cual va ya en su tercer año, la puerta se abrió, dejándonos ver la Sala Común de Ravenclaw: era una sala circular, con una alfombra azul, ventanas de arco adornadas con seda azul y bronce, un techo abovedado pintado con estrellas. Habían mesas sillas, estanterías con libros, y una puerta conduce a los dormitorios de los alumnos de séptimo, había unas raras escaleras, las cuales, entre más se bajaba, era menor el grado de los alumnos, en el último piso (y el más profundo por consecuencia), estaba el área de los de primer grado, donde dormiríamos los once de Ravenclaw.
Los Slytherin, los Gryffindor y los Hufflepuff, miraron a los de Ravenclaw, les resultaba muy raras aquellas habitaciones, que parecían ser un agujero. Pero los de Ravenclaw, solo se encogieron de hombros.
Sin embargo, yo no podía dormir, cada vez que cerraba los ojos, solo veía como el planeta entero, era consumido en el más grande caos. Me desperté, y traté de hacer memoria, sobre lo que había visto en primer año, recordé que la primera clase del día siguiente (lunes) era Pociones, saqué el libro de pociones, decidido a repasar el primer capítulo, esta vez, trataría de no quedar como un idiota en frente de Snape.
Si las miradas mataran, Severus estaría enterrado, nueve metros bajo tierra, ante las miradas de James, Lily, Remus y Sirius.
―Bien, aquí finaliza el segundo capítulo, ahora vamos a almorzar ―dijo Albus.
― ¡Comida! ―celebraron Sirius, Remus y James, haciendo reír a los demás.
― ¡Lily! ―se quejó James― ¡Quiero carne, no comida de conejo, mañana es el juego contra Ravenclaw!
―Comerás, lo que yo diga ―ordenó ella, obligándolo a comer una gran ensalada ―Oh, vamos: por mí y por Perséfone. ―James no dijo nada, no le gustaban las ensaladas y no entendía, por qué le hacía comer algo así. Las puertas del Gran Comedor se abrieron y un remolino de flores apareció, las flores se deshicieron en un polvo fino y allí, estaban un chico de negros cabellos largos y ojos azules, con un uniforme de Ravenclaw. A su lado, una chica de cabellos rojos y ojos negros, con un uniforme de Gryffindor.
James decidió lanzarse a adivinar, pero su instinto paternal (si es que esa cosa existe) respondió por él. ―Ustedes... ustedes son...
―Mary Potter Evans.
―Harry Potter-Spring.
