Personajes de Naoko Takeuchi. Historia inspirada en el dorama "Oh my ghost", pero con cambios y alteraciones para esta adaptación.
Había decidido arreglarme el día de hoy porque tenía una cita. Bueno, no exactamente una cita, pero me emocionaba verla. Me dirigí rápidamente hacia el auto y manejé hasta el café donde siempre nos encontrábamos, el cual se encontraba en Harajuku. Después de tantos años seguía sin entender por qué le gustaba ese lugar lleno de gente y ruido. Me estacioné en el lugar de siempre y crucé la calle.
Alcancé a verla por fuera, a través de la ventana enorme del lugar. Se encontraba leyendo el periódico y eso me parecía fascinante. Ella siempre leía las noticias, le gustaba estar al tanto de lo que pasaba día con día tanto en nuestro país como en el mundo. Todo lo que sucedía, ella seguramente lo sabía. Era como una Wikipedia de las noticias. Sin duda, una costumbre que le había inculcado Hiromi. Sonreí con un poco de nostalgia.
Hiromi había sido mi mejor amigo desde que éramos unos niños pequeños. Nos habíamos conocido en el colegio y desde entonces nos habíamos vuelto inseparables a través de los años. Fuimos juntos a la primaria, a la secundaria, a la prepa e incluso decidimos ir juntos a la misma universidad. A pesar de que él quería ser un gran periodista y yo un chef, encontramos la manera de permanecer juntos. Fue entonces cuando nuestras vidas cambiaron por completo.
Yo estaba enamorado de una chica a la cual siempre veía leyendo en la biblioteca. Era una chica hermosa. Alta, de un cabello negro brillante y singular, con unos rasgos inigualables. Ella siempre iba a la misma hora a estudiar. Ni siquiera la conocía y todos los días me encontraba suspirando por ella. De vez en cuando nuestras miradas se cruzaban y yo moría de vergüenza. En ese entonces, yo era demasiado tímido y reservado. Tenía muchas dificultades para entablar relaciones personales y prefería aislarme del mundo. Las personas que me conocían me tachaban de solitario y aburrido. Por eso jamás pude acercarme a ella y me conformaba con mirarla de lejos.
Un día, entré a la biblioteca con la ilusión de verla una vez más, como todos los días. Tenía semanas tratando de decidir si debía hablarle o no, pero después de mucho pensarlo y de insistirme a mí mismo, me decidí a hacerlo por fin. Había notado que siempre llevaba un capuchino con ella, por lo que deduje que era su bebida favorita. Antes de llegar a la biblioteca pasé por uno para ella y otro para mí a la cafetería de la escuela. Iba a ser mi pretexto. Sin embargo, cuando entré a la biblioteca no estaba. Me sentí muy confundido, pues ella nunca faltaba a su hora de estudio.
Antes de que pudiera reaccionar, sentí que mi teléfono vibraba en mi bolsillo. Saqué el celular y vi que Hiromi me estaba llamando.
-¿Diga?
-¡Seiya!-dijo alegremente.- ¿Dónde estás en este momento?
-Afuera de la biblioteca.-respondí seriamente.
-Te veo en la cafetería, hay algo que quiero contarte. ¡No tardes!
Tomé los capuchinos y me dirigí nuevamente a la cafetería, sintiéndome un idiota por haber comprado dos bebidas. Cuando entré a la cafetería, pude ver a Hiromi a lo lejos. Al parecer se encontraba charlando con alguien a quien no pude distinguir, y me acerqué tímidamente. No me gustaba cuando Hiromi, quien era bastante popular, me hacía convivir con gente que no conocía. Al acercarme más me di cuenta de que estaba hablando con una chica, lo cual me hizo sentir aún más nervioso.
-¡Seiya!-dijo Hiromi al verme.- Qué bueno que viniste. Hay alguien a quien quiero presentarte.
La chica se giró para mirarme y me quedé helado. Era ella. Sus enormes ojos me miraron con cierta sorpresa y me quedé petrificado. No supe qué decir.
-Ella es Rei Hino.- interrumpió Hiromi.- Y quería conocerte.
Me quedé helado. ¿Ella quería conocerme? Por fin sabía su nombre. Comencé a ponerme más nervioso.
-¿A… a… mí?
-Sí, tonto. Quería conocerte porque… ¡ya somos novios!-dijo de pronto.
En ese momento sentí cómo mi corazón se apachurraba. La frase "ya somos novios" seguía resonando en mi cabeza. Sentí cómo mis piernas me temblaban y traté de resistir para no caerme.
-Mucho gusto.-dijo ella extendiendo la mano hacia mí.
Se la tomé con nerviosismo y silencio.
-Fe…felicidades.-dije tratando de fingir entusiasmo.- Estoy… sorprendido.
-¡Verdad que sí!-intervino Hiromi.- Nos conocimos en clase de Metodología de la Investigación. Sin duda alguna me enamoré de ella desde la primera vez que la vi.-dijo sin dejar de mirarla.
Pude notar cómo entre ambos existía esa complicidad y esa mirada de estar realmente enamorados. Fue aún peor para mí y traté lo máximo posible de que no se me notara.
-Así es.- respondió ella.- Hiromi se ha portado muy bien conmigo, ¡y siempre habla de ti! Por supuesto que tenía que conocerte.- me sonrió.
Su sonrisa siempre me derretía. Era la primera vez que lo hacía directamente hacia mí, y no podía pensar en otra cosa que no fuera su sonrisa de dientes perfectos. Vi cómo se tomaron de la mano y se miraron enamorados.
-¿Por qué traes dos capuchinos?-dijo de pronto Hiromi. Ambos me miraron esperando una respuesta y me puse muy nervioso.
-Yo… yo… tenía… mucho sueño hoy.
-Pero tú siempre duermes bien.
-Eh…
-A Rei le encantan los capuchinos.-dijo mirándola.
"Lo sé", pensé.
-Puedes… tomarlo… si quieres.-dije sin mirarla.- De hecho, pueden tomárselos ustedes. A mí se me hace tarde.
Los dejé con el pretexto de que tenía clase y hui de ahí. Ya había aguantado demasiado.
Me costó trabajo, pero con el tiempo todos nos hicimos muy amigos. Me había convertido en lo que jamás llegué a imaginar: el mal tercio. Hiromi era mi mejor, por lo tanto yo había aprendido a querer a Rei como una amiga más. Nos habíamos convertido en tres. Juntos pasamos momentos increíbles, habíamos sido muy felices. Incluso yo, que todos los días tenía que verlos a ellos juntos. Mis sentimientos por Rei nunca desaparecieron. De hecho, conforme la iba conociendo más, descubría que era la mujer perfecta, solo aprendí a ocultar muy bien lo que sentía.
Así fue durante muchos años hasta que él se fue. Hiromi murió un 25 de marzo a las 9:37 de la noche. Los doctores dijeron que había sido un infarto sin motivo aparente, como suelen presentarse los infartos. En ese momento comprendí que la vida solo es una y que las personas no son para siempre. Esa noche sostuve a Rei entre mis brazos mientras los dos llorábamos desconsoladamente. Le prometí que nunca la dejaría sola.
Habían pasado tres años desde la muerte de Hiromi. Rei y yo continuamos siendo muy buenos amigos. A pesar de que a ambos nos hacía mucha falta él, no nos separamos ni un momento. Ella estuvo presente en todos los momentos buenos que vinieron después: la apertura de mi restaurante, mi primer entrevista, mi primer reconocimiento como mejor chef del país, en fin… Y yo estuve ahí cuando ella se convirtió en la mejor periodista de Japón. En su primer reportaje, en su primer programa. Ambos nos habíamos hecho aliados inseparables.
Yo nunca me atreví a hablarle de mis sentimientos, pero cada día mi amor por ella crecía. A estas alturas ya había terminado por aceptar que ella no era para mí.
Entré al café y me dirigí hasta ella. Rei se levantó para darme un abrazo en cuanto me vio.
-Como siempre llegando tarde.-refunfuñó.- Desde que eres un chef famoso crees que la gente vive a tu disposición.
-No puedes quejarte.-le dije.- Siempre acudo a tus llamados así sean las 3 de la mañana. ¿O alguna vez te he fallado?
-Touché.- dijo sacándome la lengua.- Pero sigo con la esperanza de quitarte esa mala costumbre.
-Está bien. Cada quien tiene sus propios sueños, si se cumplen o no ya es otro cuento.-sonreí.
Rei soltó una carcajada y me miró en silencio por unos instantes.
-Me parece muy extraño todo esto.
-¿A qué te refieres?-le dije.
-A que todavía recuerdo perfectamente el joven tímido y reservado que eras. No le hablabas a nadie, te daba miedo convivir con otras personas, casi no te gustaba salir a ningún lado. Y mírate ahora… todo un chef famoso, engreído, de carácter fuerte, un soltero codiciado. Todos quieren ser tú.
-Bueno, necesitaba cambiar mi personalidad boba para lograr mis sueños. Además, no todo el crédito es mío. Te debo a ti muchas de esas nuevas actitudes, pues si tú no me hubieras alentado a salir de mi caparazón, no estaría aquí.
Rei me sonrió y se sonrojó un poco.
-Cuéntame.-dijo rompiendo el silencio.- ¿Cómo te ha ido últimamente?
-El restaurante es un éxito, pero… mis empleados no tanto.
-¿A qué te refieres?
-Tuve que correr a una chica ayer porque perdió mi cuchillo.
-¿De verdad?
-Sí, la corrí. Pero luego descubrí que el que lo perdió fue el idota de Yoshi. Así que tuve que ir por la chica y decirle que regresara a trabajar.
Rei sonrió.
-¿Será que sí tienes un corazón ahí dentro?
-No lo creo, yo tomo decisiones por practicidad.
-Ya veremos.-dijo Rei.- Es otra cosa que tengo que descubrir de ti.
Traté de no sonrojarme.
-Y dime. ¿Por qué me querías ver hoy con tanta urgencia?
-Sabes que me acaban de promover a productora del canal ¿cierto? Por eso ahora tengo a mi cargo el famoso programa Iron Chef.
-Oh, no. Ya sé lo que me quieres pedir y no, no participaré.
-Pero, Seiya… ¡por favor! Será una temporada corta, de 10 capítulos solamente. Necesitamos a chefs muy reconocidos.
-Sabes que odio las cámaras y que no necesito esa clase de publicidad. Tengo suficiente con mi restaurante.
-Lo sé, lo sé.-dijo Rei cruzándose de brazos.- Pero el programa es muy bonito, ¿no te gustaría que la gente viera otro lado de ti? Así quizá dejen de pensar que eres un amargado.
-¿La gente piensa eso de mí?-pregunté irónicamente.
-¡Por favor!-dijo tomando mi mano.- ¿No podrías hacerlo ni siquiera por mí?
Rei me miró con esos ojos de borreguito que odiaba y amaba al mismo tiempo. Cada vez que quería obtener algo de mí usaba esa arma en mi contra y me convencía de todo. No podía rebajarme tanto solo por ella, tenía que resistir. Hubo un silencio prolongado mientras ambos nos mirábamos a los ojos y sonreí.
-Qué demonios. Está bien. Acepto.
Rei soltó un grito de emoción y se aplaudió a sí misma. Yo me crucé de brazos y me sentí como un completo estúpido.
-Te enviaré a tu correo electrónico todos los detalles. ¡Será todo un éxito!
Los chicos me enviaron a comprar algunos víveres que hacían falta en la cocina y cuando iba de regreso al restaurante vi al chef saliendo de un café al lado de una hermosa chica. Me detuve un momento porque no quería que me viera, me daba mucha pena. Me quedé observándolos con cuidado de no ser vista. ¿Era su novia? ¿Quién era ella? Si no era su novia seguramente pronto lo sería, se miraban con tanto amor que hasta yo me sentí incómoda. Nunca me hubiera imaginado que el chef tendría la capacidad de mirar a alguien así.
Viendo cómo se despedían me sentí un poco celosa. No de ellos, sino de ese amor que los envolvía. ¿Algún día alguien podría mirarme así? De pronto me sentí muy triste. A mis 25 años nadie me había invitado a salir nunca, tampoco había tenido una relación, ni siquiera un primer amor. Los únicos recuerdos de chicos que tenía era cómo me molestaban en la escuela por ser "rara". Se me rompió el corazón de pensar que jamás podría encontrar un amor de verdad.
¿Quién se iba a fijar en una mujer como yo? No tenía estudios, no tenía dinero, ¡ni siquiera tenía casa! Solo tenía algunos cambios de ropa, unas libretas donde anotaba recetas y mis sentimientos. Ni siquiera tenía una estúpida computadora. Tampoco tenía familia, o amigos… No tenía nada. Sentí unas inmensas ganas de llorar.
El chef por fin se despidió de su amiga y ambos tomaron rumbos diferentes. Me limpié las lágrimas y corrí al restaurante. No quería que el chef llegara y no me viera ahí trabajando. Me había prometido a mí misma que daría todo de mí para demostrar que yo no era cualquier cosa. Tenía que demostrarle a Seiya Kou quién podía llegar a ser yo.
Cuando llegué al restaurante, dejé los víveres en su lugar y me puse a trabajar. Noté que nadie había hecho la salsa de la pasta y la hora de la comida ya estaba muy cerca. La salsa tomaba algo de tiempo en estar lista, y si nadie se encargaba de eso rápido no estaría lista a su hora. Si el chef se daba cuenta, nos iría mal a todos.
Decidí tomar las riendas del asunto y me puse a preparar la salsa. Puse a hervir los tomates, la cebolla y un par de chiles secos en la estufa trasera que nadie usaba. Continué haciendo mis otras labores y también terminé de preparar la salsa. Cuando estuvo lista, escuché que el chef ya había llegado. Lo noté por sus gritos cotidianos.
-¡La gente está exigiendo la salsa!-gritó el chef al entrar a la cocina.- ¡Rápido!
-Ch…chef…-dijo Yoshi.- La pasta…
-¿La pasta qué?
-La salsa…no…
-La salsa no está lista.-intervino Nicolas.
El chef se puso casi rojo de coraje.
-¿QUÉ LES PASA? ¿ESTÁN IDIOTAS?
Terminé de servir los platos y corrí a donde estaba la mesera.
-Aquí están listos. No hay de qué preocuparse.-dije feliz por mi salsa.
La mesera tomó los platos y se dirigió a las mesas.
Seiya se dio cuenta cuando la mesera ya casi llegaba a la mesa y volvió a gritar.
-¿De qué se trata esto? ¿Y esos platos qué? ¿Quién demonios hizo esa salsa?
De pronto sentí la mirada de todos sobre mí.
-Tsukino.-dijo el chef.- ¿Tú hiciste esa salsa?
-Sí, chef…-respondí agachando la mirada.-Yo solo…
-¿Tú solo qué? ¿Qué creías? ¿Sabes lo que nos va a costar que esas personas se quejen de la pasta? ¡Nos van a dar muy malas reseñas!-me dijo mientras me agarraba fuertemente de los hombros.
-Chef.-dijo la mesera que había regresado.
-¿Qué quieres?
-Las personas de la mesa 8 quieren hablar con usted.
-Ya estarás contenta.-me dijo cuando me soltó.
El chef salió de la cocina tratando de guardar la compostura. Los demás me miraron sorprendidos y asustados al mismo tiempo.
-¿Estás loca, Tsukino?-dijeron todos al mismo tiempo mientras se acercaban a mí.
Algunos minutos después regresó el chef y todos guardaron silencio mientras esperaban para ver lo que sucedía después.
-Tsukino.-dijo tranquilamente. Miro a todos en silencio y luego finalmente me miró a mí. ¿Me iba a correr esta vez para siempre?- Les encantó.
-¿QUÉ?-gritaron todos al unísono.
Seiya los miró con enojo y todos callaron.
-Les encantó la salsa.
Traté de resistirme para no sonreír en ese momento y escuché cómo todos estaban sorprendidos.
-Voy a dejar pasar este incidente esta vez.-dijo el chef.- Sin embargo, no puedo creer que esto haya pasado. ¡Yoshi!-gritó.- Eres un idiota. Tú eras el encargado de preparar la salsa hoy. Y lo olvidaste. Ya has acumulado varios errores esta semana, ¿seguro que quieres seguir haciéndolo? No puedes dejar que Tsukino prepare las cosas, no es su trabajo. Mucho menos sin supervisión.
-Chef, yo…
-No quiero que me hables en este momento. Decidiré qué hacer contigo muy pronto. ¡Regresen a trabajar!
Todos regresamos a nuestras labores inmediatamente y me di cuenta cómo el chef se dirigía hacia la parte trasera de la cocina en lugar de a su oficina. Lo seguí sin que nadie se diera cuenta y observé cómo probaba la salsa que yo acababa de hacer. Pude notar cómo su mirada cambiaba y se suavizaba. Por un momento dejó el enojo a un lado. Sonreí tan felizmente que no podía creerlo. Estaba segura de que le había gustado, su expresión no lo podía negar. Suspiré profundamente y regresé a mi trabajo. Quizá iba por el buen camino en mi plan de ser la mejor.
Esa noche, al terminar el día laboral decidí salir a tomar una copa. Mis hermanos y yo teníamos la costumbre de salir a tomar algo de vez en cuando, porque eran pocas las oportunidades que teníamos de convivir. Todos estábamos muy ocupados siempre. Yaten, el menor, era un modelo famoso que viajaba mucho y que siempre tenía llamados para trabajar. Taiki, el mayor y el más cuerdo e inteligente de los tres, era un increíble cardiólogo reconocido en todo Japón. Gente de todo el país venía a Tokio exclusivamente para tener una consulta con él. Yo lo admiraba mucho porque tenía un gran corazón. A sus 35 años no solo le dedicaba su vida entera a la medicina, sino que también le gustaba mucho ayudar a las personas más necesitadas. Usaba su poco tiempo libre para atender a personas de escasos recursos que jamás podrían pagar una consultar con un médico decente.
A Yaten también lo admiraba porque ser un modelo requería muchísima energía, simpatía y carisma, cosas que yo nunca había tenido. Todas las chicas siempre estaban detrás de él, tenía una habilidad impresionante para tratar con ellas. Pero fuera de todo lo superficial, él también era muy generoso. Dedicaba parte de sus ganancias a becar a unos cuantos niños que no tenían la oportunidad de ir a la escuela. Su único defecto es que era incasable. Ninguna mujer había podido atraparlo hasta el día de hoy, y a sus 28 años seguíamos sin creer que eso fuera a pasar algún día. Y yo, pues… yo le dedicaba mi vida al restaurante y a la cocina. A decir verdad, si me comparaba con mis hermanos podía darme cuenta de que yo era el menos exitoso. A pesar de que había logrado muchas cosas, me hacía falta ese toque especial que tenían ellos dos.
Los tres nos llevábamos muy bien. Siempre habíamos sido muy unidos, y si no hubiera sido por ellos y por Rei, nunca hubiera podido reponerme de la muerte de Hiromi. La verdad es que no me imaginaba una vida sin estos dos idiotas. Estábamos juntos desde siempre y así seguiría siendo.
Cuando llegué al bar, Taiki y Yaten ya se encontraban ahí. Ambos se estaban riendo de algo y cuando me vieron entrar cambiaron su expresión de inmediato. Dejaron de verse contentos para ahora verse preocupados.
-¿Por qué demonios me miran como si me fuera a morir en cualquier momento?-dije bromeando mientras me quitaba la chaqueta.
-Hermano…-dijo Taiki.- No queremos que te sientas mal, pero…
-Ahí está Rei. Con un hombre.-dijo Yaten sin tapujos. Eso hacía Yaten siempre, en cambio Taiki trataba de ser más cuidadoso.
Pude notar la tensión en todo mi cuerpo y con cuidado me giré para buscarla entre la multitud. Después de buscar un rato, la vi sentada en una mesa con un hombre que parecía algo mayor que ella. ¿De verdad? Nunca me hubiera imaginado que Rei fuera ese tipo de persona.
-No… no creo que sea nada. Tal vez sea un amigo del canal.-dije al fin.
-No lo creo, hermano.-dijo Yaten.- El tipo se la ha pasado tomándole la mano.
-¡Mesero!-grité.- Un whisky doble en las rocas.
-Vaya, me gusta cuando decides tomar en grande.-rió Yaten.
-Deja de burlarte, Yaten.-intervino Taiki.- Sabes que Seiya ama a Rei.
-Un momento.-respondí.- Yo no amo a Rei… es decir, no exageren. Es mi mejor amiga.
-Sí, sí. Sabemos ese cuento.-dijo Yaten nuevamente.- Nunca has querido aceptar explícitamente que te mueres por Rei. Pero olvidas algo. Somos tus hermanos, tonto. Te conoces perfectamente y si a ella la puedes engañar, a nosotros definitivamente no.
-No hay nada de qué avergonzarse, Seiya.-me dijo Taiki.- Creo que es algo muy válido. El amor llega cuando menos te das cuenta, y no lo puedes evitar.
-Ni siquiera si esa persona era el amor de tu mejor amigo.
-¡Yaten!-dijo Taiki.- Deja de decir esas cosas. Seiya se va a sentir mal.
-Solo estoy hablando las cosas como son.
-Escuchen, chicos.-les dije.- Está bien. No voy a mentir y decir que no siento nada por Rei. Es solo que… no creo que ella sienta lo mismo por mí. Siempre me ha visto como un hermano, o eso creo. Tampoco me he atrevido a decirle nada por respeto a Hiromi, y es algo que me causa mucho conflicto…
-Mira, Seiya.-dijo Yaten inclinándose hacia el frente para mirarme mejor.- Te voy a decir una cosa. Yo no soy experto en el amor, todos sabemos eso. Pero algo sí sé. Hiromi murió hace tres años, ya pasó mucho tiempo como para que ella ahora esté decidida a encontrar el amor nuevamente. Lo que ella no sabe es que tiene el amor en frente de sus ojos, solo que alguien se lo tiene que hacer ver. Es ahí donde entras tú. Si no hablas, vas a ser el estúpido mejor amigo siempre y la vas a ver irse con otro, ¡OTRA VEZ!
-Creo que… en esto tengo que apoyar a Yaten.-dijo Taiki.- Rei no es adivina, no puede leer tu mente. Si no le dices nada, bueno… puedes perderla. ¿Quieres conformarte con su amistad para siempre? Debes permitirte ser feliz.
Analicé palabra por palabra de lo que esos dos idiotas me decían. La verdad es que nunca habían tenido tanta razón como en ese momento. Yo mismo me estaba haciendo tonto y me estaba volviendo loco. ¿Estaba dispuesto a seguir dejando pasar más tiempo sin estar con Rei? No podía dejar que un tipejo como ese con el que estaba sentada del otro lado del bar se la quedara. A fin de cuentas, yo era un buen partido para ella y ella no se merecía menos.
Esa noche bebí demasiado. No podía dejar de pensar en Rei y su cita, tampoco podía dejar de observarlos a lo lejos. A pesar de que Yaten y Taiki trataban de hacerme reír y distraerme, cada minuto que pasaba era una tortura. A eso de las 12:30 am, decidimos irnos. Después de pagar nos dirigimos a la salida, y por si no fuera poco, nos enontramos a Rei saliendo al mismo tiempo.
Rei se sorprendió cuando nos vio a los tres y nos saludó con entusiasmo.
-¡Qué gusto verlos!-dijo sonriendo.
-Igual, querida, ya lo sabes.- dijo Taiki amablemente.- No has ido al consultorio.
-Pronto iré, te lo prometo.
-¿Y quién es tu amigo?-dije de pronto y sin pensarlo.
Yaten y Taiki me miraron sorprendidos. Rei se mostró extrañada por el tono de mi pregunta.
-Él es… él es Kaori. Qué tonta por no presentárselos, ¡una disculpa! Nos conocimos hace un par de semanas en una fiesta.
-Mucho gusto, Kaori.-dijo Yaten extendiendo la mano.- Por ahora nos tenemos que ir, nos vemos otro día, ¿sí, Rei? Te extrañamos.
Nos despedimos de ellos y caminamos rumbo a la plaza que quedaba cerca.
-Eres un tonto, Seiya, no pudiste disimular nada. Vas a arruinar el plan.-dijo Yaten golpeándome en la cabeza.
-¿De qué sirve?-dije borracho.- Si ella ya sale con otro.
-¿Alguna vez la has invitado a salir en una cita? Una cita de verdad.-aclaró Taiki.
-En realidad no…
-¿Qué esperas?-respondieron ambos al mismo tiempo.
Mientras íbamos caminando pude divisar a lo lejos a una chica rubia que caminaba hacia nosotros. A pesar de estar borracho, pude notar que la chica era un tanto guapa. Al parecer mis hermanos estaban pensando lo mismo que yo porque Yaten no pudo quedarse callado.
-Wow, ¿quién es esa rubia?
-No tengo idea, pero tiene una linda sonrisa.-dijo Taiki.
-A decir verdad, no me gusta cómo está vestida. Creo que podría verse mucho mejor, pero a pesar de todo me gusta esa luz que emana. Como si hubiera sido hecha para brillar.
-Qué poeta.-dije.
-No me vas a decir que no puedes verla, ¿o sí?
Cuando volví a mirar a la chica me quedé petrificado. Era Tsukino que iba caminando sola mientras observaba todo a su alrededor. Mis hermanos no podían dejar de mirarla y de pronto me sentí incómodo. De pronto nuestras miradas se cruzaron y noté cómo se ponía nerviosa. Cuando estuvimos más cerca ella seguía mirándonos.
-Hola, chef…-dijo con su delicada voz.
Miré a mis hermanos y ellos me miraron sorprendidos y con una mueca en el rostro.
-Tsu…Tsukino.-dije tratando de no parecer ebrio.
-Hola.-dijo Yaten tomando la mano de Tsukino.- Soy Yaten, el hermano menor de Seiya. ¿Tú quién eres, linda?
-Yo…
-Yo soy Taiki.-dijo.- Mucho gusto. Yo soy el hermano mayor.
-Basta.-dije molesto. Aclaré mi garganta para tratar de hablar mejor.
-Soy Serena Tsukino.-intervino ella antes de que yo pudiera hablar.- Mucho gusto en conocerlos.
-El gusto es de nosotros, linda.- ¿Eres amiga de mi hermano?
-No.-dije.- Ella trabaja en el restaurante. Es ayudante.
-Vaya.-dijo Taiki.- Prometo que pronto iré a comer, hace mucho que no voy. ¿Trabajas todos los días? Quisiera saber para…
-Deberíamos ir juntos.-dijo Yaten.- Me gustaría probar algo tuyo.-sonrió.
-Oigan.-dije molesto.- Chicos, escuchen, me tengo que ir. Nos vemos otro día, ¿sí? Y de hecho, Tsukino se irá conmigo. No me parece correcto dejar que se vaya sola a su casa.
Jalé del brazo a Tsukino y me alejé de mis hermanos. Caminamos durante un buen rato en silencio hasta que ella rompió el silencio.
-Chef… lo siento… no quería entrometerme con sus hermanos.
-No importa.-dije.- Así son ellos. No se parecen nada a mí, ¿cierto? Ellos son amables y divertidos.
Ella me miró con cierta confusión, pero pude sentir que de alguna manera me entendía. Comencé a sentirme un poco mareado, así que decidí sentarme en la primera banca que apareció en el camino.
-¿Puedes irte a casa sola?-dije de pronto.
-Sí, yo…
-Hazlo.
Cerré los ojos un momento y cuando volví a abrirlos me di cuenta que ella seguía a mi lado.
-¿Qué haces aquí? Debes irte.-dije molesto.
-Chef…-dijo ella algo seria.- Usted se ve mal, ¿puedo ayudarlo en algo? No me gustaría que se sintiera mal…
-No tengo nada, Tsukino. Por favor, vete.
-No me gustaría dejarlo así, chef… Sé que se va a enojar conmigo, pero no soy tan tonta como usted cree… puedo darme cuenta de que algo le sucede.
-Pero, ¿cómo…?-suspiré.
Decidí mirarla y cuando levanté la vista me encontré con sus ojos azules mirándome. De pronto lo entendí todo. Entendí lo que mis hermanos dijeron y entendí lo que yo quería. Supe que había solo una manera de comprobar si Rei sentía algo por mí o no. Si le daba celos, podría comprobar si existía una oportunidad para mí. De esa forma, no haría ningún movimiento sin estar seguro. Tenía que conquistar a Serena Tsukino para darle celos a Rei.
Sin pensarlo ni un segundo más, tomé el rostro de Serena en mis manos y la besé.
Me sentía sumamente nerviosa por estar a solas con Seiya Kou. Después de haber conocido a sus hermanos, me sentía tonta y sin clase. Sabía perfectamente que algo le sucedía al chef, ya que se veía distante y preocupado. No podía dejarlo solo, y menos si estaba borracho como notablemente lo estaba. Cuando me miró a los ojos pude sentir cómo mis manos temblaban. Sí debía de estar muy borracho porque jamás me miraba a los ojos.
De pronto no supe qué fue lo que sucedió. Sentí las manos de Seiya tomando mi rostro y luego sentí sus labios sobre los míos. Eso no podía estar pasando. El chef me estaba besando, como nunca antes me había besado nadie. Jamás imaginé que mi primer beso sería de esa forma. Por un momento, solo por un pequeño momento sentí tranquilidad y bienestar. Sentí que no debía preocuparme por nada más que ese beso. Y por primera vez en mi vida sentí mariposas en el estómago.
Cuando nos separamos, Seiya parecía algo confundido. Yo me di cuenta de que todo aquello había sido un estúpido error. El chef estaba borracho, se notaba que había bebido de más, se notaba que no estaba en sus cinco sentidos y de pronto me sentí muy mal por ello. Él intentó decirme algo, pero yo no quería hacer aquello más difícil y vergonzoso. Me puse de pie y salí corriendo de ahí. Ni siquiera miré hacia atrás. Con suerte al día siguiente el chef no recordaría nada de lo sucedido y podríamos olvidarlo todo. Esa noche nunca había sucedido.
