¡Hola a todos!
Les advierto que este es un fanfic lleno de angustia y amor no correspondido. Creo que es una situación lamentable cuando la persona que amas no te ama a ti y que es tan definitiva que no puede ser cambiada por nada.
Alezita Depyran o Makima Depyran
Capítulo 2
Realidad
Dicen que la felicidad del ser amado es la propia.
Jason no lo cree. Desde el balcón de su cuarto puede ver el amplio jardín de la mansión Wayne y divisar bajo uno de sus frondosos árboles a los amantes que conversan ajenos a su escrutinio.
Bruce y Clark son pareja, llevan poco menos de un año juntos, pero aquello se veía venir desde hace mucho.
Los ojos azules de Superman no hacen amago por evitar los designios de amor que lanza con la mirada, su sonrisa perpetuamente tatuada en su rostro se ensancha con facilidad ante su receptor, su voz es jocosa y brilla con la luz propia de los enamorados.
Bruce es más discreto, sus ademanes son controlados, mide cada gesto y palabra. Está apoyado contra la corteza del árbol y se ve relajado, siempre puede bajar su guardia frente a él.
Hacen sentir a Jason un intruso y un vouyeur, solo conversan, ni siquiera están demasiado cerca, pero por el aura que emanan cualquiera diría que se aman.
Hay un suspiro de decepción en su garganta, pero lo contiene con una dura línea en sus labios y da media vuelta para regresar a su cuarto y cerrar las ventanas.
Él iba a decirle, muchas veces se ha imaginado expresando su amor, en algunas es casi poético y en otras es un embrollo de pasión y enojo contenido donde le reclama a gritos y golpes su falta de sensibilidad y empatía.
Cuando se tira en la cama a mirar el techo piensa que dentro de sí existe una dualidad.
El ser oscuro lleno de rencor que quiere una compensación por el dolor infligido, el que se siente despechado y herido, anhelante de venganza. En otras ocasiones es un ser sensible que escribe poesía y canta canciones melancólicas con un solo rostro grabado a fuego en la conciencia.
Pero la mayoría de las veces es el ser racional quién gana, y es entonces que frunce el ceño, se llena la boca de insultos soeces y comentarios sarcásticos, sube a su moto y acelera retandose a sí mismo ir más lejos y nunca volver, para olvidarlo.
Sin embargo, siempre vuelve.
Decepcionado se pone de pie, toma el casco en su escritorio y las llaves para marcharse, cuando acelera la motocicleta y el motor ruge entre sus piernas no se acuerda de él, la memoria le falla y es su instinto quien lo domina.
Necesita un poco de aire fresco que lo libere, porque sabe que nunca se confesará, no interferirá en la felicidad de Bruce Wayne.
