Buenos días gente,

Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling. Servidora les da nuevas experiencias.

Miércoles, lo que significa capítulo nuevo de este fic.

Espero os guste.

EXCUSA

Llamó a la puerta de su despacho y esperó a que contestara, pero no oyó su profunda voz femenina. Volvió a llamar, golpeando con más fuerza la puerta. Nada. Cogió y giró el picaporte, abriendo la puerta despacio y con cuidado.

—¿Aurora? —preguntó. No había nadie. ¿Dónde había ido?

Había pasado los últimos diez minutos decidiendo si se acercaba a su despacho, los diez minutos siguientes buscando la excusa… y diez minutos más maldiciéndose a sí mismo, a esa mujer. A todo en general.

Siempre había alguien más en el aula de profesores. O la distancia que los separaba en la mesa del comedor. O la distancia aún mayor entre las mazmorras y la Torre de Astronomía.

Hacía un mes que no estaban a solas en un sitio…

Él no era una persona romántica, pero se estaba acercando San Valentín, y la idea de que Aurora le diese un beso (el cuarto) le estaba tentando de una manera que no sabía explicar. Se le estaba contagiando la tontería de los estudiantes. Se sentía como un adolescente. Aunque estaba encantado de poder descontar puntos, cuando las alumnas se pasaban cuchicheando la clase y no atendían.

También había aumentado de manera exponencial, por esas fechas, el número puntos con forma de corazoncitos sobre las "i" en los deberes.

Al menos, no había muérdago de por medio. Por Navidad, alguna alumna se paraba debajo cuando él pasaba a su lado… eso era demasiado. Por Merlín ¡que les sacaba varios años! Cuántos castigos había puesto por interrumpir el paso a la gente… Se sonrió complacido.

Mujeres… No podían tener un manual instrucciones… no… ese libro nunca llegó a existir…

Pero ahora se sentía diferente, volviendo momento presente: San Valentín, Aurora y la Alquimia.

Hacía un mes de su último beso.

Tal vez, si le regalase un perfume… un motivo para visitarla en su despacho, quedarse a solas…

Pero...

¿Y si Aurora Sinistra habría estado jugando con él?

Mmmm…

En parte sí. Obviamente.

Cuando la oía comentar con Séptima Vector sobre su última conquista, en sus excursiones a Hogsmeade, antes a él no le importaba. Pero ahora…

¿Cómo se podía echar en falta algo que no se tenía?

Qué imbécil era.

Con Lily le había pasado igual.

Y no aprendía… o no quería aprender…

Mujeres. No podía vivir sin ellas, ni con ellas.

Sacudió la cabeza con energía.

Decidió esperarla en el despacho. A esas horas de la tarde ella solía repasar las clases que tendría durante la noche. Seguramente volvería, antes de bajar a cenar. Había pensado en charlar un rato con la mujer, tal vez indagar sus gustos sobre perfumería y bajar juntos al comedor.

Se sentó en una de las sillas del escritorio y se dedicó a contemplar el despacho. Era bonito y llamativo.

Como ella.

Una pequeña estantería llena de libros. En las baldas, a medio camino entre lo práctico y lo decorativo, había un par de astrolabios, una esfera armilar, un telescopio plegable. Había un objeto precioso, una miniatura del sistema solar contenida en una campana de cristal. Suspendidas en el aire, las lunas giraban alrededor de sus planetas y estos, a su vez, giraban alrededor del brillante sol.

Un marco de fotos, donde salía una Aurora adolescente, recién acabados sus estudios en Hogwarts (estaba con la túnica de graduación), junto a un par de adultos (que debían ser sus padres, la mujer y Aurora compartían cierto parecido físico) y también sus hermano y hermana mayores. En otra, con compañeros de Ravenclaw. Y en la tercera, un chico negro, pelo negro corto y rizado, también Ravenclaw. Tenía cierto aire de satisfacción, saludando con una mano. Le salía un hoyuelo cuando sonreía.

Algo le incomodó por dentro a Severus, al mirar esa fotografía.

Posó su mirada encima del escritorio. Qué raro. Estaba desordenado. Aurora era una mujer muy ordenada. En eso ambos coincidían. ¿Significaba que había salido de manera apresurada?

¿Y qué estaría estudiando esa vez? La curiosidad de esa mujer no tenía límites. Aunque a él le gustaba reírse de ella, de vez en cuando, diciéndola "Aprendiz de todo, maestro de nada". Aurora le miraba enfadada y le solía replicar, con esa lengua afilada (y cálida) que tenía: "Quién fue a hablar, el que ni es aprendiz ni maestro".

Lo cual, siendo sinceros, era verdad. Él no tenía la categoría de Maestro. No había pasado el examen oficial para serlo. Como había sido "contratado" personalmente por Dumbledore, con todo lo que ello conllevaba, en el Ministerio habían hecho la vista gorda.

Había un par de revistas abiertas. El tintero tenía el tapón quitado, y la pluma posada encima de un trozo de pergamino.

No pudo resistirse.

Fue a estirar el brazo para coger una de las revistas, cuando oyó pasos y voces acercándose. Se levantó de la silla como si le hubieran dado una descarga. Hasta notó que se ponía colorado. Como un niño pillado en mitad de una travesura.

—Espero lo consigas, Rori. —Oyó decir. La propietaria de esa voz era Séptima Vector—. Ya sabes cómo se pone….

—Tranquila, hablaré con él— respondió Aurora.

El hombre puso sus manos a la espalda y se irguió, al ver que el pomo de la puerta comenzaba a girar y la puerta a abrirse despacio. Cuando las dos mujeres entraron al despacho de la profesora de Astronomía, ambas dieron un respingo al verle.

OoO

Hoy tengo poco que añadir.

Cuando Severus comenta lo de cómo fue contratado por Dumbledore, tengo una idea de cómo pasan los profesores los exámenes para poder ejercer su profesión. Tengo un borrador, pero no sé si terminaré desarrollándolo.

Un saludo y buena semana.

Robin Fleur