Nota: Soy novata, pero novata de verdad en esto de escribir así que tenedme paciencia.

Disclaimer: Personajes, hechizos, lugares, etc... es todo propiedad de la maravillosa J.K Rowling.


Su nombre la paralizó unos segundos. Se volvió para mirar de frente a su antiguo profesor.

- Usted señorita Granger sera esa persona.- Insistió un Dumbledore confiado en su decisión.

Hermione se quedó helada en la silla no podía moverse, no podía hablar, solo mirar y observar la escena que se estaba montando sin escuchar mas que los latidos de su corazón.

Harry y Ron estaban siendo sujetados por Arthur que intentaba controlar también a su mujer que hacía muchos aspavientos con las manos y se ponía colorada. Ginny lloraba mientras era consolada por George. Narcissa la miraba fijamente mientras intentaba hacer callar a Draco, que gritaba y se quejaba haciendo tantos aspavientos como la señora Weasley. Ante tanto barullo el ministro hizo llamar a mas guardias que lograron poner la cosa en orden, la sala volvió a guardar silencio.

Hermione seguía sin moverse, lo único que era capaz de hacer era pensar en el infierno que iba a sufrir viviendo bajo el mismo techo que esos ojos grises que la miraban tan llenos de odio y rabia que le erizaba el bello.

-Señorita Granger... Señorita Granger, podría acercarse al estrado.- La voz del ministro sonaba distorsionada en sus oídos a causa de la conmoción.

Un zarandeo por parte de Ginny la sacó de sus pensamientos.

-¿Herm estas bien?.- La pelirroja la miraba con los ojos llenos de lagrimas.


Draco observaba furioso y contenido la escena, maldita sangre sucia, ella siempre ella... La castaña no reaccionaba y eso le enfurecía aun mas, si pudiese acercarse el la haría reaccionar.

La pequeña de los pobretones por fin logro que saliese de su embobamiento. La castaña volvió en si, y cuando llegó junto a la urna saco todo su carácter y valentía de leona. Gritaba, intentaba controlar las lagrimas que corrían por sus mejillas, se notaba la rabia, la frustración que sentía. Era la primera vez que la veía comportarse de esa manera ante un profesor, aunque este ya estuviese muerto... Pero el viejo por fin supo hacerla callar.

Ordenó a los guardias que le llevasen a la sala junto a ella para poder hablar mas tranquilos y que la sala no se volviese a descontrolar.

A el también le gustaría estar allí y que el viejo le explicase por que cojones había tenido que elegir a la maldita sabelotodo para ensuciar su hogar.

El ministro ahora tomo el relevo del viejo Dumbledore y continuó con su condena... por si no tuviera bastante castigo ya.

-Le sera requisado todo material mágico que pueda usar en la mansión. Tiene terminantemente prohibido hacer magia de segundo grado y niveles superiores, obviamente.

Draco observaba al ministro haciendo arduos intentos por no arrebatarle la varita que tan cerca tenia de su alcance y lanzarle un Crucio que le partiese todos los huesos del cuerpo. Su madre le apretaba la mano con fuerza apoyándole. Ella, solo ella sabía por todo lo que había pasado, por que su madre lo había vivido con el. En cierto modo se lo debía, una minúscula parte de el sabía que se merecía esos castigos, así que continuó en silencio impasible mientras por dentro se le llevaban los demonios.

-Por ultimo y por consecuencia de lo que se le juzga, se le condena a realizar servicios a la comunidad mágica de los que se le avisara cada vez que sea necesario, imposibilitado una negación por su parte y dejando cualquier actividad que estuviera realizando en el momen...

En ese instante la puerta por la que casi media hora antes habían entrado el viejo y la leona se abrió captando su atención. La castaña apareció mas clamada pero con claros signos de que la charla había sido todo menos tranquila.

En ningún momento volvió la vista hacía él, lo que le enfureció aun más, si esto no acababa pronto iba a terminar el juicio en Azkaban.

Tras firmar los papeles donde los obligaban a no causar daño alguno a Granger y otras gilipolleces mas... por fin el juicio termino.


Hermione fue la primera en salir seguida de sus amigos, que no paraban de preguntarla por que había aceptado esa locura, y asegurarle que iban a hacer todo lo posible por librarla de aquello... y mas cosas de las que Hermione se sentía agradecida pero que sabia que ya no tenían remedio. Si, había aceptado y ya no había vuelta atrás.

-Lo hago por que Dumbledore y McGonagall me lo han pedido como un favor personal.- Ante aquella respuesta ninguno de los Weasley y tampoco Harry supieron que contestar.

-Y tranquilos, no viviré sola con ellos. Tanto el ministro como Dumbledore han decidido que un enviado del ministerio del que aun desconozco su nombre...- Se adelantó la castaña a su amigos. -...vivirá conmigo esta pesadilla.

Aunque sabía que eso no los tranquilizaría del todo, por lo menos serviría para que se callasen un rato, tenía un ligero dolor de cabeza desde la discusión en el despacho y no quería que le fuese a mas. Ya tenía suficiente.

Hermione escuchó la puerta de la sala abrirse a su espalda y casi arrollándola el pelirrojo y Harry se dirigieron firmes hacia su objetivo, que no se trataba de otro mas que el rubio que salia varios pasos por detrás que su madre.

Hermione intentó sujetar a Ron que se había puesto aun mas rojo que antes mientras que Harry lograba alcanzar a Malfoy, sujetándole del brazo con fuerza haciendo detener su paso.

-Como la toques un solo pelo te mataré, te lo juro Malfoy.

Una sonrisa cínica se dibujo en el rostro del Slythering, que de un tirón se liberó del agarre y dirigió su vista a su espectadores, para ser mas precisos a la castaña.

-Tranquilo Potter.- Según fue formando la frase su expresión volvió a cambiar pero esta vez a una cargada de desprecio, con esa arrogancia que caracterizaba a los Malfoy. -No tengo intención alguna de tocarla.

Y sin más reanudo su camino desapareciendo por donde segundos antes lo había hecho su madre, dejando a una castaña mas afectada de lo que ella quería admitir, un pelirrojo apunto de darle un infarto y un pelinegro maldiciendo en voz baja mientras se revolvía en su sitió con los puños apretados.


¿Por que ella?, ¿Por que Dumbledore le había dicho que ella era la última oportunidad para el hurón?, ¿Que sentido tenia todo eso?...

Ahora mas que nunca era consciente de que no había sido una pesadilla, de que de verdad iba a convivir con los Malfoy.

Ahora que iba de camino a esa horrible mansión donde la marcaron de por vida el antebrazo, con esa palabra cicatrizada que ocultaba siempre de la vista de todos como si nunca hubiese estado allí.

Todavía no sabía de donde había sacado las fuerzas para despedirse de Harry, Ron, y los demás de la manera mas serena posible, cuando por dentro estaba echa un manojo de nervios.

Y Crookshanks, "Su peludo amigo." - Hermione suspiro -"Le iba a echar mucho en falta." Los Malfoy le habían prohibido que se lo llevase.

Pronto, mas pronto de lo que ella deseaba se encontraron frente a la verja de Malfoy Manor. Una verja tan grande como antigua donde estaba plasmado el escudo de la familia. Hermione tuvo que tragar en grueso cuando los recuerdos de la ultima vez que se encontró frente a esa verja surgieron de nuevo en su mente.

La señora Weasley se giró en su asiento mientras que su marido bajaba la ventanilla para alcanzar el timbre.

-¿Estas segura cariño?.- Sabía que solo le hacía falta negar con la cabeza para que la señora Weasley le indicase a su marido que diese la vuelta y utilizaran una de sus ideas para ocultarla. Y eso la tentaba, pero sabia que si eso sucedía, los iba a meter en un buen lío, y ya habían pasado bastante.

-No me queda otra.- Hermione intentó sonreír pero no fue capaz. Contuvo las lagrimas en los ojos y bajó la cabeza para que Molly no la viese.

En realidad no era la única que la habia dado la opción de librarse de aquella pesadilla... a los Weasley y a Harry se le había ocurrido en las ultimas horas un montón de ideas, pero ninguna que no significase falsificar su muerte, o que tuviese por consecuencia que fuese "la no prófuga mas buscada del país"así la habia llamado Ginny.

-Esta bien.- Dijo con un resoplido el señor Weasley antes de tocar la campanilla. Ante la llamada, una elfina se apareció al otro lado de la verja y abrió las enormes puertas con un simple chasquido de sus diminutos dedos.

La mansión de los Malfoy no estaba adecuada para aparcar coches muggle a si que lo tuvieron que dejar fuera. Gracias a Merlin, la elfina les apareció justo en la puerta, ahorrándoles el largo camino de piedra hasta ahí.

Hermione echó un ultimo vistazo a Molly que la rodeó maternalmente con su brazo antes de traspasar el umbral que separaba su libertad de su futura tortura.

La elfina les hizo pasar al recibidor donde ya se encontraban Narcissa y su hijo junto a otro hombre que les daba la espalda.

-Señora, señor, la señorita Granger y sus acompañantes.- La elfina agachó la cabeza de tal modo que la punta de su afilada nariz rozó el suelo mientras con un movimiento de su brazo señalaba a los recién llegados a modo de presentación.

El hombre que los acompañaba en esa estancia se giró hacía ellos y saludo con premisa a los Weasley para centrar toda su atención en la jovencita que se hallaba a su izquierda.

-Encantada de conocerla señorita Granger.- El hombre olía a cigarrillos de regaliz y con unos pequeños y redondos ojos verdes que la recordaron a los de Harry.

-Igu...almente.- La palabra le salió atropelladamente a causa de los nervios. Se sentía un poco incomoda ante la penetrante atención que el rubio habia puesto en ella desde que había atravesado la puerta. Ella lo observaba por encima del hombro de aquel señor al que intentaba fallidamente prestar atención.

El no apartaba la mirada y ella luchaba por controlar la situación, una situación tensa y escalofriante.

-Mi nombre es Carl Marrus.- El hombre de mediana edad y gafas de gruesos cristales que resbalaban hasta la punta de su nariz le tendió su mano y casi mas como un acto reflejo que de manera consciente se la estrechó.

-Igu... digo, es un placer.- Las mejillas de Hermione comenzaron a teñirse de rojo ante su equivocación y la sonrisa torcida que había provocado en el Slythering.

"Maldito hurón".


Draco no se molestó en ocultar la satisfacción que sentía al hacer quedar en ridículo a la castaña. Su madre le había pedido que fuese a saludarla al igual que ella estaba haciendo en esos momentos, pero el nunca se rebajaría de tal manera. El se había quedado atrás, observando la escena preguntándose como su madre podía actuar tan bien ante aquella intrusa y los pobretones.

Todavía recordaba el primer día que la vio, fue en la estación...,

El acababa de traspasar la columna junto a sus padres, ellos caminaron hacía delante sin darse cuenta de que su carrito se había quedado atascado en un orificio del suelo. Y entonces fue cuando alguien le tocó el hombro, y una melena castaña con patas y ojos color miel le ofrecía su ayuda.

-Hola, veo que tienes problemas.

-Que observadora...

-Dejame, te ayudo.- Antes de que el pudiese contestar ella ya le había empujado y se había colocado a su lado.

Olía bien, recordaba ese olor tan particular todavía. El niño apuestamente iluso que en ese tiempo era, se había quedado mirándola con el ceño fruncido sin saber que decir, mientras la ayudaba a empujar.

Hicieron falta unos cuantos empujones pero lograron liberar la rueda y entonces justo cuando estaba decidido a darle las gracias su padre apareció como un torbellino y lo arrastró lejos de ella mientras le advertía de que clase era sin molestarse en que ella no lo escuchara.

-Draco, Draco.- Su madre lo sacó de ese estúpido recuerdo que sin saber por que seguía guardando en su memoria. Cuando volvió al presente la elfina subía las escaleras seguida por la leona, mientras que los Weasley y ese viejo de Carl seguían las indicaciones de su madre metiéndose en la sala de espera.

-¿Estas bien Draco?.- Su madre lo sujetaba del brazo y lo miraba preocupada.

-Todo lo bien que se puede teniendo a esta gente bajo mi techo.- Y sin decir nada mas se dio la vuelta y desapareció hacía el salón.

La hora de comer llegó con rapidez y para satisfacción de Draco, Hermione no hizo acto de presencia.

La había escuchado despedirse entre sollozos de los Weasley, y tras su marcha subir las escalera y encerrarse en su habitación. Seguro que aun seguía llorando.


La despedida con los Weasley la había dejado agotada de tanto llorar, se había tumbado en la cama y observó aun con los ojos húmedos el techo de la habitación.

Las horas pasaron y Hermione seguía en la misma posición con la mirada perdida y la mente saturada de tantos pensamientos que vagaban desde su niñez hasta ese mismo día. Ya había rechazado la proposición del elfo de cocina de servirla allí mismo tanto la comida, la merienda y hace unos minutos la cena.

El señor Marrus habia subido a intentar hablar con ella, pero ella no quería hablar con nadie, no tenia apetito, no tenía ganas de nada así que hizo lo único que la servía para olvidar sus problemas, o por lo menos esos problemas, dormir.

Dormir en su nueva cama, en su nueva habitación, en la casa en la que estaría condenada durante los próximos 6 meses.

¿Como iba a sobrevivir a aquello?

Como iba a sobrevivir a Malfoy Manor.