Mozu seguía ayudando llevando las cajas de comida, pero todo el tiempo atento a cuando esos dos salieran de la sala médica. Sabía muy bien que no la había lastimado, pero no estaba seguro de por qué estaban tardando tanto tiempo en salir. Dudó por un momento si sin proponérselo había terminado acercando a la bella guerrera y al flacucho, pero aunque lo hubiera hecho, todavía no se rendiría. De verdad le interesaba Kohaku, y ese breve momento que compartieron con su "accidente" había logrado que ella se ponga nerviosa por la cercanía y no lo corriera, ese era un buen signo. Un momento después, finalmente salieron de la sala, pero por lo que vio, ninguno tenía una expresión distinta, sino más bien relajados y serenos. Por un lado eso era bueno, que no estuvieran nerviosos significaba que seguramente no había pasado nada especial entre ellos…por el otro, podía ser justamente lo contrario, pero quedaba por averiguarlo.

- Kohaku-chan, ¿estás bien? –su rostro expresaba cierta preocupación, aunque falsa.

- Sí, perfectamente. Gracias por atraparme antes Mozu, o el golpe hubiera sido duro.

- ¿Tienes algún dolor?

- No, ninguno. Senku me revisó y me hizo un masaje en…la rodilla, por si tenía la pierna cansada. Ya estoy lista para trabajar, déjame que te ayude.

- Ya veo, mejor así –el científico le pasó por al lado sin mirarlo, y sin mirarla a ella. Quizás estaba arrepentido de su acto de celos, y se estaba conteniendo nuevamente. Mozu sonrió ante esa idea – De acuerdo, pero por las dudas, déjame los cajones más pesados a mí, no te fuerces demasiado, bella.

Cada uno continuó con su trabajo y ayudaron con otros, pero Kohaku estuvo un poco distraída toda la tarde. No podía creer lo que había pasado con Senku, pero sentía un agradable hormigueo en el estómago cuando pensaba en eso, había sido tan delicado como intenso. Pero sobre todo, quería hablar con él para ver cómo continuarían, porque con eso había cambiado todo, o al menos eso le parecía a ella. Para su mala suerte, no había logrado cruzar palabra con él ningún momento, se había encerrado con los generales para elaborar el plan detallado de todo lo que necesitaban para llegar a tierra firme. No sabía si para bien o para mal, tuvo la compañía de Mozu todo el rato, preguntándole cosas de su vida, su aldea, su entrenamiento para llegar a ser súper fuerte como era, todo le interesaba. Por lo cual tampoco tuvo mucho tiempo de pensar en la charla que se debía con Senku.

Pero la noche llegó, y todos se juntaron a cenar y finalmente a disfrutar de su merecido descanso. Senku estuvo rodeado todo el tiempo por sus amigos, así que fue muy difícil para Kohaku encontrar el momento adecuado. Estaban sentados en círculo hablando entre todos, y ella se había metido no sólo para hablar, sino para sacarse de encima de una vez al pesado guerrero, que la seguía como su sombra. Lo extraño era que, si bien ella estaba bastante atenta a él, no veía lo mismo del lado del científico. Un par de veces cruzaron miradas o palabras, pero no daba la impresión de que hubiera pasado nada especial. Pero no era ilusión suya, él fue el que había iniciado toda esa movida con ella en la sala, y además del beso, la mirada y la sonrisa que compartieron después hablaban por sí solas de que había algo más entre ellos. Algo que ahora no salía a la superficie. Finalmente, cuando estaban a punto de irse a dormir, Senku se dignó a mirar unos segundos más largos en dirección a ella, y la rubia le correspondió la mirada, hasta que se decidió a acercarse a hablar.

- Senku, ¿podemos ir a la proa del barco a hablar?

- Te gusta mucho esa parte.

- ¿Qué? –ese comentario la confundió

- Que últimamente se te ve reflexionando ahí por las noches, anoche estabas ahí cuando Mozu se te acercó a hablar.

- Ah…eso –¿Así que Senku estaba atento a lo que ella hacía, aunque después se hiciera el indiferente? – Sí, me gusta cómo se ve el horizonte, y me pregunto cómo estarán todos en la aldea. Creo que siento un poco de nostalgia

- Están perfectamente, no te preocupes. Hablamos a diario con Ruri, y dejamos un gran aprovisionamiento de comidas y herramientas.

- Bien –era incómodo tener que sacar el tema, quizás porque antes había pasado todo naturalmente, y ahora forzarlo se sentía raro– Senku…tengo que preguntar, ¿qué pasó antes?

- Tendrás que ser un poco más específica, leona, pasaron muchas cosas hoy.

- En la sala médica. Ya sabes…el beso –lo miró a los ojos para buscar su reacción.

- Sí. ¿Qué con eso? –estaba respondiendo corto, pero su mirada era relajada.

- Me sorprendió mucho que sucediera, pero me gustó –directa como era, quería decírselo, aunque se estaba sonrojando mucho al decirlo.

- Sí, fue agradable –una diminuta sonrisa escapó de sus labios.

- ¿Y qué pasará con nosotros a partir de ahora?

- ¿Qué pasará con qué? –frunció el ceño– Nada cambiará, leona. Somos los mismos de siempre, con la misma misión con la que empezamos este viaje. Fue un beso, tampoco es como si nos fuéramos a casar por habernos besado unos minutos.

- No, ya lo sé –Ya sabía que Senku era racional y frío, pero le había parecido que a él también le había afectado el beso. Y hubo un brillo en su mirada en ese momento, ¿por qué ahora lo ocultaba? ¡Él la había besado! – No sé lo que piensas, pero al menos para mí sí fue algo especial. Nunca había besado a nadie, y tampoco es algo que haría ligeramente, por más que no sea ni femenina ni romántica.

- Yo tampoco besé a nadie antes, y sabes lo que pienso de las relaciones románticas. ¿Para qué insistes entonces? –su mirada se endureció un poco, lucía irritado.

- No insisto…sólo quería saber cómo te sentías al respecto. Me gustas, Senku, y a pesar de tu actitud no creo equivocarme al pensar que también te gusto, aunque sea un poco, o no me hubieras besado –no le iba a rogar, pero al menos sería sincera en todo. Y podía jurar que él estaba guardándose algo, aunque no tenía idea de qué o por qué.

Hubo algo en la expresión de Senku que vaciló al oír eso. Incluso Kohaku logró detectar con su fina visión que sus pupilas se dilataron un poco, pero a pesar de eso sólo la miró fijo un momento, hasta que eventualmente corrió la mirada hacia el horizonte, sin decir nada. Lo que sea que le pasara, no iba a soltarlo ahora, pero ella tenía una paciencia más limitada que esa, en especial cuando su orgullo estaba en juego.

- Bueno, ya que parece que no quieres darme una respuesta honesta ahora, no "insistiré" más. Sólo quiero decirte que me decepcionas un poco Senku, tú que tanto te jactabas de no mentir, ni siquiera puedes darme una de tus respuestas lógicas ahora. Buenas noches, que descanses.

Se fue un poco enojada, dejándolo solo (porque no lo vio moverse de ahí, aún cuándo lo perdió de vista) pero a los pocos pasos su expresión dio lugar a una más triste. Para colmo, se cruzó en su camino a la persona que menos ganas tenía de ver en ese momento.

- Kohaku-chan… esa mirada sin brillo no le sienta bien a tu belleza, ¿qué te sucede? –Mozu la observó preocupado.

- No tengo ganas de hablar Mozu, y menos contigo, disculpa.

- Espera –la tomó del brazo para detenerla, pero al encontrarse con la mirada fiera de la rubia la soltó con suavidad, haciéndole un gesto con las manos para que se tranquilizara. – Déjame decirte algo, porque soy muy observador y no me gusta verte así. Senku es el hombre con "fuerza de corazón" que te gusta, ¿estoy en lo cierto?

- ¿Cómo…? –empezó a decir, abriendo los ojos sorprendida.

- Estuve buscando en este barco a aquellos que parecieran coincidir con tus palabras, y todavía tenía mis dudas, pero vi que te fuiste a hablar con él y ahora volviste con una mala cara. Es seguro que te afectó lo que sea que hayas hablado con él.

- No lo voy a negar, pero no sé en qué te cambia a ti eso.

- Me cambia, y mucho. Porque de verdad me gustas Kohaku-chan, y ya no solamente por lo hermosa y fuerte que eres, sino por lo que pude conocer de ti en este breve tiempo. Pero para mi mala suerte, tu corazón ya está ocupado con otro hombre, y no te ofendas, pero por muy inteligente que sea me parece un idiota. –Kohaku levantó una ceja, pero no le contestó– Y te diré más, te seré completamente sincero. No pienso renunciar a ti, no lo haré, al menos hasta que puedan demostrarme que de verdad tienes un futuro con Senku.

- Mozu…–no se esperaba eso, sabía que él era un maldito arrogante y superficial, pero se lo veía bastante serio y determinado ahora– Yo también te seré honesta entonces. No me gustas, ni me interesas, y estoy bastante segura que eso cambiará, entonces no quiero que pierdas tu tiempo buscándome. Aunque Senku no quiera otra cosa que una amistad conmigo, no hay lugar para ti.

- Y aunque fuera así, no cambiaré de opinión. Si ese idiota de verdad no está interesado en ti, en algún momento tendrás que abrir tu corazón a otro hombre. No te voy a presionar a que gustes de mí, pero quisiera que me conozcas más antes de decidirlo. Así que te voy a ayudar un poco.

- ¿Ayudar a qué?

- Parece que el líder aquí tiene problemas para reconocer sus sentimientos –sonrió con burla– Porque te puedo asegurar que lo vi estallar de furia por dentro hoy a la mañana cuando te salvé de tu caída. Me dio un manotazo para que no te toque y todo, eso no lo hace un amigo, ¿verdad?

- Sí…me pareció. Pero después actuó normal –omitiendo el beso– quizás sólo desconfía de ti.

- Algo que dice que a ese flacucho no le gusta mostrar sus sentimientos y preocupaciones. Ya lo veremos, por ahora escúchame. Y te lo puedo asegurar como hombre, nada nos despierta más los instintos violentos que cuando otro hombre se mete con la mujer que te interesa.

Las mejillas de Kohaku se colorearon de un rojo intenso antes esa frase. No quería admitir que hasta ahora todo lo que decía Mozu era cierto, pero al menos lo seguiría escuchando. Era demasiado observador e inteligente a su forma.

- Entonces, más bien parece que no quiere admitir que le gustas, aunque no veo el motivo por el cual alguien se contendría de estar con una mujer tan increíble como tú, en especial cuando sabe que va a ser correspondido. Como dije, un idiota. Pero el punto es, ya sabemos cómo hacer que el estoico líder reaccione, ¿verdad, Kohaku-chan? Sí…vamos a ponerle celoso, y con eso con suerte lo hará sincerarse con lo que siente de verdad.

- ¿Ese es tu plan? ¿Ponerlo celoso? Será obvio, y además sabe que no me interesas, se lo dije yo misma. ¿Y cómo lo harás, para que parezca cierto?

- Eso déjamelo a mí, no arruinaré la sorpresa, quiero disfrutar de tus expresiones auténticas –la mirada seductora que le dedicó la puso un poco incómoda– sólo te pido que no seas tan dura conmigo, y colabores. Él no sabe que estamos teniendo esta charla, pero sí que te fuiste molesta, así que bien puede ser posible que ahora te abras a hablar con otros hombres.

- No voy a actuar o mentirle a Senku, ni a nadie. Ni voy a hacer como que de pronto me interesas.

- No te estoy pidiendo eso, preciosa. Sólo que actúes natural, como con tus otros amigos. No es muy difícil, podrás hacerlo. Como los otros días, que hablábamos, compartimos unos tragos, nos conocimos. Sencillo, y de paso me conoces un poco mejor. ¿De acuerdo?

- …De acuerdo.

No le estaba pidiendo nada muy extraño, y ella también quería sacarse la duda con respecto a Senku, así que accedió, aunque todavía desconfiaba un poco de él. De pronto captó que él miró rápidamente hacia atrás de ella, pero en menos de lo que dura un parpadeo volvió a mirarla a los ojos, dedicándole una expresión extrañamente dulce. Sin pedirle permiso, le colocó una mano en el hombro, y la atrajo suavemente hacia él, agarrándola desprevenida, para darle un corto abrazo y un beso en la frente. Sin dejarla responder ni resistirse, se alejó, no sin antes dedicarle un guiño de ojo de lo más cómplice. Kohaku se quedó dura, y pensaba contestarle algo desagradable, cuando se dio cuenta que sentía una presencia cerca…y por lo que acababa de pasar se dio cuenta que seguramente se trataría de Senku, y por eso el guerrero había hecho eso. Resistiendo la impresión de sentirse un poco usada, no pudo evitar sentir un gramo de satisfacción al imaginar el picor interno que le habría generado al científico ver eso, así que hizo lo posible por verse natural e irse caminando a su compartimento de descanso, no dejando ver ninguna reacción suya.

Al día siguiente, Kohaku contó con la compañía de Mozu durante buena parte del día, mayormente cuando compartían tareas de fuerza y cuando entrenaban. En realidad, a ella le tocaba luchar con Kirisame, pero como la isleña y Mozu eran del mismo lugar, también entrenaban juntos, y así fue como le propusieron a Kohaku hacerlo turnados entre los tres. Eso cuando el guerrero no entrenaba con Hyoga o Matsukage, con los cuales pasaba muchas horas también. Pero parecía tener infinita energía como la rubia, así que verdaderamente se empezaban a entender mejor y a Kohaku le parecía menos molesto y arrogante, ya no tenía que forzar tanto las sonrisas o el buen humor alrededor de él. Incluso dejaba que el guerrero se le acerque un poco más de lo necesario, o algún "inocente" roce, aunque nunca se propasaba. En el fondo sabía que era parte del plan de él, o ya habría perdido sus manos hace rato.

El que no estaba del todo contento con la nueva dinámica era Senku, que si bien no intervenía y hablaba normalmente con Kohaku, sus ojos se encendían con una chispa peligrosa cada vez que tenía que tratar con Mozu, o directamente lo ignoraba si podía, pidiéndole a Tsukasa que le diera las instrucciones por él, aunque haciéndolo como sin darle importancia. Por supuesto que nadie sospechó nada de su actitud, era demasiado sutil, y a él no le gustaba armar escándalos ni perder el tiempo con estupideces. O eso fue así hasta que un día sucedió algo distinto. Una noche de casino particularmente animada para la tripulación, estaban todos bastante borrachos por la cerveza, las apuestas (habían comenzado a beber cuando las perdían, ya que no tenían dinero para apostar). Y por todos, incluía a los generales y a Kohaku. Estaban festejando que había pasado una semana entera del extenso viaje, y el tiempo había sido soleado y favorable en cuanto a olas y viento, y eso alcanzaba para montar una fiesta como pocas veces. Sintiendo que quería despejarse un poco, la rubia se fue a su parte favorita del barco, la proa, y se apoyó en la baranda para respirar profundamente.

Viendo eso, Senku decidió acercarse a hablar un poco con ella, hace días estaban tan ocupados como distanciados, y él no podía encontrar un maldito hueco para compartir con ella, porque el pesado de Mozu siempre merodeaba cerca. Su actitud no había cambiado, y si bien estaba más relajado y de mejor humor (cuando no se enfurecía internamente por cercanía en aumento de esos dos), no habían vuelto a cruzar palabras con Kohaku sobre el tema del beso ni de la discusión que habían tenido. Una parte de él quería disculparse con ella por haber sido tan tosco, pero la otra estaba preocupada de que si le era completamente sincero, todo podría cambiar de verdad para ellos, y él no se quería arriesgar a complicar su relación con la leona. Bastante molesto era desconcentrarse cada tanto pensando en ella o recordando lo que había pasado entre ellos, no quería ni imaginarse lo que menguaría su concentración si se dejaba llevar por el deseo y el afecto que sentía irremediablemente hacia su amiga. Pero antes de que pudiera alcanzarla, nuevamente el molesto de Mozu fue más rápido y se le acercó primero. La saludó amigablemente, incluso le puso una mano en la espalda y se la frotó como a modo de consuelo. Senku se ocultó disimuladamente detrás del grueso mástil del barco, pero cada tanto los miraba de reojo.

- Buenas noches Kohaku-chan. Sí que saben divertirse tus amigos.

- Lo sé, y es claro que les gusta más una fiesta que el trabajo. Pero se lo merecen, no es fácil para nadie estar tan lejos de casa y por tanto tiempo.

- Sí, es verdad. Aunque yo ya no tengo casa, ni sé lo que haré cuando esto termine.

- Puedes volver a tu isla, te llevaremos en barco hasta allá, junto con Kirisame.

- No sé si quiero. Será raro volver allá, con todo lo que pasó. Quizás tenga que echar raíces en otro lado…como en tu aldea. Si no llego a tener suerte contigo, me parece que hay unas cuantas chicas hermosas allá, aunque ninguna sea fuerte como tú.

- Será mi suerte entonces que vengas, así dejas de molestarme. Hay muchas mujeres bellas, y conozco a unas que están muy interesadas en tener novio –rió pensando en las tres hermanas.

- Oh, quédate quieta, Kohaku-chan. Tienes una pestaña en la cara, permíteme quitártela.

Mozu, obviamente habiendo detectado a Senku desde el principio, acercó su mano a la cara de Kohaku, que lo miró alzando su cara hacia la de él. Le pidió a la rubia que cerrara los ojos un momento, para que no le molesten sus dedos, a lo cual ella accedió sin dudar esta vez. Se acercó un poco más a ella, y como le levantó la cabeza un poco desde el mentón, daba la impresión que Kohaku estaba muy a gusto con eso, al menos a los ojos del científico, que comenzaba a ver la escena un poco preocupado, con el corazón martillándole hasta en los oídos de los nervios, y apretando el vaso que tenía en la mano con más fuerza de la necesaria.

- Disculpa, me voy a acercar un poco más a tu cara, con esta oscuridad no tengo tan buena vista como la tuya –apenas movió sus labios cuando le murmuró eso, pero le dedicó su mejor sonrisa seductora, a medida que iba entrecerrando sus ojos.

Cuando estaba apenas a unos centímetros de su cara, y precisamente de la boca de Kohaku, se escuchó un estallido cerca, y él se alejó de ella "sobresaltado", aunque sabía muy bien lo que había pasado, o se lo imaginaba. Kohaku miró rápidamente en dirección del sonido, y se encontró con una expresión extraña en la cara se Senku, que la miraba a ella en vez del vaso de vidrio estallado en el piso. Pero más que eso se preocupó cuando detectó un color rojo oscuro en los dedos de una mano de él, la que seguramente sostenía el vaso que ahora estaba partido entre un charco de bebida en el piso, y se acercó a él corriendo.

- ¡Senku! Te lastimaste… ¿qué pasó?

- No sé, seguramente el vaso estaba defectuoso y se terminó de partir, son unos cortes superficiales, no es para preocuparse –decía eso con una mirada ausente, mirando el líquido esparcirse por el suelo.

- No…podrá ser superficial, pero tenemos que limpiarte y vendarte para que no se infecte. Ven conmigo.

Kohaku lo arrastró a la sala médica, parecía que los pies del científico estuvieran pegados al piso como si cargaran un enorme peso, y su mirada lucía igual de perdida y conflictuada. Cuando llegaron, ella lo miró detenidamente, dándose cuenta lo que le pasaba.

- ¿Estás borracho?

- No…diez billones seguro por ciento seguro que no…creo.

- Pero si tú casi no tomas alcohol, ¿cómo pasó esto? –había algo adorable en su mirada perdida, y en la forma en que dijo lo anterior, que casi la hicieron reír.

- ¿De quién te crees que fue la idea de hacer la cerveza?

- De Françoise, y seguro porque Ryusui lo sugirió.

- Traidora…

- Oh, vamos, ¿por algo como eso?

- No, no por eso.

Senku la miró con los labios apretados y los ojos un poco turbios, pero no dijo más nada después de eso, así que Kohaku se dispuso a limpiarle los cortes y vendarle los dedos lastimados. Mientras lo hacía, podía sentir que el científico le clavaba la mirada todo el tiempo, pero por lo demás estaba muy silencioso. Ella también estaba un poco entonada por el alcohol, y el movimiento del barco no ayudaba, pero por lo menos conservaba la mayoría de sus sentidos intactos. Cuando terminó, hizo contacto visual con él, que todavía tenía sus ojos rojos clavados en ella. Era como si quisiera decir algo, pero al mismo tiempo no se animaba.

- Senku, dilo de una vez, ¿qué te sucede? –al escuchar eso, finalmente le corrió la mirada, pero pareció pensar algo seriamente antes de volver a hacerlo.

- Dijiste que yo te gustaba.

- Sí, lo dije –respondió cautelosa, no tenía idea a dónde quería llegar con eso.

- Parece que las leonas cambian de idea absurdamente rápido –su acusación era tan directa como poco clara.

- ¿Qué…? ¿A qué te refieres?

- Y dijiste que el beso que nos dimos fue especial. Que no harías eso fácilmente con otro.

- Sí, así es –no podía negar sus palabras porque eran ciertas, pero seguía sin entender a qué iba con eso, y por qué lo traía a colación justo ahora. ¿Se acordaba tanto todo lo que habían hablado esa noche? Y eso que parecía indiferente.

- No es lo que vi.

- ¿Qué viste? De verdad no sé a qué te refieres. No me besé con nadie desde ese día. Fuiste el único hombre que besé en mi vida, no te entiendo. Estás extraño Senku, quizás sea el alcohol, pero si no puedes ser más claro, enton-

Así como si nada, sin previo aviso, y siendo más rápido que los reflejos atontados de Kohaku, Senku adelantó las dos manos para agarrarle la cara y la atrajo hacia ella para besarla bruscamente. De hecho, fue tan torpe que sus dientes chocaron un poco al principio, pero se recompuso besándola con mucha más intensidad que la otra vez. No había nada místico ni cariñoso esta vez, Senku incluso empujó su lengua abriendo paso en la boca de ella, dejándola saborear el alcohol en su boca, así como lo hacía él con la de ella. En ningún momento soltó su cara, parecía como si temiera que, si la soltaba, ella se esfumaría. Y tal vez ese era realmente su miedo, uno que jamás diría en voz alta, pero que en ese momento lo estaba quemando por dentro. Maldito alcohol, lo estaban haciendo pensar cosas ilógicas, y no podía hacer nada para detener ese hilo de pensamientos. Quería borrar de su mente la imagen del maldito y musculoso Mozu, tocándole la cara, respirándole cerca, a milímetros de su dulce boca. Quería borrar todas esas sonrisas que los veía compartir, ese entendimiento a la hora de entrenar, esas amenas charlas que los veía tener. Pero no, no se borraban de su mente ni aunque pensara la fórmula más difícil del universo, ni se borraban por más que bebiera más alcohol del que su flojo cuerpo pudiera soportar, ni tampoco se borraban cuando ella le decía que no había pasado nada con el guerrero.

Frustrado con esos pensamientos que no lo dejaban en paz, y sin poder controlar su cuerpo y su mente saturados de alcohol, lo único que podía hacer era en devorar a Kohaku, fundirse de alguna forma posible con ella, buscar sus sinceras respuestas con las reacciones de su cuerpo, más que con la de sus palabras. Pero todo lo que podía encontrar eran los sentimientos genuinos de ella, que poco a poco comenzó a corresponderle el beso cuando la marea de sensaciones la dejó reaccionar. Era absurdamente sincera e inocente, al mismo tiempo que fascinantemente valiente y confiada, y esa personalidad suya lo desarmaba, lo hizo desde el primer día que la conoció, aunque ni siquiera lo sospechaba en ese entonces. Y tenía que agradecer tanto como maldecir el momento en que ella se lanzó a abrazarlo en la isla, aliviada de que los había salvado a todos, porque ahí se dio cuenta lo importante que era para ella. Pero a pesar de todo, la seguía viendo como una valiosa amiga, hasta que un día el lancero Hyoga tuvo la brillante idea de revivir a su némesis llamado Mozu, y ese maldito se había acercado demasiado a Kohaku, tanto que disparó todas las alarmas en la mente del científico.

En todo eso pensaba mientras la besaba de forma desesperada, como si esa boca fuese para él como el oxígeno en el agua para un pez, que se sentía que se ahogaba si quedaba fuera de ella. Un sentimiento así lo inundó cuando creyó ver que la rubia iba a ser besada y reclamada por ese infeliz endemoniadamente fuerte. Ni siquiera su respiración le importaba en ese momento, sentía que incluso inhalaba de la boca de ella, hasta el aire quería compartir sólo con su leona en ese momento. Pero esa ola de pensamientos y de sensaciones lo terminó por arrollar, y de pronto no le gustó para nada sentirse tan vulnerable y dependiente, era algo muy peligroso para él, o eso creía. Así que antes de que lo terminen de dominar terminó el intenso beso, como quien se quiere despegar de una descarga eléctrica que lo unió a la corriente, aunque no sacó las manos de su hermosa cara.

Kohaku estaba totalmente sonrojada, sus ojos oscuros entrecerrados y llenos de deseo, y su boca entreabierta, una imagen de lo más lujuriosa, como seguramente estaba él en ese mismo momento. Definitivamente había vuelto en sí, y hasta le pareció que parte del estado alcohólico que tenía se había esfumado de alguna forma. No quería seguir con esas ideas exageradas que habían dominado su mente, diez billones por ciento seguro que no, pero no se iría de ahí sin dejarle algo en claro a Kohaku.

- Te lo digo ahora y no lo voy a volver a repetir, leona: Así como nadie más que yo te besó hasta ahora, lo mismo vale de ahora en adelante, nadie más que yo lo hará. Sólo quiero que me mires a mí con esa expresión que tienes ahora, y yo haré lo mismo contigo ¿entendido?

Buenaas! Tengo que reconocer que me gustó tanto escribir esta historia, que también quise consentirlos a los que me lo pidieron y continuarla un poco más. Así que quedarán uno o dos capítulos por delante, según lo que surja cuando me inspire xD. El Senku duro como una nuez, celoso, y finalmente explosivo (impulsado por un poquito de alcohol, ejem!) es algo que derrite a más de una, brindemos por eso. Que descansen, cuídense! Hasta el próximooo!