Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.

Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.

Capítulo II. Encuentro.

Dejándose caer junto a su maleta, Anna dio un suspiro de alivio.

Ya había empacado sus pocas pertenecías, y comprado su boleto de avión rumbo a Corona, sabiendo que en cualquier momento la comenzarían a buscar, y lo que menos necesitaba era que la alejaran mas de su ideal de vida.

Su mañana no había comenzado de la mejor manera, pues apenas había abierto los ojos su celular le dio una mala noticia.

En un mensaje de texto habían prescindido de ella en el despacho en el que apenas el día anterior había comenzado a trabajar, la razón, simple.

"Muy impulsiva"

Y hasta cierto punto tenían razón, ¿quien salía en lo que parecía ser una zona de guerra a ayudar?

En ese momento supo que en cualquier momento las cosas comenzarían a empeorar, podrían estar buscándola en ese mismo instante, y si quería tener por lo menos la oportunidad de tomar de nueva cuanta las riendas de su vida, necesitaba irse cuánto antes.

Lastimosamente no era la única que planeo irse, y los vuelos de un momento a otro se encontraban saturados, consiguiendo apenas un boleto hasta altas horas de la noche, no era lo ideal pero le funcionaba.

Por un momento pensó en quedarse todo el día en su departamento, pero sabía que la soledad podría hacerle tomar malas decisiones, pues como dicen "La soledad es buena compañera pero mala consejera", por lo que tomo su cartera y salió del departamento, podría dar una última vuelta por Arendelle, quién sabe, tal vez corría con un poco de suerte y pasaría desapercibida.

Caminando se dio cuenta que buena parte de la ciudad se encontraba destruida, los bomberos y policías se encontraban de un lado para otro gritando indicaciones, era de tal magnitud la situación que inclusive algunos ciudadanos eran voluntarios para ser rescatistas.

Su corazón casi le rogaba ayudar a tan noble tarea, pero se rehusó a hacerlo, no podía permitirse volver a exponerse, menos a tan poco de recuperar su tranquilidad.

Sin saberlo, sus pasos la llevaron al castillo de Arendelle, no era raro que eso pasara, pues era como si aquel castillo a las orillas del fiordo la llamara, más nunca paso a más, siempre solía quedarse a las puertas del castillo, venido las banderas izar en el cielo, con el corazón implorando por entrar, pero el miedo siempre la detenía, el miedo a descubrir quién o que era.

Sin embargo, ese día fue diferente, posiblemente nunca más regresaría a Arendelle, y aquella idea de irse sin más, le carcomió el corazón.

Con pasos vacilantes pago su ticket de entrada, y comenzó el recorrido...

Ni siquiera había podido pasar de la recepción, cuando sus ojos comenzaron a fallarle, todo era tan borroso, y a la misma vez tan claro, era como si viera doblemente todo, como si viera con otros ojos que no eran la suyos, pero al mismo tiempo lo eran, era tal el desconcierto que sentía como sus pulmones se rehusaban a pasar aire para sobrevivir, cegada por el miedo que le causaba aquella visión del castillo, se trato de recargar en una pared, pero en cambio sintió coló su mano era tomada por alguien.

Trato de enfocar la mirada, de saber quién le había tendido la mano, pero era inútil.

- Déjame ayudarte. - Aquella voz, aquella dulce y maravillosa voz... ¿donde la había escuchado?

Su corazón se saltó un par de latidos al sentir la suavidad de las manos que la sostenían transmitiéndole un sentir que no podía describir, de pronto aquel terror que sentía, se convirtió en una cálida sensación en su pecho.

No supo cuánto habían caminado, pero de pronto su vista comenzó a regresar, estaban en un pequeño muelle, el mar frente a ella era impresionante, y cuando sintió que la mano que la había guiado hasta ese lugar la soltó, su mirada fue a dar ante ella.

La más hermosa y perfecta criatura que jamás haya visto, de cabellos platinados, unos maravillosos orbes azules iluminaban su rostro, de piel tan pálida como la más inmaculada nieve, su rostro le regalaba una hermosa sonrisa, y nunca antes se había sentido tan poco merecedora de una igual.

- Hola Anna. - Escucho, pero parecía tan lejano que no le presto atención.

Lo que verdaderamente la saco de su burbuja, fue cuando detrás de aquella hermosa mujer aparecieron ellos.

Trato de darse la vuelta para correr, encantándose nuevamente el mar, estaba prácticamente acorralada por la liga de la justicia.

El llamado hombre de acero se acerco a ella con una sonrisa deslumbrante, seguramente tratando de parecer amigable.

- Hola, soy Superman, se que es repentino. - la sonrisa nunca se fue de su rostro. - Pero nos gustaría hablar contigo.

Pese a la amable proposición, Anna supo que no tenía en realidad otra opción, así que solo asintió.

Una luz la cegó durante unos segundos, y sintió como su estomago dio un desagradable tirón, apenas sintiendo el suelo nuevamente, el poco desayuno que había tenido acabo en el suelo.

- Carajo. - Dijo limpiándose la boca con la manga de su camisa, - Podían haber avisado.

Alzó la mirada notando que ya no se encontraba en Arendelle, ni siquiera podía decir que se encontraba en la tierra, pues frente a ella, una ventana dejaba ver al planeta azul.

- Tienen que estar bromeando.

Pero no recibió ninguna respuesta, solo más de media docena de ojos viéndola fijamente.

Aquellos eran considerados como los seres más fuertes del mundo, pero Anna no dejaría que la intimidaran, pues el no estar en la tierra, le hizo ver que no podía estar expuesta.

- Así que, que quieren conmigo. - dijo viendo al que parecía ser el jefe de esas personas en disfraces.

- Nuestra compañera, Diana nos habló de tus proezas del día de ayer. - Dijo Superman nuevamente. - El mundo es un lugar catastrófico, un simple acto puede cambiar la vida de una persona, tu salvaste a mucha gente, podemos hacer la diferencia, si te unes a nosotros.