Hola a todos, este es el segundo capítulo, está escrito desde el punto de vista de la versión feminina de Dean, Deana. Espero les guste.

En mi juventud los días pasaron llenos de esperanza, de risa y felicidad. No fui como todas las chicas pensando en su alma gemela, en el príncipe o guerrero que llegará a su vida para salvarlas de la monotonía.

Siempre me enfoque en ayudar a criar a Sam, en ser un buen ejemplo. Nuestra madre murió en un incendio cuando Sam apenas era un bebe, nuestro padre cayó depresión, se culpaba por el accidente, poco a poco sucumbió en la desesperación de haber perdido el amor de su vida, ahogó sus penas en el alcohol. Aprendí a valerme por mí misma muy joven, aprendí a robar alimentos para Sam, rebuscaba lo necesario, en ocasiones John se ausentaba varios días, a veces semanas, yo quedaba encargada de todo, recuerdo como la esposa de tío Bobby nos acogía en su casa cuando se enteraba, nos alimentaba y trataba cómo sólo una madre podría. Intentaba ocultar cuando estábamos solos, no quería que John se enojara conmigo, siempre era malo cuando estaba borracho y molesto. Me hice la idea de que perder un ser amado podría destruirte, más si está era tu alma gemela. Después, cuando John salió una tarde y nunca volvió, pudimos saber lo que era un hogar. Karen y Bobby fueron lo mejor que podíamos soñar. Ella nos amaba y nosotras a ella, fue la primera persona en enseñarme que el amor podía ser bueno, que las almas gemelas llegaban en sueños y se quedaban en la vida real. Bobby nos enseñó como debía ser padre, cómo era sentirse protegidos y seguros. Jugábamos y reíamos todos los días, la felicidad era pan de cada día hasta que lo impensable ocurrió. Karen era una mujer jovial y amorosa, siempre la recordaré como la madre que no alcance a tener, murió una noche mientras dormía, no sufrió ni peno.

Ella dejó un gran vacío en todos nosotros, aunque no lo dije el miedo a que la historia se repitiera me carcomía, ya no me quedaba nadie más, no tenía a donde ir, no quería que Sam pasará hambre.

Lloraba por la pérdida de mi madre sustituta, por el temor a que Bobby cayera en la bebida y nos abandonará.

Los días pasaban y el luto se alejaba lentamente, Bobby se veía ensombrecido, parte de su alma había muerto mas nunca nos abandonó, buscaba la forma de dedicarnos tiempo, de jugar con nosotras. 14 años tenía cuando John volvió como un tornado, arrasando todo cuanto pudo. Fue una lucha cruenta entre titanes, hasta ese punto creía que él estaba muerto y lo prefería así, rezaba para que se fuera como hacía 7 años, soñaba con su ausencia, con la maravillosa normalidad de su desaparición, al despertar su presencia seguía allí, rondando, invadiendo mi día a día. Al final de unos meses donde la confusión reinó en nuestras mentes, dónde Sammy constantemente me preguntaba quién era ese hombre que intentaba robarnos, el único padre que había conocido era Bobby y yo no pensaba desmentirlo, salimos airosos, ganamos una batalla legal que ahora nos nombraba como protegidos del señor Robert Singer, mejor conocido como tío Bobby.

Los años pasaron y nunca consideré importante pensar en las almas gemelas. Aprendí a cuidar como es debido un auto, mis días se ocupaban en ayudar a Sammy con sus tareas, a Bobby con el deshuesadero, realizar algunas tareas de la casa y enfocarme en mi estudio. No me quedaba tiempo para divagar en pensamientos románticos. Soñaba con un futuro, en el que todo lo que Bobby había hecho por nosotros, lo podría regresar como agradecimiento. Me concentraba en mis metas, lo demás llegaba por añadidura, los hombres y mujeres nunca me faltaron, tenía sexo a la carta, cuando y como quisiera, no había mayores apegos, no era lo que ninguno buscaba.

Prácticamente había olvidado la existencia de estos seres y sensaciones casi mitológicos, el único recordatorio fue la pareja de Sammy, una mujer rubia y agradable, ella había llegado como todos los demás, en un sueño, su rostro se había materializado en una noche de septiembre, un mes después de la primera noche que soñó con ella. Recuerdo una mañana muy específica en la que Sam me despertó salvajemente, lleno de júbilo y éxtasis, por fin había soñado con su otra mitad, la describió como si la estuviera viendo en ese momento, su cabello rubio, sus ojos claros, sus labios rosados y gruesos. Y yo cuando sueño con mi alma gemela no recuerdo nada más que unos ojos azules, unos increíbles ojos azules como el mismo cielo, pero solo unos ojos azules al fin y al cabo.