La llevo a una parte del salón, quería estar solamente con ella.
– Posiblemente tampoco tengamos una conversación pero ¿Quien necesita palabras? Bailar vence cualquier conversación. Es la forma en la que tus pies sonríen o... se ríen. Te deja decir muchas cosas.
Comenzó a hablar Anna mientras una de sus manos se apoyaba en la cintura de Elsa y la otra tomaba su mano.
– Es otro lenguaje el que usamos al bailar y puedes gritar o hablar sin las palabras usar.
Los ojos zafiro de Elsa se detuvieron en los labios de Anna, como se movían ante las palabras que ella pronunciaba con lentitud, quería que entendiera lo que decía.
— Deja que tus emociones te indiquen que hacer.– Hablo.– Un paso haz de dar, es un paso y podrás decir lo que sientes al fin.
Aquella frase final fue susurrada y provocó un fuerte sonrojo en las mejillas de Elsa. Le dio una corta vuelta volviendo a tomarla de la cintura. La albina seguía sin pronunciar palabras salvo, claro, que mostraba amplias sonrisas y algún que otro pequeño suspiro.
Las miradas que comenzaban a recibir parecían no importarles, estaban concentradas en aquel baile que Anna dirigía, su idea comenzaba a darle frutos y eso le agradable bastante.
Observó sus labios, no habían soltado palabra alguna y seguía en el intento de poder conseguir una frase de Elizabeth. Anna decidió dar otro paso, intentó acortar más la distancia entre ambas pero mientras ella daba un paso hacia adelante, Elsa daba dos hacia atrás. Se sintió frustrada por eso, quizás no se debía de apresurar y simplemente tenía que dejar que las cosas fluyeran. Después de todo no podía negar la enorme atracción que tenía hacía la primogénita de Adgarr.
– Bailar es como una charla, tus labios no se tienen que mover y al empezar si es de a dos es mejor.– Murmuro la pelirroja.– Pie con pie...
Había logrado acortar toda distancia con Elsa y agradecía tanto que la susodicha no se alejara. Un poco más y podría probar aquellos labios que anhelaba sentir, todo se había detenido para ambas, quienes habían parado de bailar. Quizás si Mavis no las hubiera interrumpido, podrían haber tenido aquel anhelado beso.
– Señorita Anna.– Llamó la azabache con una sonrisa.– Elsie, papá te busca.– Mintió.
Una mentira que Elsa se tragó, asintiendo y dejando a las dos solas, se marchó en busca de su progenitor. Mavis la siguió hasta perderla de vista y luego observó a la chica de ojos turquesas.
– ¿Que hacías con mi hermana? – Preguntó con curiosidad.
– Simplemente un pequeño baile, quería mostrarle que no hacían falta el uso de palabras para demostrar lo que uno siente realmente.– Explicó con calma.
Mavis proceso aquella explicación en lo que sus orbes azules se fijaban en el suelo. Luego de unos momentos le sonrió a Anna y tomó su mano guindola al centro de la pista.
– En ese caso permítame un baile.– Pidió la azabache.
Fue la cuestión de los segundos en que Anna estuve en silencio que incentivaron a Mavis a iniciar el baile.
– Es un agradable clima, ¿No cree?
– Absolutamente.– Contestó Anna.– Pero debe excusarme, es hora de partir.
– ¿Tan temprano? – Cuestionó la ojiazul.
– Me espera un largo viaje hasta Harlem, créame que es mejor partir ahora.– Explicó separándose.– Aún así, muchas gracias por el baile.
Con una corta reverencia se retiró del salón.
Mavis observó la cabellera rojiza perderse y luego giró su vista a su hermana mayor, se acercó a ella y la tomó de brazo con la excusa de tener que hablar a solas.
– No le hablaste, ¿Verdad? – Preguntó.
– Me dijiste que no lo hiciera, tus palabras fueron claras: "Ella es mía" – Le recordó Elizabeth.– ¿Por qué la pregunta?
Mavis soltó un suspiro y acomodó unos pocos mechones detrás de su oreja.
– Anna se ha ido.– Contestó.– Pensé que le habías dicho algo.
Elsa negó con un intento de sonrisa.
– Jamás, no le he hablado y lo sabes. Se que me viste cuando ella estaba bailando conmigo.
Mavis sintió vergüenza por eso y lo demostró al mirar a otro lado con un rojo en sus mejillas.
– Solo quería...
– Asegurarte de que no te la robara.– Elsa completo la frase.– Sabes que no lo haría.
Su hermana menor rió con nervios y acabó por abrazarla.
– Gracias.
