Disclaimer: Naruto no me pertenece, es propiedad de Masashi Kishimoto.

Nota del autor: Este es un fic bajo pedido, la idea la armé en conjunto con Mari Sanabria por haber ganado un sorteo en mi página de facebook. Serán tres capítulos.

Advertencias: Infidelidad y un poco de NaruSaku. Un poco de OoC de Naruto. Rating M por Abuso sexual, se recomienda discreción.

Pareja principal: Kakashi x Hinata.


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Promesas

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Capítulo II

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Kakashi Hatake era demasiado extraño.

Durante la siguiente semana Hinata lo vio más veces que en un par de años. Cuando iba al supermercado la saludó mientras él compraba verduras o cuando salía de ayudar al Shino en la academia ninja, lo encontraba leyendo en alguno de los árboles del patio, tal vez Kakashi siempre había estado cerca pero ella no lo había notado antes. Era extraño, pero agradable porque él se comportaba muy amigable y solía hacerle compañía cuando se sentía más sola.

Cuando Hinata renunció a su apellido para casarse con Naruto, también le quedó negado el acceso al clan Hyuuga, pero su hermana y su padre solían ir a visitarla para comer o tomar un poco de té en su casa, por lo que ella no podía llegar de imprevisto a la mansión. Kiba siempre andaba ocupado con cosas de su clan, así que con quien podía pasar más tiempo era con Shino y Kurenai, quien se encontraba en una situación similar a la suya, pues Mirai ya era jounnin y pasaba la mayor parte de su tiempo fuera de casa.

Así que de alguna manera Kakashi se convirtió en una presencia constante en los meses siguientes. Los viernes llegaba puntual a las dos de la tarde a la casa, y juntos entrenaban a la pequeña Uzumaki. Comían junto al ninken a las seis de la tarde y mientras la niña y los perros dormitaban un rato, Hinata tejía mientras conversaba con Kakashi hasta que llegaba la noche y el peliplateado y los perros se marchaban. Cuando boruto no tenía entrenamiento o misiones se unía a ellos y entonces la casa se llenaba de risas y ruido por doquier.

Ya llevaban medio año con esa rutina y de alguna manera le hizo sentir más animada. A Boruto no le hizo ninguna gracia enterarse que el ninja copia, sensei de su padre y de Sasuke-sensei, estaba entrenando a Himawari, y se quejó diciendo que a él le habían asignado como instructor a Konohamaru nii-chan que no era tan legendario como el peliplateado. Pero Himawari, orgullosa de saber que tenía al maestro de su padre como maestro, abrazó a su hermano y le dijo que esperaba poder ser una gran shinobi como él, por lo que se estaba esforzando en aprender de Kakashi-sensei. Boruto quedó desarmado ante la sonrisa de su hermana y terminó cediendo, argumentando que al final de cuentas él también tenía a Sasuke-sensei.

Hinata sabía que Naruto se había enterado del entrenamiento de Kakashi por boca de sus hijos, pero en los ratos en que el rubio se pasaba por la casa nunca le preguntó nada al respecto. Eso la puso triste, pues inconscientemente había tenido la esperanza de que se hiciera más presente por lo menos en los entrenamientos de Himawari o que le dijera que estaba triste de no poder pasar más tiempo con ella, pero no, si Naruto estaba de acuerdo o no con el entrenamiento de Himawari, ella no lo sabía.

Suspiró y miró el calendario de la cocina. Era jueves, hace un par de horas había desayunado con Boruto antes de que marchara a una misión en la aldea pero que iría a pasar la tarde con Himawari en el clan Hyuuga. Mañana el comedor de su casa se llenaría de las risas de Himawari, las observaciones de Kakashi y los ladridos de los perros, y sin duda eso la ponía muy contenta. Pero ahora tenía otro objetivo en mente, terminar de guardar los bocadillos que había preparado para su salida con Kurenai, quien le había dicho que tenía que contarle algo muy importante.

Con la alegría que la caracterizaba, dejó la canasta lista en la mesa y subió a su habitación para terminar de arreglarse. Llevaba un bonito vestido rosa con mangas a tres cuartos y un suéter color crema, apropiado para un día de otoño. Pronto empezaría el invierno, por lo que aprovechaba cualquier ocasión para usar sus preciados vestidos. Miró su tocador y observó el labial rosa que había comprado hace poco y aún no se animaba a usar, pero ese día se sentía linda y quería verse igual. Se puso un poco en los labios, revisó que el lazo que ataba su cabello en una cola alta estuviera bien puesto y marchó para ver a su sensei, madre y amiga.

Iba caminando a través de la aldea con la canasta en un brazo y sonriendo sin ningún motivo especial, solo había amanecido muy contenta y ya.

Buen día, Hinata-sama

La saludaban las personas en la aldea y ella respondió con la misma energía. Continuó con su camino hacía la casa de su sensei, cuando de pronto notó una multitud de personas con banderas y papeles coloridos por todos lados. Entonces recordó que ese día Naruto iba a inaugurar la nueva escuela para los niños que no querían ir a la academia shinobi pero deseaban aprender un oficio o profesión. Ella misma había llevado el día anterior a Moegui, una de las asistentes de Naruto, su capa de Hokage recién planchada y remendada.

Se acercó un poco para ver a su esposo, quien estaba cortando el listón rojo y las personas aplaudían la nueva iniciativa del Hokage.

— Hey — Saludó Shikamaru al ser el primero en ver a la mujer. Muchas personas vieron a Hinata y abrieron un camino entre la multitud para que ella pudiera pasar hasta el frente.

Ella se sonrojó, pero con el entusiasmo de quien tiene un buen día, avanzó con paso decidido y agradeciendo a todos su consideración con ella. Pronto llegó al frente, donde Naruto le extendió la mano y la ayudó a subir a la tarima donde estaba él. Una vez arriba, sonrió y escuchó atentamente el discurso de su esposo.

Para su buena suerte, llegó en la parte final de la inauguración, por lo que pronto comenzaron a dispersarse las personas.

Hoy se ve muy linda, Hinata-sama...

Está radiante, debe estar embarazada de nuevo...

Los cuchicheos se dejaron escuchar y Naruto frunció el ceño, entonces buscó con la mirada a su esposa y la encontró conversando con Shikamaru.

— Oh, también me ha dicho que quiere hablar conmigo, aunque tengo una sospecha de lo que se trata. — Escuchó Naruto cuando se acercó a ellos.

— ¿Qué podrá ser?

— Ni idea, las mujeres pueden llegar a ser muy misteriosas si se lo proponen. — Se quejó el Nara, mientras Hinata reía bajito.

— Que no te oiga Temari-san…

— ¿Me pierdo de algo interesante? — Preguntó el rubio con un poco serio, pero Hinata se lo atribuyó al cansancio.

— Iba de camino a casa de Kurenai, dice que tiene una noticia que darme.

— Mirai dice que últimamente sale bastante de casa, espero que todo está bien, por favor avísame si necesitan algo, con permiso. — Se despidió el moreno al ver a lo lejos a Shikadai y dirigirse hacía él.

— Hai. — Hinata asintió y ambos esposos vieron al Nara ir con su hijo.

Un silencio incómodo los envolvió.

— Supongo que ya me demoré bastante, nos vemos Naruto. — Ella se dio la vuelta pero él la detuvo poniendo una mano en su brazo que llevaba la canasta.

— No te había visto ese vestido en mucho tiempo.

Ella se sonrojó.

— Pensé en usarlo antes de que llegue el invierno. — Dijo mientras lo alisaba con su mano libre.

— No quiero que salgas así a la calle. — Hinata abrió la boca para decir algo pero Naruto habló primero. — No me gusta que la gente hable de ti.

— Soy la esposa del Hokage, siempre lo han hecho. — Se defendió… ¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué Naruto le decía eso?

— Y no me gusta que cotilleen sobre si vamos a ser padres de nuevo.

— Eso no debería incomodarte, no es como si hubiera posibilidad de eso. — Ella desvió la vista un poco avergonzada, ¿Cómo se atrevía a reñirle por algo que no era su culpa? — Los chismes solo son chismes y no son importantes. — Naruto abrió los ojos sorprendido pero la soltó.

— Supongo que tienes razón.— Concedió el rubio, no quería montar un espectáculo en la calle. — Pero aún así no quiero que salgas así.

Hinata miró el largo de su vestido, le llegaba por debajo de las rodillas como la etiqueta con la que se crió indicaba. Su ropa no estaba mal, ¿O sí? Naruto la estaba haciendo dudar.

— Voy tarde. — Fue lo único que se le ocurrió decir, así que se marchó dejando al rubio solo.

El corazón le palpitaba pero era de preocupación, y toda la alegría de su mañana se acababa de esfumar. Cuando llegó al departamento donde vivía Kurenai, se detuvo y trató de normalizar su respiración, después pensaría en los sucedido con Naruto, por el momento debía estar tranquila. Llamó a la puerta y con solo ver a su antigua sensei, se animó.

Charlar con la mujer que la había acompañado por tantos años le levantó el ánimo y le ayudó a olvidar su discusión con el rubio. El ambiente era tranquilo mientras comían y bebían todo lo que Hinata preparó.

— Eres muy paciente, Hinata. — Kurenai sonrió.

— No es así. — Negó. — Imagino que es muy importante y no quise presionarte.

La mayor bajó su taza de té y asintió.

— Eres la primera en saberlo. Mirai sospecha algo pero creo que ya es momento de hacer las cosas bien. — Hizo una pausa para tratar de leer el rostro de la más joven. — Pronto se cumplirán 20 años de la muerte de Asuma y Mirai es una jounnin activa y muy capaz. Realmente yo no planeé nada, sólo pasó.

Hinata ladeó un poco la cabeza.

— ¿Ocurrió algo?

— No, yo… he decidido vender este departamento porque me iré a vivir con mi nueva pareja. — Hinata abrió los ojos muy sorprendida.— Él y yo hemos acordado vivir en una nueva casa cerca del monte de los Hokages.

— ¿Mirai-chan sabe de...?

— Creo que sospecha pero ha sabido darme mi espacio, es una buena niña.

— Es grandioso que hayas vuelto a hacer tú vida, siempre has sido muy fuerte, Kurenai-sensei.

La de ojos rojos sonrió.

— Por mucho tiempo me atormentaba pensando que estaba engañando a Asuma, pero la verdad es que pienso que él querría que yo fuera feliz. No es como que planee tener más hijos, no, pero a las personas siempre nos hace falta sentirnos queridos y necesitados, así como cuidar y amar a otros, ¿No? Además, Mirai está creciendo, ya está haciendo su propia vida y no puedo depender de ella ni sería justo para ambas, tengo que buscar mi felicidad yo misma.

Hinata asintió, sabía a lo que se refería.

— ¿Y quién es? — Preguntó tímidamente.

— Es un ex ninja de la arena que vino a radicar en Konoha... — Y pasaron el resto de la tarde conversando los detalles de la nueva relación de la mujer.

Cuando salió de vuelta a su hogar, la luna ya estaba a lo alto del cielo, pero Hinata no llevaba prisa, pues sabía que los niños estarían con Hanabi y su esposo en la torre. Todo el camino fue pensando en lo que le contó Kurenai, se veía muy contenta y eso le alegró.

Aunque ahora que lo pensaba un poco, tal vez Shikamaru, Ino y Chouji se molestarían un poco con lo sobreprotectores que eran con Kurenai. Una vez Shikamaru le contó que el equipo 10 le había prometido a Asuma en su lecho de muerte cuidar de Kurenai y Mirai, así que esperaba que pudieran ser empáticos y no molestarse con Kurenai, porque como ella le dijo esa misma tarde, Asuma nunca se iría de su corazón pero que debía continuar con su vida.

Entró a la casa y notó que estaba encendida la luz de la sala, probablemente olvidó apagarla antes de salir. Dejó la canasta en el vestíbulo de la entrada y fue a asomarse. Para su sorpresa, una melena rubia estaba acostada en el sofá.

— ¿Naruto? — Preguntó sorprendida. Era los fines de semana cuando su esposo iba a casa por ropa limpia, pero ese día era jueves.

— Oh, Hinata, me quedé dormido. — Respondió somnoliento mientras se incorporaba.

— ¿Por qué no fuiste a la cama si ibas a dormir en casa? — Fue lo primero que se le ocurrió preguntar.

— Te estaba esperando. — Aquella respuesta la desconcertó, pero de pronto recordó su discusión más temprano. — ¿Donde estabas?

— Fui a visitar a Kurenai-sensei. — Se acercó al sofá donde estaba el rubio.

— ¿Desde la mañana? Son las once de la noche.

Hinata quiso decirle que él podía pasar días enteros sin dar señales de vida pero en parte tenía razón, ella era una mujer casada y esas no eran horas de salir.

— Lo siento, la charla se alargó. — Se sentó frente al chico y sonrió. — Kurenai decidió retomar su vida y se va a ir a vivir con su pareja.

Y ella sonrió, en cambio, Naruto la miró fijamente.

— Supongo que debería darle la enhorabuena. — Dijo seriamente.

Hinata frunció el ceño.

— ¿Sucede algo? Te noto raro desde la mañana.

— No me gusta que salgas vestida así, y menos que llegues tan tarde a casa.

— ¿Por qué? Nunca hay nadie en casa y me aburro de estar todo el día sin hacer nada.

Señaló a su alrededor y todo estaba en orden y limpio.

— No te estoy prohibiendo salir, solo digo que no uses esa ropa tan juvenil, ya no eres una joven, eres una mujer casada con dos hijos.

Hinata abrió la boca para responder pero no se le ocurrió nada que decir.

— Vine a casa porque tengo que preguntarte algo.

— Adelante. — Dijo con un hilo de voz.

— ¿Estás teniendo una aventura con Kakashi-sensei? — Ella lo miró sorprendida. ¿A qué venía esa pregunta?

— ¿Qué?

— Hinata, no me voy a enojar, solo quiero saberlo. — Pasó una mano por su cabello en señal de frustración y cansancio. — No soy nadie para exigirte que me seas fiel, pero prefiero enterarme de tu boca.

Fue turno de ella para fruncir el ceño.

— ¿Qué he hecho que te haga pensar eso?

— Realmente nada, pero me han dicho que los han visto juntos últimamente y a parte, ¿Por qué otro motivo aceptaría entrenar a Himawari?

— Tal vez porque es tu hija y él te aprecia… ¿Cómo puedes decir esto Naruto? ¿Cómo lo puedes preguntar con esa sangre tan fría? ¿Acaso no te importo? — Sintió el preámbulo del llanto picar en el puente de su nariz.

— No es que no me importes, en realidad estaba convencido de que no serías capaz de engañarme, pero quería estar seguro de que no haz hecho algo que afecte a la familia.

Aquello sorprendió a la chica, ¿En ese concepto la tenía? ¿Por qué?

— Necesito que pases más tiempo en casa. — Fue la repentina solicitud de ella.

— Sabes que no puedo.

— Entonces no me acuses de hacer algo que afecte a la familia, porque tú lo has hecho primero con tu ausencia.

De acuerdo, eso no se lo esperaba Naruto. Desde la mañana, cuando vio a Hinata, en el pecho le quedó una extraña sensación. Odió que otros hombres la miraran al pasar, que ella les sonriera y siguiera como flotando por la vida.

Sabía que no tenía ningún derecho a detenerla si un día se quería ir de su lado, él la estaba engañando desde que se dio cuenta de que ya no la amaba. Sin duda Hinata había sido su amor y una gran esposa durante los primeros años, pero una mañana despertó y se dio cuenta de que seguía amando a Sakura, quien se veía exactamente igual que hace 15 años y quién nunca envejecería gracias a su jutsu especial.

Pero el que ya no amara a Hinata no significaba que quisiera dejarla ir, ya sabía que eso era egoísta, pero ella había sido la primera persona que creyó en él, sabía que lo amaba y no tenía el corazón de dejarla ni de dejar que se la llevaran.

Por eso no quería que usara sus vestidos más bonitos ni que sonriera a otros hombres, ella debía guardar su dulzura y bondad sólo para él, su esposo.

— Ser Hokage siempre fue mi sueño, no voy a abandonar cuando la aldea más me necesita.

— Entonces no preguntes por qué Boruto prefiere dormir a la interperie o con su abuelo en lugar de su casa. Este lugar solo es un lugar de paso para ambos, y pronto también para Himawari. ¿Entonces qué va a ser de mi? Dejé mi carrera shinobi para apoyarte en tu sueño, pero tú no puedes darle un poco de tiempo a tu familia para evitar que se desintegre.

Aquello fue el colmo para Naruto, quien sabía la verdad de esas de esas palabras pero eso no lo detuvo. El cansancio mental y la frustración de las nuevas amenazas al mundo ninja lo llevaron a tomar una mala decisión.

— Si tanto tiempo libre tienes para pensar en eso, entonces tengamos otro hijo. — Y antes de que ella pudiera reaccionar, el rubio estaba sobre ella en el otro sofá de la sala.

— ¿Qué haces...? — Pero su boca fue sellada con la del rubio, quien comenzó a alzar su vestido, pero que al no poder desamarrarlo, decidió romperlo y deprisa dejar desnuda a la mujer.

Hinata quiso gritar y pedirle que parara, pero él se adelantó y le susurró al oído.

— Eres mi esposa, ¿Acaso esto no es lo que querías?

— No de esta manera. — Le respondió ella.

— ¿Acaso ya no me amas?

Eso no era justo, no era justo que jugará con sus sentimientos de esa manera. Pero si eso era lo que quería él...

— Aún te amo, Naruto.

— Entonces déjame hacerte el amor.

Pero más que hacer el amor, se dedicó a morder y marcar cada rincón de su piel, rasgó su piel con las uñas y sin miramientos derramó su semilla dentro, mientras ella aguantó con silenciosas lágrimas.

Cada estocada era un golpe a su corazón, ¿dónde había quedado el Naruto amable que salía a citas con ella a cenar ramen? ¿de dónde salió ese hombre que estaba dejando hematomas con su boca en sus pechos? ¿Por qué la estaba sujetando tan duro? ¿Acaso olía a sake? No tenía la respuesta a ninguna de esas preguntas, así que solo atinó a quedarse quieta y esperar que terminara, aunque el tiempo se le hizo eterno.

Cuando por fin consideró que era suficiente, él se quedó tumbado a su lado en el suelo, lugar en el que habían terminado luego de ese incómodo momento.

— Hinata… yo… lo siento… — Balbuceó mientras se sentaba y trataba de no ver el estado en que su esposa había quedado. Se quedaron en silencio, pero la conciencia de Naruto empezó a actuar de inmediato. Había obligado a su esposa en un arrebato de enojo y egoísmo a tener relaciones sexuales.

Unos momentos después, escuchó que ella también se sentaba y trataba de reunir los pedazos del vestido.

— Yo iré por algo más. — Murmuró el rubio mientras se ponía de pie y subía las escaleras para segundos después bajar con una bata blanca que pertenecía a la mujer. Se la puso en la espalda y ella la sujetó de manera que tapara su desnudez frontal.

— ¿Hinata...?

— Vete, Naruto. — Murmuró ella con voz queda.

— Lo siento, yo sólo…

— Es suficiente, solo quiero estar sola. — Se puso de pie lentamente y caminó hacía las escaleras, sin detenerse ni siquiera cuando escuchó unos pasos apresurados salir de la casa.

¿En qué momento las cosas se arruinaron entre los dos? ¿Por qué las cosas no podían seguir siendo como antes? Se preguntó mientras abría el grifo del agua de la regadera.

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Hinata Uzumaki era sumamente reservada.

Fue solamente gracias a su gran capacidad de observación que durante esos seis meses pudo darse cuenta de cómo era su vida privada, pues ella no hablaba de cosas personales ni se quejaba de lo que le sucedía. Ella iba por la vida regalando sonrisas aunque fuera ella la que necesitaba una palabra de aliento.

Era sumisa ante Naruto, algo extraño viniendo de un Hyuuga, que se caracterizaban por ser altivos y orgullosos. Descubrir eso le ayudó a entender un poco su situación. Naruto se sentía libre de hacer lo que quisiera porque ella misma no ponía límites. Kakashi imaginaba que al inicio de su relación, Naruto se autolimitaba porque era nuevo para él todo el asunto de tener pareja y una familia. Pero una vez que pasó la novedad y que el trabajo lo agotaba, volvió a ser el chico desorientado que era cuando lo conoció.

Suspiró ante tal idea. Eso no era justo para ninguno de los dos, y menos para los dos pequeños.

Kakashi iba metido en sus pensamientos cuando de golpe de percató de que había llegado a su destino: la casa de Gai.

Trató de alejar todos sus pensamientos y tocó la puerta.

— Buenos días, Kakashi-san. — Saludó una mujer de unos 35 años, de cabellera castaña y blanco traje de enfermera.

— Aome-san. — Hizo un pequeño movimiento con la cabeza.

— Gai-san está almorzando en el comedor, si gusta pasar…

— Gracias. — Fue la seca respuesta del jounnin, si era honesto, no le agradaba tanto esa mujer, porque siendo honestos… ¿Qué clase de mujer se enamora de Gai en un par de meses? En opinión de Kakashi esa persona era una embustera que pretendía vivir de los honorarios de uno de los héroes de Konoha.

Una vez estuvo en el comedor, reconoció el extraño corte de cabello de su camarada, por lo que se acercó y tomó asiento a su lado.

— Hey Kakashi, tienes la misma cara de aburrido de siempre.

— Y tú la de un mozo enamorado. — Dijo con sarcasmo pero al parecer su verde amigo era inmune a ello.

— Lo sé mi buen amigo, es maravilloso que lo notes. — Sonrió radiante como siempre. A pesar de ya llevar bastante tiempo usando una silla de ruedas, seguía siendo el mismo Gai animado y en extremo positivo de siempre. Kakashi había aprendido a lidiar con Gai, y hasta encontrarle gracia a la mayoría de sus ademanes extraños, pero de un par de años a la fecha, fue realmente raro para Kakashi ver la faceta de Gai enamorado.

Su romance con la enfermera de castaña cabellera era algo que aún Kakashi no entendía. ¿Qué clase de mujer se enamoraría de Gai? Quizás alguna con un interés más allá del amoroso, porque era bien sabido que los veteranos de la guerra recibían una gran pensión mensual.

Luego de un par de horas, se despidió, argumentando que tenia un compromiso.

Ya llevaba seis meses con esa dinámica y no podía decir que le disgustara, en realidad se había encontrado con una gran sorpresa al ver todo el talento de Himawari, sin duda llegaría a ser una ninja muy poderosa. Pero lo que más le gustaba era cuando la pequeña y los perros dormían en el regazo de ambos, mientras charlaban e intercambiaban ideas y pensamientos. Sin duda Hinata era una mujer brillante y él nunca se aburría a su lado.

Pronto llegó a la entrada de la casa Uzumaki pero antes de que pudiera tocar el timbre, decidió esperar cuando una presencia familiar se acercó a la entrada de la casa.

— Kakashi-sensei. — Saludó Himawari, quien soltó a su hermano para ir a saludar a su maestro.

— Hey, ¿Tu mamá no fue por ti a la escuela? — Preguntó el mayor.

— No, mamá le pidió a Onii-chan que fuera por mi. — Respondió con alegría. El mayor asintió.

— Mamá me llamó en la mañana diciendo que no se sentía muy bien y que si podía ir por Hima-chan. — Dijo el rubio mientras sacaba las llaves de su pantalón.

Kakashi miró la casa, probablemente Hinata hubiera ido al médico. Boruto ingresó una llave pero antes de que la girara, la puerta se abrió, dejando ver a Naruto.

Los dos niños abrieron los ojos sorprendidos, aunque Boruto frunció el ceño un segundo después.

— Oh, niños... — Saludó Naruto con un poco de pena.

— ¿Veniste a cuidar de mamá? — Preguntó Himawari muy feliz.

— Sí, vine a ver cómo se sentía... — Dijo el rubio mayor mientras rascaba su nuca, notablemente incómodo, entonces se dio cuenta de la presencia de su antiguo sensei. — Kakashi-sensei...

— Naruto, es una sorpresa verte por acá.

— Pues aquí vivo. — Respondió con molestía el Hokage.

— A medias, creo que Mitsuki pasa más tiempo aquí que tu. — Fue la respuesta de Boruto, quien ingresó a la casa y se dirigía a la escaleras.

— ¿A dónde vas? — Preguntó Naruto a su hijo, aquella actitud se le hizo sospechosa a Kakashi.

— Voy a ver cómo sigue mamá, tal vez necesite que le lleve algo.

— Tu mamá está bien, solo necesita descanso. Por el día de hoy sería bueno que la dejaran un rato.

— Yo creo que ella quisiera estar con sus hijos, es raro que Boruto esté libre de misiones. — Opinó Kakashi, ganándose así una mirada de molestia de parte del rubio mayor.

— Hinata es mi esposa y yo sé lo que ella necesita, hoy no habrá entrenamiento Kakashi-sensei... — Naruto tragó pesado. — Por favor. — Por más que estuviera molesto con Kakashi, no debía olvidar que él sabía de su secreto... ahora que lo pensaba tal vez su antiguo profesor solo estaba molestándolo por su actuar inmoral.

— De acuerdo. — Aceptó el peliplateado.

— Bien, niños, vayamos a comprar la cena... — Respondió Naruto cuando de pronto el chico frunció el ceño.

— Ya sabía que era demasiado bueno para ser cierto. — Boruto señaló a su padre. — Eres un clon.

El rubio suspiró cansado.

— Chicos, vamos por la cena y después hablaremos, Boruto. — Dijo de manera cansada el Hokage.

— Hagan caso a su padre. — Kakashi les sonrió a los dos chicos. — Yo iré a la torre a ayudarle a su padre para que los alcance y cenen juntos.

Aquella idea animó a los dos niños, quienes siguieron al clon de su padre. Por su parte Kakashi se dirigió a la torre, donde se sorprendió de ver a un Iruka furioso regañando a un rubio consternado.

— ¿Qué sucedió? — Kakashi entró y observó que su ex alumno estaba mirando el escritorio fijamente.

— Vine a hablar con Naruto. — Respondió Iruka con su ceño fruncido y los brazos cruzados. — Sin embargo creo que la situación es más delicada de lo que parece... Naruto, tienes que tomar una decisión.

El ambiente era pesado y las luces estaba apagadas, de manera que solo se veían sombras.

— Yo ya no amo a Hinata, pero tampoco quiero perderla. — Naruto habló con voz rasposa y cansada.

— Eso es egoísta, ella tiene derecho a saber que tus sentimientos han cambiado y elegir si quiere quedarse o no contigo. — Iruka estaba sentado cerca del escritorio.

— Ella no se va a quedar conmigo...

— ¿Por qué estás tan seguro?

— Yo la lastimé — Se cubrió la cabeza con los brazos y se jaló el cabello. — Yo la lastimé y no se cómo volver a verla a la cara...

— ¿Le has confesado tu infidelidad? — Preguntó Kakashi suavemente, a lo que el rubio negó.

— No... yo la lastimé físicamente... — No era capaz de usar la palabra violación. — Ella no lo merecía... soy un mounstro.

— Naruto... — Iruka se puso de pie y puso una mano en la espalda del chico. — Si no terminas esto, las cosas podrían ponerse peor, habla con Hinata.

— Lo haré.— Murmuró el chico después de unos segundos de silencio. — Lo siento tanto Iruka...

Pero Kakashi ya no escuchó lo que decían, salió de prisa de la torre y en unos minutos estaba de nuevo frente a la casa Uzumaki.

— ¿Qué estoy haciendo? — Se golpeó mentalmente. — Estoy actuando impulsivamente, pero necesito saber si está bien...

Pero en ese momento se abrió la puerta principal y pudo ver a Hinata asomar su cabeza.

— ¿Kakashi-san?

Él asintió.

— Siento mucho que no hubiera entrenamiento hoy. — Ella vestía una bata azul y se quedó parada en el marco de la puerta.

— No te preocupes, me dijeron que no te sentías bien... ¿Qué sucedió?

Ella miró el cielo naranja del atardecer.

— Es un bello paisaje. — Se acomodó un mechón de cabello tras la oreja y después miró al peligris. — Creo que me voy a resfriar.

Kakashi sintió una tristeza enorme al oírla mentir, pero él jamás la presionaría para que le dijera lo ocurrido.

— Entonces entra a casa, empieza a hacer frío. — Dijo él y Hinata asintió. — Entonces hasta luego... — Y alzó su mano en señal de despedida.

Pero en cuanto se dio la vuelta, escuchó que la mujer se acercaba y lo sujetaba del chaleco.

— Ya no quiero estar con Naruto-kun... — Susurró sin dejar que el se volteara a verla.

— ¿Estás segura?

Sintió como ella asentía.

— Hablaré con él.

Pero está vez ella negó.

— No... yo lo haré.

Kakashi suspiró profundamente.

— Si necesitas algo...

— Si, necesito ver a Hanabi-chan... pero no en casa...

— De acuerdo, pueden usar mi casa si lo deseas. — Cualquier cosa que ella necesitara él se lo daría.

— Gracias... Kakashi...

Aquellas palabras llenaron de calor el corazón del shinobi, tanto que no resistió más y se dio la vuelta, envolviendo a la mujer en un fuerte abrazo, que al sentirse protegida, rompió en llanto.


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Al día siguiente, al medio día Kakashi abrió la puerta para recibir a Hinata.

— Buen día. — Saludó ella antes de entrar.

— Adelante... — Él le sonrió. — Siento que esté un poco polvoso, no paso mucho tiempo por aquí.

Ella negó con una sonrisa.

— No importa. — Respondió Hanabi apareciendo en el recibidor. — ¿A qué se debe esta reunión secreta?

— Creo que hay que tomar asiento. — Murmuró Hinata y Kakashi las guió a su sala, donde tenía un sofá de dos lugares y un par de sillas.

— Las dejaré hablar solas... — Respondió el hombre, pero Hinata negó.

— Me gustaría que usted también pudiera escuchar y darme su opinión. — Entonces se sonrojó, pero no de manera tierna, sino con vergüenza. — Confío en usted y sé que será de ayuda.

Él asintió y Hanabi la invitó a hablar. Así fue como Hinata contó lo sucedido hace dos días.

Era poco decir que Hanabi estaba furiosa y dispuesta a ir a matar al Hokage, pero se contuvo al ver las lágrimas de su hermana, quien le explicó porque deseaba no hacer un escándalo con lo sucedido.

— No quiero que esto se conozca por nadie más. — Hinata se esforzó por mantener una voz clara. — Y mucho menos los niños.

— No vas a regresar a esa casa, jamás creí que ese idiota fuera capaz de algo así... — Y entonces Hanabi señaló a Kakashi, quien escuchaba en silencio. — Y a usted ni se le ocurra defender a su alumno, es imperdonable lo que le hizo a Hinata aunque sea su esposa.

— No lo voy a defender, creo que Hinata está en su derecho de irse si así lo quiere.

— Lamento ponerlo en esta situación, sé lo cercano que es con Naruto-kun — Hinata hizo una leve reverencia al hombre, quien negó con la cabeza.

— Sin duda me siento decepcionado de sus acciones y por otro lado me siento un poco responsable de esto, creo que fallé al formarlo como un hombre. Sin duda tienes mi apoyo, Hinata.

Hanabi arqueó una ceja, pero decidió dejar eso de lado y pensar en una cuestión importante.

— ¿Qué vas a hacer si te divorcias? — Hanabi la sujetó de las manos. — Regresa al clan, por favor.

— No quiero causarte molestias, Hanabi. — Hinata sonrió con un poco de tristeza. — Estuve pensando y creo que me iré de la aldea un tiempo.

Sus interlocutores abrieron los ojos sorprendidos.

— Naruto-kun es el Hokage y ya se hará mucho escándalo cuando salga la noticia del divorcio, no quiero estar aquí cuando eso suceda. Además estoy segura de que él podrá llevarlo bien, la gente de la aldea lo ama.

— ¿Y que hay de mis sobrinos?

— Boruto es autosuficiente, ya es un chunnin que sale y entra de la aldea sin horario, sé que podrá vivir solo. Y Himawari, ella está en la academia, quizás podría quedarse contigo y papá hasta que se gradúe, tal vez entonces yo pueda regresar.— Su voz no sonó tan segura como ella quiso, pero no desvió la mirada.

Hanabi se acercó y abrazó a su hermana mayor.

— Todo irá bien...

Hinata asintió.

Kakashi se sintió fuera de lugar en esa escena, por lo que decidió ir a la cocina a buscar un poco de agua. Pero mientras se servía, Hinata apareció en la cocina.

— ¿Sucede algo? — Preguntó él sin dudar.

— Me preguntaba si usted pudiera acompañarme... — Ella dudó un segundo. — No quiero estar sola con Naruto...

Kakashi la miró pero atinó a asentir con la cabeza. Ella sonrió en forma de agradecimiento y entonces Kakashi supo que no la dejaría marchar sola de la aldea.

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Muchas gracias por leer.

Ojalá puedan darme su opinión a través de una review. Este capítulo tenía como 2 años guardado pero sin editar, por lo que lo estuve trabajando para poco a poco ir concluyendo todos mis fics activos y cortos.

Espero que les haya gustado, fue un capítulo muy dramático.

Sábado 21 de marzo 2020