Los personajes no me pertenecen.

Jugando a los detectives privados

Shampoo recorría los tejados de Nerima con su bicicleta a toda velocidad. El poder ver todo desde las alturas la ayudó a centrar sus pensamientos. Su imaginación le había jugado una mala pasada. Seguro que debía de haber una explicación lógica a todo esto como magia, posesiones demoniacas, hechizos o espíritus.

Ya más calmada frenó al borde de la azotea de un supermercado. Dejó su mente en blanco, concentrándose tan sólo en su respiración y los sonidos de su alrededor. Alguien debía estar detrás de todo esto y ella iba a averiguarlo, pero antes debía saber exactamente qué había pasado. Debía buscar testigos lejos de las calenturientas mentes de los alumnos del Furinkan, no eran más que un montón de niños mojigatos a los que les sangraba la nariz ante la visión de un poco de piel. Necesitaba a alguien que, como ella, comprendiera que era imposible que Ranma se comportara así, no sólo con Akane, sino con cualquier chica. Shampoo sonrió para sí misma, ya sabía a quién acudir .

El Ucchans permanecía cerrado, así lo indicaban las penumbras y el cartel del escaparate. Sin embargo, la puerta estaba entornada. Shampoo entró con paso firme; el local era pequeño y de aspecto pobre, nada comparable con el Neko café, pensó Shampoo con orgullo mientras miraba de forma despectiva las feísimas imágenes del Monte Fuji que adornaban las paredes. Las sillas estaban todavía sobre las mesas y había un gran silencio. Al fondo, junto a la barra la figura de Ukyo frotaba con saña la parrilla. Shampoo se sentó en el taburete que estaba justo en frente de la cocinera, pero esta no dio señales de reconocerla. Desde su perspectiva, ligeramente más alta, Shampoo sólo podía ver su cabeza inclinada y las manos que, engarfiadas y con los nudillos blancos, se afanaban en quitar manchas inexistentes.

Chica de la espátula, tener que hablar contigo- al verse interpelada Ukyo la miró por fin.

Shampoo se removió inquieta en su asiento, la cocinera tenía los ojos hinchados y marcas de lágrimas recorrían sus mejillas. No sintió ninguna lástima por ella, pero un pesó calló sobre su estómago, algo debía estar muy mal si Ukyo se encontraba en semejante estado

-Ya estabas tardano –Dijo la chica con una mezcla de furia y tristeza bastante extraña

-Entonces ¿ser verdad los rumores del instituto?- Shampoo apretó con tanta fuerza el borde de la barra que la madera crujió.

Ukyo suspiró y movió la cabeza- No lo sé, yo estaba en la batalla, pero creo que todo está perdido.

Shampoo la miró, no muy segura de haber entendido la frase. Era algo habitual para ella en Japón, esa sensación de no lograr comprender las cosas del todo, como si en el fondo hubiera significaciones que ella no alcanzaba a desentrañar. En ese sentido siempre había envidiado a Mousse, nunca lo confesaría pero le sorprendía su fluidez con el idioma.

-¿Qué querer decir?- Tuvo que hacer un esfuerzo para moderar su voz y no entrar en batalla con la estúpida chica

Ukyo sonrió con superioridad- No sé si en realidad pasó algo, pero ¿Sabes qué es lo más importante de un rumor?-No esperó contestación- que la gente crea que es posible y yo…me lo creí, al menos al principio

Su voz fue perdiendo fuerza hasta quedarse callada. Shampoo no estaba demasiado segura de qué decir, por suerte Ukyo continuó

-Nadie quiso contarme qué pasó en Jusenkio, pero sea lo que sea algo cambió. Siempre tuve esperanzas con Ran-chan , pero cada vez me siento más amiga y menos prometida.

Shampoo sintió una subida de adrenalina, como si su cuerpo reaccionara ante la revelación. Se levantó tan rápido que tiró el taburete. Se puso muy recta ante su antigua enemiga, apretó los puños para evitar que le temblaran y dijo con todo el desprecio que fue capaz de juntar:

-Chica tonta, haces bien en rendirte, mejor para Shampoo, un obstáculo menos

Salió rápido, no dando a la otra chica la oportunidad para contestarla…o lanzarle alguna de sus mini espátulas. La actitud de Ukyo la tenía desconcertada y enfadada a partes iguales. Una verdadera guerrera nunca se rinde y mucho menos se esconde a lamer sus heridas a oscuras en un restaurante. Ukyo no perdía nada con su renuncia, no como ella, que se jugaba la posibilidad de volver a su aldea y alcanzar un alto rango en la jerarquía. Cogió su bicicleta y reparó en los panes al vapor que guardaba en la cesta, estaban secos y se estaban comenzando a poner duros. Los tiró una papelera mientras callejeaba por las calles de Nerima. Había una persona que le contaría la vedad, había intentado esquivarla porque sabía que la información le saldría cara, pero Nabiki Tendo era siempre acertada y objetiva.

Lo primero que le llamó la atención esa que la puerta principal permanecía cerrada. Aquello era muy raro porque la casa de los Tendo estaba siempre abierta. Pegó la oreja contra la madera, intentando escuchar algo, pero todo permanecía inusualmente callado. Se acercó a la cabina telefónica y marcó la señal que tenía memorizada, dos timbres, colgar, un timbre, colgar y tres más. Después se dirigió hacia la esquina de la casa. Efectivamente, Nabiki la esperaba apoyada contra la pared. Por su gesto cualquiera pensaría que la chica estaba distraída, pero cuando Shampoo se acercó la miró con una sonrisa que recordaba a la del lobo feroz

-Ya estabas tardando- Shampoo puso mala cara al oír por segunda vez en el día la misma frase.

-¿Dónde estar Ranma?

- Castigado junto con Akane, no van a poder salir de casa en 15 días ni se admiten visitas al dojo- Nabiki se encogió de hombros-Han sido expulsados del instituto, aunque mis informantes me han comentado que eso ya lo sabes

Con un gesto teatral Nabiki sacó de su espalda un libro de buen tamaño encuadernado exquisitamente. Moduló su voz, adquiriendo el tono de una vendedora del teletienda.

- Para tu suerte, tengo a la venta el dosier de todo lo que pasó-comenzó a pasar las hojas a gran velocidad- Lo tiene todo; testimonios, entrevistas y fotos. Si lo comprar ahora te hago un precio especial

El libro quedó abierto por la mitad, donde había una foto a doble página, había sido tomada desde lejos y estaba bastante borrosa, pero se distinguía a una gran multitud congregada en lo que parecía el patio del Furinkan y en el centro asomaban las cabezas de Ranma y Akane siendo conducidos por el equipo de kendo. Ambos miraban hacia abajo y parecían avergonzados. Akane llevaba la camisa roja de Ranma. Nabiki cerró el libro con rapidez, sonriendo a Shapoo con los ojos llenos de codicia

Shampoo suspiró y abrió el monedero. Además del precio estipulado sacó un billete más que acercó al bolsillo de la blusa de Nabiki

-¿Alguna información extra?

La sonrisa de Nabiki se ensanchó y puso un dedo sobre su mejilla

-Según mis investigaciones no hay indicios de hechizos ni pociones. Además no se han registrado apariciones sobrenaturales en las últimas semanas, pero…-Agarró los billetes – es interesante que sepas que Akane se ha gastado todos sus ahorros en lograr que la versión oficial para nuestros padres es que han sido expulsados por pelearse con el director. No suele ser tan generosa en sus chantajes.

Shampoo miró el muro de la casa desando poder saber qué estaba pasando al otro lado.