Personajes de Mizuki e Igarashi
CAPÍTULO II
PARTIDA HACIA EL PUERTO
A veinticinco minutos de la partida del Hogar de Pony, ensimismado en sus pensamientos con el rostro apesadumbrado y, dirigiendo su mano derecha hacia su pecho, tratando de sentir imaginariamente las manos que poco antes tocó, Albert sintió que seguían las gotas de lágrimas que Candy dejó en su camisa, cuando ambos se habían abrazados para despedirse del uno del otro. Cerró su puño con la esperanza de que éstas no se secaran, no se perdieran, porque era lo último que tenía de ella hasta su retorno.
"Candy", pronunció en sus pensamientos mientras alzaba la vista por la ventana del auto. "No quería dejarte, ni despedirme de ti. Separarte de ese abrazo fue demasiado doloroso, mi alma se desbordaba en contarte todo lo que siento por ti, pero no era el momento, aún debes ordenar tus ideas y sentimientos. Terry, sí, Terry Grandchester, me cuesta aceptar que aún estés presente. Ella debe definir qué papel en adelante protagonizarás en su vida, es que acaso aún: ¿No te olvida o ya eres un capítulo cerrado?".
Los minutos seguían avanzando y, Albert se atormentaba de tan solo imaginar que a su retorno Terry seguiría en el corazón de Candy, llevó sus manos hacia su cabeza en señal de desesperación y, dijo─: No puedo soportarlo.
George, quien no está ajeno a lo sucedido, respirando profundo parándose justo a un lado de él, decidió intervenir─: Con la experiencia que tengo de vida, he presenciado muchas bienvenidas y despedidas. Puedo identificar con bastante claridad: cuándo dos buenos amigos se despiden y, cuándo dos enamorados renuentes a separase… se despiden; así sea por corto tiempo ─Albert que todavía mantenía las manos entre sus sienes, bastante contrariado dirigió su mirada hacia George, al sentirse descubierto. Su mentor continuó con su sermón─: Señor, conozco perfectamente las reacciones de la Señorita Candy, sé cuando ríe, está triste, preocupada, enojada y hasta cuando porfía algo que siente y cree que es lo correcto. La he visto demostrando sus afectos de niña al señorito Anthony, sé por usted todo lo sucedido con ese actor. También por versión suya cómo fue la convivencia entre los dos en aquella casa cuando perdió la memoria. Hoy vi el rostro de la señorita Candy desde que lo avizoró con el traje de gala escocés y, tomó conocimiento que su compañero de vida en los últimos tiempos, su padre adoptivo y el Príncipe de la Colina a quien ella tanto añoraba desde pequeña, son la misma persona.
─¿Qué puedo hacer?, sino me queda alternativa. Aprovecharé los viajes que debo realizar para darle tiempo, porque soy consciente de lo que represento para ella, pero, ¿qué represento? ¿Un padre, un hermano, un amigo, o un hombre que puede ser su compañero de vida?
George, recibió el pronunciamiento de Albert, decidió, seguir en su explicación─: Señor, interrumpí sus pensamientos, porque no soporto verlo sufrir. Le pido que intente guardar la calma, escúcheme, por favor ─Albert asintió con la cabeza indicando el pase─, la señorita Candy ya eligió, solo que usted aún no se percata de ello. Dígame usted: ¿qué mujer llora tanto la ausencia de un hombre con quien convivió tanto tiempo y compartió su vida en toda circunstancia? Esto que le acabo de decir por sorprendente que sea, se lo oí comentar a la señorita Annie el día de hoy mientras recogían la mesa. Otra interrogante: ¿qué mujer se aferra a los brazos de un varón derramando tantas lágrimas, pidiéndole de la manera más cortés y disimulada que no se vaya, exponiéndose en presencia de todos en el Hogar de Pony? Bien, definitivamente nos lleva a la única respuesta: una mujer enamorada, esa mujer enamorada es la señorita Candy y, ese varón es Albert, es decir, usted Señor.
Los ojos de Albert cada vez se abrían más en señal de admiración, emitió un suspiro de alivio. Con los ojos ligeramente humedecidos le agradeció a George, diciéndole que se estaba dejando llevar por la desesperación─: Debo confesar que la amo, la amo, la amo infinitamente. Me enamoré de ella hace mucho tiempo, incluso sin memoria nuestros caminos se juntaron nuevamente, resurgiendo mi amor. Tus palabras me calman, me dan fuerza para iniciar el viaje. Darle este tiempo que necesita Candy. El día de hoy estuvo repleto de muchas emociones ─esbozando una ligera sonrisa, sin decir más, ambos continuaron el trayecto en silencio.
El auto llegaba a su primer destino, Albert descendió, dirigiéndose a su despacho para escribir una nota, la cual encargó al servicio de correspondencia para que la diligencia de al día siguiente la llevara a su destino. Devolviéndose nuevamente hacia su auto rumbo al puerto. Una vez colocadas las maletas y documentación necesaria para llevar en sus estadías de negocios.
Llegó el día del prologando viaje, y, Albert ya estaba en cubierta, recibiendo la brisa marina. Miró el mar cavilando─: Candy ya debe de haber recibido la nota ─se prometió a sí mismo ser perseverante. Con un incipiente aire de confianza pronunció─: Candy mi amor, espérame, volveremos a encontrarnos. No tendremos más despedidas.
Entre tanto un sonido típico de la bocina del barco indicaba que ya se encontraban en alta mar.
Gracias, por comentar esta fabulosa historia de amor.
