THE BOY WHO MURDERED LOVE

uno.


Ochako no se siente de 18 años.

Ha estado utilizando un uniforme de secundaria todo el día, con una ridícula cantidad de rubor rosado para hacerla parecer más joven, como una quinceañera. Hoy ha sido el primer día de grabación para el drama Code Red, donde su madre le consiguió la oportunidad de participar como la versión joven de la protagonista del drama, fingiendo que es el crudo invierno cuando están en medio de la brillante primavera. Se siente algo pegajosa y definitivamente apestosa por tener que usar abrigos cuando a la sombra están a 26°C, no puede esperar a llegar hasta su departamento y darse una ducha. Está cansada por tener que despertar desde las 4 de la mañana, así que el ascenso hasta el 10mo piso en el elevador se le antoja como una experiencia agotadora de la que sobrevive con piernas cansadas.

El tacón de sus botines mostaza hace ruidosos clics contra el suelo de linóleo negro del pasillo, el ruido ocasionado la hace sentir pequeña, como si estuviera molestando a alguien. Las paredes del edificio no son a prueba de sonidos, aunque sí bastante gruesas y capaces de filtrar la mayoría de los sonidos casuales. Sin embargo, las paredes hacen un flaco favor antes de que el inquilino favorito de Ochako salga disparado desde la puerta del final del pasillo y salga gustoso a recibirla. La ha oído.

Uraraka se pone en cuclillas rápidamente, revitalizada por ese gesto tan sencillo, y acaricia suavemente el pelaje de Jagger, quien agradece lamiendo sus dedos con su pequeña y rosada lengua. Es una rutina tanto para ella como para el cachorro husky salir a recibirla en el pasillo tan pronto como llega de su agenda del día. Uraraka se toma el tiempo de jugar con el can e incluso besa su pelaje. Su madre no está cerca para controlarla y decirle que es antihigiénico, pero, por si las dudas, echa un vistazo por encima del hombro, solo por costumbre. Desde el fondo del pasillo, la rubia dueña del cachorro ve el intercambio cariñoso entre ella y Jagger. Ochako agradece que la mujer no apure al animal y que, en realidad, lo deje salir del departamento siempre que ella llega. Aparte de un té de disculpas la primera vez que Jagger corrió entre sus piernas y la hizo tropezar de cara al suelo hace poco más de cuatro semanas, no han compartido mucho entre las dos, sin embargo, cuando Mitsuki tiene una emergencia y Uraraka está disponible, es a ella a quien acude para que cuide del pequeño; claro, la situación apenas y ha pasado en dos ocasiones.

—Lo siento, ¿fui muy ruidosa? —pregunta avergonzada Uraraka, todavía acariciando la cabeza del cachorro.

—Nah —responde Mitsuki en su usual tono osco, pero amable—. Es el perro el que tiene oído supersónico.

Ochako le pide a Jagger que le dé la patita y, como era de esperar, el cachorro no entiende la orden, en su lugar se lanza sobre ella, tirándola al suelo. Con cuidado, Uraraka aleja a Jagger de sí misma y vuelve a ponerse de pie. Le gustaría quedarse más, pero necesita repasar el guion del drama nuevamente. No quiere ser causante de una retoma y provocar molestia en el resto de la producción.

—Lo siento, Jagger —le habla a la mascota—, pero hoy no puedo quedarme más tiempo contigo.

—¿Estás ocupada? —pregunta Mitsuki, todavía desde la puerta abierta de su departamento—. ¿Conseguiste un papel?

—Es pequeño —responde avergonzada y con rapidez.

—No importa el tamaño. Necesitas tiempo para practicar.

—¿Necesitaba que cuidara a Jagger por usted?

La rubia niega con la cabeza, acercándose hasta atrapar al cachorro con una mano—. No. Su dueño va a venir a verlo por fin. Que lo cuide él.

Es la primera vez que escucha algo como eso. Hasta donde Uraraka sabe, Mitsuki es la dueña del cachorro. Es la única persona que ha visto entrar o salir de ese departamento, aunque, claro, ella no puede decir mucho tampoco. Acaba de mudarse hace menos de dos meses. No pregunta más para no verse entrometida y solo entona unas últimas disculpas y una breve despedida.

Al entrar a su departamento, Ochako se permite sentir debilidad y de deshace tan rápido como puede de los botines y su tacón que la están matando. Lanza su bolsa al suelo y corre con las plantas adoloridas hacia su sofá, celular en mano.

Tiene 12 llamadas perdidas de su madre.

Se muerde el labio, vacilando entre regresarle la llamada o no e, incluso cuando una nueva entra, no responde inmediatamente. No tiene la energía, pero se esfuerza a aceptar la llamada y poner una voz animosa.

—¡Hola, mamá! Estaba a punto de llamarte. Acabo de llegar a la casa y…

¿Cómo te fue en la filmación? —le interrumpe—. ¿Lo hiciste bien?

—Sí —responde con voz monocorde, una modulación rápida que solo su madre produce en ella.

Recuerda que debes hacerlo excelente para que otros directores te presten atención cuando el episodio salga al aire.

—Lo sé. Yo también quiero hacerlo bien.

Estoy negociando una aparición en un programa de juegos —sin quererlo, Uraraka suelta un gemido casi desesperado—. No hagas ese sonido. Necesitas tener una imagen más accesible al público para que seas más atrayente. Mina ya está consiguiendo protagónicos y nosotros estamos atoradas… aquí —el tono displicente con el que su madre pronuncia la última palabra molesta a Uraraka, pero también la hace sentir cansada; drenada. Nada de eso llega a oídos de su madre—. Pero confío en que mejorarás. Anda a repasar tus líneas.

Así, con esa última indicación, su madre finaliza la llamada y una ya conocida confusión se apodera de Uraraka. No siente que haberse mudado sola le haya traído ninguna clase de beneficio. Todavía siente la presencia de su madre en todo momento a pesar de que no viven juntas y no es más su manager de campo.

Necesita marcar más su independencia, pero no sabe cómo.

.

Sale del edificio más tarde esa noche. Tiene los audífonos puestos con una grabación de su voz repitiendo sus líneas. No puede darse el lujo de desperdiciar tiempo y debe hacerlo todo a la vez: estudiar, ponerse en forma, lidiar con sus emociones. Incluso si está cansada, su rutina de ejercicio de salir a trotar cuarenta minutos por la noche es algo que es incapaz de perderse. Es algo que la relaja a pesar de lo cansada que esté.

El barrio en el que vive es clase media, nada impresionante, cerca del centro. Cuando vivía con su madre, su casa era mucho más amplia y se encontraba en los suburbios, con el aire mucho menos contaminado que en el centro de Tokio. Uraraka procura no salir a correr muy lejos, sino solo va a darle unas vueltas al parque que esta a tres manzanas de su edificio. Por un momento considera la idea de llevar a Jagger con ella, pero el recuerdo de Mitsuki diciéndole que su dueño pasará esa noche a verlo la frena.

Nada más llegar al parque y recibir un silbido vulgar de un hombre que la persigue poco disimuladamente hasta recular por ver a un policía es que los nervios de Ochako explotan, haciéndola llorar silenciosamente. Le duelen las plantas de los pies por tanto usar la "cantidad adecuada" de tacón que su madre la he impuesto, está cansada de todas las esperas que debió hacer en el set de grabación por ser una celebridad sin importancia, tiene hambre, y, por sobre todas las cosas, está harta de escuchar comparaciones con Mina. Las oye tanto y todo el tiempo que comienza a odiarla un poco, aunque sabe que no debería. Tiene casi 2 años que no habla con la chica y ella jamás ha dicho una palabra al aire sobre ella, ¿por qué debería odiarla? ¿Solo porque debutaron en el mismo drama hace cuatro años y consiguió hacerse de la fama que Ochako no? Se siente amargada y perdedora por poseer tales pensamientos, pero, por encima de todo, siente el peso de los años que desperdició asistiendo regularmente a la preparatoria por el capricho de su padre de darle una "adolescencia normal". Si no hubiera sido por esa decisión ahora mismo podría estar a la par de Mina y su madre no se notaría estresada en cada conversación que mantenían.

Con las miradas de algunas personas puestas encima de ella, Ochako se limpia las lágrimas con el dorso de la mano de forma furiosa y comienza a correr en dirección al corazón del parque. Odia sentirse así. Odia hacer un espectáculo de sí misma. Odia cuando su debilidad queda expuesta. Odia ser así. Lo odia todo.

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Hay una filmación en la entrada 4 del parque, la misma que Ochako eligió para regresar a su casa. Ve las cámaras, los reflectores, las luces y al director haciendo señas a los actores, dando indicaciones para la toma siguiente; un asistente habla con las personas y les pide que se alejen del área. Es un pequeño grupo de 3 niños quienes van a grabar la escena, seguro no pasan de los 10 años. Se ven nerviosos y entusiasmados, nota, y le recuerdan a sí misma en su primer papel a los 15 años.

Se queda viendo las preparaciones un poco más, de lejos para no ser ahuyentada por el personal. A pesar del cansancio y la carga psicológica que le supone perseguir su carrera como actriz, a Ochako realmente le gusta lo que hace.

No se marcha hasta que son pasadas las 10 de la noche.

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Existen 6 departamentos en el piso 10 de su edificio, todos ocupados. En el primero a mano derecha se encuentra una familia de 3: un hombre, una mujer y un bebé que siempre que la ve se suelta a llorar. En el departamento frente al de ellos vive un hombre solo, ingeniero en una automotriz de las más alejadas de la ciudad. En el siguiente vive ella, del otro lado del pasillo se encuentran tres universitarios que comparten piso. Mitsuki vive en el departamento del fondo y una trabajadora de oficina en el sexto. Uraraka está orgullosa de conocerlos a todos a pesar del poco tiempo que tiene de haberse mudado, así que, cuando la puerta del elevador se abre y un hombre que Ochako nunca ha visto en el lugar la encara, sabe que él no vive allí y que es el dueño de Jagger del que Mitsuki estaba hablando.

Con el aliento atrapado a media garganta, Uraraka intenta no mirar demasiado al hombre. Se obliga a sí misma a dirigir su vista hacia abajo, hacia sus zapatos, e intenta pasar desapercibida por un lado. Pero Jagger no se lo permite. El perro lanza un estruendoso ladrido, se abalanza de detrás de su dueño y, como es costumbre cuando utiliza tenis, le muerde las agujetas hasta deshacer el nudo. Ochako, abochornada, se agacha inmediatamente para apartar al cachorro, regañándolo suavemente. Conoce la fama que precede a su dueño y no quiere ponerse en su lado malo.

—¿Qué demonios…? —escucha la voz—. ¿Cómo putas te educa Mitsuki?

Una manaza pasa frente a Uraraka y recoge a Jagger con tanta facilidad como si estuviera cogiendo una pluma. Ella se levanta sin saber qué hacer ni donde meterse. Ha escuchado rumores y no quiere comprobar su veracidad.

—Una disculpa por el perro —dice. No suena arrepentido ni apenado, sin embargo, se está disculpando, que es más de lo que ella ya esperaba.

Aunque lleva gafas oscuras y gorra en pleno pasillo siendo más de las 10 de la noche, Ochako sabe con quién está hablando a pesar de no haber relacionado de antemano su parentesco con la vecina del fondo del pasillo. Bakugou Katsuki con su cabello rubio alborotado y su voz grave son fáciles de identificar. Él no era su favorito en BEAT, ese papel lo ocupaba Deku, pero recuerda su cara del único CD que se compró del grupo y la voz inconfundible a cargo del rap. Es la primera vez que lo ve y se siente impresionada con su altura y su aura de inalcanzable superestrella. Siente que, si le pidiera que se inclinara ante él, ella le haría una reverencia.

De cualquier manera, y pese a los chillidos que su adolescente interna quiere hacer, ha escuchado cosas sobre Katsuki y la atmósfera opresiva que provoca alrededor de las personas. Por aquí y por allá se escuchan cosas sobre su mal carácter y su forma áspera de tratar a las personas. En su tiempo como miembro de BEAT no se le conocía por ser agresivo, aunque poco amable y no muy hablador, se adaptaba a la imagen de niño rebelde que su agencia vendía. Pero ahora, teniendo Katsuki 23 años y habiendo pasado 3 desde que el grupo se desintegró, parece ser una persona completamente diferente. O al menos eso decían. Ochako no está segura.

—No hay cuidado, estoy acostumbrada a que Jagger se coma mis tenis —quiere taparse la boca por torpe. No está buscando parecer demasiado confianzuda. Las grandes celebridades como Katsuki suelen molestarse por pequeñas cosas como esa. Lo ha vivido.

—¿Jagger? —dice él exigiendo una explicación, arqueando una ceja, y por fin le presta atención. Aunque sus ojos siguen ocultos detrás de los oscuros cristales, Uraraka sabe que lo hace y no puede evitar sentirse cohibida por ello.

La lengua se le traba y la voz se le empequeñece cuando intenta explicarse—. Uhh… Yo… Soy amiga de Jagger. ¡Creo que le gusto al perro! Y Mitsu… La dueña me deja jugar con él a veces.

Ochako sabe que su explicación es una basura, así que se sorprende cuando el idol parece captar la idea.

—Tú eres esa vecina, supongo. Mi vieja me ha contado sobre ti. Limpias las mierdas de Jagger y lo sacas al parque cuando ella se va de putas —no hay reproche, no hay molestia ni emoción en su voz, solo reconocimiento. Es un buen sentimiento, se dice, no ser considerada una molestia por el simple hecho de respirar ni ser confundida con una acosadora.

—¿Sí? Supongo… ¡Sí! —afirma tardíamente.

—Eres actriz —todo lo que dice Bakugou Katsuki es una afirmación, no son preguntas. Detrás de ella, la puerta del elevador comienza a cerrarse por falta de actividad. Él vuelve a golpear el botón de abrir las puertas, pero no se mueve del lugar.

Lo siguiente que hace el hombre es quitarse los lentes de sol para analizarla con sus ojos castaños, casi rojizos, que la hacen sentir expuesta. Ochako se siente como caperucita a punto de ser devorada por el enorme lobo en casa de su abuela. Lo único que alivia sus nervios es Jagger mordisqueando el pulgar de su dueño sin llegar a hacerle daño.

Como si encontrarse con un exmiembro de BEAT no fuera emoción suficiente para un día, lo siguiente que le dice le paraliza el corazón.

—Sé quien eres. Salías en esa película de Una Semana de Venganza, ¿no?

Ochako no tiene el valor de corregirlo y decirle que el nombre correcto de la película es 7 Días para la Venganza porque la emoción que la inunda es tan visible que ve a Katsuki arquear una de sus rubias cejas, sorprendido.

—¡Sí! —afirma, desbordando emoción. Si no fuera porque está muy feliz, le daría vergüenza—. Era la hija del asesino.

—La adolescente que fumaba porros. Ya.

El botón del elevador vuelve a ser presionado.

—Sí, soy yo. Gracias por reconocerme.

Katsuki se encoge de hombros como edicto final y pasa de ella. No se despide, no dice nada más, pero tampoco le advierte que no hable de su presencia en el edificio con otras personas. Ochako no sabe qué le ha dicho Mitsuki sobre ella, pero debe haber sido algo bueno como para que él tuviera una reacción tan genial.

Cuando las puertas del elevador se cierran y Katsuki no la puede ver más, Uraraka hace una reverencia a 45 grados, agradecida. No puede evitar sonreír todo el camino a su departamento y hacia el baño, para darse la segunda ducha del día.

7 Días Para la Venganza es una película de bajo presupuesto que Ochako filmó antes de retirarse temporalmente de los reflectores durante el primer año y el único que estuvo activa mientras asistía a la preparatoria. Exhibida únicamente en la televisión, tuvo un bajo rating durante su estreno y solo fue repetida unas cuantas veces más en horarios de madrugada antes de que la gente la enterrara en sus memorias y la televisora olvidara que la había producido. Ningún servicio de streaming había adquirido los derechos tampoco.

La película, lejos de ser una obra maestra, recibió malas críticas y es considerada un trabajo pobre en la carrera del director Kenzo; no obstante, todo el rodaje es uno de los mejores recuerdos de Ochako. Después del chasco que fue su nunca lograda aparición en el video de BEAT, la única llamada que recibió antes de anunciarse inactiva después de incansables audiciones fue la aparición en esa película. El papel fue pequeño, pero lo gozó como nunca antes y, en realidad, es el único buen recuerdo de actuación que acumula después del de su debut, el cual se ha tornado amargo con el pasar de los años y las comparaciones con Mina. Que haya alguien, aunque sea una sola persona, que la recuerde en esa película hace a Ochako inmensamente feliz. Y que esa única persona sea precisamente una de las celebridades juveniles más importantes que ha parido Japón es una felicidad incluso mayor.

Quiere llamar a su madre, decirle las buenas nuevas. ¿Qué cara pondrá cuando le anuncie que Katsuki Bakugou vio una de sus películas? Espera que esté tan orgullosa de ella como ella misma se siente en ese momento. Quiere coger el celular y llamarle de inmediato, pero sabe que se molestará si sabe que está despierta a estas horas, por lo que se contiene.

La llegada de un mensaje de texto ilumina la pantalla de su celular.

"Hola, Ochako, ¿me recuerdas? Soy Mina, la que debutó contigo en el drama de Yamato Nadeshiko. Conseguí tu número porque, verás, he pensado en ti y me gustaría que volviéramos a ser amigas. Claro, si no te molesta. ¿Qué dices? ¡Espero me respondas!".

Es un ofrecimiento simple, inocente, pero incluso así Ochako no sabe qué responder.

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Tsunagu Hakamata es el manager personal de Katsuki. Estando en el grupo idol más grande de Japón —de toda Asia— pueden darse ciertos lujos como habitaciones separadas y un cuidador, como dice su disquera, para cada niño. Es un hombre joven con un sentido de la moda extravagante, demasiado azul y demasiada mezclilla, se toma muchas libertades en su manera de tratar con su protegido y exaspera a Katsuki con facilidad. Esa particular mañana de viernes, sin embargo, Tsunagu despierta a Bakugou sin su característica sonrisa zalamera, no hay tono alegre ni una broma estúpida —como jalarle las sábanas— de por medio. Lo agita por los hombros hasta que espabila y le da la orden ineludible de cambiarse con rapidez.

—¿Qué pasa?

—Problemas —responde con simpleza, luego añade—. Vendrá el presidente a la sala de juntas de la casa. Estará aquí en 10 minutos. Más te vale estar listo. Es importante.

A Katsuki no le importa mucho ver al presidente en pelotas, por lo que no se apresura. Ya lo ha hecho. Su mente está concentrada en otra cosa—. ¿Qué clase de problemas? ¿Deku volvió a ensayar de más anoche y se volvió a lesionar? Le dije a ese estúpido…

—No es eso —responde Hakamata, cortando su monólogo—. Cámbiate. Te explicaré la situación mientras tanto.

Bakugou le da una mirada aburrida, pero obedece. Toma la camisa blanca y los pantalones vaqueros que su manager le ha dejado en la cama y comienza a vestirse frente al hombre sin ningún pudor.

—Busted! Tiene una exclusiva —mientras se abotona la camisa, Katsuki hace una mueca de desagrado al escuchar el nombre del portal de noticias. Siempre les está pisando los talones, enviando a todas horas a algún reportero a seguirlos o hurgar en su basura. Si pudiera quemarles la sede lo haría—. No quieren negociar y la noticia será publicada en 20 minutos, pero todavía estamos a tiempo de minimizar daños. Tendremos una videoconferencia con la fuente.

Eso sorprende al idol. Sabe que la agencia antes ha negociado con Busted! y otros portales de noticias, pero nunca con los miembros del grupo presentes. Debe ser una gorda.

—Déjate ya de misterio. ¿Cuál es la puta exclusiva? —espera no ser él. Espera que la bailarina con la que tuvo un faje hace tres semanas no haya vendido su historia como una canalla.

—Eijiro está saliendo con alguien.

—Jesús, creí que era algo de vida o muerte. ¿Vamos a negociar con la novia de Eijiro? Ya puede arreglar él solo sus trapos sucios, joder.

Sin embargo, Tsunagu todavía no ha terminado.

—Ese no es el problema —lo reprende como si fuera un niño—. Hay fotos de ellos dos en un bar y en un motel, entrevistas del personal también. Eijiro todavía tiene 19 años, es ilegal que beba o entre a uno de esos moteles. Eso ya de por sí será un escándalo. No sé si fue una trampa de Busted! o de la mujer, pero ella afirma que tiene un video sexual de los dos y otras pruebas de indecencia del resto del grupo y está amenazando con venderlos también. Vamos a hablar con ella. Puede que Busted! arrastre a Eijiro, pero el presidente no va a dejar que caiga también el resto de ustedes.

La sangre de Katsuki hierve por distintos motivos al escuchar las palabras de su manager. Con Busted! por ser unos entrometidos de mierda, con la zorra por vender la vida privada de su mejor amigo y del resto del grupo, y con Eijiro, por dejarse engatusar por una mujerzuela de la que él jamás ha escuchado hablar antes.

—Dime el nombre de la zorra. Necesito saber si la conozco, si de verdad puede tener algo en contra mía.

A Tsunagu no le gusta que se exprese así de las personas, menos de una mujer, empero, no le hace ningún reproche. Parece estar silenciosamente de acuerdo con la denominación.

—No hace falta, ya sabemos que la conoces. Es Aiba, la asistente de tu estilista.


Mmmm... No quiero revelar demasiado información en la narración, siempre he creído que peco de eso, entonces estoy tratando de dar las señales por medio del subtexto. ¿Funcionará? Bueno, ya lo averiguaré. En todo caso, me emociona que ya al primer capítulo haya hecho el primer encuentro de Katsuki y Ochako cuando en Canciones me tardé como un tercio de fic sdhlflfa

Hasta aquí mi reporte, Joaquín.

Gracias por sus reviews a:

Kionu Ritew: me voy a sordear con lo dle epílogo LALALALALALALA. No te preocupes por los reviews, solo deja cuando lo consideres necesario! A veces yo entiendo mil que no hay mucho para decir porque me pasa mucho. En fin, sobr ela historia, pues el mundillo será una mezcla de cosas del keipop y cosas del jeipop que sé, entonces crearé mi universo con fans locas que incendian lugares y sabotean carreras (?) Katsuki va a tener su propio pedazo de pastel sobre la industria y Ochako su propia ración. Van a converger en algún punto. Si Diosito quiere actualizo un día sí y un día no, para mantener el equilibrio del universo jajaja

Steffany BM: Hola *emoji de ojos tiernos* yo te recuerdo de mis años mozos en el fandom de Naruto. lloraré. no recuerdo los reviews de Canciones, pero creo que no, no dejaste (no es reclamo), porque me habría acordado de ti *llora otra vez* Bueno, to llevo años en el mundo oscuro del keipap, aunque desde hace un par que estoy bastante afuera, salvo mi amor por EXO. En todo caso no te preocupes por los reviews, cuando sientas la necesidad de decir algo basta, no te fuerces :D no siento que soy la mejor presentadora dle Kacchako, pero aquí estamos, cagándola lo menos que podemos jajaja mi cuarentena es paro, entonces ni a trabajo llego. me aburro un millón en todo caso. Un gusto leerte, ¡cuidate!