HISTORIA DE UN ENCUENTRO
RELATO
Cuando entraron al lugar nadie prestó atención ni les interesó que hubiera llegado solo y ahora volviera con una mujer, al fin de cuentas el distrito rojo era el paraíso para los apostadores, bebedores y para la prostitución.
La metió a su cuarto y solo hasta ese entonces soltó su mano, los nervios de la mujer se quebraron tan pronto la puerta se cerró, se dejó caer ahí donde él la había soltado y se llevó las manos a su rostro.
Saito miró por el rabillo del ojo en espera del sonido de su llanto pero el silencio continuaba en la habitación.
-"De no ser por ti, seguiría en aquel callejón con…"- Le resultó difícil continuar. -"Tuve tanto miedo que pensé en morderme la lengua y terminar con mi vida"-
El hombre se giró hacia ella al escuchar la repentina determinación en su voz. Encendió una vela y bajo la tenue luz que proyectaba vio la mejilla hinchada de la mujer consecuencia del golpe que recibió, su kimono estaba todo fuera de su lugar y él pudo ver los incontables hematomas que tenía sobre sus brazos y piernas. La miró a los ojos interrogandola con ese gesto; le sorprendió que aquel aparentemente frágil cuerpo hubiera soportado todos esos golpes.
-"¡Ah! esto"-Dijo notando el interés del hombre en su maltratado cuerpo -"Soy de Aizu, fui vendida como esclava hace unos meses, la persona que nos capturó supo… se enteró de mi condición y prefirió venderla a un burdel que le pagara bien, los golpes, muchas veces traté de escapar obviamente fracase en todas y esto fue mi pago por no obedecer, nunca tocaron mi rostro pues eso me restaría valor"- Le contó con un tono de ironía en su voz.
Saito le acercó una palangana con agua y un trapo para que se limpiara sin decir una sola palabra.
-"Aizu, eso está muy lejos de aquí"- Habló después de un rato, intrigado por la breve historia de la mujer que no era extraña, en esa época mucha gente se veía afectada por la guerra y había solo dos destinos para ellos la muerte o ser vendidos como esclavos. Lo que verdaderamente le llamaba la atención era la manera tan formal de hablar de la mujer, podía deducir que no era una simple campesina capturada al azar, además si prestaba atención sus facciones y su blanca piel le reforzaban que nunca había hecho un trabajo bajo el ardiente sol.
-"Muy lejos"- combinó ella sin añadir más.
-"Hajime Saito, ex miembro y líder de la tercera fracción del Shinsengumi"- Se presentó intentado sacarle su identidad.
La mujer dejó el paño en la palangana y lo miró a los ojos, extrañada por su presentación.
-"Soy Tokio"-Le dijo sin mucho ánimo, pero al ver que era de nuevo interrogada con aquellos ojos marrones agregó. -"Solo Tokio, quien era ya no importa"- hizo una pausa y hablo en un tono muy bajo.
- "Takagi Tokio, hija de Takagi Kojuro"- Bingo Saito no se había equivocado en su juicio de que era una dama de alcurnia, siguió escuchando. -"Mi padre era de la gente de confianza del Aizu hen, Matsudaira Katamori después de varios meses de guerra Matsudaira sama fue derrotado, fuiste un shinsengumi debes de saberlo mejor que yo; en época de guerra la persona con quien hoy peleaste hombro a hombro mañana se convierte en tu enemigo."- No necesitaba mencionarlo su experiencia en el campo de batalla lo volvió demasiado inteligente como para nunca confiar en las personas, asintió y dejó que siguiera hablando. -"Tan pronto como el Aizu hen comenzó a perder poder sus hombres lo fueron abandonando, mi padre fue de los pocos que estuvieron a su lado y combatieron por él, pero la noche después de su caída soldados irrumpieron en nuestro hogar, fue una emboscada donde alguien traicionó a mi familia desde adentro y les dio acceso esa noche…"- En este punto le costaba continuar, pero vio que el hombre le prestaba atención sin decir nada así que después de una breve pausa continuó. -"Mi padre logró reunir algunos hombres y contrarrestaron el ataque pero pronto se vieron superados en número, mi padre junto a mis hermanos cayeron en el jardín, mi madre y mis hermanas fueron asesinadas en sus aposentos"-
La mirada de ambos se cruzó, una intrigada por saber cómo había sido la única sobreviviente y la otra llena de dolor por los recuerdos.
-"Mis sirvientes personales usaron el poco tiempo que tenían para quitarme la ropa y vestirme con sus ropas, me llevaron a donde toda la servidumbre estaba reunida tratando de protegerme, aun cuando les pedí que huyeran se negaron a hacerlo. Estábamos todos como gallinas asustadas en un rincón cuando los soldados llegaron hasta ahí, primero mataron a los hombres después a las mujeres mayores al final violaron a las más jóvenes; fue una verdadera pesadilla pero eso solo era el comienzo del verdadero terror que viví durante los próximos meses…"-
Saito notó cómo su pecho subía y bajaba con rapidez mientras apretaba los labios para evitar que las lágrimas le traicionaran.
-"¿Cómo terminaste aquí entonces?"- La interrumpió por primera vez desde que empezara su relato casi sin darse cuenta; en sus diez años como espadachín había escuchado y conocía de primera mano ese tipo de asaltos, desde luego que todos eran asesinados sin piedad y las mujeres del campo y sirvientas servía para satisfacer las viles necesidades humanas antes de ser asesinadas; así que quería saber cómo libró ese destino.
-"Tal vez si nos hubiesen asesinado así como estábamos abrazándonos mutuamente no se hubieran dado cuenta de mi aspecto. Uno de los hombres tiró de mí y me arrastró hacía él, sabía que iba a pasarme pero estaba lista para luchar, aun conservaba escondida bajo las mangas una daga que alcanzaron a darme mis doncellas, sabía que era el momento de usarla pero antes de siquiera sacarla una voz detuvo al hombre lo regañó por no darse cuenta y le pidió me llevará frente a su jefe, también les dio la orden de que nadie podía tocarme. El resto de la historia ya la sabes, al día siguiente fui vendida como esclava y después de servir en labores que jamás había hecho fui vendida a un comerciante de mujeres, recorrí varios kilómetros junto a otras jóvenes cautivas hasta llegar aquí donde finalmente fui vendida al burdel de Yamada "-
Guardó silencio una vez que concluyó su relato sin muchos ánimos de dar detalles a partir de ese punto; a pesar de los tratos y humillaciones a los que fue sometida esos meses le resultaba vergonzoso hablar de cómo fue examinada por médicos y vendida a un alto costo solo por su pureza. Para su alivió el hombre no tocó ese tema, en su lugar le cuestionó por algún familiar con vida.
-"Te lo dije, en esta era de caos cuando menos lo esperas todos te dan la espalda. La voz que esa noche impidió que me violaran fue el hermano de mi padre, ese hombre asesinó a su propia sangre todo por avaricia, jamás lo vi pero no soy tan ingenua como para no reconocer su voz, a estas alturas a de pensar que estoy muerta así que me gustaría que usted olvidara mi apellido"- Le sonrió con tristeza como si le doliera olvidarse del último vínculo que tenía con su familia muerta.
El espadachín la observó cautivado por la historia, era un cuadro que había visto repetirse por todo Japón pero hasta entonces fue que lo conoció de primera mano. Le asombraba la fortaleza de aquella aparente frágil mujer, que no debía pasar los diecisiete años y aún así sobrevivió a más horrores de los que era consciente.
-"Se hace tarde, ahí está el futón"- Saito fue el primero en hablar, se puso de pie llevando hasta la mesa la vela a punto de extinguirse.
Tokio miró el futón que le señalaba antes de mirarlo, el temor regresó involuntariamente a su cuerpo comenzando a temblar.
-"Usalo tu, yo dormiré en ese rincón"- Señaló con el mentón el rincón más alejado del futón. -"No tengo ningún interés en tomar a las mujeres por la fuerza, puedes estar tranquila al menos por esta noche"- Sin esperar una respuesta cruzó la habitación y se sentó en el suelo, recargó su espalda contra la pared, sobre su pierna flexionada colocó sus manos y sobre estas su mentón, cerró los ojos sin preocuparse por lo que hacía la mujer.
Tokio permaneció sin moverse en el mismo lugar, hasta que sus músculos se volvieron a relajar convino confiar en él, después de lo vivido durante meses sometida a golpes e insultos; y peor aún, hoy se había librado de un destino mucho peor. Había aprendido rápidamente a no confiar en las personas y mayor precaución tomaba cuando se trataba de confiar en hombres.
Pero aquel hombre que parecía una estatua en el rincón le pareció que no era tan malo, al meno no como los que había conocido. Cierto era que ese tiempo la obligó a madurar y dejar de comportarse como una jovencita; aunque ciertamente lo era apenas había cumplido los 17; pero se congratuló al darse cuenta que su don de juicio y percepción eran siempre acertados, tenía una mente perspicaz las horas de estudio con sus maestros le volvieron más hábil y su mente siempre estaba abierta y lista para trabajar en su favor. Así que no era ninguna tonta para no darse cuenta del aura asesina que había irradiado el hombre en el callejón, tampoco pasó por alto cuando sus ojos se abrieron ávidos de sangre y gozosos al ver como su rival agonizaba pero también logró discernir un dejo de bondad en su rostro cuando le tendió la mano para escapar juntos.
Sonrió por primera vez en la noche poniéndose de pie dejó la palangana sobre la mesa y se acostó en el futón, se cubrió con el edredón y antes de quedarse dormida susurro unas palabras de agradecimiento hacia el hombre. -"Saito san le debo mi vida; fue como si buda finalmente hubiera escuchado mis plegarias y lo mandó a defenderme, le estoy eternamente agradecida. Que tengas dulces sueños"-
La quietud de la noche a esa hora hizo que las palabras de la joven mujer llegaran con claridad a sus oídos, no hizo ningún movimiento aunque algo en su interior se revolvió, esperó unos minutos hasta que escuchó la respiración acompasada en el cuarto. Levantó la cabeza hasta donde dormía la mujer; se cuestionó hasta ese momento que lo llevó a actuar de esa manera, no había sido la intervención de Buda como ella creía, solamente los cuartos ahí eran baratos, salió a comer y beber alcohol después de haber comido solo frutas y verduras con los monjes, si estuvo vagando por las calles eso era porque aún no tenía sueño, el alcohol en su cuerpo era fuerte y porque el recuerdo de su amigo estaba presente en su mente; desde la forma en que había muerto hasta la ceremonia que oficiará los monjes.
A lo mejor si sabía que lo impulsó a actuar de esa manera, pero no quería profundizar en ello pues de hacerlo tendría que traer a flote un pasado que prefería mantenerlo oculto.
No faltaba mucho para el amanecer y de cualquier forma difícilmente dormía por las noches o al menos dormía una noche entera, acostumbrado al campo de batalla y a estar siempre alerta le bastaba con dormir dos o cuatro horas para estar descansado. Espero a que el cielo comenzará a clarear para salir del cuarto.
-Sherrice Adjani-
Si llegaron hasta aquí les agradezco su tiempo y sus comentarios. En especial gracias los dos review que recibí.
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