Para Iori, mirar a Riku era algo idílico. No podía comprender qué era lo que tenía el muchacho de ojos rojizos que, en palabras de su hermano, lo volvía débil a su persona.

Iori no era débil. No por Riku.

Cuando lo miraba de reojo, podía sentir su sonrisa. A veces la comisura de sus labios se alzaban por algo tan ínfimo como un roce de manos, como ser consciente de sus ojos sobre su silueta, e incluso sentía un cosquilleo en la espalda cuando Riku exhalaba cerca de él.

Cuando bailaba veía en él a su ideal de persona. Su consistencia, su ímpetu, sus rastros de sudor mientras giraba. Veía en él la perfección.

Quizás era por la época del año. Era bien rumoreado cuando su hermano bebía un poco con Nikaido, que el amor afloraba en medio del invierno buscando resquicios de una supervivencia etérea y forzosa.

Entonces Riku le sonreía y parecía convertir el amor en algo tan sencillo de comprender que se perdía en ese pensamiento.

El amor es fácil, fácil, fácil.

Se cegaba con esa idea cada día desde que le había escuchado cantar una vez, una efímera vez, y con ella descubrió para sí mismo que su voz era lo que siempre querría oír.

Fuera grabada o no, su voz siempre le hacía notar que los angeles existían. Y entonces su pensamiento se esfumaba cuando Riku le saltaba encima vitoreando la felicidad de haber triunfado en la vida después de haberle callado por no estar "trabajando duro".

Riku siempre trabajaba duro.

Hubo una vez, sencilla aquella, cuando casi revela lo lindo que le parecía el muchacho pelirrojo. Gracias a los dioses pudo evitarse, pero su hermano lo conocía, y siempre lo observaba de reojo.

-Deberías decirle. —Una vez le mencionó. Sólo eso. Pero ambos tenían un entendimiento que no comprendía más palabras.

E Iori fue consciente de lo que pasaba con su corazón que parecía participar de una maratón cada vez que Riku le miraba con esa sonrisa amplia y positiva, o cuando le fruncía el ceño como el niño mimado y con bro-con que le hacía perder la paciencia.

Le gustaba. Tanto su voz, su apariencia, sus pucheros, su esfuerzo. Le gustaba su voz a las seis de la mañana, con pereza, con las quejas hacia los regaños de Iori, este último aún sin abrir los ojos preguntando si estaba abrigado. Le gustaba su tarareo suave, su forma de emitir sílabas extrañas e incluso cuando, con su voz de mando, hacía entender que todo era su decisión como centro, nunca imperativo, sin embargo firme.

Y llegaron con una pregunta que remeció sus sentidos de manera abrupta. Era una charla patética, lo sabía, sobretodo porque vamos ¡eran jóvenes! A esa edad todos morían por saber sobre romance, sobre secretos, sobre cosas asquerosas como suspiros perdidos y diligencias.

Todos buscaban que Iori respondiera no sólo por la escuela, sino por su vida de estudiante.

-¿A Ichi ya le gusta alguien? —Bramó Yamato, y vaya que Iori sintió ganas de que lo enterraran vivo si así evitaba responder.

-No. Los idols no se enamoran.

-Tampoco mienten, se supone. —Añadió Riku con una voz tan sincera que Iori pensaría que se estaba burlando si no fuera porque era él.

De fondo se escuchó el profundo "woooah" de sus compañeros de grupo y ¿por qué eran tan ingratos con su persona? ¿por qué reírse de aquel que estaba en una situación tan tediosa como esa?

Se sintió traicionado, sin embargo, quería ver hasta dónde era el interés en la charla. Porque Riku estaba siendo parte de la conversación.

-Todos los humanos mienten. —Agrega Iori como idea, por si al nacido en julio se le ocurría negar ese hecho tan natural.

-No deberían. Menos alguien como tú, Iori. —Sostuvo, y de repente todas las miradas se encimaron al muchacho—, ¿Qué es tan terrible de enamorarse?

-¿Qué es tan terrible? —Citó con indignación—, claro, para Nanase-san no ha de ser terrible o trágico mirar a esa persona, suspirar por esa persona, ni siquiera debe ser trágico considerar no poder... —Sopesó sus palabras mientras se levantaba de la mesa en la que todos estaban sentados, y se dirigió hacia el pelirrojo—, tocar a esa persona. —Añadió, mientras extendía sus manos hacia el rostro de Riku y con sus yemas trazaba su rostro, ante las miradas atónitas del resto, frente a Mitsuki que llevó su índice a sus labios para callar algún comentario de los muchachos—, tampoco debe ser tan trágico considerar que debes callar el sentimiento, ¿no?

Riku tembló bajo su tacto. E Iori sintió de repente que sólo estaban ellos en esa sala, y ese sonrojo de Riku debía ser por la tremenda vergüenza de ser tocado sin permiso.

-Ajá. Debe ser horrible. —Respondió Riku, e Iori se fijó en la manzana de Adán del muchacho que subía y bajaba, seguramente tragando pesado por la situación que le robaba el aire—, ¿cómo sabes eso tú?

En ese momento fue la ocasión perfecta para que todos inhalaran ruidosamente en sorpresa.

Iori sólo desvió su mirada con cierta molestia.

-Mnh. No lo sé. Sólo supongo. —Contestó—, ¿debo vivirlo para suponerlo?

-No, pero ¿qué tipo de persona te hace suponerlo? Debes... tener a alguien en mente que te guste como para suponer todo eso.

El muchacho de cabellos obscuros pareció meditarlo.

-Alguien que es algo molesto. Me hace sentir... Atrapado. —Mencionó, mientras miraba a Riku—, algunas veces exaspera con su curiosidad, otras veces me hace sentir extraño. Es alguien trabajador, aunque se comporta muy mimado. —Agregó con una sonrisa.

-¡Hey! —Se quejó Riku, e Iori llevó sus manos a su cabello, revolviéndolo.

-Lo siento, pero realmente eres así. —Dijo, mientras seguía pensando—, es alguien que, aunque no lo admita, me hace débil. Ante cualquier gesto, no puedo negarme aunque ponga mala cara. —Iori lo miró fijamente, y acomodó la palma de su mano sobre sus mejillas, acunándola así—, ¿Eso es suficiente?

-¡Mnh! ¡Lo es! ¡Iori también es mi persona ideal! —Bramó Riku repentinamente, sacando a Iori de su burbuja.

-¿¡Ah!? ¿¡Cuándo dije yo que tú eras esa persona!? —Se quejó, mientras alejaba su mano del rostro del mayor—, sólo dije cosas, ¿bien? ¿y qué hacemos aquí? Deberíamos estar haciendo otras cosas. Tengo tareas. —Divagó, y se alejó de la mesa para ir a su cuarto.

-¿En serio Ichi nunca se dio cuenta de que le dijo "realmente eres así" a Riku? —Susurró Yamato en dirección a Mitsuki, que parecía sonreír con resignación y una mirada protectora.

-Sí, es un caso. —Contestó Mitsuki mientras se carcajeaba—, ¡E Iori tiene razón! ¡Vamos a hacer algo útil y dejemos de preocuparnos por él!

Riku sólo parecía en shock.