Naruto ©Kishimoto-sama.~

~ Narracion normal

~ "Pensamientos"


Capitulo 2

En manos de Uchiha Sasuke

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—Eso fue hace muchos años. Éramos unos críos ¿verdad, Sasuke?

Ino agarró su copa de champán y miró al hermano mayor a través de sus largas pestañas negras. Sasuke parecía demasiado relajado. ¿Por qué no arremetía contra su hermano pequeño y le lanzaba algún ultimátum de los suyos? ¿Por qué no estaba celoso y exigía alguna respuesta?

La joven titubeó durante un breve instante de desconcierto.

—Unos niños —dijo Sasuke al tiempo que reparaba en el enorme anillo que brillaba en el dedo de ella— Por lo menos yo lo era —añadió con una mirada irónica y una sonrisa curvando levemente sus labios.

Mientras la observaba ella arrugó los labios, unos labios realzados por los cosméticos más sofisticados, tan distintos a la suavidad rosada y natural de los de Haruno Sakura.

Por fin había encontrado la explicación para la escena dramática momentos atrás con la molesta secretaria de su hermano. Al parecer no era el único que lamentaba aquel compromiso.

—Ojalá hubieras ido a la fiesta de cumpleaños de Ino en París, Itachi —añadió Sasuke como quien no quiere la cosa.

Se detuvo un instante y entonces un destello de sorpresa cruzó sus pupilas.

Suavidad rosada y natural... y Haruno Sakura... ¡En la misma oración! Se dijo impresionado por aquel disparatado pensamiento.

¿Qué acababa de ocurrir?

—Ah, ahora lo recuerdo. Estabas haciendo tus exámenes. ¿Cuántos cumplías entonces Ino? ¿Treinta? —le preguntó con una inocencia fingida.

La sonrisa de Ino se tambaleó un instante. Estaba jugando con ella, oh eso lo sabía.

—Tenía unos veintitantos —le dijo ella sin perder la calma.

—Sí, más o menos —dijo Sasuke sin sentir remordimiento alguno por haber atacado uno de sus puntos débiles— Por aquel entonces me gustaban mucho las mujeres mayores. Recuerdo que hubo un espectáculo de globos y también payasos.

—Era un mimo famoso —le dijo a Itachi—. Y Sasuke se quedó dormido.

—La edad no importa cuando estás enamorado —dijo Itachi rápidamente en un tono defensivo— Y Sasuke nunca fue un crío. Nació con un teléfono en una mano y un contrato en la otra.

Sasuke aceptó la copa que le ofrecía su hermano, cerró la puerta detrás de él y respiró hondo para calmar la rabia que crecía en su interior.

Estaba dispuesto a encerrarle en el sótano si era preciso, pero seguramente sería capaz de encontrar una solución más imaginativa. La palabra fracaso no formaba parte de su vocabulario y esta batalla no sería la primera en serlo. No señor. Y su mente maquinaba a toda velocidad un plan.

—Bueno ¿qué celebramos? —preguntó mirando una vez más aquel ostentoso diamante— ¿O acaso es una pregunta ridícula? —miró a su hermano Itachi— Supongo que tengo que felicitarlos —añadió conteniendo las ganas de zamarrear a su estúpido hermano.

¿Es que has perdido tu pequeña cabeza de burro?, Itachi. Se preguntó mentalmente.

Ino batió sus largas pestañas con fuerza y estiró la mano izquierda hacia él.

—Queríamos que fueras el primero en enterarte Sasuke —dijo.

Sin embargo, no había sido el primero. La chica que a esas alturas debía de estar imprimiendo una nueva carta de renuncia ya estaba al tanto de todo.

—Oh, gracias —dijo Sasuke, pensando en el problema que se le venía encima…

¿Cómo podía hacerle ver a su hermano que era mucho más seguro casarse con una serpiente venenosa o con una piraña carnívora?

Si armaba un lío en ese preciso momento, probablemente se sentiría mucho mejor, pero eso era justamente lo que Ino quería y no estaba dispuesto a darle la satisfacción que ella buscaba. No iba a dejar que lo tachara de hermano celoso. Además, no eran celos sino nauseas lo que estaba sintiendo en ese momento al ver cómo su hermano la agarraba de la cintura.

—Ino ha aceptado casarse conmigo. Espero... Esperamos que esta situación no resulte incómoda —dijo Itachi abrazándola con orgullo. La expresión de sus ojos parecía desafiante.

Sasuke guardó silencio un momento.

—Por lo que a mí respecta, no hay ningún problema. Felicidades.

El rostro de Itachi se relajó de inmediato.

—Voy a servir otra copa más para Sakura, para que brinde también —dijo Itachi, visiblemente aliviado. Sasuke levantó una mano.

—Yo se la llevó

Antes de que su hermano mayor pudiera decir algo, Ino intervino.

—¿Sakura? —preguntó confundida—. ¿Quién es Sakura?

—Sakura... Mi secretaria, Sakura. Pasaste por delante de ella al entrar. La has visto todas las veces que has venido.

—¡Oh ella!

Sasuke la observó con atención mientras le restaba importancia a la joven Sakura con una risotada burlona. Una simple secretaria, nada que ver con una modelo glamurosa como ella.

—Oh cariño, no sé si será buena idea invitar a tu ayudante a compartir este momento tan... familiar. Parece algo tímida y creo que se sentiría incómoda. ¿No te parece? —añadió Ino, en su tono más despectivo de su repertorio. Itachi se encogió de hombros.

—Supongo que tienes razón. Es un acontecimiento familiar.

A pesar de haber cedido fácilmente, Itachi no parecía muy convencido.

"Qué interesante...", pensó Sasuke.

Seguramente Ino se había dado cuenta de que la joven secretaria estaba locamente enamorada de su jefe. Por desgracia, a la chica no se le daba muy bien disimular, era un completo libro abierto, con índice y todo. Además, la determinación con que había intervenido para dejarla fuera de la celebración, no dejaba lugar a dudas de que sabía de su enamoramiento hacia Itachi. ¿Acaso la consideraba una rival?

Sasuke hizo un esfuerzo por recordar la imagen de Haruno Sakura. Un rato antes había estado muy lejos de ser una chica tímida, sobre todo después de gritarle y atacarle con sus mejores armas verbales. La novedad de aquella actitud rebelde e inesperada había dejado una huella en su recuerdo... Aquellos ojos grandes y expresivos, su rostro blanco con sus mejillas rosadas y por supuesto, aquellos labios llenos y firmes se habían quedado grabados en su memoria.

Seguía pensando que era más que improbable que hubiera habido algo entre Haruno Sakura y su hermano Itachi. Sin embargo, si Ino sospechaba de aquella chica que hacía parecer sugerente y voluptuosa a una monja, entonces lo que hubiera pasado o no carecía de relevancia.

Lo verdaderamente importante, en cambio, era que podría usar la inseguridad de Ino a su favor... Mientras oía hablar a su hermano sobre los planes de boda, un plan perfecto comenzó a fraguarse en su mente y una sonrisa de anticipación apareció en su rostro...

Sakura trató de hacer oídos sordos, pero fue inútil. Las voces que se oían dentro del despacho contiguo llegaban hasta ella sin piedad y después aquel horrible sonido del corcho que saltaba de la botella... Se llevó un sobresalto tan grande que borró de un plumazo la laboriosa página de datos estadísticos que le había llevado toda la mañana elaborar.

—¡Céntrate, Sakura! —se dijo haciendo una mueca y dejando escapar su tristeza.

Mordiéndose el labio inferior, se secó la solitaria lágrima que corría por su mejilla con el dorso de la mano. Podía ser exagerada, pero en serio le gustaba Itachi y le dolía.

—¿Y qué esperabas, idiota? ¿Pensabas que iba a seguir soltero para siempre? ¿Pensabas que iba a esperar por ti? ¡Claro! Cuando el infierno se congelara y fuera visitado por el mismísimo Yeti —se dijo, desesperada.

No tenía por qué haber sido tan malo. Sakura intentó recuperar los datos perdidos. Si hubiera sido cualquier otra mujer... En realidad ninguna mujer era lo bastante buena para alguien como Itachi, una persona maravillosa, el marido perfecto... Sin embargo, cualquier otra hubiera sido mejor elección que aquella mujer... Ino. De repente se vio asaltada por la imagen de la curvilínea rubia, tan perfecta y falsa. Aquel rostro impecable e imperturbable no podía esconder más que oscuridad. Había algo en Yamanaka Ino que resultaba profundamente inquietante, o mejor dicho, todo en ella resultaba sospechoso, desde su sonrisa de plástico hasta sus pechos de silicona.

"Pechos de silicona..." se dijo Sakura, esbozando una sonrisa fugaz. Por lo menos tuvo un breve momento de satisfacción antes de volver a caer en el pozo de la miseria humana. Si Itachi se hubiera enamorado de cualquier otra, entonces se hubiera alegrado por él, o por lo menos se hubiera resignado sabiendo que iba a ser feliz. Pero la resignación no iba a llegar de ninguna manera.

Sakura se llevó una mano al vientre y trató de acomodarse en la silla giratoria. Se sentía mal, asqueada... Todos sus sueños yacían en el suelo, hechos añicos... Una persona necesitaba ilusiones para vivir, aunque sólo fueran sueños incansables. Y aunque no había sido fácil soportar las continuas aventuras de Itachi con todas las rubias de infarto de la ciudad, por lo menos siempre le había quedado una pizca de esperanza, algo que ya no tenía. Él iba a casarse.

"Con esa víbora", se dijo desesperada.

Por lo menos tenía intacto el orgullo. Itachi no sabía que se había enamorado de él con la primera sonrisa. Evidentemente, si hubiera tenido algo de sensatez entonces, hubiera salido por la puerta el primer día, pero...

"Mejor tarde que nunca", pensó tocando la nueva copia de la carta que se había guardado en el bolsillo.

En ese momento no era capaz de verlo, pero en realidad Itachi le había hecho un favor. Ya era hora de tener una vida, y también un novio de verdad. Tenía que empezar a pensar en el futuro y el primer paso para eso era entregar la carta de renuncia. Si buscaba otro trabajo, quizá tuviera tiempo para matricularse en ese curso de enfermería que llevaba tanto tiempo queriendo hacer.

—Sé positiva Sakura —se dijo en voz alta mientras trataba de recordar los documentos que Itachi le había pedido para el viernes.

No obstante, por mucho que intentara ver el lado positivo de todo aquello no pudo evitar levantar la cabeza con un gesto triste al oír la suave voz de su jefe. Le oyó reír y entonces sintió el tono más grave y poderoso de su hermano.

Uchiha Sasuke.

La expresión de Sakura se endureció nada más recordarle. Nunca había sido capaz de entender cómo dos hermanos que apenas se llevaban cinco años de edad podían ser tan distintos. ¿Cómo era que la misma genética había sido capaz de producir dos seres totalmente opuestos en todos los sentidos? La única cosa que sí compartían sin embargo, era su debilidad por cierta rubia modelo.

El día anterior Itachi e Ino habían salido juntos del edificio y nada más hacerlo, habían desencadenado un revuelo de rumores y especulaciones que todavía seguía en pleno apogeo. Todo el mundo quería confirmar las sospechas y saber si realmente el hermano mayor estaba saliendo con la mujer que había humillado a Uchiha Sasuke públicamente.

Cuando le preguntaban, Sakura fingía desconocer el asunto pero igual que todos los demás, se preguntaba cómo reaccionaría un hombre tan egocéntrico como él al enterarse de la noticia. No obstante, a diferencia de la mayoría de la gente, sí entendía muy bien por qué Ino prefería a Itachi antes que a su hermano mayor. Cualquier mujer hubiera elegido igual.

Al pensar en Itachi, su expresión se suavizó. ¿Por qué siempre lo tenían que comparar con su autoritario hermano menor? Era tan injusto... Itachi era un hombre indiscutiblemente apuesto. Tenía una contextura atlética, medía un metro ochenta, tenía el cabello negro en una coleta y su sonrisa era simplemente encantadora. Si analizaban cada uno de sus rasgos al detalle, entonces resultaba evidente que era un hombre de una belleza clásica, nada que ver con su infame hermano.

Sin embargo, aunque no compartiera la opinión, Sakura no podía sino admitir que era Sasuke quien se llevaba todas las miradas femeninas cuando ambos hermanos entraban juntos en una habitación. La gente no se fijaba en la ligera asimetría de sus rasgos faciales. Estaban demasiado ocupados admirando sus extraordinarios ojos, sus pómulos esculpidos, su piel blanca perfecta y sus indecentes labios carnosos. Era tan alto como su hermano. Tenía la espalda ancha, unas piernas largas y un cuerpo atlético bien torneado. No se podía negar que podía resultar increíblemente atractivo para aquellas mujeres a las que les gustaban los hombres sombríos y enigmáticos. Pero Sakura no era una de ellas.

Al oír una risa de mujer, se sobresaltó y el rostro siniestro de Sasuke se esfumó de su mente. Apretó los dientes. Ino era muy hermosa, pero su risa era escalofriante.

"Pero eso a Itachi le trae sin cuidado", pensó con desánimo.

Los hombres en general siempre pasaban por alto esa clase de detalles cuando estaban bajo el hechizo de unos labios sensuales, una larga melena rubia y un cuerpo al que todo le sentaba bien.

—¿Te veo a las ocho Sasuke? —preguntó Itachi al abrir la puerta.

Tan tensa como un una cuerda de guitarra, la joven clavó la mirada en la pantalla del ordenador.

—Toda la familia estará allí —añadió.

Incapaz de aguantar más, levantó la vista justo a tiempo para ver cómo Itachi rodeaba la estrecha cintura de su prometida con un gesto posesivo.

—¿Cómo iba a perdérmelo? —dijo Sasuke sin mucho entusiasmo.

Al oír el tono irónico de su hermano, Itachi se rió.

—Puedes traer a alguien si quieres.

Sasuke inclinó la cabeza con un gesto sarcástico.

—Te dejo todo el papeleo del contrato Akatsuki, Sakura. ¿De acuerdo, cariño? Y esas cifras... ¿Las tendrás listas para mañana a primera hora? —Siguió adelante sin esperar una respuesta—. Necesitan los papeles de la reunión de esta mañana antes de que termine el día de hoy. Eres un cielo. No sé qué haría sin ti.

Sakura levantó la vista. Por sus venas corría un torrente de resentimiento.

"Bueno, muy pronto vas a averiguarlo...", pensó con sarcasmo.

—¿Entonces a las ocho, Sasuke? —Volvió a insistir.

Sakura se preguntó si Sasuke había percibido el tono ligeramente impositivo de su hermano.

"Por supuesto que sí", se dijo.

Uchiha Sasuke nunca pasaba nada por alto, a menos que se tratara de algo irrelevante, como una secretaria insignificante... O ni siquiera eso. Durante mucho tiempo había sido completamente invisible para él... hasta ese día.

"Ojalá hubiera seguido siendo invisible".

—Allí estaré —dijo Sasuke, con una expresión impenetrable.

La feliz pareja abandonó el despacho dejando tras de sí el eco de sus carcajadas y el rastro de la empalagosa y costosa fragancia de la futura señora Uchiha.

¿Acaso aquel perfume evocaba recuerdos amargos para Sasuke? Si se hubiera tratado de cualquier otra persona, el corazón de Sakura se hubiera encogido de tristeza, pero el menor de los hermanos Uchiha no se merecía ni una gota de empatía. Además, era más que improbable que hubiera algo de dolor verdadero detrás de aquel rostro sombrío e inflexible. Vamos, el hombre era un poderoso tempano de hielo.

La joven tomó un montón de carpetas de un extremo del escritorio y las colocó en el otro lado, esperando con todas sus fuerzas que Sasuke se marchara rápidamente.

Pero no lo hizo.

Levantó la vista y se atrevió a mirarle a la cara. Él también la miraba fijamente.

Incómoda y algo nerviosa, demasiado, Sakura se acomodó en la silla y se subió las gafas con la punta del dedo. Esbozó lo que en teoría sería una sonrisa y volvió a centrarse en los documentos que estaban sobre su mesa.

—La botella está llena, por si quiere brindar conmigo por la feliz pareja —dijo él de repente, colocando una copa de champán delante de ella.

La joven trató de guardar la compostura, pero Kami sabía que era imposible. En ese momento nada hubiera podido resultarle menos apetecible que aquella sugerencia.

—Tengo mucho trabajo, señor Uchiha, y además sólo soy una empleada —le recordó, sin atreverse a mirarle a la cara.

—¿Pero acaso no le gustaría ser algo más que eso?

Aquella inesperada pregunta la hizo ponerse tensa de inmediato. Porque en realidad no se trataba de una pregunta, sino de una afirmación.

—¿Por qué se empeña en vestirse así? —le preguntó sin darle tiempo a contestar a la pregunta anterior.

Ya a la defensiva, Sakura levantó la vista de una vez y se lo encontró mirando con desagrado el traje gris que ella llevaba puesto. Se sintió totalmente como un patito feo.

—¿A qué se refiere? —preguntó ella. Tenía tres trajes idénticos en su armario y también una colección de blusas discretas para conjuntar.

Su abuela solía decirle que la calidad era más importante que la cantidad a la hora de elegir ropa y ella siempre le había hecho caso. Haruno Chiyo (me pareció más dulce que inventar un nombre, mi inspiración sigue tan floja como antes), le había enseñado a su nieta cuáles eran las reglas para vestir como una señorita respetable. Además era cierto que a largo plazo siempre resultaba más rentable y cómodo comprar prendas duraderas y discretas antes que ropa de moda de mala calidad. Sin embargo, a veces la ropa de moda podía resultar tan tentadora y llamativa...

Sakura levantó la barbilla en un gesto desafiante y se llevó la mano a la garganta. Su blusa color crudo estaba abotonada hasta el cuello.

¿Tres años sin saber que existo y ahora de repente, está interesado en mi ropa?, se dijo indignada y a punto de explotar ¡maldita sea!.

—¿Puedo ayudarle en algo, señor Uchiha? —le preguntó sin mucho entusiasmo.

¿Acaso había estado bebiendo?

Aquellos rasgos duros y arrogantes no sugerían ningún tipo de debilidad o falta de control, a no ser por la sensualidad de sus labios carnosos... Consciente de un extraño cosquilleo que le subía por el vientre, Sakura apartó la vista rápidamente y se encontró con su afilada mirada.

Tomar algo con él definitivamente no era una opción.

"Sasuke no aguanta tonterías de nadie", le había dicho Itachi en varias ocasiones.

—Creo que sí puede ayudarme en algo —dijo él.

Sakura aguantó la sonrisa de cortesía con dificultad. Había algo en aquellos oscuros ojos que no coincidía con la mueca risueña que le tiraba de los labios. ¿Qué rayos?

—Pero su ofrecimiento cortés no es muy sincero. ¿O me equivoco? ¿La hago sentir incomoda?

—No. Por supuesto que no —mintió—. No quería ser grosera, pero es que tengo mucho trabajo que hacer.

Y era cierto. Probablemente no llegaría a casa hasta las siete, o las ocho... De pronto recordó la reunión con el director de la residencia. Su llamada se había convertido en una fuente de preocupación, sobre todo porque no había querido decirle de qué se trataba. Al parecer su abuela se encontraba bien, pero Sakura sabía que nada bueno presagiaba. Algo le decía que se trataba de las tarifas del centro. ¿Acaso iban a subirle la mensualidad?

Lo de la residencia había sido idea de su abuela. Había esperado a tenerlo todo listo antes de darle la noticia, pero ella no se lo había tomado muy bien.

"Sólo será durante unas semanas", le había dicho su abuela, y ella había terminado cediendo.

Sin embargo, de eso ya hacía seis meses y su abuela no mostraba intención alguna de volver a casa. Según le decía, el lugar era como un hotel de cinco estrellas en el que nunca se sentía sola.

A ella por su parte, le encantaba verla tan entusiasmada por la vida. Sin embargo, no podía evitar preocuparse. El coste de la residencia también era igual al de un hotel de cinco estrellas, pero su abuela no parecía haberse dado cuenta de que sus ahorros se habían agotado en los tres primeros meses, y ella trataba de disimular cada vez que surgía el tema porque no quería preocuparla. No obstante, hacer frente a los pagos se había convertido en una batalla constante por llegar a fin de mes y Sakura apenas podía mantener la enorme mansión victoriana que había sido el hogar de su abuela. En esos momentos sólo ocupaba tres de las muchas estancias que tenía el caserón, pero aun así no estaba dispuesta a vender la propiedad. La casa donde su abuela había sido tan feliz junto a su esposo seguiría ahí para ella.

El director del banco, en cambio, era incapaz de entenderlo y la aconsejó venderla y ahorrarse problemas de hipotecas y esos fastidiosos problemas bancarios.

Sakura le dio las gracias por aquellos consejos, pero no dio su brazo a torcer. La posibilidad de vender la casa estaba fuera de toda discusión posible. Su abuela amaba aquel lugar tanto como ella. Aquella casa había sido su hogar desde la muerte de sus padres en un accidente de tren.

—¿Quiere que me vaya para que pueda llorar en privado? —dijo Sasuke de repente.

Aquella pregunta insolente la hizo volver a la realidad como una bofetada en la cara.

—No sé qué quiere...

Él la interrumpió con un gesto impaciente.

—Está enamorada de mi hermano.

Y eso, sonó a sentencia… Estaba en manos de Uchiha Sasuke.

Sakura sintió que la sangre huía de sus mejillas.

–¡Eso es una estupidez! –le gritó insultada.

El levantó las cejas en un gesto burlón y cínico.

–No sabía que fuera un secreto, mis disculpas.

Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, Sakura mantuvo la cabeza bien alta. Se quitó las gafas, que no dejaban de resbalársele y lo fulminó con una mirada de puro odio, la mejor de las miradas asesinas que poseía.

–¡No quiero sus disculpas, ni tampoco su endemoniado sentido del humor!

Sasuke la observó con atención. Seguía muy lejos de ser una belleza, pero la transformación era extraordinaria. Si su hermano Itachi la hubiera visto así, con las mejillas encendidas, jadeante y con chispas en los ojos, entonces sin duda se hubiera fijado en ella.

–Itachi se acaba de comprometer con una mujer preciosa. A lo mejor prefiere regodearse en su propia miseria y adorar la foto que lleva en la cartera –le espetó con sarcasmo, viéndola desviar la mirada hacia el bolso que estaba a su lado– No. Tan sólo lo he adivinado. No he estado hurgando en su bolso.

–¿Se supone que es una broma? –le preguntó ella cada vez más nerviosa.

No había nada que temiera más que convertirse en la burla de la empresa. ¿Acaso era un secreto a voces? ¿Acaso lo sabía todo el mundo?

Trató de reunir la poca dignidad que le quedaba y levantó la frente. No iba a dejarse apabullar por un hombre como Uchiha Sasuke.

–Trabajo para su hermano –le dijo con frialdad– No tenemos ningún tipo de relación personal... No como usted y su... –se detuvo de repente, sin dar crédito a las palabras que acababan de salir de su boca.

Él la traspasó con una mirada desafiante y desdeñosa y ella sintió un gélido escalofrío que la recorrió de arriba abajo. Sasuke debía de tener el alma tan negra como la mirada.

–¿Acaso se refiere a mi relación con la encantadora Ino? –le preguntó arqueando una ceja– Eso fue hace mucho tiempo.

"Maldito bastardo", se dijo Sakura.

¿Por qué no lo dejaba pasar sin más? Una ola de calor le abrasó la piel. Si él se había dado cuenta, entonces quizá Itachi... también lo sabría.

De pronto sintió una presión en el corazón y falta de aliento, se llevó una mano al pecho y se abrió un poco el cuello de la blusa.

Observándola en todo momento, Sasuke no pudo evitar desviar la vista hacia esos escasos centímetros de piel blanca que acababa de descubrir. Una vena inflamada palpitaba furiosamente en su cuello.

–El pasado suele influir en el presente –tomó una silla de un rincón y se sentó frente a ella a horcajadas, colocando las manos sobre el respaldo.

Cansada de aquella conversación agotadora, Sakura bajó la vista y contempló sus manos. Eran unas manos fuertes, pero elegantes.

"Por favor, vete de una vez...", repetía sin cesar en su mente.

Él estaba jugando al gato y el ratón con ella y sin duda debía de obtener algún retorcido placer viéndola sufrir.

–Sospecho que una buena parte de la atracción que mi hermano siente por Ino se debe a mi antigua relación con ella. Es muy competitivo.

Sakura levantó la cabeza bruscamente y casi estuvo a punto de tirar al suelo las carpetas que estaban sobre el escritorio con el movimiento de sus manos temblorosas.

–¿Que él es competitivo? –exclamó incrédula, contemplando al hombre que estaba sentado delante de ella con ojos de asombro. Era evidente que en ningún momento se le había pasado por la cabeza pensar que ella pudiera preferir a Itachi antes que a él.

"¡Dios mío! ¿Cómo se puede tener un ego tan grande?", se dijo.

Sasuke guardó silencio y entonces esbozó un amago de sonrisa cínica que no dejó indiferente a la joven. Había algo muy sensual en aquellos labios que no pasaba desapercibido, algo que intensificaba el cosquilleo que sentía en el vientre.

–De acuerdo, es... Es algo entre hermanos –añadió él en un tono casual.

Sakura se obligó a apartar la vista de los labios de Sasuke. Siempre se había sentido incómoda con su presencia, incluso cuando la ignoraba por completo. Pero las cosas siempre podían empeorar y tener su atención era todo un calvario. Aquella absurda conversación no hacía sino aumentar la aversión que sentía por él, hasta el punto de querer salir corriendo.

–Ese es su problema, no el de Itachi –le dijo sintiendo una gran impotencia al ver que no era capaz de identificar aquella extraña emoción que parpadeaba en sus oscuras pupilas. Casi hacía falta un acto de fe para creerse que Itachi y él pudieran ser hermanos.

Itachi era un día soleado, mientras que el hombre que estaba ante ella era una noche cerrada, oscura, impenetrable peligrosa... Demasiado peligrosa.

–No puedo sino reconocer que conoce muy bien a mi hermano –dijo él, inclinando la cabeza sin abandonar la pose sarcástica y arrogante que era su estado natural– Es evidente que es toda una experta en el tema –añadió en un tono de voz que le ponía los pelos de punta.

La miró fijamente y trató de descifrar la expresión de su rostro. A lo mejor su hermano le había dado un beso en la mejilla en alguna ocasión. ¿O acaso habían llegado más lejos? Rápidamente rechazó aquella idea disparatada que acechaba desde un rincón de su mente. Por algún extraño motivo, las imágenes que aparecían en su mente eran mucho más turbadoras que el recuerdo auténtico del beso de Ino y su hermano.

Quizá Haruno Sakura estuviera mucho mejor sin toda esa ropa anticuada, pero Itachi no era de los que se molestaban en mirar más allá de las apariencias. Sin embargo, Ino sí tenía la intuición de la que él carecía. Sin duda la espectacular rubia veía una amenaza en potencia en aquella chica menuda e insignificante, así que... A lo mejor su hermano se sentía atraído por ella. ¿Era posible que no se hubiera dado cuenta siquiera?

Sakura apretó los dientes y entonces sintió un torrente de calor en las mejillas. Nada deseaba más en ese momento que borrarle la sonrisa cínica de los labios con una bofetada.

—No... No. No quería decir... Yo... Cuando trabajas mucho tiempo con alguien llegas a conocerle muy bien. Tenemos mucha confianza.

Al darse cuenta de la sórdida interpretación que Sasuke podía darle a sus palabras, Sakura se sonrojó hasta la médula. Las mejillas le ardían como si estuvieran en llamas.

—Pero no se trata de la clase de confianza que... —se apresuró a añadir, pero él la hizo callar con un gesto.

—Usted cree que Itachi está muy por encima de algo tan pequeño como la rivalidad entre hermanos. Cree que es muy noble y...

—Creo que está enamorado.

—¿Y usted cree que lo sabe todo sobre el amor?

Ella lo miró con un gesto de perplejidad. La bola de miseria y frustración que le agarrotaba la garganta se disolvió de repente, lanzando chispas de rabia por todo su ser. Uchiha Sasuke jamás hubiera sabido lo que era estar en su piel, sufrir lo que ella había sufrido. Se puso en pie violentamente y la silla salió lanzada hacia la pared de atrás.

–¡Sé mucho más de lo que usted sabe! —le gritó fuera de sí.

Él por supuesto no pareció ofenderse.

—Entonces va a aceptar la situación y a marcharse sin más. ¿No quiere luchar por él?

—¿Y qué me sugiere que haga? Mire, puede que usted no tenga nada que hacer, pero creo que esta broma ya ha llegado demasiado lejos...

Sasuke se incorporó, pero no hizo amago de marcharse. Se pasó una mano por el cabello y la miró de arriba abajo.

—En realidad sí tengo una sugerencia que hacerle. Podría vestirse como una mujer y no como una vieja bibliotecaria.

Un latigazo rabioso sacudió las entrañas de Sakura. ¡¿De qué diablos iba este tío?!

–No voy a fingir ser alguien que no soy.

–Admirable... Pero ¿cree que Ino tendría ese aspecto sin hacer un gran esfuerzo? No estoy hablando de operaciones o inyecciones, pero... ¿Nunca ha oído eso de que no hay recompensa sin dolor? Bueno, en el caso de Ino es más bien "no hay belleza sin pasar hambre", por así decir.

–¡Pero ella es una mujer de contextura delgada!

—Realmente es usted una ingenua —dijo él, sacudiendo la cabeza.

Sakura apretó los dientes. Este tipo estaba empeñado en insultarla.

—Si estuviera enamorada de su hermano, lo cual no es cierto, me alegraría mucho por él —le dijo.

—Y eso la convierte en una persona increíblemente generosa, aburrida y mentirosa.

Una nueva oleada de color inundó las mejillas de Salura y Sasuke la observó con atención. No llevaba maquillaje alguno, pero en realidad alguien con una piel tan tersa e inmaculada no lo necesitaba. Y ese color de cabello, que en un principio lo hizo pensar que se veía ridícula e infantil, pronto asumió que era natural, y en lugar de lucir infantil, le daba un toque exótico y excitante.

—¿No se da cuenta de que esa forma de pensar no resulta nada estimulante para la mayoría de los hombres?

Sakura lo fulminó con una mirada despreciativa.

—No soy una persona totalmente desinteresada, pero prefiero ser así antes que ser una egoísta insufrible —le espetó con toda intención, sin pensar en las consecuencias de insultar a un hombre como Uchiha Sasuke.

—La santa tiene garras —le dijo él con un gesto divertido en la cara.

"Y también unos ojos preciosos", dijo una voz en su interior. Sin gafas la joven ganaba muchos puntos.

De haber sido cualquier otra persona, hubiera pensado que eran lentes de contacto, pero Sakura se esforzaba demasiado por pasar desapercibida como para usar semejante artificio de belleza. Aquellos increíbles ojos verdes brillantes tenían que ser auténticos.

Consciente de su intensa mirada, Sakura deseó que la tierra se la tragara en ese preciso instante. Sin embargo, aguantó la situación con valentía y no sucumbió a la tentación de esconder el rostro detrás de la cortina de pelo que lo rodeaba. Estiró una mano y se sujetó el pelo detrás de la oreja. Su abuela solía decirle que tenía un cabello precioso y único, pero ella siempre había soñado con tener el cabello rubio o pelirrojo, cualquier cosa menos que aquella copiosa mata de color rosa, que por lo demás lograba darle un aire adolecente.

—Él no la ve como a una mujer. La ve como parte de los muebles de las oficinas.

Sakura aguantó la respiración. Era como si alguien acabara de darle un duro golpe en la cara. Sasuke usaba su lengua venenosa con una precisión asombrosa y siempre daba donde más dolía. ¿Cómo podía ser tan cruel?

—¿Cree que mi hermano sabe de qué color son sus ojos? Usted es una pieza muy útil para él. Sabe que hará lo imposible por complacerle —se detuvo satisfecho. Había dado en el clavo.

Sakura creyó que iba a desmayarse allí mismo. La expresión de su rostro era la de un niño al que acababan de decirle que Papá Noel no existía.

Sasuke se dio cuenta y por primera vez en mucho tiempo, sintió una pizca de culpa.

Hacía mucho tiempo que nadie conseguía hacerle sentir algo parecido al arrepentimiento. Sin embargo, sólo era una pizca... Ni más ni menos. ¿Por qué iba a sentirse culpable por decirle la verdad? Quizá había sido un poco brusco, pero en realidad no había hecho más que abrirle los ojos.

¿Cómo podía idolatrar a su hermano Itachi de esa manera? Alguien tenía que hacerla entrar en razón. Estaba desperdiciando su vida, llorando por un hombre como la heroína de una novela romántica, un hombre que ni siquiera sabía que ella existía.

–Tiene razón.

Aquella repentina afirmación lo hizo mirarla fijamente. Estaba muy pálida, pero parecía haber recuperado la compostura.

–Estoy enamorada de Itachi y sí, él ni siquiera sabe que existo, al menos no de esa manera. Pero ya no tiene importancia porque me voy –se encogió de hombros– Y el problema se va conmigo.

Sasuke sintió una admiración inesperada. A pesar de sus carencias no podía sino reconocer que Haruno Sakura tenía muchas agallas.

–Excelente. Ahora sí nos entendemos.

Sakura volvió a sentarse sin dejar de mirarle a la cara.

Sasuke había vuelto a sorprenderla una vez más. En lugar de atacarla con su inagotable munición de comentarios incisivos, había decidido guardar silencio en esa ocasión, y su rostro había vuelto a cerrarse con una expresión enigmática.

–¿Y de qué manera nos estamos entendiendo? –le preguntó ella con escepticismo y bastante curiosa.

–Ambos, por razones distintas, pensamos que sería un error que Itachi se casara con Ino –bajó la cabeza y esperó una respuesta.

–Eso no tiene nada que ver... –al ver su mirada sarcástica la joven se detuvo en mitad de la frase–. De acuerdo –aceptó– No creo que Ino sea lo bastante buena para Itachi.

–Es una serpiente.

–Pero creo que usted no pensaba lo mismo en el pasado –dijo ella sosteniéndole la mirada a pesar del rubor que teñía sus mejillas– Bueno, estuvo a punto de casarse con ella –añadió a la defensiva.

–Itachi se interesa por cualquier mujer a la que yo encuentre atractiva. Si usted y yo fuéramos amantes, entonces sería irresistible para él.

De pronto Sakura tuvo una visión de su atlético cuerpo masculino, bien dotado y poderoso... A lo mejor no fue muy aproximado, pero sí bastó para hacerla sonrojarse aún más…

Lo que por supuesto no pasó por alto un muy satisfecho Sasuke.

–Bueno, y volviendo al planeta Tierra...

–¿No le gustaría que Itachi se fijara en usted como mujer? –le preguntó él, recorriendo su cuerpo con la mirada muy lentamente, deteniéndose con descaro allí donde había una mera insinuación de curvas.

–Yo... –dijo ella profundamente turbada. Su corazón latía como una bomba. Su mente se estaba nublando y estaba cayendo inexplicablemente en un hechizo llamado Sasuke.

–Tengo una propuesta que hacerle. ¿Está dispuesta a escucharme hasta el final?

Sakura lo miró con desconfianza, pero a esas alturas estaba demasiado curiosa y hechizada.

–¿Y si digo que no?

El soltó una carcajada. Madre mía, si incluso podía reír.

—No lo hará. Ambos tenemos motivos para terminar con este compromiso.

Aunque no dijera nada más, no hacía falta ser un genio para averiguar cuáles eran esos motivos. Uchiha Sasuke seguía enamorado de su antigua novia y volver a verla había hecho despertar sentimientos olvidados. Sin duda estaba decidido a arrebatársela a su hermano y a recuperar su amor.

"Buena suerte. Sois tal para cual. Lo que os merecéis", se dijo Sakura.

–Si unimos fuerzas, creo que podríamos acabar con esto –le dijo él con una determinación y una seguridad que no dejaban lugar a dudas– Necesitará ropa nueva, ir a la peluquería y muchas otras cosas más... –arrugó la expresión de los ojos como si imaginara aquello de lo que estaba hablando– Creo que puede funcionar.

–¿Para qué voy a necesitar todas esas cosas? –preguntó ella impaciente por saber adónde quería llegar.

–Esta noche hay una celebración. Iremos juntos, como pareja, y tantearemos el terreno.

Pensando que era una broma, Sakura esperó el remate del chiste, pero él guardó silencio.

–Kami-sama... Lo dice en serio. ¡Se ha vuelto loco!

–En muchas ocasiones la locura y la inspiración son la misma cosa –dijo él impasible.

–¡Inspiración! –ella sacudió la cabeza– Eso no es inspiración. ¡Está loco de remate! Nadie se creería que somos pareja.

–Sí se lo creerán. Confía en mí, Sakura –dijo llamándola por su nombre.

Ella lo miró con los ojos como platos. Parecía tan convencido y persuasivo como un político durante las elecciones. Y su nombre sonaba malditamente bien en sus labios.

–Cuando éramos críos, Itachi siempre quería mi helado de vainilla –le dijo en un tono casual.

–Pero yo no soy un helado de vainilla.

–Pero eres, podrías ser... una mujer atractiva.

Aquel comentario no era más que una opinión de experto, desprovisto de carga sexual. Y sin embargo, Sakura no pudo evitar sentir una pequeña ola de emoción.

¿Y si tenía razón? ¿Podía llegar a ser hermosa?

La joven sacudió la cabeza y adoptó una expresión despreciativa.

–¿Tienes algo que perder?

–Esto está muy lejos de ser algo digno y cuerdo.

–Pero tú quieres a Itachi. ¿Serás capaz de perdonarte si no lo intentas?

Sakura comenzó a moverse en la silla, cada vez más inquieta. Por su rostro desfilaban miradas de confusión y desconcierto. Sentía tal excitación que sabía, sabía que terminaría aceptando. El hecho de que él le hablara con la confianza de un amante dejando los formalismos de lado la hacía retorcerse de anticipación.

Sasuke la observó con atención durante unos segundos y finalmente asintió satisfecho con la cabeza. Había cerrado muchos acuerdos de negocios durante toda su vida, demasiados como para no saber que Haruno Sakura acabaría entrando en el juego...

Continuará...


Bien, en tiempo record os traigo el capitulo 2 (nada más porque tenía escrito el capitulo hace días) Más largo que el primero, ¿ven que soy buena? Creo que dejaré los capis largos de ahora en adelante, así no se alarga tanto la historia. Tengo escrito el tercero así que pronto publicaré el siguiente.

Lamento que a veces parezca mucha historia y poco dialogo, pero son necesarios los inicios largos para que la historia se entienda más adelante. Me gusta pensar en este Sasuke un poco más hablador, aunque igual de frío jasjasja.

Gracias a quienes dejaron su primer comentario de esta historia, espero no defraudar con el cliché *cruzando dedos*

Besazos! Yumei...