20 Marzo del 2009. Escuela Primaria de Tokio.
Los niños jugaban y se relacionaban con sus compañeros, lo mejor que podían. A sus nueve años sabían que debían interactuar entre ellos, pues serían las personas con las que pasarían gran parte de su vida.
Miku deseaba con todas sus fuerzas que no sea así; sin embargo no estaba sola, tenía un grupo de amigos que la acompañaban en sus pensamientos. Pues eran tan sólo cuatro niños contra treinta y seis en su clase. Quizás por ser más débiles, o por el hecho de que sus conversaciones eran demasiado ''avanzadas'' para su edad eran marginados. O simplemente porque era fácil abusar de ellos, debido a que no oponían resistencia alguna. Daba igual, eran carne de cañón que a los bullies de la clase les gustaba fastidiar.
Miku, Gumi, Rin y Len estaban solos en una jaula de monos.
Miku era la favorita, pues era quien daba pelea y defendía a sus amigos; a pesar de que estos se oponían a que lo haga. Luka, la abusadora más fuerte, se divertía dándole puñetazos o insultarla a lo lejos. Cuando Miku perdía los estribos iba directamente a ella, sin importarle que éso era lo que quería lograr la chica. Un ciclo sin fin.
Pero ése día, veinte de Marzo de dos mil nueve, Luka fue diferente. Las clases habían terminado hace diez minutos, muchos niños aún esperaban a sus padres para regresar a casa. Luka y Miku eran uno de ellos. La pequeña abusadora de pelo rosa estaba igual de aburrida que el resto, sin embargo, estaba pensativa. Habían cosas pendientes en su cabeza.
-Miku- dijo, al acercarse y quedar de frente con la niña de pelo turquesa -Me he comportado muy mal hoy, y en verdad me arrepiento de lo que hice, ¿Te molesta si hablamos en un lugar más privado?- El tono sincero de Luka hizo cortocircuito en Miku ¿Acaso se volvió loca?
La niña de pelo turquesa apartó la vista un poco para no distraerse con la presencia de su abusadora -Está bien, creo...
- ¡Genial! Acompáñame- Luka tomó la mano de Miku y la arrastró sin cuidado hacía el arenero del colegio. Haciendo oídos sordos a las quejas de ésta. Cuando es horario de receso aquel lugar está repleto de niños y luce como un sitio vibrante y feliz, pero cuando no había nadie era bastante lúgubre. Las hamacas se balanceaban suavemente movidas por el viento. En el suelo recubierto de arena aún quedaban los castillos de arena destrozados. Pero esos detalles se escapaban de la mente de Miku, pues estaba muy ocupada pensando que por fin la tan ansiada disculpa de Luka había llegado, POR FIN dejaría de molestarla.
Luka la soltó y fue a sentarse en uno de los escalones de la escalera. Palmeando el asiento invitó a Miku a sentarse a su lado. Pero ésta no parecía encantada con la idea de sentarse allí.
- Vamos, no muerdo- Rodó los ojos.
- Todavía- La niña de pelo rosa se rió con amargura.
- Está bien. Tienes la razón, sé que estás enojada, pero escúchame...- Luka se paró y quedó de frente a su archienemiga -No soy la mejor persona que has conocido pero al menos quiero hacer ésto bien.
Miku enarcó una ceja.
- ¿Qué es lo que quieres decir?- La expresión desencajada de Luka le dio a entender que le interrumpió el tren de pensamiento. Se disculpó por divagar y fue directo al grano.
- ¿Sabes? Ya no quiero molestarte nunca más, me he dado cuenta que estoy haciendo el ridículo. Ya no puedo más, ¿Crees que podrías perdonarme y ser mi amiga?- Los ojos azules de Luka brillaban con intensidad, o eso creía Miku. La niña estaba tan conmovida que, por arte de magia, la imagen de persona hoorible que tenía de Luka se convirtió en algo nuevo. Hermoso. Honesto.
Sus latidos comenzaron a incrementar, golpeando fuerte el pecho - ¿Es en serio?
La peli rosa no respondió de inmediato. Se quedó varios segundos observando a Miku, parecía hipnotizada por ella. Suavemente apoyó sus manos en los hombros de la chica, sin despegarla de la vista. En su rostro no había expresión alguna, tan solo dijo - No.
Apenas terminó el monosílabo, la empujó al hormiguero que se encontraba a sus espaldas. Miku no pudo evitar la caída, estaba con la guardia baja. Mientras tanto, Luka se descocía de la risa, sus ojos lagrimeaban de lo chistoso que le pareció la caída.
- ¡Eres aún más idiota de lo que pensaba!- Dijo, limpiandose la cara - No puedo creer que haya funcionado- Miku se levantó lo mas rápido que podía, quitándose las hormigas que comenzaron a atacarla y defender su hogar. Comenzó a llorar, por la humillación y las picaduras.
- ¡Eres horrible!- Gritó con toda la fuerza de sus pulmones - ¡Eres una mala persona, por eso nadie te quiere, idiota!- Luka escuchó todo, pese a que seguía riendo a todo volumen. Miku se fue del arenero, no quería confrontar a Luka, solo quería ir a casa, y quedarse allí por siempre. Corrió lo más rápido que pudo, hasta dejar atrás la ruidosa risa de su enemiga.
Para su sorpresa, su padre estaba allí, acababa de llegar. Al ver a su hija, con arena y llorando, se alarmó. Pero no hizo preguntas allí. Luego de llegar a casa, la pequeña pudo desahogarse en paz. Miku jamás había estado tan devastada, con nueve años eso le preocupó mucho a sus padres. Todo quedó en manos de los adultos, la menor no quería meterse en líos, solo quería que sea un nuevo día para ver a sus amigos. Pero también tendría que ver a Luka, y no quería dejar la escuela sólo porque una idiota como ella le hacía la vida imposible. Podía soportarlo, se decía a sí misma, podía soportarlo...
Len y Rin se enteraron de lo que le ocurrió a Miku, y ambos hermanos decidieron tomar clases de defensa personal para evitar que algo así les pase. Ellos no eran muy valientes, pero pensaban que podrían aprender a pelear y quizás ahuyentar a sus abusadores. Los padres de Gumi tomaron otra medida, decidieron cambiarla de escuela, muy a pesar de las quejas de la niña la inscribieron a un colegio solo para mujeres. Miku por su parte se negó rotundamente a cambiarse de escuela, le gustaba el lugar donde estaba, además tenía una mentalidad nueva: ignorar a esos idiotas que la molestaban. En su lógica, si los ignoraba se irían, porque entendió que si les hace caso entonces caería en la trampa. La familia Hatsune estaba al tanto de la situación, por más que insistían no podían con el temple de su hija, el cual ahora estaba más endurecido que nunca.
Y los días así pasaron. En aquella escuela, los abusadores parecían ir comprendiendo de a poco que los tres debiluchos de la clase ya no querían seguir el ''juego''. El método de Miku Hatsune lentamente surtía efecto. Rin y Len aplicaron el mismo truco, y funcionó. Los tres amigos estaban felices de que los dejaran en paz, poco a poco regresaban a sus casas con menos hematomas. Pero quien estaba en descontento era Luka. Miku ya no le prestaba atención, ni siquiera cuando en verdad necesitaba ayuda. Con el tiempo fue comprendiendo que se lo merecía. Pasaron años y aún esa memoria le atormentaba más y más.
Todavía recordaba la fecha veinte de Marzo. Sabía que lo que hizo estaba mal y que no debió hacerlo, pero ya habían pasado años, ocho para ser exactos.
No entendía por qué le daba tanta importancia. Lo que sabía con certeza, es que a medida que crecían, se arrepentía de haber sido tan mala persona con ella. Ahora con la mente fría y madura, se dio cuenta que Hatsune Miku es en realidad una gran persona, eso puede corroborarlo porque conserva las amistades de la infancia. No como en su caso, que luego de un tiempo fue distanciandose o el karma hizo su trabajo, y Luka pasó de ser abusadora a abusada. Entre otras reflexiones, se dio lo cuenta lo hermosa que era. Todos estos pensamientos debía guardarselo para ella, porque aún seguía ignorándola. Así que Luka abandonó la idea de hablarle, en cualquier medio.
No valía la pena intentarlo.
