Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black"

Emoción sorteada: Angustia


DEADLY


Todo había comenzado como unas vacaciones familiares normales. Era su tradición familiar, empezaron a salir acampar con Jane, su difunta mujer, antes de que naciera su hija. Ahora, Sally-Anne, su pequeña, y él continuaban con la tradición. A su hija le gustaba salir al exterior tanto como le había gustado a Jane, a veces pensaba que era la viva imagen de su madre.

Había empezado como una de sus escapadas al bosque, y aún no sabía como había acabado de esa manera. Hacía solo cuatro días habían salido a acampar, se establecieron en un bosque muggle y acamparon tranquilamente durante dos días. Dos días, eso había tardado su vida en dar un vuelco de 180 grados.

Estaban durmiendo cuando oyó sonidos en el bosque aunque nada de eso era algo anormal, puesto en el bosque habitaban animales entre ellos osos y lobos. Estuvo escuchando durante un tiempo, mientras veía a su hija dormir profundamente a su lado, hasta que escucha voces humanas. Ante eso se relajó y se recostó en su saco de nuevo.

No tardó en volver a despertarse, esta vez por las sacudidas de la tienda. Con varita en mano salió de la tienda, justo al asomarse sintió como se le jalaban y le tiraban al suelo. Entró en pánico enseguida, y gateó alejándose de la tienda con la esperanza de que no viesen a Sally-Anne. Miró a sus asaltantes, cuatro hombres con facciones semilobunas, y se temió lo peor. En todos los años visitando esos bosques nunca se habían topado a una manada de hombres lobo, no había manadas establecidas en esos lares. Pero ahí estaban, sacando dientes y riendo de manera sádica. Intentas distraerlos, los atraes a ti.

—¡Sally-Anne, corre!

Mientras ve a su hija correr hacia la arbolada, dispara hechizos hacia los atacantes. Sabe que la magia no tiene el mismo efecto en su especie pero al menos consigue distraerles, para conseguirle algo de tiempo a ella. Puede ver como solo uno de los hombres lobos salió a perseguirle, pero sabe que es el peor de todos. Fenrir Greyback, un hombre lobo conocido por su sadismo y por atacar a gente en días que no son luna llena, como esa noche.


Corre. Corre tanto que le duelen los pulmones con cada bocanada de aire. Corre tan rápido como le permiten las piernas.

Solo puede pensar en Sally-Anne, corriendo por alguna parte del bosque sola sin varita siendo perseguida por Fenrir Greyback. Le angustia tanto pensar que puede perderla, que por un momento no presta atención en el suelo y se tropieza con una rama caída. Se levanta tan rápido como puede, y ve que la distancia con sus perseguidores se ha recortado exponencialmente, sigue corriendo con todas sus fuerzas.

No sabe cuanto tiempo lleva huyendo, pero su cuerpo empieza a gritarle que se tome un descanso. Los hombres lobo, aunque han disminuido su marcha, siguen pareciendo incansables. En un momento pude sentir un chillido desgarrador, procedente del sentido contrario donde él se dirigía.

«Sally-Anne», es lo único que puede pensar.

Sin detenerse a tomar una decisión, da un rodeo como pudo y se pone a correr hacía el emisor del sonido. Los gritos se extienden a lo largo del tiempo, desgarrándole por dentro. Las lágrimas le caen a borbotones mientras intenta ir a rescatar a su hija.

La angustia le corroe por dentro. No puede ni imaginar como debe estar sufriendo. Mientras más se acerca los berridos le ponen la piel de gallina. Se empieza hacer de día mientras corre, y de golpe se da cuenta que se ha hecho de día. También ve como los hombres lobo que le persiguen se retiran, tal vez no se sienten seguros a la luz o tal vez temen a encontrarse con más gente a la luz del día.

Mientras sigue avanzando como puede, deja de oír los chillidos y se teme lo peor. Pasan lo que le parecen horas pero se arrastra cojeando como pude entre los arbustos. Aguantándose en los árboles y obligándose a seguir. Se abre el paso entre unos matorrales hasta llegar a un claro.

Y la ve. Tendida en el suelo. Rodeada de sangre.

Muerta.

Tambaleándose se acerca al cuerpo sin vida de su hija. No ve ni oye al guardabosque que le apunta con una escopeta. Se deja caer en el charco de sangre que la rodeaba. Abandona su varita sin importarle el estatuto del secreto.

Se abraza al cadáver y llora. Llora como nunca lo había hecho en su vida. Primero perdió a su Jane, y ahora a su ángel. Su pequeña. Se odia, odia haberse separado de ella. Y sabe que nunca va a poder seguir adelante. Porque el sentimiento de culpa lo va a perseguir toda su vida.

—¡¿Sally-Anne, por qué?!

Es lo único que pude vocalizar hasta que siente como alguien le sacude el hombro. Se gira y ve a un agente de policía muggle.

—Señor, debemos hacerle unas preguntas.