Mientras saltaban por lo árboles, sus ojos no dejaban de mirar hacia su cabellera morada, la cual ondeaba con el viento. Su boca se extiende ligeramente al recordar dos infantiles trenzas que en el pasado siempre la veía usar para peinar de esa manera su larga cabellera.
Ahora lo llegaba en una cola de cabello y aun así se podía apreciar lo aun lo largo que era.
Fue uno de sus secretos de niño, su gusto por el cabello de Sumire. Una vez incluso cuando se sentaron juntos en clases estuvo a punto de tocar un mechón. Rasco su mejilla y carraspeo ¿Qué hacia recordando eso en un momento como ese? Menea la cabeza y fijo la vista al frente, pero al desviarla de nuevo se encuentra esta vez con la mirada confusa de su compañera.
Se sobresalta y pisa mal, pero logra al instante el equilibrio al saltar por las ramas.
— ¿Sucede algo? — pregunta ella.
— ¿Algo como qué? — responde con otra pregunta, haciéndose el tonto.
Ella ladea la cabeza.
— Te note distraído.
— Solo pensaba — ella asiente convencida, para fijar de nuevo su mirada al frente.
Mas tarde luego de debatir si parar o no, se detuvieron en un pequeño claro del bosque para descansar y comer algo.
Boruto hecha su cabeza hacía atrás y mira hacia el cielo
— ¿Te acuerdas cuando fuimos a pescar? Pasamos un momento agradable ese día, todos juntos — Sumire baja su termo de agua y lo observa hablar. Boruto comía una barra de chocolate sentando arriba de aquella gruesa raíz —. Entre Sarada y tu me ayudaron a pescar, si que nos costo, tanto que tuviste que usar a Nue — su sonrisa se amplia pero de la misma forma de como llegó, se evapora a la par de mirarla preocupado—. Lo siento Sumire, no fue mi intensión recordar...
Ella menea la cabeza, su expresión se mantiene serena.
— Yo ya me hago la idea... de que Nue no está conmigo — aprieta el pote en sus manos, Boruto lo nota —. No te miento, fue difícil, pero Nue no hubiera querido que cada vez que se recordará mis lagrimas siempre brotarán, así que ¿qué te parece recordarlo con alegría? — sonríe esta vez—. Así es como se debe honrar su sacrificio.
Pero las lágrimas aun así habían brotado y mojaban su rostro.
Boruto achico los ojos con pesar.
Sin pensarlo mucho, se acerca a ella y toma su rostro con ambas manos sorprendiéndola, más aun cuando empieza limpiar con sus pulgares sus mofletes.
— Lo siento.
— No, enserio, esta bien, quiero realmente llegar a solo sonreír sin llorar cuando lo recuerde — él deja de limpiar sus mejillas y retira lentamente sus manos. Sin que él lo llegará a saber, su tacto había hecho que su corazón revoloteará —. Gracias.
Él vuelve a sentar en la raíz de árbol y le extiende una barra de chocolate.
—El dulce te hará bien — le guiña el ojo.
Ella lo acepta y aprieta contra su pecho.
-o-
— ¿Donde encontramos al Señor Nakamoto? — cuestiona Boruto a la persona frente a ella, quien estaba de espaldas a ellos detrás de una cinta amarilla restringiendo el paso.
Más atrás ambos observaron como entre cinco o diez personas trabajar en el amplio terreno arenoso. Mucho más al fondo, presenciaron la mediana entrada a una cueva.
Habían llegado a su destino.
— Oh, llegaron — la joven voltea y responde mientras le dedica una sonrisa amable. Tenía bonito cabello era corto ondulado color castaño y sus ojos eran un intenso verde. Se limpia las manos en su pantalón, mencionando apenada que estaban llenas de polvo, para luego estrecharlas con ellos—. Encantada, soy la hija de Nakamoto, vengan, los guiaré con papá.
Asienten y la siguen muy de cerca, hasta llegar a una zona de pasto y carpas.
Un señor leía algo en una mesa y al dar con ellos sonríe cordialmente.
— Bienvenidos, ninjas de Konoha. Soy el Señor Nakamoto, ya conocieron a mi hija Sele — estrecha sus manos con ellos y los invita a posarse delante de la mesa.
— ¿Para que nos solicito? — cuestiona Boruto directamente.
— Un chico directo, me encanta — opina el señor sin perder la sonrisa. Señala entonces la mesa y pidió prestarán su atención a los documentos y planos ahí presentes—. Con sus habilidades ninjas, necesitaré que entren a esta cueva —señala un punto — Hace una semana, uno de mis subordinados encontró un hueco, pero no quise arriesgar a ninguno abajar. Es por ello el motivo que solicite el servicio ninja —los vuelve a mirar— ¿Quién de ustedes es quien tiene los conocimientos en ciencia?
Sumire alza su mano.
— ¿Algo en especial que quieran encontrar con la excavación?
El señor sacó entonces una foto de su bolsillo y la coloco en la mesa.
— Mi abuelo una vez me dijo que en este punto habito un pequeño clan, dicho clan no sobrevivió a la tercera gran guerra ninja. Mi meta es encontrar cada pieza valiosa que alguna vez conformo dicho clan y darle su historia. Hasta ahora solo hemos piezas de cuadros o jarrones. Así que quiero saber si esa cueva guarda alguna reliquia o símbolo importante. Por eso solicite un ninja con conocimientos en el área, confiaré en que usted sabrá al entrar sepa inmediatamente el valor de lo que encuentre.
— ¿Sabes del tema Sumire? — Boruto la miro impresionada, ella río en un tono bajo.
— Katasuke-san y Akita-san me han enseñado de todo un poco, sobre todo Akita-san.
— Eres genial —la alaba y ella sonríe agradecida por sus palabras, e ignora el revoloteo en su estomagó.
-o-
Observan el hueco frente a ellos, habían llegado hasta ahí gracias a las marcas en la pared que había dejado el subordinado del Señor Nakamoto. Pese a la sugerencia de Sele y el Señor Nakamato para que descansarán y comieran algo, decidieron emprender con la misión.
— Boruto, coloca este dispositivo rastreador en tu cuello — le extiende un pequeño botón, él lo toma enseguida y lo coloca donde le pidió lo hiciera—. Hay que prevenir cualquier desvió— Entonces saca una vara de luz y la lanza al hueco, ambos vieron como tocaba el suelo—. No es tan profundo.
— Bien, vamos — da la señal él.
Se lanzan y la oscuridad los envuelve.
Al tocar suelo, Sumire enciende una linterna y dan con un camino. Ambos se miran y asienten, compartiendo la idea de avanzar. Antes de pasar por aquel túnel, Sumire toma una foto como prueba y parte del trabajo de la excavación.
— Tenemos una hora caminando — informa Sumire mirando su reloj de muñeca—. Y como sospeche, lo estamos haciendo en círculos.
Ambos se detienen.
— ¿Caminando en círculos?
— Si, hice esta marca hace veinte minutos — toca la pared y Boruto observa un punto rojo. Sumire mira al frente y suspira.
— Claro, para desviar a cualquier intruso — Boruto toca el mismo punto—. Podría romper la pared y ver si...
— No se si sea factible— ella toca la del otro lado —. Podríamos quedar en lo mismo, y el punto clave podría estar aun lejos de nosotros, y si es que ahí algún punto clave — le mira, apenas podía detallar su rostro con la luz de la linterna cual apuntaba al suelo.
— Y podría haber un derrumbe — ella asiente.
Boruto rasca su cabeza ante la nueva dificultad.
— Solo sigamos caminando — informa ella, apuntando de nuevo hacia adelante con la linterna—. Si aun no conseguimos nada inusual, entonces hacemos lo que propusiste y nos atenemos a cualquier cosa.
Cuando se da la vuelta y da un paso, pero entonces escuchan el sonido de un botón descendiendo. Sin tiempo a reaccionar, algo se abre debajo de ellos haciéndoles caer. Solo sus gritos se impresión era lo que se oían, habiendo perdido la linterna de su mano, Sumire se angustia por no poder apuntar hacia abajo la oscuridad que les envolvía. Entonces recordó y saco otra vara de luz, la cual lanzó para ver si no había sorpresa debajo de ellos.
Ambos abren los ojos de la impresión al ver pullas gruesas y filosas en el piso esperándolos.
Pero Boruto improviso de inmediato y saca una cuerda con un Kunai de su bolso trasero, el cual lanza hacia un punto de la pared con todas sus fuerzas para que se incrustara. Lo logra, y sin perder tiempo toma del brazo de Sumire para quedar ambos guindados.
Tocan el suelo una vez paso aquella exaltación.
— Un interruptor — saca otra linterna y apunta hacia arriba—. La caída fue larga.
Saca la cámara y toma otra foto.
— Un camino, mira — ella alumbra hacia donde el miraba y efectivamente dan con otro camino —. Arriba estábamos caminando en círculos, puede que ahora si encontremos algo.
Sonríe.
— Avancemos entonces.
El camino no era diferente del anterior, pero si un poco mas estrecho. Fue luego de quince minutos, cuando dieron con una salida del camino. Estaba por demás oscuro, y enseguida la linterna dejo de puntar al piso alumbrar con ella su alrededor.
Ambos parpadearon y dieron un paso atrás al dar con inmensas estatuas.
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