Capítulo 2: Perro malo
Llegáis tarde.- amonestó Yurio, con una mueca enfurruñada.- El pakhan os espera hace quince minutos.- expuso, guiando a ambos hombres hacia el despacho principal. Diversos voyeviki, que custodiaban la casa y residían habitualmente allí, les saludaron con respeto y admiración a su paso, recibiendo un cabeceo de parte de ambos importantes miembros. Su estructura social era bastante clara y espartana, y tanto Victor cómo Chris se hallaban en la cúspide de la pirámide, tan solo un escalón por debajo del tan querido por aquellos hombres pakhan. Después de todo, Yakov Nikiforov era prácticamente cómo el padre de todos ellos, un amable aunque férreo hombre que les había dado una segunda oportunidad, a ellos, escorias de la sociedad que solo habían que podido esperar la muerte en algún callejón mugriento. Les había dado una familia, camaradas en los que confiar y una misión en la vida. A Victor aún le sorprendía la casi religiosa adoración de la que eran capaces esos hombres, y su padre, Yakov, siempre le había inculcado el respeto y la responsabilidad para con ellos desde cachorro. Por eso solía detenerse ante cada uno de esos voyeviki y saludar correctamente, cómo correspondía a su posición de Brigadir, pese a que tan solo algunos de aquellos hombres de confianza permanecían directamente bajo su mando, cómo Mila y Yurio. Ese día, sin embargo, se encontraba demasiado apurado y curioso por la reunión del pakhan cómo para entretenerse, por lo que tan solo saludó brevemente a sus hombres antes de golpear un par de veces con el puño la puerta del despacho y entrar, seguido de Chris.
- Pakhan.- saludó cortésmente, haciendo una breve inclinación. A su lado, su compañero le imitó. El viejo alfa le hizo una señal para que cerrara la puerta y se aproximara.
- Ven aquí, hijo. Deja que te vea.- expelió con orgullo el hombre, con una sonrisa amorosa en su serio rostro. Victor sonrió y correspondió el abrazo de su padre, contento. Sabía que, ante la organización, el viejo líder no podía mostrar predilecciones, puesto que todos eran sus hijos bajo el lema de la Bratva. Pero a puerta cerrada y ante los hombres de confianza, era un asunto totalmente diferente.- Siempre andas por ahí como un cabeza de chorlito y no visitas a tu viejo padre.- regañó el hombre, palmeando con cariño el hombro de su único vástago.
- Lo siento, padre. He estado ocupado.- se disculpó Victor, con una media sonrisa.
- Ocupado con tus fiestas. No creas que no me informo.- replicó el viejo alfa, frunciendo el ceño y consiguiendo un leve encogimiento de hombros divertido del más joven.- Tienes suerte de que Christophe intercede por ti o no te permitiría tanto descaro.- amonestó, consiguiendo una tenue risilla del suizo.
- Para que me requerías, padre?- interrumpió Victor, sabiendo que la charla se alargaría hasta el infinito si no cortaba por lo sano. Quería con locura a su viejo, pero había una razón por la que se había independizado del hogar del hombre a temprana edad. Yakov era sobre-protector y demasiado disciplinado con los suyos, y Victor había tenido suficiente de eso por una larga temporada. El viejo alfa le dirigió una mirada reprobadora antes de sentarse nuevamente en su lujoso sillón y entrecruzar sus dedos cargados de invaluables anillos.
- Hoy recibiremos la visita del jefe de la yakuza japonesa.- Victor hizo rodar los ojos con exasperación, molesto. No solía inmiscuirse en los tratos de la Bratva a excepción de ciertos asuntos que requiriesen su inmediata atención. La interminable charla de dos alfas vejestorios recordando los viejos tiempos de la mafiya no era, ni de lejos, asunto de su interés.- Es un asunto de vital importancia para la organizatsya, Vitiya. Y tu presencia aquí es ineludible.- alzó la voz el hombre al percibir el gesto aburrido de su vástago. Victor asintió, repentinamente serio, solo para dirigir una mirada enfurruñada a Chris, quién había reído por lo bajo, mientras su padre continuaba su discurso.-... y es hora de que empieces a tomar responsabilidades, Victor. Este trato es...- Victor se recargó cómodamente contra el escritorio del pakhan y cruzó sus tobillos elegantemente, cruzándose de brazos, desconectando al instante del soporífero sermón. Poco le importaba a él un viejo probablemente calvo del sureste asiático. O al menos eso creyó. Yurio entró intempestivamente al despacho para advertir que los invitados ya habían llegado. Hasta la nariz de Victor llegó un sutil pero conocido aroma que agitó su corazón en regocijo. Y una sonrisa traviesa y sorprendida se dibujó en su rostro cuándo vio aparecer por la puerta, sobrio y elegante, al omega diablillo que le había prendido fuego a su cama hacía pocos días.
Yuuri había traído consigo a una pequeña parte del séquito que le había acompañado aquella vez, en el bar. Los dos hermanos gemelos, de tez morena, cabellos negros y sedosos y aspecto mediterráneo. Un hombre alto, de cabello a media melena y rasgos evidentemente mestizos. Un pequeño y nervioso muchacho de piel tostada y atentos ojos castaños. Y un joven que Victor no reconoció, de mirada seria y aspecto de delincuente juvenil. El joven japonés saludó cortésmente en una reverencia antes de sentarse en la silla ante el escritorio, cruzando elegantemente sus piernas.
- Nos volvemos a ver, shin'ainaru.- susurró el joven con una sonrisa coqueta que impactó directamente en la bragueta del alfa. Victor tan solo sonrió de medio lado y le guiñó un ojo divertido. De pronto esa reunión le pareció mucho más interesante.
- Espero que esto no se trate de una broma, por tu bien.- masculló Yakov frunciendo el ceño profundamente y evitando preguntar acerca del breve intercambio entre su vástago y ese joven que, evidentemente, no se trataba del jefe de la yakuza a quién esperaba. La sonrisa del joven desapareció y sus ojos se tornaron duros y gélidos al dirigirse a su interlocutor.
- Espero no tener que tomar esa declaración cómo una afrenta, pakhan.- expuso, juntando las yemas de sus dedos en un gesto mesurado.- La yakuza se toma sus asuntos muy en serio.- tal declaración logró relajar un tanto al viejo alfa.- Mi padre no goza de buena salud en estos momentos. Por lo que yo actuaré de representante en lo que duran nuestros negocios.- Yakov tan solo asintió, complacido.
- Tus hombres están desarmados?- preguntó, haciendo un gesto a los dos voyeviki que custodiaban la reunión para que fueran a comprobarlo. Sin embargo, el joven los detuvo intempestivamente con una sola mirada, fría y asesina que los congeló automáticamente en el sitio para sorpresa del pakhan y regocijo de Victor.
- Lo están los suyos?- inquirió el joven, en un tono dulce que fue desmentido por el brillo casi demoníaco en su ojos, que hizo tragar con fuerza a ambos voyeviki.
- Ésta es mi casa!- se exaltó el viejo alfa, molesto de que un joven extranjero advenedizo se rebelara tan impunemente en su propio hogar.
- Y su territorio. Créame, soy muy consciente de ello.- sonrió ahora Yuuri, sin rastro de humor en su gesto.- La mangosta no se adentra en el nido de la serpiente sin mantener, al menos, sus dientes bien afilados, pakhan. No soy un suicida, y aprecio la vida de mis hombres.- expuso relajadamente. Yakov parpadeó varias veces, perplejo por el evidente descaro del muchacho. Y acto seguido soltó una carcajada que resonó en el despacho, complacido con la actitud del japonés.
- Entiendo.- concedió, haciendo un gesto a ambos hombres para que se retiraran a su lugar de nuevo. La tensión que se había apoderado del ambiente desapareció al instante y, esta vez, Yuuri esbozó una sonrisa más amplia, satisfecho.- Soy Yakov Nikiforov. Y este es mi hijo.- añadió, haciendo un gesto de su mano hacia Victor, aún recargado contra el escritorio.- Victor Nikiforov.
- Ya tengo el placer.- murmuró el joven japonés, dirigiendo una sonrisa seductora al hombre que logró incendiar su bajo vientre, por los gratos recuerdos que esta desencadenaba.
- El absoluto placer fue mío, milaya malen'kaya veshch'.- susurró el alfa, desplegando una sonrisa encantadora que hizo sonreír un poco más ampliamente al omega.
- Dejemoslo en igualdad de condiciones.- manifestó el joven, con un punto divertido en sus ojos que complació al alfa.
- Me parece justo.- aceptó, jovial. Fue entonces consciente de las miradas desconcertadas que su padre les estaba dirigiendo, ora uno ora otro, probablemente tratando de entender a que se debía tanta familiaridad. Su mirada se desvió hacia su izquierda, tratando de ocultar la sonrisilla divertida que se le escapaba por la comisura de los labios. El viejo alfa tan solo suspiró, exasperado.
- Te informó tu padre de la razón de nuestro trato?- interrogó Yakov, recibiendo un rápido asentimiento por parte del japonés.
- Están teniendo problemas con sus...suministros.- insinuó.- Nos encargaremos de ello siempre y cuándo recibamos un pequeño refuerzo de nuestras fronteras. Las triadas están intentando expandir su influencia y se adentran peligrosamente en nuestros territorios, provocando baños de sangre injustificados.- expuso con un brillo irritado en sus ojos vinotinto. El viejo alfa asintió, satisfecho. Aún así, un destello duro y repentinamente evaluativo apareció en sus acuosos ojos.
- Y bien? Cómo piensa un omega retribuir semejante aporte?- expuso, logrando un casi imperceptible envaramiento del cuerpo del joven. Sin embargo, sus experimentados ojos captaron el gesto y sonrió para sí. El joven era bastante diestro ocultando su aroma, pero Yakov era perro viejo, y había percibido la sutil fragancia acariciando sus fosas nasales desde que el japonés había entrado por la puerta de su despacho.
- Un omega?- casi escupió uno de los voyeviki, con evidente desprecio. Sin embargo, su mirada recorrió lujuriosamente el cuerpo del joven de inmediato. - Ahora entiendo por qué me hormigueaba la polla.- Los colmillos de Victor se desenfundaron casi con violencia de sus encías, furioso por el vulgar comentario, y un gruñido de advertencia vibró momentáneamente en su garganta. Momentáneamente. Porque al instante siguiente el hombre lanzó un grito ahogado de dolor al tiempo que se doblaba sobre sí mismo, sus manos tratando de contener el abundante flujo de sangre que descendía por la pernera de su pantalón. Una daga que Victor reconoció al instante implacablemente enterrada en la entrepierna del desgraciado alfa.
- Tengo mis métodos.- sonrió seductoramente el joven, recolocando elegantemente el fino guante bajo el cuál había escondido su pequeña daga. Victor necesitó toda su fuerza de voluntad para no soltar la carcajada que se apretaba en su pecho, a punto de estallar. Yakov sin embargo rió sin pudor alguno, satisfecho de las pelotas de ese omega que se hacía respetar. Hizo un gesto al otro voyeviki para que se encargara de su compañero y este obedeció de inmediato, dejando un rastro de sangre del desdichado a su paso, al arrastrarlo fuera del despacho. Los ojos del viejo alfa brillaron un instante, complacidos. Ese omega le recordaba a su Lilia, Dios la tuviera en su gloria. Insumiso y dispuesto a hacerse un hueco a navajazos en esa sociedad mayoritariamente de alfas.
- Es ese caso. Bienvenido a Rusia, hijo.- habló, tendiendo una mano al muchacho que este aceptó, gustoso.
-Espera!- Victor abandonó su punto de apoyo en el recio escritorio cuándo Yuuri ya casi abandonaba el despacho y recargó su brazo contra el marco de la puerta, esbozando su mejor sonrisa de galán.- Cuándo tendré el placer de volver a verte?- inquirió, en un tono bajo y seductor. El joven alzó sus hermosos ojos vinotinto y se llevó un dedo a los carnosos labios, en un gesto sensual que provocó de inmediato el deseo del alfa.
- Quizá regrese esta noche a ese bar...- insinuó dulcemente, haciendo aletear sus pestañas con coquetería.
- Quizá regrese yo también...- susurró Victor, acercando su rostro al del japonés alzando una ceja insinuante.
- Sería una feliz coincidencia, entonces.- sonrió sugestivamente el joven antes de dar media vuelta y alejarse de un evidentemente deseoso alfa. El cuál suspiró, sus ojos siguiendo sin perder detalle el leve vaivén de ese trasero endemoniado al caminar. Un suspiro exasperado a sus espaldas y una risilla burlona lograron sacarle de su embelesamiento particular.
- Hijo mío, cuándo aprenderás a mantener tu dichoso pene en los pantalones?- exhaló el viejo alfa, pinzando el puente de su nariz con ambos dedos, irritado.- Deja de andar jodiendo con los emisarios de nuestros aliados!- exclamó, frustrado por el carácter demasiado inconsciente de su único vástago.
- En mi defensa diré que prácticamente fue él quién me jodió a mí, padre.- rió, encogiéndose de hombros.
- Y muy bien jodido a juzgar por tu humor esta mañana.- musitó Chris, soltando de nuevo una risilla socarrona.- Enhorabuena, parece que encontraste a tu omega desaparecido.- Victor tan solo sonrió, alegre ante la perspectiva de esa noche.
Victor dejó ir un gruñido ronco y satisfecho de tener de nuevo ese cuerpo hechizante bajo el suyo. Se había sentido demasiado ardiente desde su primer encuentro con Yuuri, y cuándo no dio con su paradero había intentado apagar su fuego con otros omegas. Pero no era lo mismo. Se había sentido aburrido e incluso frustrado ante los gimoteos deseosos de aquellos, demasiado obvios a la hora de intentar atraparle a él y a su fortuna, con su excesiva sumisión, sus miraditas fingidamente enamoradas y sus lágrimas de tres al cuarto, que no hacían otra cosa que exasperarlo. Pero con Yuuri todo era pasión y sexo desenfrenado, jadeos y calor, una batalla sin cuartel entre las sabanas que lograban excitar y prender su ya de por si impaciente instinto.
El alfa atrapó al joven japonés bajo su peso, devorando su boca con ansia y descendiendo por su blanco cuello hasta sus pectorales, dejando un rastro brillante de saliva, dónde atrapó entre sus labios uno de los rosados pezones, deseoso. Una risilla traviesa se dejó oír en el silencio del apartamento, roto solo por el rozar de las sabanas y los gemidos complacidos de ambos. Victor sonrió lobunamente, aún con el pequeño botón sensible entre sus dientes.
- Cosquillas, krasivyy?- susurró, dejando su cálido aliento sobre la piel, que se erizó ante el soplo húmedo. El joven tan solo esbozó una sonrisa ladeada, su mirada ardiente prendiéndole fuego, por lo seductora. Torturó, inmisericorde, el rosado pezón, creyendo que había descubierto un punto débil y aprovechándose de ello. Sus dedos introduciéndose hasta los nudillos en esa estrecha entrada que había echado tanto de menos. Aunque jamás lo admitiría en voz alta, por supuesto. El omega jadeó, sorprendido por la repentina intrusión.
- Impaciente?- susurró eróticamente en su oído, consiguiendo que su pene diera un salto afirmativo, imposiblemente duro ya. Victor tan solo rió en voz baja, sintiendo la humedad facilitando el deslizamiento de sus dedos. Y por supuesto, ese omega era lo suficientemente terco y orgulloso cómo para no admitir que también había echado de menos el tener su polla incrustada en su trasero. El alfa se relamió, demasiado caliente para contenerse más, y prácticamente sometió el delicioso cuerpo bajo él con su peso, deseoso de hundirse de una vez entre esas piernas que le enloquecían. Pero, por supuesto, con Yuuri nunca nada era tan sencillo. Y al momento siguiente, una de las piernas del omega se había enredado en su cuello y le había volteado hábilmente para situarse encima, prácticamente sentado sobre su anhelante miembro, que apenas podía soportar la excitación de sentir esas tersas nalgas frotándose libidinosamente entorno a su mástil.
- No tan rápido, seifukusha.- sonrió, inclinándose hacia adelante provocativamente, siempre con esa mirada sugestiva que era capaz de asesinar su razón. Victor jadeó, ansioso, cuándo percibió el cálido aliento del omega sobre sus labios y se inclinó hacia adelante para robar un beso. Pero Yuuri retrocedió rápidamente, riendo levemente y mostrando en un balanceo el condón entre sus dedos, que había rescatado de la mesilla de noche. Victor solo pudo que reír, complacido. Cierto. Por alguna razón, siempre olvidaba ese importante detalle cuándo se trataba de Yuuri. Con una media sonrisa divertida y lujuriosa, contempló, erguido sobre sus codos, cómo el omega colocaba diestramente el látex sobre su miembro ansioso. De un movimiento brusco, giró sobre el grácil y torneado cuerpo, volviendo a colocarse encima. Solo para ser derribado de nuevo y encontrarse con ese pecado andante acomodado sobre su bajo vientre con una sonrisa de superioridad que le encendió aún más.- Se te ve más guapo desde arriba, seifukusha.- habló con voz insinuante el japonés, esbozando una sonrisilla juguetona que encantó al hombre. Los ojos azules del alfa brillaron con diversión y engreimiento, y cruzó los brazos tras su cabeza, acomodándose.
- Así que solo querías admirarme? Haberlo dicho antes, cosita linda.- comentó con una media sonrisa socarrona en su rostro. El omega rió levemente antes de fingir un puchero apenado que fue a parar directamente al ya agónico pene del alfa.
- Oh...entonces no hay nada que admirar desde tu lado?- ronroneó, alzando los brazos y acariciando su nuca, mostrando su cuerpo en todo su esplendor, en un despliegue de sensualidad que casi desboca al sobre-excitado hombre.- Vas ha hacerme llorar.- susurró, tan eróticamente, que Victor tragó con fuerza y mordió su labio inferior, su mirada aguamarina ardiendo en deseo. No notó que sus colmillos se habían desenfundado de sus encías hasta que los sintió, punzantes, sobre su labio.
- Precioso, si sigues provocándome así vas a conseguir que te folle desenfrenadamente.- gruñó, ronco. Yuuri tan solo sonrió con cierta malicia.
- Promesas, promesas...- susurró, lujurioso. Y eso fue lo más que pudo soportar Victor. Aferró con fuerza al joven japonés por la cintura y de un solo movimiento brusco de cadera se clavó profundamente en su trasero, provocando un gemido placentero de ambos. Pero no era suficiente. Ni de lejos. Haciendo uso de toda su fuerza, Victor se irguió hacia delante y se colocó de rodillas, aún sin soltar la estrecha cintura de su amante, el cuál se aferró con sus uñas a la pálida piel de sus antebrazos, sujetándose mientras se deleitaba con el salvaje desenfreno con el que el alfa estaba penetrándolo, su nuca apenas rozando las revueltas sabanas. Victor gruñó intensamente cuándo las torneadas piernas se enroscaron en su cintura, atraiéndolo más profundamente en esa cavidad que estaba absorbiendo su razón a cada embestida, sintiéndose al borde. Esa postura le permitía contemplar demasiado vívidamente cómo su ya prominente nudo se hundía y desaparecía en ese anillo rosado que debería estar prohibido, por lo pecaminoso. Y, una vez más, sintió la desbordante tentación de marcar a ese omega diablillo que le hacía perder la razón. Demasiado profundo. Demasiado apretado. Demasiado abrumador. Victor sintió que se corría profusamente, tan pletórico y extasiado, que no pudo contener el instinto que le invadió, salvaje y primitivo. Se inclinó hacia adelante y sus colmillos se hincaron con fuerza sobre el níveo hombro del omega en un delirio de deseo y posesividad que le abrumó. Yuuri jadeó, sorprendido y un gemido roto se le escapó al sentir los incisivos hundiéndose en su carne, viniéndose entre ambos cuerpos sin poder contenerse.
-Lo siento, milaya malen'kaya veshch'- se disculpó Victor. Aunque su sonrisa satisfecha y su mirada divertida desmentían cualquier disculpa. Había alzado el cuerpo de su amante para dejarlo dulcemente sobre las sabanas, acomodándose sobre él mientras su nudo, deliciosamente encajado en su interior, se deshacía. Apoyó ambos codos a ambos lados de la cabeza del joven japonés y recargó su mejilla en una de ellas.
- Perro malo...- amonestó Yuuri, estirando perezosamente sus brazos sobre su cabeza, al parecer no demasiado molesto por su arrebato. Eso, por alguna razón, hizo sonreír aún más al alfa, una molesta esperanza anidándose en su pecho. Ignoró el sentimiento, haciéndolo a un lado inmisericorde, sin plantearse si quiera a qué se debía. Sin embargo, cuando vio al joven japonés luchando por mantener los ojos abiertos, evidentemente agotado tras su reciente actividad, la emoción regresó aún más poderosa, casi copando cualquier otro pensamiento. Yuuri se sentía a gusto a su lado. Lo suficiente cómo para relajar ese instinto de supervivencia, siempre alerta, de los que ostentaban una profesión como la suya.
-Duerme, milaya malen'kaya veshch'. Somos aliados. Estás a salvo aquí.- susurró dulcemente al oído del japonés, viendo con satisfacción cómo este se abandonaba al sueño, las piernas que había mantenido firmemente enroscadas entorno a su cintura mientras duraba su anudamiento, relajándose paulatinamente. Victor sonrió con ternura al contemplar el rostro durmiente del omega. Quién iría a decir que ese demonio pecaminoso tuviera el rostro de un ángel mientras dormía? Retiró uno de los mechones del desordenado cabello de la frente del joven con delicadeza, embelesado. Hasta que se percató de lo que estaba haciendo. Su sonrisa se esfumó al instante y su ceño se frunció con desconcierto, su razón punzando en advertencia. Su nudo se había desinflamado lo suficiente cómo para poder retirarse, y quiso obligarse a sí mismo a abandonar la cama. Solo que se encontró con que se hallaba tozudamente reticente a abandonar el calor que desprendía ese hermoso cuerpo bajo el suyo, demasiado a gusto cómo para moverse. Sus ojos azules se desviaron a la mordida que aún sangraba levemente sobre el hombro el omega y la resiguió con sus dedos, pensativo. Pronto desaparecería. Y eso, por alguna razón, le atormentó. Victor suspiró, dejando caer su rostro contra el cuello del omega y aspirando el dulce aroma a cestros, más intenso durante el sexo de lo que el joven se permitía mostrar en sus negocios. Bien, tampoco era algo del otro mundo, se dijo. Era un alfa después de todo, y de vez en cuándo, no hacía ningún mal permitirse la pequeña debilidad de descansar en los brazos de su amante. Sobretodo después de una lujuriosa sesión tan candente cómo la que acababan de disfrutar. Eso era todo. Con ese pensamiento en mente, Victor se acomodó mejor sobre el pequeño cuerpo y hundió la nariz en su cuello, dejándose llevar por la somnolencia sin darle más vueltas al asunto.
Vocabulario:
Mafiya : Mafia
Pakhan: Jefe
Brigadir: "General", puesto a cargo de los soldados rasos
Voyeviki: soldado raso. Es el rango más bajo de la organización
Shin'ainaru: Querido
Milaya malen'kaya veshch': Cosita linda
Krasivyy: Precioso
Seifukusha: Conquistador
