Bueno, ahora tengo más tiempo libre para escribir, por lo que salió esto. Es algo muy ligerito.

Ojalá les guste.

*Disclaimer: Ninguno de estos personajes me pertenece, lamentablemente...


En el aire


Peter estaba inesperadamente quieto. Tony veía la interacción de la gente de abajo.

Ambos estaban volando por los aires en unos columpios largos, dejando sus piernas sueltas arriba de las carpas.

Habían decidido que una atracción fresca y sin sorpresas les vendría bien para el calor que estaba haciendo, del que Tony se quejaba cada 5 minutos.

Habían estado formados por un largo tiempo mientras comían helado y arrugaban la cara con los rayos del sol, hasta que Tony captó a un señor que vendía accesorios del lugar y compró dos gorras, una roja y otra azul. Peter hizo una broma muy mala con el color de éstas y los trajes de cada uno, por lo que Tony le palmeó la cabeza y le dijo que mejor no dijera nada.

Mientras comían sus helados, Peter le contaba a Tony su semana, la cual, por razones de viajes de Stark, no había podido presenciar con el chico.

Pasaba muy a menudo, para la decepción de Peter. Tony se iba de viaje o tenía su agenda llena de trabajo y el chico tenía que soportar "los normales y tristes días de no ver al señor Stark", como en su cabeza nombraba a ese suceso. Por ello, el mayor intentaba recompensarle de vez en cuando con un día entero de convivencia mentor-aprendiz, la cual no siempre era del todo cómoda para el magnate, ya que el niño pedía ir a lugares muy "comunes" para dos superhéroes, según sus propias palabras.

Extrañamente, Stark se sentía en la responsabilidad y confort de darle parte de su tiempo al chico, cuando por días no lo tenía saltando a su alrededor y, cuando eso pasaba, se tenía que preparar mentalmente para recibir un extenuante ataque de palabras durante horas. Palabras que muy en lo profundo de su ser, le agradaban, y que realmente extrañaba cuando no veía al niño. Peter era como un respiro en su vida.

–… Aunque claro, yo no podía simplemente dejarlo pasar, ¡era mi deber! Y a cambio ¿qué recibo? Un golpe. Es increíble.

Tony despertó de su hilo de pensamientos cuando percibió silencio por parte de Peter. El chico se veía molesto y por alguna razón se había callado, pero Stark no había puesto atención a su discurso. Decidió asentir con la cabeza y fingir saber de qué hablaba el adolescente.

–La vida no es justa, Pete, como lo está siendo ahora. No es posible que todavía no pasemos, no soporto seguir formado aquí. ¿Acaso no saben quién soy? ¿No me reconocen? Debería haber una fila exclusiva para vengadores.

Peter había dejado su enfado por unos segundos y echó un ojo a su alrededor, comprobando que sí, todos los veían con mucha atención y hasta con nervios, bueno, específicamente veían así al más grande de los dos. Lo raro era que no se acercaban como moscas pidiendo autógrafos o fotos.

–Creo que la gente sí sabe quién es, señor. Pero...

Stark miró a los lados. –Sí, sí... Tengo ese impacto en la gente, pero sabes de lo que hablo: los que trabajan aquí. Niño, no volveré a entrar a una feria pública, en el cuartel fácilmente podíamos construir un parque de diversiones exclusivo para ti...

–Es que no es lo mismo.

Después de más minutos de tortura para Tony y pláticas extravagantes por parte de Peter, al fin les tocó su turno y terminaron volando encima de varias cabezas ajenas a la plenitud de ambos, apreciando la vista y compañía.

–Señor, ¿cómo se siente su traje?–. Preguntó Peter mirando a su mentor, curioso, producto de la bola de pensamientos que lo llevaron a esa duda.

–Bueno, es realmente cómodo, aunque no lo parezca. Es como si estuvieras desnudo y tuvieras la movilidad absoluta.

Peter arrugó el entrecejo, confundido. –¿Desnudo? Pero estar desnudo no es agradable.

Tony alzó la ceja y movió la cabeza en gesto de desacuerdo. –Para niños inseguros de 15 años no lo es; para hombres como yo, es asombroso.

Parker abrió mucho los ojos. –¡Señor!–. Y decidió perder su vista en el paisaje de la feria, abochornado.

Stark rió por el sonrojo que cubrió al chico. –Tranquilo, Parker. Es algo lindo, lo entenderás en su momento.

Y Peter no replicó nada, seguía apenado. Aunque después de unos momentos de silencio, disfrutando de la armonía y frescura que los cubría, Peter volvió a hablar.

–¿Y... alguna vez cree que pueda, no sé, probarlo?–. Cuestionó, un tanto miedoso por suponer la respuesta.

–Claro que sí, pasará, y estoy seguro que muy pronto. Dime, ¿hay alguien dentro de esa hormonal cabecita tuya que te consuma parte del pensamiento para qu-

–¡Hablaba del traje! No de eso–. Se apresuró a decir, volviendo a sonrojarse.

Tony se quedó pensando, viendo las posibilidades de un niño puberto de 15 años, deseoso de experiencias y lleno de adrenalina, vestido con un traje que le puede hacer volar y que, con cualquier movimiento en falso, podría destruir parte de la ciudad. –Sería peligroso.

–¡Por favor! Pero si puedo soportar muchos golpes y soy muy ágil. No creo que me pueda pasar algo, todos los días me cuelgo en los edificios y-

–Para los demás. –Y Peter cerró la boca. Tony entonces recordó que en realidad ya le había dado un traje igual de mortal que el suyo a un niño puberto de 15 años, deseoso de experiencias y lleno de adrenalina. Tendría que analizar a profundidad el nivel de confianza que le tenía a Peter, porque ¿era seguro que ese niño no mataría a nadie con el traje? ¿o realmente Stark ya había perdido la cabeza? –Pero, oye, ya tienes uno, ¿para qué meterte en otro? El tuyo es fantástico y vale millones de dólares.

Peter se mordió el labio, ansioso. –Probármelo no significa que me lo vaya a quedar...–. Tony lo miró, entrecerrando un poco los ojos. –...Pero con el mío es suficiente–. Terminó por decir, evitando el regaño que Tony iba a empezar. –Y entonces... ¿la siguiente semana cree tener más tiempo para que trabajemos juntos en su laboratorio?

–Claro que sí, Pet. Acabo de tomar la decisión de que toda la semana sea para ti...

El menor abrió los ojos, entre avergonzado y emocionado. –No, no quiero interferir en sus cosas, si no puede...

–Hey, ¿me estás diciendo que no quieres trabajar? No vamos a jugar, niño, de verdad trabajamos.

–Es que con usted nada parece trabajo–. Soltó Peter, con más confianza que antes.

–Eso dile al personal de Industrias Stark, a ver qué te dicen...

En ese momento su ronda había terminado, por lo que los columpios empezaron a descender poco a poco, hasta que llegaron al suelo de nuevo. Ambos estaban en silencio, satisfechos con la tranquilidad del juego.

–¿Sabes qué? Deberíamos hacer eso más seguido.

–¿Ir a parques juntos?–. Respondió Peter, entusiasmado con la idea de salir más con su mentor.

–Mmm... quedarnos en silencio–. Peter lo miró entre molesto y ofendido, por lo que Stark rió de nuevo y le pasó un brazo por sus hombros. –¿Qué dice tu tía? ¿Todavía duda de mí? Porque puedo ir a convencerla de que no soy mala influencia para ti...

Y Peter lo volvió a mirar entre ofendido y confundido.


Algo tranqui... Pero me gustó la idea de exponer un poquito lo que creo de estos dos siendo amigos. A ver el próximo qué sale.