Años más tarde, y con un cumpleaños celebrado en cuarentena, me ha parecido un buen momento para seguir esto. ¡Felicidades, Genee!
.
.
¿Y si…?
.
Capítulo 1
.
—Capítulo uno, mi primera regla…
Takeru soltó un ruidito de dolor, alguien debía haberle pegado.
—Imbécil —le insultó alguien.
—Te crees tan gracioso… —dijo otra persona.
—¿Vas a leernos tu poema o no? Encima de que no nos importa y estamos escuchando… —Ese definitivamente fue Daisuke.
—¿Es que no habéis visto Friends? —preguntó Takeru, divertido—. Una pequeña referencia para aligerar el ambiente…
—¿Qué ambiente?
—Yo tengo hambre.
—¡Ay, te has sentado encima de mi teléfono, quita!
Las voces de los demás llegaban bastante claras a la cocina. Sora reía y negaba con la cabeza. Tendría que mandarles hablar más bajo, iban a acabar molestando a los vecinos. La última vez, cuando Mimi dio su fiesta de cumpleaños, había tenido que disculparse con todo el bloque.
A veces le costaba recordar por qué había accedido a vivir con ella. Pero Mimi aparecía en su habitación con una taza de té o se encontraba una notita deseándole un buen día y entonces se acordaba.
—¿Qué haces?
Sora casi soltó la pizza del susto. Taichi se rio entre dientes desde su sitio, apoyado contra el marco de la puerta de la cocina.
—Pues la cena.
—Esa pizza no va a dar para todos.
—Hay otra en el horno, y voy a hacer también…
—No tienes que alimentarnos a todos.
—Tai, tú eres el peor.
—¡Eh! ¡Dai come tanto o más que yo!
Sora se rio y le dio un manotazo, porque ya sabía que iba a intentar robar un trozo.
—Te vas a quemar, no seas impaciente.
—¿Te ayudo en algo?
—Uy, eso es nuevo…
—¡Vale ya de meterte conmigo! —se quejó Taichi, poniendo esos ojos de cachorro que deberían ser considerados ilegales.
—Lleva vasos.
Jou, Iori y Ken aparecieron poco después para ayudar a llevar cosas, y terminar de cocinar algunas otras, así que un rato más tarde Sora ya estaba sentada en un cojín del suelo y esquivando las palomitas que Taichi le tiraba.
Mientras Yamato hacía mímica que su equipo intentaba adivinar (no iba bien, Koushiro se distraía, Hikari intentaba no reírse y Miyako solo gritaba cosas sin sentido), Sora respiró hondo.
Era agradable tenerlos a todos juntos. No era tan común como antaño, especialmente… después de aquello. Pero el tiempo cerraba heridas, recomponía corazones y dejaba que volviera a tener a su mejor amigo irritándola a diario.
Por fin, las cosas habían vuelto a su cauce, aunque hubieran tardado años. Y pensaba conservarlas.
.
.
La mañana se le había hecho más larga de la cuenta, así que, cuando por fin terminó la última clase, Sora prácticamente correteó de camino a la salida de la facultad.
—¡Espérame! —se quejó Izumi, a su espalda.
Sora se detuvo en seco, estiró los brazos hacia el cielo y respiró hondo.
—Necesitaba aire libre —dijo, cuando Izumi la alcanzó.
—Y yo necesito ponerme en forma si tengo que seguirte el ritmo. ¿Has copiado las instrucciones para el trabajo?
—Claro, ¿tú no?
—Es que Takuya me ha empezado a hablar y…
—No puedes dejar que te distraiga tanto —regañó Sora, riendo.
—Quién fue a hablar.
—¿Por qué lo dices?
—Pues por… precisamente ese chico que viene por ahí.
Siguió la mirada de Izumi y se encontró a Taichi yendo hacia ella. Le devolvió la sonrisa.
—Hola, chicas. ¿Vienes a comer, Sora?
—No puedo, tenemos un trabajo. —Izumi soltó un resoplido.
—Bueno, pues luego…
—Nos llevará toda la tarde, Tai. —Él entrecerró los ojos, después se encogió de hombros.
—Pues iré a tu casa luego para arrastrarte a cenar. Venga, ¡nos vemos!
Taichi se fue sin esperar respuesta y Sora no pudo evitar sonreír. El carraspeo de Izumi hizo que volviera a prestarle atención.
—¿Qué pasa?
—¿Somos ya suficientemente amigas como para que me cuentes lo de tu tensión sexual no resuelta con tu amiguito?
En otra época se hubiera sonrojado. Sora negó con la cabeza.
—No es lo que piensas.
—¿Y qué es?
Las voces de sus compañeros acallaron cualquier respuesta. Izumi le lanzó una mirada de «esto no ha acabado aquí» y Sora solo se encogió de hombros. Takuya repitió por millonésima vez la broma de que veía doble, cuando Kouji llegó acompañado de su hermano gemelo. Kouichi se acercó a Sora y le sonrió.
—¿Te importa que os acompañe? No os molestaré, yo también tengo un trabajo que hacer.
—Claro que no, tranquilo.
—¿Qué tal te fue el partido de tenis?
—No muy bien, creo que estoy pasando por un pequeño bloqueo…
—¿En serio? Cuéntame.
—¡Takuya, vale ya! —chilló Izumi.
—¿Es que te da miedo? —preguntó él, sorprendido.
—Tu cara da miedo —replicó Kouji.
Así continuó el mediodía y la tarde. Compraron comida para llevar y se la terminaron en casa de Sora, intentando concentrarse en el trabajo de Psicología de la Percepción y de la Atención. No avanzaron todo lo que habrían querido, pero todavía tenían tiempo.
Izumi le estaba dictando información a Takuya, mientras Kouji empezaba el PowerPoint, así que Sora se aburría. Kouichi tenía ocupada la mesa de café con un plano que estaba dibujando. Se acercó a él.
—¿Qué es? —Kouichi la recibió con una sonrisa y se hizo a un lado para que Sora se sentara junto a él en el suelo.
—Me han pedido que diseñe una guardería. Suena sencillo, debería serlo, pero no. Por ejemplo, los lavabos tienen que estar preparados para niños, tengo que pensar bien cómo aprovechar el espacio para que haya un patio grande…
—Y que no haya muchas escaleras.
—Exacto.
—¿Y qué es esto…?
Señaló un punto del plano y Kouichi se arrimó a ella para ver mejor. Fue en ese momento cuando se escuchó ruido en la entrada y la voz de Mimi anunciando su llegada y que venía acompañada.
Sora tardó un momento en prestar atención, muy enfrascada en lo que Kouichi le estaba explicando, por eso le pareció que Taichi había salido de la nada. Su amigo se coló entre los dos y miró el plano con atención.
—¿Qué hacemos? —preguntó jovial.
—¿Y tú qué haces aquí? —A pesar de sus palabras, Sora se rio.
—Te dije que vendría a cenar.
Kouichi miró su reloj.
—Será mejor que nos vayamos, no me había dado cuenta de que es tan tarde.
Izumi miró insistentemente a Sora, porque le encantaba comunicarse silenciosamente, y captó que iba a ser sometida a un interrogatorio. Taichi se tumbó ahí mismo en el suelo y le puso la cabeza en el regazo, reclamando atención.
—¿Juegas conmigo mañana?
—No hemos terminado el trabajo... ¡Esperad, os acompaño a la puerta!
Se levantó, ignorando las protestas de su amigo, y despidió a sus compañeros de clase. Casi al momento sonó el timbre, era Yamato. Mimi salió de la cocina extendiendo los brazos a él.
—¡Has traído la nata! Muy bien, cariño. —Se la arrebató de las manos y volvió a la cocina.
—¿Esa es tu forma de saludarme? —se quejó él, quitándose la chaqueta—. Hola, Sora.
—Hola, Yama.
—Mimi está haciendo algún experimento, te lo aviso.
—Vale.
—Dile al idiota de Taichi que tiene que gustarle, no como la última vez.
Sora asintió y fue a buscar al susodicho. Estaba todavía tirado en el suelo y enfurruñado. Sora le dio una patadita en el pie y se cruzó de brazos.
—¿Qué te pasa a ti?
—Ya no juegas conmigo porque tienes nuevos amigos y me abandonas a mi suerte para despedirlos, como si no supieran encontrar la puerta solitos…
—Dramático —murmuró ella, sentándose en el sofá y encendiendo la televisión.
—Es la verdad.
Sora no le respondió y Taichi estaba en ese irritante estado de necesitar atención, así que se sentó a su lado en el sofá y empezó a hacerle cosquillas.
—¡Para!
—¡Di que vendrás a jugar conmigo!
—¡Ni en tus sueños, Yagami! —Taichi dejó de hacerle cosquillas de pronto, pero no se alejó.
—En mis sueños sí que jugamos al fútbol.
El corazón de Sora dio una nostálgica voltereta, de esas que daba años atrás. Pero sabía cómo había acabado aquello, había aprendido. Así que le sacó la lengua, porque Taichi siempre hacía que volviera su lado infantil, y se separó de él.
.
.
—¿No podía esperar? —preguntó Sora, divertida.
—La verdad es que no —respondió Izumi, al otro lado del teléfono, bien entrada la noche—. ¿Cómo se llamaba el chico?
—Taichi.
—Eso, Taichi. Bueno, que ahí hay algo…
—No lo hay, Izumi.
—Igual no te has dado cuenta todavía. O es solo de su parte…
—De su parte es de la que no ha habido nunca.
—¿Y de la tuya sí? —Sora se quedó callada un momento. Ya no dolía, podía hablar de ello.
—Somos amigos de toda la vida. Hace años… bueno, nos besamos, pero él estaba empezado algo con otra chica. Así que eligió, y la eligió a ella. Seguimos siendo amigos, aunque no era como antes. Hemos tardado años en volver a la normalidad, ayudó cuando lo dejó con esa chica y que yo salí con un par de chicos.
—¿Y esta es tu normalidad? ¿Que reclame tu atención a todas horas y se meta a presión entre tú y Kouichi?
—No es como lo estás poniendo. Solo soy su amiga.
—No sé, Sora…
—Izumi —la cortó, firme—. No quiero que me metas pájaros en la cabeza. Fue duro y lo pasé mal, pero está superado. Y nada va a hacer que vuelva a poner en riesgo esa amistad. ¿Vale?
Hubo silencio al otro lado de la línea. Sora se preguntó si había sido demasiado borde y estuvo a punto de disculparse.
—Vale, captado. Si alguna vez quieres hablar de ello me dices. Y ahora deja que me queje durante media hora de lo estresante que es Takuya.
—¿Y de lo mucho que te gusta?
—No hemos llegado a ese punto, primero me tengo que quejar. —Sora se rio.
—Entendido. Soy toda oídos.
Esa noche, Sora soñó que el Taichi de la adolescencia la había escogido, pero cuando se despertó se dijo que eran solo eso… sueños.
.
Si ya era vieja la idea hace tres años, ahora más todavía. Es una tontería, pero quería darte un regalo, Gene, porque imagino que un cumpleaños encerrada va a ser raro, pero mereces un día especial. Estoy muy oxidada así que ni sé cómo ha quedado esto, y he metido a los de Frontier porque me apetecía. Estudian Psicología porque no sabía qué poner para juntar a Takuya, Kouji, Izumi y Sora jajaja.
No serán muchos capítulos, pero al menos un par más. ¡Feliz cumpleaños, un abrazo muy fuerte y unos cuántos tirones de oreja! :)
