JAIME

Un rayo de Sol se abrió paso entre las cortinas, iluminando la habitación del guardia real. A su lado, Cersei seguía durmiendo. Si cerraba los ojos podía oír el canto de los pájaros, el sonido de las carretas que entraban en la Fortaleza Roja, o mejor aún, la respiración relajada de su hermana. Desde el primer día de cautiverio añoraba a su hermana más que cualquier otra cosa, y al fin la vida le había devuelto a su lado, pero en el fondo Jaime sabía que nada volvería a ser igual. El juramento que había hecho a Lady Stark le rondaba una y otra vez por la cabeza -Un juramento hecho con una espada en el cuello- se dijo. Además, la señora de Invernalia estaba muerta, aunque tuviese a sus hijas no podría devolvérselas.

Una voz al otro lado de la puerta le sacó abruptamente de sus pensamientos:

Alteza, el Rey ha convocado a la nobleza y la guardia real en el salón del trono- Dijo la criada.

Cersei se incorporó torpemente y se puso la fina tela que usaba para moverse por el cuarto.

Aún me acuerdo de los tiempos en los que me dedicabas un ''buenos días''- dijo Jaime sarcástico-

Disculpe si le he ofendido, Lord comandante- respondió Cersei en el mismo tono.

¿Lord comandante?-

Sí, Lord comandante- dijo ella- voy a quitarte de enmedio a ese viejo inútil-

Jaime esperaba no haber oído bien- Puede que ser Barristan dejase su juventud atrás hacía mucho, pero llamarle viejo inútil...

¿Te has vuelto loca?. Los caballeros de la Guardia Real servimos de por vida-

¿Quien dice eso?- Cersei comenzó a peinarse el cabello dorado, haciendo ver que no le daba importancia a la conversación- los Caballeros de la Guardia Real sirven hasta que la reina lo diga-

Querrás decir hasta que el rey lo diga-

Joffrey es un muy joven. Puede que le llamen rey, pero quien gobierna los Siete Reinos soy yo-

Qué los siete nos protejan, es verdad, tú gobiernas- se dijo Jaime.

Muy bien, tú gobiernas. Si te deshaces de ser Barristan, también me iré yo-

Eres un crío, Jaime- dijo ella- ¿quieres irte? Muy bien, vete-

¿Crees que no lo haré?-

Eres libre de hacer lo que te plazca. Venga, márchate-

Si te deshaces de ser Barristan yo...-

¡He dicho que fuera de aquí!-

Para subrayar sus palabras, le tiró una copa de vino a la cabeza. Falló, pero Jaime captó la indirecta. No cree que sea capaz de marcharme- se dijo- Cree que siempre haré lo que ella diga.