Un mes, dos semanas y cinco días antes del bombardeo.

Despertó con un rayo del sol apuntando a su cara pálida, había olvidado cerrar las cortinas anoche, pues estaba muy agotada.

Miro el reloj de la pared de su cuarto, las 11 y 20, en una hora y media debía estar en su escuela, pues hoy tendrían el honor de tener una excursión a el castillo de Arendelle.

Elsa, con tan solo 17 años, estaba a punto de graduarse del colegio y peleaba por su beca en la universidad de leyes de corona, amaba Arendelle, pero en ese momento, al igual que mucha gente del reino, soñaba con poder dejar aquel lugar, la razón, las cosas se podrían decir que estaban cada vez peor.

Elsa no era una joven problemática, pero le costaba demasiado hacer la cara para otro lado cuando miraba injusticias, era una chica muy valiente, esa era la frase mas repetida por su madre para describirla.

Se despego con pereza de la cama y salió directo a la ducha, cuando acabo con su baño salió envuelta en una toalla color lila, mientras que con una secadora de mano inalámbrica secaba su cabello rubio platinado, se dispuso a buscar ropa en su ropero, ella no era una joven que se fijara mucho en que ponerse, pero todo le quedaba bien, así que aparte de elegir su ropa interior, también tomo una simple blusa blanca y un pantalón negro largo, roto en su rodilla izquierda.

Mientras empezaba a secar su cuerpo y quedar desnuda, un joven de cabello negro y ojos verdes se metía por su ventada, para sentarse sobre su cama mientras veía de forma tranquila como la muchacha se vestía.

-Sabes que nadie dirá nada si entras por la puerta- Le dijo la rubia, terminando de vestirse.

-Quería sorprenderte- Dijo Aaron sonriéndole a su novia. -Pero termine siendo yo el sorprendido.

La verdad que Aaron no debía estar allí, su relación con Elsa estaba yendo mal, sabia que era cuestión de tiempo para que esta acabe, pero aun quería intentarlo, Elsa era fría y calculadora, por eso le solía caer bien al pequeño grupo de rebeldes de su barrio.

-Mataron a 9 anoche, entre ellos 4 inocentes- Empezó a contarle el joven con la mirada baja, apretando sus puños contra sus rodillas. -Cuando llegamos, ya era tarde- Finalizo con tristeza.

Elsa soltó un leve suspiro de impotencia, ella estaba metida en la causa, pero no tan a profundidad como su antes solía estarlo, pues su madre le rogo que se mantuviera con la cabeza a gachas, esta tenia miedo que un día, de la noche a la mañana, su hija fuera asesinada.

Elsa no le temía a la dictadura, ni a lo que pudieran hacerle, pero se alejo de las protestas para tranquilizar a su madre y también, ponerse al día con la escuela.

-La policía que dijo al respecto- Pregunto sentándose a la izquierda del muchacho.

-Fingen desconocer el caso, pero todo el barrio de bosques vio los cuerpos, vio como una ambulancia de la guardia real se los llevaban.

-Es obvio que lo están cubriendo Aaron.

-Si, pero estamos en tramite de conseguir las cámaras de seguridad del mercado del frente.

-Eso es genial- Sonrió con malicia Elsa, pues la idea de poder mostrarle al resto de Arendelle los desgraciados que los estaban gobernando, los desgraciados que mataban a gente inocente, que solo daban discursos por igualdad de derechos, pintaban carteles pidiéndole al gobierno mas trabajo, buscando piedad, en un gobierno que hace tres años les había dado la espalda.

-¿Te llevo a la escuela? Traje mi motocicleta- Le pregunto un tanto desanimado.

Elsa sonrió triste al muchacho, ella no quería lastimarlo y ciertamente, lo quería mucho, pero no lo amaba, ya no lo hacia…

Cuando bajo de la motocicleta del joven rebelde, frente a su escuela, este trato de despedirse de ella con un beso en los labios, pero Elsa solo coloco su mejilla rosada, para evitar que se unieran, ya no quería darle mas falsas esperanzas al chico, sin en cambio no pudo no abrazarlo con fuerzas, no quería lastimarlo mas.

Al entrar su grupo ya estaba en el pasillo esperando a sus profesores y al autobús escolar que iba a llevarlos rumbo al castillo, hablo con una de sus maestras que oportunamente se encontraba allí para pedirle disculpas por su tardanza, cosa que su maestra acepto con amabilidad.

Tras de lo que fue como una media hora, todos los alumnos ya estaban dentro del autobús color amarillo.

Elsa tenia amigas, pero hoy no estaba de humor para estar rodeada de ella y se excuso para estar sola, tras contarles que su encuentro con Aaron la había dejado angustiada y también un tanto preocupada por el estado emocional de chico, pues Elsa reconocía que podía ser bastante fría y distante.

Estaba agotada mentalmente, durante el viaje logro dormir un poco, apoyando su cabeza sobre la ventanilla que tenia a su lado izquierdo, al menos logro descansar unos 20 minutos hasta que su amiga Merida toco de forma delicada su cabello para despertarla suavemente.

-Ey, rebelde- Bromeo la pelirroja. -Llegamos a la casa de tus enemigos- Le informo.

Elsa sonrío con gracia antes de levantarse y darle un suave golpe en el hombro a la pelirroja.

Había pasado frente a la gran entrada del castillo miles de veces en su vida pero jamás le había dado tanta atención como hoy, para ingresar a el pateo delantero, debían pasar por un puente de roca inmenso, con farolas a los lados, adornados con la bandera de Arendelle y luego, pararon frente a la enorme puerta de madera de casi 4 o 5 metros de altura, reforzada con hierro en sus uniones.

Antes de ingresar al lugar, los 27 alumnos debían mostrarle a la guardia real sus bolsos, ya que debían ser revisados, además de que también ellos fueron inspeccionados de pies a cabeza, los hicieron sacarse sus zapatos, alzar los brazos para que pudieran pasar el aparato detector de metales, como dije antes, de pies a cabeza.

Y así, uno por uno fue ingresando al castillo, siendo Elsa la ultima en entrar.

Una vez que entro, Elsa sintió tristeza, pero no una tristeza mala, era como una angustia, como si abrazara un recuerdo lejano y adorado, ese sentimiento la invadió de pies a cabeza, sobre todo cuando veía aquellas dos enormes fuentes a los lados de la entrada del inmenso edificio.

Quizás sonaría loco, pero ella realmente sentía que ya había estado allí antes, casi como un especie de recuerdo borroso y lejano, pero al mismo tiempo, muy real, muy palpable.

Se abrazo a si misma y camino hacia su grupo, pues todo eso la tenia abrumada y el no entender el porque aun más, aunque estaba decidida a ignorarlo.

En la entrada los estaba esperando una guía, para darles el recorrido, informándoles que no se separaran y que ni se les ocurriera adentrarse en algún pasillo prohibido, pues ella no se haría responsable de que fueran detenidos.

Y cuando por fin cruzo el umbral, lo supo, pues algo muy dentro suyo sabia que ella de alguna manera, ya había estado en ese castillo.