Disclaimer: Star Wars no me pertenece, propiedad de Disney y Lucas Film.


Capítulo 2

-Tai, siente fluir la fuerza, haz que sea ella quien guíe tus movimientos-

- Voe, conserva la calma, no te precipites en tus ataques-

- Sí, maestro- responden en unísono los dos jóvenes, encendiendo una vez mas sus sables colocándose en postura de combate, mientras un atento Luke Skywalker los observa evaluando cada uno de sus movimientos. El zumbido del chocar de los dos sables vuelve a retumbar por todo el complejo, haciendo reaccionar a una pequeña aprendiz que no paraba de mirar con asombro cada una de las técnicas de pelea de aquellos jóvenes padawans. Rey se encontraba sentada cruzada de piernas en un rincón de aquel gran salón del templo Jedi, cada mañana al amanecer, su maestro Skywalker la llevaba con él a contemplar los entrenamientos.

"Increíble" pensaba la niña, deseando ser ya como sus compañeros y empuñar en sus pequeñas manos un sable, pero para su mala suerte, aún no era su tiempo, o al menos eso es lo que le decía su maestro Luke cada vez que le pedía tener su propio sable de luz, viniendo a su mente aquellas sabias palabras suyas.

"Estas armas no son juguetes. Un sable de luz es un instrumento peligroso y destructivo, un sable poderoso puede derribar a un oponente o un amigo, si no tienes cuidado"

"Lo entiendo, maestro"

Su entrenamiento por el momento solo se limitaba al plano teórico y a la meditación, antes que nada, debía entender y comprender los principios de la fuerza, para así poder emplearla correctamente, tanta teoría a veces resultaba ser un poco aburrida para ella. Rey deseaba ir deprisa, ya llevaba un año en la academia, sentía que su progreso era demasiado lento, ansiaba más que nada aprender técnicas de combate, pero las cosas no eran tan simples como ella pensaba, era demasiado conocimiento que aprender.

"Todo a su tiempo mi pequeña aprendiz"

"Todo a su tiempo…"

Con el pasar de los minutos, no podía evitar sentirse un poco inquieta y agobiada por el aburrimiento, por lo que se levanta del aquel rincón y aprovechando la concentración de su maestro sobre sus jóvenes aprendices, se escabulle del templo procurando no hacer ruido con sus pequeñas pisadas. La brisa fresca choca contra sus mejillas rosadas tras abrir lentamente aquellas inmensas puertas de madera, cerrando tras de si suavemente, para evitar que hicieran ruido alguno, mira a su alrededor entusiasmada, esa era sin duda una hermosa mañana.

Estando ya un poco retirada de la entrada del templo y percatándose que nadie nota su ausencia, se echa a correr a su pequeña cabaña de piedra y toma de un costado de su cama un bastón que ella misma había fabricado en Jakku con restos de chatarra, rápidamente sale de sus aposentos rumbo a una pequeña planicie que se encontraba en lo alto de una colina, aquel era su lugar secreto y preferido para ir a jugar y meditar, además de poseer una vista espectacular. Estando en la cima, Rey se pone en pose colocando un pie delante del otro flexionando un poco sus rodillas, eleva sus brazos ubicando su bastón a un costado en posición vertical y con unos movimientos un poco torpes, empieza a imitar las técnicas de combate de sus compañeros que había estado memorizando de sus visitas a los entrenamientos.

-¡Iyaaa! - Grita de euforia con cada movimiento que hace con su bastón envuelta cada vez mas en sus fantasías, le encantaba imaginar que luchaba en grandes batallas junto a sus compañeros, como en esas leyendas Jedi que le solía contar su amiga Mara y su maestro Luke.

"Maldición"

De la nada una voz surge en su cabeza como un susurro lejano haciendo eco en ella sobresaltándola, grande era su asombro que provoca que pierda el equilibrio de sus movimientos, enredándose con sus propios pies, haciéndola caer de espaldas contra el pasto.

- ¡Auch! - se soba su trasero con su manita mientras vuelve a levantarse, Rey estaba perpleja ante lo ocurrido, no lograba descifrar lo sucedido, se había sentido tan real, ¿acaso era simplemente su imaginación?, pero casi podía jurarse a si misma que aquella voz le resultaba bastante familiar. Antes de que su mente pudiera formularse una respuesta sensata a los hechos, una repentina sensación de agobio invade sus pensamientos, sentía una perturbación a su alrededor, tristeza, impotencia, coraje una mezcla de varios sentimientos. Inmersa en aquellas emociones, empieza a caminar dejándose guiar por esa extraña sensación, como si la fuerza la llevara hacía un lugar en específico. Baja con cuidado la pequeña colina, procurando no tropezar con alguna piedra, dirigiéndose rumbo a las cabañas, el lugar lo envolvía una paz inquebrantable, no parecía haber nadie a sus alrededores, pero cuando estaba a punto de dar la vuelta en una de las cabañas, se topa con él, haciéndola frenar en seco.

Era ese joven de cabellera negra y mirada misteriosa, ese mismo que le tendió un pan cuando mas hambrienta estaba y la cargó en su espalda cuando sus pies ya no soportaban mas su andar, era ese mismo, al que había visto entrenar con tal maestría con su sable derrotando siempre a cada uno de sus compañeros, su uso en la fuerza era de otro nivel, cada uno de sus movimientos era un festín para sus ojos, no había quien le hiciera frente, era simplemente fenomenal, lo admiraba tanto, deseando ser algún día como él. A pesar de todo aquello, aquel muchacho seguía siendo un misterio para Rey, de lo poco que llevaba de conocerlo, desconocía mucho sobre él.

Su nombre era Ben Solo y sabía que era el sobrino de su maestro Skywalker, pues este mismo le contaba con regularidad algunas de sus anécdotas en donde iban en busca de reliquias jedi y una que otro de sus enfrentamientos que habían librado juntos. Al relatar aquellas historias, Rey podía notar a través de sus palabras y sus gestos, ese gran afecto que le tenía al pelinegro, no había duda alguna, lo quería demasiado, además, de ponerlo siempre de ejemplo ante el resto de estudiantes en sus entrenamientos, era su orgullo. Ben era sin lugar a dudas, un excelente aprendiz, con habilidades envidiables y prodigioso en la fuerza, pero pese a todas sus virtudes, solía ser bastante serio y reservado, alejándose del resto, colocando siempre una barrera reprimiendo con ello sus emociones y con la castaña, no era la excepción. Cada vez que Rey trataba de acercársele, éste se alejaba o le respondía de manera cortante, pero eso impedía que despertara en ella cierta curiosidad e inquietud por conocerlo más, de algún modo se sentía atraída a Ben, desde aquel día que la había ayudado, no podía dejar de sentir empatía y agradecimiento por él.

El joven se encontraba frente al lago sentado en un viejo tronco dándole la espalda, con sus mechones negros meciendo al compás del viento, al parecer no había notado aún su presencia. Con un movimiento ágil se oculta detrás de la cabaña para evitar ser descubierta.

"Eso estuvo cerca"

Piensa para si misma dando un largo suspiro aliviada, estaba punto de girarse e irse corriendo de ese lugar, cuando algo en la fuerza la detiene, otra vez vuelve a sentir esa pesada carga de sentimientos en ella, centrando nuevamente su atención en el muchacho, sigilosamente se asoma por detrás de la cabaña, indecisa de ir o no con él.

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Y allí estaba, harto de todo, cansado de que su maestro no confiara en él y de no encontrar algún otro sentido a su existencia, dentro suyo algo se quebraba de poco en poco, haciéndole perder su cordura. El día anterior Luke le había negado una misión, quería demostrarle que era apto para ella, pero él simplemente se negó sin darle una explicación .

-¡Maldita sea!- grita eufórico, de tan solo recordarlo sentía su cuerpo arder de la furia. Con su uso en fuerza, hace levitar con su mano una piedra que estaba a un costado suyo y la arroja con bastante fuerza al agua cristalina de aquel inmenso lago, provocando con ello un ruido estrepitoso, buscaba de alguna forma calmar su dolor y desahogar un poco de sus emociones reprimidas.

Cada día que pasaba se sentía más solo, incomprendido y diferente al resto, la obscuridad en su interior lo consumía, dejando entrever ese monstruo que había reprimido por tanto tiempo, las pesadillas no dejaban de perseguirlo y las voces que lo atormentaban desde pequeño cada vez eran mas frecuentes.

"Tú eres mejor que ellos"

"Él no te valora"

"Tú vales mucho más"

"Tienen miedo de tu poder"

Esa voz en su mente tal vez tenía algo de razón, le tenían "miedo" y por ello sus padres lo abandonaron tan pequeño con su tío.

._._._._._._._._._._._._._._._.

Hace 8 años

- Madre, quiero quedarme contigo-

Le susurra su frágil voz entrecortada mientras se aferra fuertemente a sus brazos, ella le acariciaba dócilmente con las yemas de sus dedos sus suaves mechones negros de su alborotada cabellera, podía sentir como aflojaba su agarre al depositarle un dulce beso en su frente. Levanta su mirada para encontrarse con la suya, observando a través de aquellos ojos cristalinos una mezcla de sentimientos, amor, angustia, tristeza, pero miedo también había en esa mirada, ¿acaso su madre le temía?, el pequeño caía en cuenta de su triste realidad, viniendo a su mente aquel doloroso recuerdo.

"Aléjate te mi"

"Ya no quiero escucharte"

"¡Ya basta!"

Se despierta abriendo de golpe sus ojos de par en par, su frente estaba cubierta por un sudor frío y las palpitaciones de su corazón eran bastante frenéticas, otra vez las pesadillas atormentaban sus noches tranquilas. Se incorpora sentándose a un costado de su cama, cierra sus ojos y tratando de relajarse toma largas bocanadas de aire para regular su respiración agitada, como extrañaba aquellas noches donde su padre lo cargaba en su regazo y lo acariciaba hasta que pudiera encontrar paz nuevamente en sus sueños.

Abre sus ojos, adaptándose a la obscuridad que lo envolvía a su alrededor, solo un pequeño rastro de luz del exterior traspasaba las delgadas cortinas de su balcón iluminando un rincón de su lujosa habitación, la cual era bastante amplia decorada con exquisitos detalles y finos muebles, pero, a pesar de tener todo cuanto pudiera desear, aquello no era suficiente para llenar el vacío que embargaba su corazón, el pequeño pelinegro se sentía "solo".

Gran parte de sus días se la pasaba en soledad jugando con sus naves de juguete en su habitación o viendo algunos episodios de su caricatura holoprograma Moray y Faz. La rutina de sus padres era bastante agitada, su madre la princesa Leia Organa era una importante senadora de la Nueva República, con una carrera prometedora y una agenda muy apretada y su padre, Han Solo, la mayor parte del tiempo se encontraba fuera de casa por sus viajes de contrabando, cada noche se asomaba a su balcón esperando a que él regresara.

Ben soñaba ser cómo su padre, un audaz piloto recorriendo juntos en el Halcón los confines de la galaxia, muchas veces le rogaba que lo llevara en sus viajes, pero este se los negaba, pues llegaban ser bastante largos y peligrosos, aparte de que su madre no estaba muy de acuerdo con ello, así que, aprovechaba el poco tiempo que tenía con él, para subirse a su nave y sentarse en su regazo mientras escuchaba con fascinación sus aventuras junto con su querido amigo Chewbacca, incluso en algunas ocasiones le daba pequeñas lecciones de como pilotear la legendaria nave.

Esa noche no era diferente a las demás, con pasos torpes camina hacia su balcón traspasando las suaves cortinas de seda, era una noche tranquila en la gran capital de Hosnian Prime, con sus edificios altos y modernos era un hermoso lugar para vivir, contemplar aquel paisaje apaciguaba su agitado corazón haciéndolo olvidar por pequeños instantes sus pesadillas. Con un movimiento sutil saca de uno de los bolsillos del pantalón de su piyama, unos pequeños dados dorados, sonríe amargamente al contemplarlos.

"Algún día serás un gran piloto mi niño, igualito a mi, lo llevas en la sangre"

-Papá- un soplido débil deja escapar de sus labios ante su recuerdo, aquel objeto era muy preciado por su padre, le había hecho prometer que se los devolvería cuando regresara de su viaje.

Estaba tan sumergido en sus pensamientos que no se había percatado de aquello que le devolvería la luz a sus apagados ojos color marrón dibujando en sus labios una gran sonrisa. Al girar su mirada a un costado de su hogar, ve estacionada la legendaria nave de su padre, había arribado mientras él aún dormía y por ende no lo había escuchado.

- ¡Papá volvió! - grita emocionado para si mismo saliendo precipitadamente de su habitación sin siquiera colocarse las pantuflas, baja las grandes escaleras a la sala de estar esperando encontrarlo aún allí, cuando de pronto, en medio del abrumador silencio escucha unas voces lejanas que lo frenan en seco.

-Es mamá- se gira y se devuelve por las escaleras echándose a correr con frenesí por el largo pasillo rumbo a la recámara de sus padres, que se encontraba hasta el fondo del recinto, cada vez se oían mas fuertes las voces de ambos, al llegar se percata que la puerta se encontraba semi abierta dejando entrever a sus padres por una pequeña abertura.

- Y que sabes tú que es lo mejor para él, ¡nunca estás en casa! -

Su corazón da un gran vuelco al darse cuenta de lo que estaba sucediendo realmente, todo a su alrededor se empezaba a desmoronar, ¿acaso estaban peleando por su culpa? Su pequeña sonrisa se desvanece nublando por completo su rostro. Mira estupefacto a través de la pequeña abertura, sus padres no parecían notar su presencia.

-Claro que lo sé, conozco a mi hijo y se que aún es muy pronto para ello, es apenas un niño Leia- alza la voz molesto, llevando sus manos detrás de su nuca, tratando de no perder los estribos.

-Pues no pareciera- le resopla la castaña totalmente fuera de sus casillas.

- Sabes que hago todo lo posible par…-

- ¡Han! tu hijo te necesita aquí - hace una pausa - y yo también- aquello último lo deja mudo sin saber que responderle, ella tenía razón, nunca está en casa, merecía todo eso y más.

-Lo sé – es lo único que deja escapar de sus labios.

-Ben necesita de su padre, yo ya no sé que debo hacer- su voz se termina de quebrar - cada vez le es más difícil controlarse-

Leia amaba demasiado a su hijo, nunca se perdonaría si algo llegase a pasarle, desde su vientre podía sentir la fuerza fluyendo en él, tanto luz y obscuridad, pero era eso último a lo que ella temía, lo llevaba en la sangre, así que no permitiría que su pequeño cediera a ella al igual que su padre. Sintiéndose derrotada y con las lágrimas amenazando caer por sus mejillas, se sienta a un costado de la cama bajando su mirada, Han la sigue en silencio colocándose a su costado envolviéndola en sus brazos, no dice nada, solo le acaricia su espalda esperando que se tranquilizara para no empeorar las cosas.

-Han- levanta su mirada conectando directamente con la suya, podía ver el miedo a través de sus cristalinos ojos.

-El destruye cosas mediante su fuerza, cada día que pasa esa obscuridad en él crece más y más, tengo miedo Han… tengo miedo que no pueda controlarse, en esos momentos es como si mi Ben estuviera ausente, como si él no fuera mi hijo, si no una especie de "Monstruo" -

"Monstruo"

Aquella palabra resuena en su mente una y otra vez mientras su corazón termina por desmoronarse, se gira en silencio colocándose de espaldas contra la pared dejándose caer al suelo, sin siquiera percatarse las lágrimas ya empezaban a bajar por sus pálidas mejillas.

Con bastante fuerza aprieta en un puño los pequeños dados dorados que aún se encontraban entrelazados en sus dedos acercándolos a su pecho, una profunda tristeza y furia empieza a fluir por todo su cuerpo, desestabilizando su fuerza.

"Ellos me temen" llora en silencio, se odiaba a si mismo, odiaba que por su culpa sus padres discutieran, él no pidió ser así, lo único que deseaba es ser un niño normal, sin pesadillas que lo atormentasen y habilidades que le costara controlar.

Ya había tomado la decisión de callar su dolor, trataba de controlar su fuerza, pero era tan inestable que causaba daño sin querer hacerlo, ya no sabía que hacer, no quería seguir causando mas problemas y angustia a sus padres, aunque en el fondo de su corazón deseaba ser escuchado y comprendido, sabían que ellos jamás le entenderían.

"Ben, Ben"

Una voz masculina lo hace volver a su realidad, gira su cabeza a un costado y lo ve a él extendiéndole su mano, mirándolo con bastante amor y compresión.

-Ben es hora de irnos – lo vuelve a llamar, el pelinegro con bastante dolor se suelta del agarre de su madre y toma la mano de su tío, había llegado la hora de marcharse.

-Cuida mucho de él Luke-

Leia se acerca a su hermano, abre su boca para decir algo más, pero las palabras no fluyen de sus labios, liberando solo un soplido débil. Luke podía sentir su dolor, con suavidad coloca su mano en su hombro y la mira fijamente a los ojos transmitiéndole tranquilidad.

-No te preocupes, lo entrenaré bien, conmigo estará seguro, es una promesa-

Le sonríe y ella le corresponde con una frágil sonrisa procurando no quebrarse, lo menos que quería es que su pequeño la viera llorar, debía ser fuerte por él y Luke la entendía. Leia siempre había sido así, una mujer fuerte que a pesar de los problemas se mantenía serena, pero ahora la situación era diferente, le había confiado a su único hijo y no podía fallarle. Luke sabía que ya había llegado la hora, de transmitir todos sus conocimientos y habilidades aprendidas a lo largo de sus años a su adorado sobrino, podía sentirlo en el pequeño, una fuerza tan poderosa fruto de su legado, estaba seguro de que se convertiría en un prodigioso jedi y él estaría allí para guiarlo.

-Se que lo harás-

Es lo último que escucha decir de su madre antes de girarse y caminar junto a su tío rumbo a la nave, todo a su alrededor parecía detenerse sumergiéndose en sus propios pensamientos, quería frenar y echarse para atrás, pero la razón intervenía contra su corazón y los recuerdos, lo golpeaban una y otra vez.

-Mi amor, vas a estar muy bien, tu tío Luke te enseñará muchas cosas, estoy segura de que serás el mejor Jedi de todos los tiempos- Lo sujeta fuertemente entre sus brazos depositando muchos de sus besos por toda su cara.

-Pero mamá, yo no quiero irme- el pequeño pelinegro reprocha zafándose de su agarre, mira a su padre que se encontraba de pie cruzado de brazos a un costado de su cama, le observa con ojos de súplica rogando a que pensara diferente a su madre, pero aquello no fue así.

-Campeón, hazle caso a mamá – Se pone de cuclillas colocándose frente al rostro de su hijo regalándole una cálida sonrisa, mientras con una mano le agita su alborotada cabellera.

-Papá ya basta- con un gracioso puchero el pequeño retira la mano de su padre de sus mechones negros.

-Yo no quiero ser un jedi…yo… yo quiero ser piloto, como tú- Ben le resopla finalmente pero su padre solo lo mira en silencio aún con aquella sonrisa dibujada en los labios.

-Lo se- Fue lo único que le dice, como odiaba que usara eso contra él, pensaba que al menos su padre le entendería, pero no fue así.

"Lo se"

Resuena una vez mas entre sus recuerdos al mirar por última vez el rostro de su padre, quien se conservaba con un semblante tranquilo aun costado de su madre envolviéndola con uno de sus brazos, en ese momento deseaba haber pasado mas tiempo junto con él y haber vivido alguna aventura juntos, pero eso nunca pasaría. No le molestaba ser un jedi, de echo admiraba demasiado a su tío Luke, su leyenda recorría todos los confines de la galaxia, para él era una persona muy cool y sabía que estaría allí para apoyarlo. Era consciente de su gran poder y aunque doliera separarse de sus padres, comprendía de cierto modo que esa decisión era la mejor para él, así que haría eso por ellos y por el mismo, aunque el sabía que el fondo de su ser, que ese no era el camino que deseaba tomar.

"Adiós mamá"

"Adiós papá"

Una lágrima recorre su mejilla al cerrarse la compuerta de la nave frente suyo, mirándolos por una última vez, memorizando cada detalle de sus rostros, ya no había marcha atrás, él ahora se convertiría en un jedi.

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¡Crac!

Reacciona ante el sonido de una rama al romperse, trayéndolo de vuelta, sobresaltado pierde su concentración dejando caer una pesada piedra que levitaba en su mano a los dedos de uno de sus pies.

-¡Mierda!- refunfuña ante el dolor punzante que se esparcía rápidamente, lleva su mano a su pie para sobarlo cuando siente esa presencia detrás de él. Cierra sus ojos concentrándose en su fuerza, dibujando una pequeña mueca de disgusto al darse cuenta de quien provenía.

"Oh no" el rostro de Rey se vuelve pálido al escuchar el estruendo que había provocado al quebrar la rama que se encontraba debajo de su piecito, estaba en problemas.

"Tonta, torpe" se regaña una y otra vez en su mente ante su pequeño descuido. Con un movimiento ágil se vuelve a ocultar detrás de la gruesa pared de piedra de la cabaña, llevando sus manos a su boca para evitar hacer ruido alguno, estaba paralizada sin saber como reaccionar ante la situación, sentía la necesidad de salir corriendo, pero sus piernas no le correspondían a sus pensamientos, aquellas sensaciones aún seguían agobiándola, una pequeña corazonada le indicaba que debía ir con él, pero la razón le gritaba que huyera de allí. Antes de que pudiera tomar una decisión, su profunda voz ya resonaba en sus tímpanos.

-¡Se que estás allí!- alza su voz con firmeza con un tono bastante molesto, sin siquiera girar su mirada hacia ella, conservando su misma postura.

-No me gusta que me espíen mocosa- le recrimina disgustado esperando que la pequeña se marchara y lo dejara en paz, no estaba de humor para lidiar con niños.

El corazón de Rey latía a mil por hora ante el sobresalto de su llamado de atención, estaba tan apenada por ser pillada de in fraganti que podía sentir su rostro arder de la vergüenza. Se asoma de poco en poco de su escondite para enfrentarse con el joven padawan, esperando lo peor, pero para su sorpresa él seguía sentado en el tronco dándole la espalda, se siente arrepentida, viéndose en la obligación de pedirle disculpas.

-Yo… yo… lo siento mucho, no quise… es decir…-

Ben la escucha tartamudear palabras sin sentido decidiendo ignorar por completo su presencia, lazando mas piedras al agua evitando con eso oír su fastidiosa voz. Se frena después de unos instantes al ya no escucharla, el silencio se hacía nuevamente presente en el lugar, suspira aliviado pensando que se había marchado, pero para su mala fortuna, su paciencia se ve colmada cuando oye sus pequeñas pisadas acercándose lentamente a él, liberando un quejido de fastidio de sus labios. ¿Qué esta niña no entendía acaso el significado de querer estar a solas?

-¡Aléjate!- le advierte duramente a secas.

-Por si no lo has notado quiero estar solo- recalca eso último con firmeza, esperando ser bastante claro con ella, fracasando rotundamente, esa pequeña niña resultaba ser una completa molestia con cabeza dura, ignorando cada una de sus advertencias. La observa de reojo con desdén mientras toma asiento a su costado en el tronco, meciendo sus piernitas divertida, jugando con un pequeño bastón que traía en una de sus manos. ¿Qué le hacía creer que tenía derecho de invadir su privacidad de esa manera?, bufa una vez más en sus adentros decidiendo volver a ignorarla, pues sabía a la perfección que no se desharía de ella tan fácilmente, ya que era una testaruda. De algún modo, no podía dejar de pensar que esa actitud tan obstinada, le recordaba un tanto a él.

-Es un lindo lugar ¿no te parece?- Rompe al fin el hielo entre ambos, aquella pregunta se le hizo un tanto estúpida pero no sabía como iniciar una conversación con él, ni siquiera era capaz de verlo a los ojos al tenerlo tan cerca, se sentía demasiado nerviosa estando a su lado, pero al mismo tiempo le agradaba poder hacerlo. Como era de esperar, su respuesta nunca llegaría a sus oídos, haciéndole entristecer un poco. No lograba entender por qué se comportaba de esa manera, solo deseaba apoyarlo como lo había hecho con ella en Jakku, de algún modo podía sentir sus emociones, quería ayudarlo, dibujando tan siquiera una pequeña sonrisa en ese rostro tan serio, anhelaba tumbar esa barrera que él colocaba y poder ser su amiga. Una vez mas el silencio se hacía incomodo entre los dos, Rey empezaba creer que esa había sido una pésima idea, era obvio que jamás cedería a ella, pensando que lo mejor sería regresar al templo antes de que Luke notara su ausencia.

De pronto el sonido del agua al salpicar hace reaccionar la pequeña sacándola de sus pensamientos, sin resistirlo más y atreviéndose al fin, se gira a su costado para poder verle. Sus pequeños ojos se abren como platos al contemplar como Ben levitaba con su mano una piedra de gran tamaño, arrojándola una vez mas mediante su fuerza al lago.

-Sorprendente- susurra para si misma, admirándose cada día mas de ese muchacho, estaba completamente segura que no había cosa alguna que no pudiera hacer mediante la fuerza, era su fan en secreto.

Ben sentía su molesta mirada clavada en él todo el tiempo, trataba de ignorarla lanzando mas piedras al lago, pero con el paso de los minutos, le fue imposible dejar de pasarla desapercibida, ya empezaba a exasperarse con aquella mocosa, perdiendo de una vez por todas la poca paciencia que le quedaba.

-¿Qué no tienes algo mejor que hacer?- la voltea ver con su expresión de fastidio, frunciendo su ceño acercándose a su cara, pero se encontraría con unos ojos curiosos y enorme sonrisa que se formaba en su pequeño rostro.

"¿Qué demonios le pasa a esta niña?" pensaba ante tal extraña actitud.

-Ben eres increíble- Rey ya no lo soportaba más, expresando al fin su admiración hacía él, aunque solo se limitaría a decirle esas cuantas palabras, la expresión del pelinegro ante su declaración fue un tanto confusa, la castaña alza su ceja sin lograr descifrar si aquello fue de su agrado o no.

-De verdad lo eres- reafirma entusiasmada - ya quisiera ser como tú y poder usar la fuerza así con mis manos – réplica finalmente, pero Ben no parece tomarlo de la manera que ella esperaba, alejándose de su rostro.

- Créeme niña, no quisieras ser como yo- le responde fríamente volviendo su mirada al frente, dejándola con un gesto de confusión.

Rey se queda muda, pensando en aquellas últimas palabras, Ben debería estar completamente loco con su declaración, ¿Quién no quisiera ser como él?, se cuestionaba la pequeña, él era perfecto.

Una vez más el plácido silencio llega a los oídos del pelinegro, no entendía por que Rey insistía en quedarse y no marcharse, no la había tratado de la mejor manera cuando ella en cambio solo era agradable con él, cualquier otro de sus compañeros ya lo hubiera mandado a volar con el mal humor que se cargaba.

" No puede ser posible" siente su cabeza estallar, al escuchar leves pero constantes gruñidos salir de la boca de la niña, ¿qué no podía ni un instante conservarse callada?, maldecía el día en que Luke la trajo consigo, esa pequeña lo estaba volviendo completamente loco.

-Mira niña, si quieres quedarte aquí por lo menos ¿podrías guardar silencio?- se gira con brusquedad confrontándola una vez más, pero para su sorpresa la pequeña no le prestaría ni la mínima atención.

"¿Pero qué demonios?" arquea su ceja al mirarla con su mano extendida, Rey tenía la vista fija en una pequeña piedra que tenía frente a sus pies.

-mmm… elévate piedrita… vamos – su rostro estaba rojo como un tomate por el esfuerzo que aplicaba mediante la fuerza, pero la piedrita no se elevaba ni un milímetro del suelo. Ben no puede evitar dejar de observarla, liberando involuntariamente una leve sonrisa de sus labios, ante lo graciosa que se veía haciendo aquello.

-Lo estás haciendo mal, así no funciona la fuerza niña-

Baja su mano al escuchar su voz, su corazón se llenaba de una pequeña dicha, al fin Ben le había dirigido la palabra de una manera más amable, al girarse casi podía jurar que por unos instantes una leve sonrisa estaba formada en sus labios, pero al verlo por completo, solo se topó con su frío semblante.

"¿Qué tan difícil es sonreír?" no podía evitar sentirse un tanto decepcionada.

-¿Ah no?, entonces enséñame tú cómo hacerlo- se levanta de un salto del tronco y toma la piedrita colocándose enfrente del muchacho, extendiéndole su mano con ella, observándolo con sus enormes ojos suplicantes. Ben la mira con desaire ante su extraña actitud, él no tenía el tiempo y mucho menos la paciencia para estarle enseñando a un enfadosa mocosa.

-Por favor- le ruega una vez más pero en cambio el pelinegro solo se dedica a esquivar su molesta mirada, ya se estaba cansando de su insistencia.

-Ya no fastidies ni…-

-Así que aquí estabas Rey… y Ben-

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El corazón de la pequeña da un gran vuelco al escuchar su nombre, en menos de un santiamén Ben ya se encontraba de pie mirándolo con detenimiento, mientras Rey se ocultaba detrás de él al verse descubierta. Podía escuchar el crujir de sus pisadas frenéticas al acercarse, parando en seco justo enfrente de los dos. Sintiéndose totalmente remordida por sus acciones, la castaña se asoma por un costado del muchacho, para toparse con sus ojos azul celeste.

-Maestro le pido una disculpa, no debí escaparme del templo- pronuncia con su voz un tanto entrecortada, baja su mirada esperando su reprimenda, pero en cambio siente una suave caricia de su mano en su nuca. Al girarse nuevamente hacía él, nota que ya no la mira a ella, sino que tenía sus ojos clavados sobre el joven Ben Solo. El ceño de ambos se fruncen, volviéndose el ambiente un tanto tenso.

-¿Me puedes explicar por qué no fuiste a entrenar otra vez?- le dirige sus palabras con firmeza, sin quitarle su mirada de encima.

-Tú conoces perfectamente la respuesta, no tengo por qué darte explicaciones- Le reprocha el muchacho con su mirada fulminante, la cuál no le cayó en gracia a Luke.

-Te he perdonado varias Ben, sabes que hay reglas aquí y las tienes que acatar al pie de la letra- eleva el tono de su voz solo provocando que se exaltara aún mas el pelinegro.

- Dime ¡que sentido tiene!, si de igual manera no confías en mi, ni en mis habilidades- le resopla sacándose con eso todo el coraje que cargaba con él.

-¿De verdad eso es lo que piensas?- reafirma Luke ante sus declaraciones, al ver a su costado, observa a la pequeña Rey quien los veía intrigada ante su acalorada discusión, viniendo a su mente una idea. Respira profundamente para relajar sus nervios, dirigiéndose una vez más a su sobrino quien aún conservaba su mirada llena de cólera.

-Así que todo esto ya no es suficiente para ti, necesitas otro tipo de retos- le responde con su semblante mas tranquilo, haciendo alzar una ceja al joven ante sus palabras.

-¿A que te refieres con eso?- le pregunta un confundido y furioso Ben, pero su respuesta no llegaría, pues su atención ya no estaba fija sobre él.

-¿Dime Rey? – se dirige con su dulce voz a su pequeña aprendiz, sobresaltándola ante su llamado.

-¿Te gustaría que Ben te entrenara?- ambas miradas sorprendidas recaen sobre Luke.

-¿Cómo dijo?-

-¡Qué yo que!-


Hola que tal yo otra vez, antes que nada quiero agradecer la buena respuesta que tuvo el primer capítulo y a tan buenos comentarios que recibí, muchas gracias ustedes me inspiran y me ayudan a mejorar.

Ben es mi personaje favorito de la nueva trilogía, explorar sobre su pasado es algo que siempre quise hacer, para entender mas de su trasfondo.

Bueno me despido y nos vemos en la próxima, no olviden dejar sus comentarios o seguirme si esta historia es de su agrado. Saluditos.