Adrien es un alumno más de su salón. El suyo es un colegio normal con estudiantes normales, muchos de ellos enfrentando situaciones espectaculares. Françoise Dupont es el refugio colectivo de sus estudiantes. Y está en inesperado peligro. ¡GRACIAS POR LEER!
¡HOLA A TODOS! No les voy a dar mucha lata, solo espero que estén todos sanos y salvo en casa. ¡Mejor no les sigo dando lata y a lo que nos convoca!
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.
ADVERTENCIAS
ESTAMOS EN ÉPOCA DE PLAGA. EL CORONAVIRUS ENFERMA HORRIBLE Y LOS GRUPOS DE RIESGO SON MÁS VULNERABLES QUE NUNCA. NO HAY SUFICIENTES CAMAS EN LOS HOSPITALES NI VENTILADORES PARA TODOS. QUÉDENSE EN CASA, LÁVENSE LAS MANOS Y CUÍDENSE MUTUAMENTE.
Gabriel es un desgraciado que odio con toda mi alma y en este fic es más desgraciado que nunca y no me voy a cansar de decirlo
Y puede haber spoilers de la tercera temporada
"BARRERA DEL SONIDO"
Capítulo 1: Antes del huracán
Colegio Françoise Dupont. París.
Día siguiente, martes 7:59 am.
Adrien miró la hora y resopló. Ella todavía no llegaba y estaba seguro de que cuando lo hiciera, sería rayando la hora. Siempre era así y él… desde ya estaba sintiendo la ansiedad por verla y no se quedaría tranquilo hasta que lo hiciera. En serio que no lograba dilucidar ni pies ni cabeza de la situación: todavía no le hacía sentido, pero no le incomodaba. Ni bien se le pasó el amor por Ladybug, o más bien cuando éste mutó a algo más sano, comenzó en fijarse en Marinette casi sin querer queriendo, y fue incapaz de escapar a su magnética personalidad. Su nerviosa compañera de salón con la que al principio no se había llevado bien por culpa del chicle que Chloé pegó en su asiento de pronto se había convertido en la causa de sus desvelos. Con vergüenza reconocía que al principio no la había tomado mucho en cuenta, más allá de mantener una relación cordial con ella una vez que hicieron las paces por el incidente del chicle, pero cuando su obsesión por Ladybug se disipó… comenzó a fijarse en ella casi sin notarlo, primero con pequeñas cosas, detalles, que fueron sumando en cantidad y… y… y de pronto notó…
… que le gustaba. Y mucho.
En teoría eso no debía suponer ningún problema. Nada lo ataba a Ladybug y ella misma se había puesto muy contenta por él cuando le confesó su nuevo crush. Él era un chico sano y buena persona, un gato de buenos sentimientos, pero… no tenía idea de cómo acercarse a Marinette. O sea, la chica siempre parecía estar apurada, se ponía muy nerviosa con las señas y siempre algo los interrumpía. No podían cruzar más que unas cuantas señas antes que algo pasara y muchas veces era él quien salía corriendo, argumentando cualquier cosa. Marinette estaba fuera de su liga, ¡Nunca lo iba a considerar como material de novio!
Lo trágico es que últimamente él mismo se estaba poniendo muy nervioso cada vez que se le acercaba, incluso más que ella y no tenía excusa para su comportamiento. ¿Por qué no podía ser más como Chat Noir? Porque cuando iba a verla a su balcón como superhéroe no tenía ese problema. ¿Por qué? Hablaba con chicas todo el tiempo, no era difícil. ¿Por qué con Marinette se le había hecho de repente tan cuesta arriba? Alguien le topó el hombro: era Nino.
—Tienes una cara como de funeral —Le dijo usando las señas adecuadas—. ¿Estás así por lo de ayer?
—Sí… ayer fue un desastre —Respondió Adrien cabizbajo y suspirando—. Perdí una buena oportunidad para invitarla—. Condolido, Nino le dio unas amistosas palmaditas.
—Hoy es otro día, bro. Tu damisela llegará en cualquier momento.
Nino era un chico observador (cuando se concentraba al menos). Se había dado cuenta que su mejor amigo había comenzado a prestarle mucha atención a Marinette algunos meses antes, y se sintió honrado cuando Adrien le confesó que la chica se había convertido en la razón de sus desvelos. Como buen amigo estaba decidido a ayudarlo, pero su pobre compadre había tenido un montón de mala suerte al respecto. ¡Ahora si tan solo Adrien lo dejara pedir ayuda a Alya! Sin duda que la mejor amiga del mundo mundial de Marinette, que por cierto también era su novia, podría ayudarlos mucho a cuadrar una cita. Pero no, le había dado su palabra a Adrien de que no le diría a nadie sobre sus intereses románticos y él cumplía lo que prometía. Su compadre era tímido después de todo, por mucho que demostrara lo contrario.
¡Si tan solo supieran!
Adrien volvió a mirar la hora, notando además que Alya no estaba. Lo más probable es que ambas amigas anduvieran juntas. Se dejó caer en el respaldo de la silla y miró al techo suspirando. El día apenas comenzaba y ya se le estaba haciendo eterno. Ojalá que al menos las clases ese día estuvieran entretenidas y que no hubiera ningún akuma del cuál preocuparse.
—Hola Adrien. —Lo saludó de pronto Lila, llamando su atención, sin molestarse en usar señas. —¿Vas a ser mi novio por hoy? —El aludido puso una expresión en blanco y se hizo el que no entendía nada. El lenguaje corporal de Lila nunca le había gustado, le daba mal yuyu, además que sabía que la chica podía ser bastante mala y cruel si se lo proponía… y tenía certeza que él le caía mal a una de sus voces.
—Lila. Adrien no te va a entender si no le hablas con señas—. Gruñó Nino sin olvidarse de gesticular. En lo personal no tenía nada contra Lila, era de los pocos que no había sido víctima de sus maquinaciones, pero de todos modos prefería mantener la distancia, pues bien sabía de lo que era capaz de hacer. No era su culpa, Lila no podía evitarlo (o eso decía), pero mejor ser prudentes.
—Adrien lee los labios, aunque lo niegue—. Coqueta, Lila se volvió hacia el rubio que seguía mirándola en blanco—. ¿O no, mon petit prince?
Adrien miró hacia un costado, haciendo un gesto de asco que ni siquiera se molestó en ocultar. Ya tenía bastante con Lila como para que le durara toda la vida. Dejó que Nino lidiara con ella, pues no estaba dispuesto a tolerarla. En ese sentido Adrien era muy frío, pero se sentía dentro de su derecho: hacía un tiempo atrás, justo cuando sus sentimientos comenzaron a gravitar más alrededor de Marinette que de Ladybug, Lila había intentado hacerle mucho daño, casi provocando su expulsión. Arreglar ese desaguisado fue problemático y ni siquiera el hecho que Lila tenía esquizofrenia la excusó a sus ojos.
¡Bah! Esquizofrenia y seguro rasgos sociópatas si le preguntaban, pero él no iba a estar diagnosticando a nadie. Solo quería mantener su distancia de ella todo lo posible.
El muchacho se levantó de su sitio y se alejó, no le gustaba estar cerca de Lila ni de su mala leche, dejando que Nino lidiase con ella. Se acercó a Max, quien le mostraba su nuevo videojuego a Kim.
—Hola. ¿Qué hacen? —Saludó de buen ánimo tras llamar la atención de sus amigos. Tanto Kim como Max le sonrieron.
—Max me mostraba su nuevo videojuego, Agreste—. explicó Kim de buen ánimo, usando señas—. Jejeje, pero yo le digo que está muy monocromático.
—Er-es da-d-d-da-daltónico, Kim. ¡No seas p-p-p-p-pa-payaso! —Se burló Max muy amistoso. Adrien aguantó la respiración, tratando de concentrarse solo en las señas de Max, y no en sus labios, debido a que el muchacho era tartamudo— ¿Quieres p-p-p-probar s-suerte, Adddddrien?
—Naah. La clase está por comenzar—. Se excusó el rubio. —Pero, ¿qué videojuego es?
—U-u-Ul-Ultimmmate M-m-e-Mecha Stt-t-t-tttttttttt-trike para la p-p-porttttatatatátil—. respondió el muchacho, ofreciéndole el dispositivo—. ¡Vam-m-m-m-mos, int-t-t-téntalo! Al menn-nnnonos ves los ckckckolores.
Adrien volvió a negarse, mientras se mordía la lengua. Sabía que si comenzaba a jugar, no terminaría hasta acabar el juego y en serio faltaba poco para el inicio de clase. En vista de ello, cambiaron el tema y los tres amigos siguieron conversando de otras cosas, mientras esperaba atento la llegada de Marinette.
Poco a poco el salón comenzó a poblarse de alumnos.
No, no era una coincidencia que la gran mayoría de sus compañeros de salón pudieran comunicarse con él mediante lenguaje de señas. Tampoco era una cortesía directa hacia Adrien, aunque podría entenderse de ese modo: los alumnos de Françoise Dupont tenían clases obligatorias de lenguaje de señas, debido a que había más alumnos en el plantel que eran sordos y la idea era que no hacerlos sentir aparte.
El espíritu de la inclusión era muy incentivado en Françoise Dupont: todos sus alumnos eran tratados de la misma manera, tuviesen el desafío que tuviesen y a nadie se le dejaba atrás. Por eso en todos los salones había alumnos con distintas situaciones y a todos se les trataba con la seriedad del caso, sin que eso los hiciera sentir como bichos raros. ¿Por qué tratarlos diferente si todos eran niños normales? Cierto, eran necesarios algunos ajustes dependiendo del caso, no todos tenían los mismos tiempos, pero nadie era discriminado y no se toleraba tal cosa.
El currículum de las clases era tan normal como dictaba el Ministerio de Educación francés, solo que se adaptaba a las necesidades y en el caso particular de aquél colegio, se añadían clases extras. Lenguaje de señas y braille era unas algunas, por ejemplo. ¿Sobre los talleres? Aparte de los comunes a todo colegio, como arte, danza, teatro y bandas, también estaban los talleres de liderazgo, primeros auxilios, de RCP y cómo reaccionar en accidentes.
Era un lindo proyecto, había que decirlo.
—¡Estás mintiendo Nathaniel! ¡TOMATE PODRIDO! Préstame atención, ¡Me estás ignorando! —Chloé entró al salón siguiendo al pelirrojo a pisotones, mientras éste hacía un esfuerzo inútil por ignorarla. Kim llamó la atención de Adrien y los señaló. Sabrina los seguía con calma, sin estorbar.
—¡Miren eso! Llegaron los malcasados…— Comentó entre risitas.
—Te escucha cualquiera de los dos y te llega chancla, Kim—. Se rió Nino, mientras se acercaba al grupo. Detrás de él pasó Lila directo a su asiento, con la actitud de haber ganado la guerra.
—¿Te dio mucha lata?— Preguntó Adrien a Nino con el ceño fruncido al ver pasar a Lila. Su compadre negó con la cabeza restándole importancia. Kim volvió a señalar a los recién llegados.
—¡Shhhh! Concéntrense que puede ser interesante—. Insistió el joven deportista.
—Mis fichas a favor de Nathaniel esta vez—. dijo Max, aunque esta vez no habló, sino que usó las señas para indicar su preferencia.
El grupo volvió a concentrar su atención en la discusión de Chloé y Nathaniel, la cuál era cosa de todos los días, pero no por ello menos divertida. La rubia se veía muy vehemente y acosaba al pelirrojo con bastante insistencia. El muchacho era diabético e insulino–dependiente: Había sido diagnosticado unos años antes y todavía estaba en porfiada negación. No quería ni siquiera oír hablar de su enfermedad ni por si acaso, cosa que lo predisponía muy mal cuando la gente le insistía. Además, estaba constantemente olvidando medirse la glucosa o pincharse la insulina o comiendo cosas que no debería, lo que ya le había acarreado un par de emergencias médicas.
Chloé lo atormentaba todos los días por ello.
¿Cuál era el interés de Chloé en Nathaniel? ¡Esa era la pregunta del millón! Esos dos se detestaban un montón y mantenían una relación extrañísima. Chloé lo acosaba constantemente para que se cuidara mejor, aunque no de la mejor manera (y hasta podría decirse contraproducente) y Nathaniel le siseaba de lo lindo, lo que siempre terminaba en ambos peleándose tal como si estuvieran en una telenovela con el mismo final. Los dos callados, taimados, con Nathaniel dejándose picar los dedos para tomarle los índices y susurrándose cosas queditas con la rubia que nadie había logrado descifrar. Muy a su pesar, el chico confiaba en Chloé: incluso en alguna ocasión había admitido que prefería que ella lo inyectara, pues tenía buena mano y no le dejaba moretones. Chloé era cuidadosa poniendo inyecciones y tenía muy buena mano para lo pedante que era.
Esos dos se amaban con la furia de mil soles, pero eso solo lo reconocerían bajo tortura. Toda la clase estaba convencida de ello y esperaban que en cualquier momento lo admitiesen.
—¡Nathaniel! ¡Ya Dime! ¿Cuánta azúcar tenías? ¡¿Desayunaste?!
—¡Como molestas, Chloé! —protestó Nathaniel girando sobre sus talones y enfrentándola—. ¿No tienes nada mejor que hacer? ¿Tu tarea a lo mejor?
—La tarea de Chloé está lista. Aquí la tengo—. Intervino Sabrina.
—Argh. ¡Explotas a Sabrina, Chloé! No seas metiche, mujer, y déjame tranquilo.
—¡No hasta que me digas cuanto tenías de azúcar esta mañana! -Chloé dio una patada frustrada en el piso. —¡Porque eso de que te tomaste los niveles es una vil mentira! ¡No lo hiciste! ¡Confiesa!
—¡Argh! ¡Compra un bosque y piérdete, Chloé!
Nathaniel, frustrado, giró sobre sí mismo y enfiló hacia su lugar, pero eso no detuvo a la rubia. Por una fracción de segundo, Adrien la vio hacer un puchero preocupado, por lo que no le sorprendió la insistencia. Un coma diabético bien podía mandar a Nathaniel al patio de los callados.
Adrien no pudo evitar reír, mientras Max y Kim miraban divertidos la situación. Chloé era del grupo de alumnos que no tenía ninguna dolencia, excepto ser una altanera de lo peor en sus días malos y una pedante en los buenos. Había llegado al colegio el año anterior, y si bien le había bajado varias rayas a la pedantería, seguía siendo la mimada hija del alcalde.
—Esos dos ya deberían admitir que sienten algo el uno por el otro—. comentó Kim de pasada. —¿Nunca le has preguntado a Chloé, Adrien? Ustedes se conocen hace años.
—Le pregunté una vez—. reconoció Adrien relajado. —Armó drama. ¡Negación de la más pura!
—V-va a cost-t-t-t-tar mm-m-mucho que esos d-dos aaaasssuman que se t-t-t-t-tienen senti-ti-ti-timientos—. comentó Max. Adrien tuvo que reprimir un escalofrío de incomodidad. ¡No lo juzguen! Pero en serio prefería cuando Max solo hablaba en señas: parte de la forma en que interpretaba el mundo era la lectura de labios y bueno… Max se lo ponía cuesta arriba.
BIEN CUESTA ARRIBA.
—Al menos la llegada del drama sirvió para escaparme de Lila—. rezongó Nino, soplándose el flequillo. Miró a Adrien con cara de circunstancias—. Entiendo que Lila no te cae bien, pero ¡Bro! ¡Me dejaste solo!
—¡Nunca olvidaré tu sacrificio, mon poté!
Los tres chicos asintieron con cara de circunstancias, pero pronto volvieron su atención al drama que se desarrollaba entre ellos, más aun porque los protagonistas comenzaron a gritarse cosas de un extremo a otro del salón. Para nadie en esa clase era un misterio que Chloé y Nathaniel se traían algo entre manos, por más que negasen y renegasen que fueran pareja. Simplemente no lo admitían y reaccionaban muy mal cuando les preguntaban cuanto tiempo llevaban de novios, pero bueno, algunas cosas eran evidentes excepto para los involucrados.
—¡Alerta todos! ¡Los malcasados siguen discutiendo! —vociferó Kim de pronto. Tanto Chloé como Nathaniel se volvieron furiosos en su dirección.
—¡¿A Ti Quien Te Metió Ficha?!
—¡Ridículo! Totalmente Ridículo. ¡¿Cómo Te Atreves a Insinuar tamaña ridiculez?!
—¡Basta, Chloé! ¡Como sigas gritando harás que Adrien escuche!
Alix le dio un zape a Chloé cuando pasó junto a ella y siguió su camino junto a Bubbles, su perro de asistencia. La rubia no le reclamó, solo murmuró algo entre dientes y se sentó en su sitio, de brazos cruzados, en apariencia aplacada. Sabrina se sentó a su lado y comenzó a ordenar sus cosas al milímetro, mientras le contaba a Chloé como había estado su mañana. Contrario a la creencia popular, la rubia le prestaba bastante atención a su amiga, por lo que, haciendo como si nada, participó de aquella conversación con ella. Alix siguió su camino hasta su sitio, pero se tomó el tiempo de saludar al grupo que conversaba tras de ella.
—¡Hola chicos! ¿Qué tal va el día? — saludó con energía. Pero justo en el momento en que le iban a responder, entró la maestra Bustier aplaudiendo para llamar la atención.
—¡Muy bien alumnos! A sus lugares, que toca pasar… ¡Marinette, Alya!
—¡YA LLEGAMOS!
Ambas amigas entraron como un huracán de energía justo detrás de la profesora, segundos antes que ésta cerrara la puerta, resoplando con urgencia y llenas de risas. Adrien sintió en ese momento una explosión de mariposas en su estómago. Ambas niñas miraron a la profesora con caras de perrito a medio apalear y cuando esta les hizo una venia con la cabeza, dejándolas pasar, se abalanzaron hacia sus escritorio. Habían llegado con las justas para evitar un nuevo atraso. Caline meneó la cabeza en gentil desaprobación, pero se los dejó pasar: técnicamente la puerta todavía estaba abierta cuando llegaron, así que no contaba como atraso.
—¡ALLEZ! Todos a sus lugares. ¡Tú también Iván!
Caline cerró la puerta por fin y dejó sus cosas sobre el escritorio, preparándose para una nueva sesión. Observó como la clase se acomodaba en sus lugares, repasando con la mirada quien faltaba y quien no. Sin presionarlos, se dedicó a observarlos.
Marinette acomodaba sus cosas y daba su brinco acostumbrado al notar que Adrien la saludaba con bastante más timidez de la normal. ¡Ah, todavía no se daban cuenta, ternuras! Alya se dedicaba a limpiar el escritorio y las sillas con paños de cloro. Sonrió aliviada al ver el progreso de la muchacha: cuando mademoiselle Césaire había llegado a principios de año, y debido al terror que le tenía a los gérmenes, poco le faltaba para usar un traje hazmat, pero había avanzado mucho desde aquello. Llevaba casi un mes sin usar mascarilla, pero seguía usando guantes de vinilo, gel antibacterial para las manos e insistía en limpiar con pañitos de cloro todo lo que la rodease… aunque ya había bajado el uso de aquellos.
Adrien ya había tomado puesto y ahora la miraba fijo, en espera de sus señales y presto para tomar apuntes. Nino dejaba sus audífonos a un costado y se alistaba para prestar atención. Más atrás, Iván guardaba el libro que estaba leyendo, lo que le causó mucho orgullo. El muchacho era disléxico, pero desde que había ayudado a Juleka con la lectura el año anterior, había agarrado un gustillo a los libros y cada vez leía más… al igual que Juleka, por cierto. Detrás de él, Nathaniel se veía taimado y miraba feo a Chloé. ¡Otro par de ternuras que todavía no se admitían nada! En la otra fila de escritorios, Sabrina ya estaba prestándole toda la atención del mundo, mientras Chloé cada tanto miraba hacia Nathaniel escaldándolo con la mirada, siendo respondida por mirotones igual de feos. Hmm. Mejor ponía atención a eso, lo más probable es que el pelirrojo de nuevo hubiera olvidado tomarse los niveles de glucosa.
—¡Rápido, muchachos, no tenemos todo el día! —dijo Caline cuidándose de modular bien y de gesticular claro, para Adrien pudiera entenderla.
En fin. Caline suspiró profundo y siguió con su análisis visual del salón. No vio a Mylene por ningún lado, pero no se preocupó: sabía que ese día tenía que tomarse algunos exámenes, por lo que su ausencia estaba justificada. Ya luego llamaría a sus padres para saber cómo le había ido. Alix en cambio estaba conversando con Kim y Max, mientras su perro Bubbles pasaba desapercibido bajo el escritorio, pero siempre muy atento a su ama. Alix tenía epilepsia y el animal estaba entrenado no solo para asistirla en caso de convulsiones, sino para darle más independencia. El perrete aquél, enorme, fortachón y de raza muy indefinida, era muy manso, pero muy responsable y atento con su dueña y si estaba así de relajado entonces ella podía respirar. No parecía que Alix fuera a tener problemas, así que cruzó los dedos deseando un día tranquilo. Detrás de ella, Kim y Max payaseaban como siempre y más atrás, Rosita charlaba con Juleka… hasta ahí no había problemas, pero… se sopló el flequillo.
—Rosie, por favor, acerca un poco más tu andador al escritorio—. Le dijo mientras señalaba al aparato, que estaba justo al medio del pasillo. —Hay que mantener las vías despejadas en caso de…
—Si me tropiezo con esa cosa, me voy a matar —opinó Lila de pronto. —Sería una lástima que me tropezara con él.
—¡Pues pásale por el lado! Eres inteligente, seguro puedes hacerlo—. gruñó Juleka en defensa de su amiga.
—¡En seguida profesora Bustier! —Rosie, quien había nacido con espina bífida, se levantó con relativa facilidad y tomando su andador, lo acercó a su escritorio. La chica podía estar de pie y caminar lento si se decidía, pero necesitaba su andador como apoyo. También podía usar muletas, pero la ventaja del carrito es que de necesitarlo, tenía un asiento en donde poder apoyarse para recuperar el aliento.
—Lila, eso no era necesario—. gruñó Caline y aplaudió con las manos. —Suficiente, es hora de empezar la clase. ¡Buenos días, alumnos!
—¡Buenos días mademoiselle Bustier!
—Abran su libro en la página 25. ¡Comenzamos la clase en este momento!
Despacho del director
En esos momentos.
Damocles se dejó caer en su sillón, apesadumbrado y sin poder creer que justo le estuviera pasando esto. Parecía una broma de mal gusto, pero no lo era y tan solo pensar en ello le provocaba un volcán de ácido en el estómago. ¿Cómo había pasado esto? ¿No que se había solucionado hacía años?
—Monsieur Damocles—. Le dijo el hombre del traje. Su rostro era aséptico y en su fuero interno parecía estar disfrutando hacer sufrir al hombre. —Entiendo que es sorpresivo, pero tenga la seguridad que no es el ánimo de mi cliente causar malestar.
—¿Me disculpa? —gruñó Damocles—. ¿Tiene la cara para decirme eso?
El hombre del traje simplemente sonrió, lo que hizo hervir de rabia al director de aquél plantel. ¿Qué se creía? ¿No tenía suficiente con venir así de sorpresa a su colegio y dejarle esta bomba en el escritorio?
—Creo que no me está entendiendo. Tiene el compromiso de mi cliente de que va a dejar acabar el año escolar. Pero para septiembre próximo este edificio va a desaparecer.
—Creo que es usted quien no me está entendiendo —Damocles se levantó de su sillón—. Este asunto estaba finiquitado hace años, los títulos de propiedad del edificio estaban saneados. ¿Qué es eso que la mitad del terreno estaba en disputa? Llevo trabajando aquí mismo casi treinta años y he sido su director los últimos veinte. ¡Esto no debería estar…!
—Pero está pasando. Lamentablemente, para usted y la comunidad escolar, este edificio está en una ubicación inmejorable. Mi cliente ya ha comprado los terrenos cercanos… aquí se va a construir uno de los centros comerciales más exclusivos de París.
—¡Inconcebible! ¡No pueden llegar y demoler Françoise Dupont!
—Podemos, y lo haremos. Ya somos dueños de la mitad del terreno…
—… ¡Usted no lo entiende! Estos terrenos fueron donados hace cincuenta años por la familia de Françoise Dupont para que fueran utilizados en proyectos educacionales. ¡No se les puede dar otro uso!
—¿Ah sí? ¿Y entonces cómo explica que la mitad de este terreno hubiera estado de libre acceso? Fue negligencia de su institución no sanear bien los títulos…
—¡Los Dupont eran propietarios de toda la manzana!
—Y No se fijaron que los límites de sus propiedades estuvieran bien marcados en el Conservador de Bienes Raíces.
Si hubo un momento en que Monsieur Damocles hubiera querido ahorcar al abogado que le había traído tan nefasta noticia, créanme, hubiera sido ese. ¡Es que no se podía creer esto! En verdad que no. ¿Cómo era posible que existieran personas que antepusieran un centro comercial de lujo ante las necesidades educativas de los pequeños ciudadanos de París?
—Escúchame, Dauphin. Los Dupont dejaron específicamente señalado en el acta de entrega sobre el uso que debía dárseles a estos terrenos y a los edificios asociados. Si se llegaban a incumplir esas condiciones, entonces un juez debía tomar control y asegurarse de que la voluntad de la familia…
—… se cumpliese según lo establecido. El problema, Monsieur Damocles, es que usted no tiene como probar eso.
—¡Está en las actas! ¡E incluso en el testamento de la mismísima Françoise Dupont!
—¡Ah, no me diga! —El abogado se ajustó los lentes—. ¿Y dónde están los documentos originales? Ya sabe, ¿los que debieron haber quedado con el Conservador?
Damocles sintió el volcán de ácido explotándole en el estómago una vez más. Se supone que esos documentos estaban en poder de la oficina del Conservador, a buen recaudo en sus archivos, ¡eran documentos válidos y reconocidos por el Estado Francés! No podían haberse perdido, y si así hubiera sido, estaban delante de un delito. Entrecerró los ojos.
—Solo tienen la mitad de la propiedad -dijo con tranquilidad. El abogado ni se molestó—. Por eso no nos echan de aquí a la primera oportunidad, ¡Ustedes tampoco saben dónde están esos documentos!
Dauphin volvió a sonreír, pero algo en su postura le indicó al viejo profesor que estaba en lo cierto. Seguramente la institución todavía estaba a tiempo de doblarle la mano a esa inmobiliaria que pretendía cerrarlos para construir su centrucho comercial. Puede que tuvieran algún límite asociado a algún resquicio legal o algo y este abogado solo había sido enviado para asegurarse de asustarlos para impedir que tomaran las acciones pertinentes. Esos documentos eran la clave, ¡Solo tenía que encontrarlos antes que la inmobiliaria! Y también un abogado propio. Damocles entrecerró los ojos. ¿Querían pelea? Pues aquí estaba.
—Sin esos documentos, usted y su institución no tienen mucho que hacer. Les llevamos una ventaja interesante.
—Nunca subestime a un viejo profesor, Dauphin.
—Ni usted a los intereses económicos. ¡Anímese! Siempre podemos darle un cupón de descuento para nuestras tiendas.
—¡Largo de mi Colegio!
El abogado se rió torcido, pero le hizo juicio a la petición del director. Claro, se tomó su tiempo en agarrar sus cosas y marcharse, como si quisiera con ello enrostrarle que estaba jugando con fuerzas que él no podía controlar. Una vez que se hubo marchado, Damocles se hundió por varios instantes en su sillón, juntando rabias y angustias.
—Necesitamos un abogado—. Se dijo a sí mismo.
También tenía que decirle al directorio, a sus profesores, a los padres de familia, a sus queridos alumnos. Damocles se levantó de su sitio y salió de su oficina, apenas diciéndole a la secretaria que estaría dando unas rondas. Necesitaba despejar la cabeza.
—¡En serio no puede estar pasando!
El hombre no pasó del patio central. Se apoyó en la pared y miró su colegio… ahí había empezado su carrera, había visto pasar incontables generaciones de alumnos, toda su vida profesional la había vivido en esos muros. Sintió un nudo en la garganta. Hacía veinte años había comenzado a implementar el proyecto cuando todavía era vicedirector del plantel, y en todo ese tiempo había visto de primera mano los beneficios de la inclusión. ¡Cuántos desafíos había visto en esas paredes! Todos habían comenzado con la llegada del primer alumno con capacidades diferentes. Tuvieron que educar a toda una comunidad, cambiar las costumbres, adecuarse y remar hacia adelante. Todo había sido un camino de espinas que apenas habían despejado y en cuanto a problemas, habían pisado todas las minas posibles.
¡Pero aquí estaban! Veinte años de trabajo daban como resultado alumnos más empáticos, altruistas, más sanos y en donde nadie era tratado como un incapaz. Todos ellos tenían las mismas capacidades de aprender, incluso los casos más extremos. Habían probado que nadie aprende al mismo ritmo, pero que aprendían, y que adaptarse a las necesidades de cada alumno era cosa de tener la voluntad y la vocación necesarias. Eran la única institución en su tipo en París y eran ampliamente elogiados por sus resultados. Habían tenido problemas, claro, pero también momentos entrañables.
Damocles dejó caer los hombros y se tapó los ojos con su mano libre. ¿Cómo era posible que quisieran demolerlos? ¿Aplastarlos como si nada? ¿Cómo si quisieran anularlos? Y si los cerraban… ¿a dónde irían sus alumnos? ¿Quién les daría el apoyo que necesitaban? Ya estaba viejo… ¿tendría la fuerza la dar esta guerra?
El viejo profesor se limpió las lágrimas y tomó aire a medida que erguía su postura. Apretó el rostro, se llevó las manos detrás de la espalda y entrecerró aún más los ojos. Ciertamente ya estaba próximo al retiro, pero aún le quedaba guerra en sus huesos. Además…
—Dicen que más sabe el zorro por viejo, que por zorro.
Y esa era una declaración de principios.
Continuará.
Por
Misao-CG
Publicado el martes 24 de marzo de 2020. Modificado el 25 de marzo.
Próximo capítulo: La bella durmiente
—¿A quién le estás copiando, retardado? ¿Acaso piensas que voy a creer que un imbécil como tú es capaz de sacar esas notas?
Adrien no entendió nada. Gabriel ni usaba señas ni lo regañaba mirándolo a la cara, así que no tenía forma de saber qué le estaba diciendo.
—¡¿Qué tienes que decir en tu defensa?!
Adrien se quedó callado. Si bien no sabía qué le estaban diciendo, entendía por lenguaje corporal que no era nada bueno. Gabriel lo fulminó con la mirada, recordando…
Notas finales: Algunas notas curiosas respecto de este fic. La idea se me ocurrió más o menos por el tiempo en que estrenaron Chat Blanc, mientras aún actualizaba Tempus Fugit. Vi un meme, en el que salía la foto de un gato blanco con ojos azules, y explicaba que era muy probable que un gato con estas características fuera sordo (no todos, pero sí bastantes) y que por ello parecían ser un poco ariscos… y en seguida ponían una foto de Chat Blanc, comentando lo solo que estaba. Entonces la idea de Adrien sordo me cayó como una alcachofa a la cabeza. Se lo comenté a Abby y bueno… ella fue la mala influencia… ella y mi deseo de vengarme por los infartos que me ha provocado con sus fics. ¡Gracias por recibir tan bien este fic y de corazón espero que no los decepcione! No es tan largo como el anterior, son 21 capítulos contando la apertura y clausura y espero tener un buen ritmo de actualizaciones, cada dos días más o menos (quizás antes, pero depende de lo impaciente que me ponga). Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
Por cierto, sí estoy respondiendo las reviews. Revisen la bandeja de mensajes internos de la plataforma.
Pues sí, seguiré hasta el final, Arianne luna. Ten una galleta y ¡GRACIAS POR LEER!
Oooh, ya veo Mr. Rollins. Y sí, parece haber basta humor y frustración en este fic, también algo de drama añadido. Félix aparecerá, pero más hacia el final. Ten una galleta y ¡GRACIAS POR LEER!
