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Dio un golpe fuerte y la puerta del Alibi y se abrió de sopetón, anunciando a todo que Mickey Milcovich había llegado. Realmente no recordaba cuándo se volvió una persona que intentaba intimidar constantemente. Supervivencia, suponía. O quizás su madre tenía razón y todos sus hijos eran unos desgraciados con un carácter de mierda. Igual que Terry. Igual que su padre. Siempre pensó que por eso se marchó, porque cada uno de sus hijos le recordaba al hijo de puta que la pegaba cada noche antes de dormir y cada mañana nada más despertar.

Sacudió la cabeza intentando borrar el mínimo recuerdo de su madre que le hiciera sentir algo y se acercó a la barra del bar.

-¿Has visto a Joey?

-Uno de tus hermanos está allí, no sé cuál de ellos es.- Respondió Kevin señalando con la cabeza la mesa de billar.

Rodó los ojos mientras se acercaba hasta el mayor de sus hermanos, que iba tan borracho que a duras penas podía enfocar lo que hacía.

-Eh, Joey.- Pero no le hizo caso.- Escúchame, gilipollas.- Lo llamó fuerte mientras le quitaba el palo de jugar al billar de entre las manos intentando conseguir algo de atención.

-¿Qué coño pasa contigo?

-Freddie está en casa.- Anunció como si eso zanjara el asunto y la cara de su hermano palideció en dos segundos.- No voy a seguir cubriendo las mierdas de Terry y mucho menos las tuyas.- Era más pequeño que él y más bajito, pero podía perfectamente intimidar a su hermano y lo sabía.- Soluciona esto.

-Vamos, Mickey, no pasa nada...- Intentó sonreír, pero Mickey le agarró fuerte del brazo.

-O lo solucionas o no vuelves a entrar en casa.- Retorció un poco más la muñeca de Joey haciendo que gimiera de dolor y supiera que hablaba en serio.- Tu decides, hermanito.

Le lanzó una última mirada que decía claramente "haz lo que te digo" y se dio la vuelta sin decir más. Vivían en un gueto de mierda a las afueras de Chicago, sabía que estaban condenados a vivir una vida de mierda, pero estaba harto de tener que hacer de niñera de todos en esa puta casa. Su padre pasaba más tiempo dentro de la cárcel que fuera, su madre se largó en cuanto tuvo oportunidad y a veces no sabía si sus hermanos eran así de gilipollas sin querer o a propósito. Pero al final siempre era él quien tenía que solucionar los marrones de los demás.

Cuando Terry entró en la cárcel la última vez se fue debiéndole mucho dinero a un corredor de apuestas que fue a cobrar sus deudas con el más influenciable y con más vicios de todos los hermanos Milkovich. Y ahora Joey debía mucha más pasta de lo que debía antes su padre. Joder. Panda de gilipollas...

Se acercó a la barra y se sentó en un de los taburetes esperando que su hermano le hiciera caso y por una vez hiciera las cosas bien.

-Ponme una birra.

-¿Tienes veintiuno?

Mickey le lanzó una de sus miradas asesinas a Kevin al otro lado de la barra y se mordió el labio inferior intentando armarse de un poco de paciencia.

-¿Importa?

Nunca había entendido esa jodida ley. Podía conducir a los dieciséis, tener un arma a los dieciocho y alistarte para luchar por tu país en cuanto fueras mayor de edad. Pero hasta los veintiuno no podía agarrarte una buena cogorza sin que fuese legal. Joder. Incluso uno podría casarse y que no fuera legar beber en su propia boda.

Kevin gruñó bajito y le sirvió un vaso de cerveza mientras alguien se sentaba en el asiento que estaba a su lado.

-Ey, Lip, ¿todavía nada?- Preguntó Kevin.

Miró de reojo a Lip Gallagher mientras le daba un sorbo a su cerveza y fingía meterse completamente en su mundo. Así que Karen Jackson ahora se follaba a este... Así al menos no tendría que fingir con sus hermanos querer salir con ella.

-No... Ni rastro de Frank.

-Aparecerá enseguida.

-Eso me temo...

El puto Frank Gallagher... Había gente de todo tipo en ese barrio de mierda. Borrachos, drogadictos, putas, chulos, camellos, jonkis, madres embarazadas, padres alcholicos... Pero Frank Gallagher se llevaba el premio a la escoria más hija de puta de ese lugar. A Mickey tampoco le había tocado la lotería parental, sin duda, pero lo de ese tío era simplemente... de otro mundo. Un pequeño amago de sonrisa apareció en su cara al recordar las palabras de Terry: "Cuando llegue el fin del mundo sólo quedarán vivas las cucarachas y el jodido Frank Gallagher".

-¿Cómo está Ian?

De nuevo esa sensación extraña en su estómago al escuchar el nombre de ese crío pelirrojo. No sabía si las ganas de vomitar se las daba el admitir muy bajito en su cabeza que aquel pecoso le parecía atractivo o intentar tan pero tan fuerte el esconder ese sentimiento. Porque no podía, no debía, pensar nada así por ningún chico.

-Mejor aunque todavía le duele la nariz.

No entendía de qué hablaban pero prefirió no seguir pensando en nada que tuviera que ver con Ian Gallagher. De pronto una bombilla se encendió en su cabeza recordando algo que Iggy había dicho.

-Eh, Gallagher.- Lip lo miró sin entender por qué Mickey le hablaba a él.- ¿Cuánto por hacerme un trabajo para la clase de lengua?

Lip sacudió la cabeza, tardando un segundo en comprender de qué estaba hablando. La directora había vuelto a amenazarle con llamar a los servicios sociales si seguía suspendiendo tanto y con Terry en la cárcel era lo último que necesitaban.

-¿En qué clase estás?

Torció el gesto, molesto, avergonzado. Tenía que reconocer que le daba cierta vergüenza decir que seguía teniendo la mayoría de clases de primer curso. Nunca había aprobado. En su casa no habían dado nunca prioridad a esa mierda de estudiar, cómo si alguno de ellos pudiera aspirar a algo más de lo que eran. La única que tenía posibilidad de sacarse el graduado escolar era Mandy, era la única lista de los cuatro, lo sabía. Y él mismo se encargaría de que al menos ella no fuera un desecho para la sociedad. Él ya estaba jodido de por vida, pero no quería lo mismo para ella.

-Con Emerson.

Lip alzó las cejas, pero no dijo nada. Mejor. Chicos listo.

-Cinco pavos, esa clase es fácil.

Mickey se mordió la lengua para no decir nada. Fácil... Sacó un par de pavos del bolsillo y los dejó en la barra.

-Cuando me des la redacción te pago el resto.

...

Se metió las manos en los bolsillos intentando apaciguar un poco el frío congelante de Chicago. Esperaba llegar a casa y que no hubiera ni rastro de Freddie y sus matones. Con suerte Joey habría hecho algo útil por una vez y se habría encargado de ellos. A quién quería engañar... Seguramente había empeorado las cosas ese idiota. No tenía ni idea de cómo iban a lograr pagar esa deuda...

Paró un segundo en medio de la calle para sacar un cigarro de la cajetilla e intentar encenderlo cortando el viento con las manos.

-¿Ha visto a mi padre? ¿No? De acuerdo, gracias...

Una voz todavía algo aniñada llegó hasta sus oídos y alzó la cabeza todavía con el cigarro sin encender. No muy lejos de él estaba Ian Gallagher parando a algunos vecinos para preguntar por su desaparecido padre.

Tenía la cara más blanca de lo habitual por el frío y contrastaba con su nariz algo amoratada con restos de sangre seca. Se había peleado suficientes veces como para saber que a ese chico alguien le había dado una buena ostia en la nariz. No podía entender cómo un crío que tenía esa cara de no haber roto un plato en su vida siempre estaba metido en líos cuando lo veía, corriendo descalzo huyendo del padre de Karen Jackson o aspecto de haber querido parar un tren con la cara.

-¿Habéis visto a Frank?- Vio cómo le preguntaba de nuevo a una pareja que pasaba a su lado.

Y algo del chico le enterneció, algo de esa expresión inocente y realmente preocupada por un padre que no hacía nada por él.

Otra vez ese dolor en el estómago. ¡Joder! No...

Encendió su cigarro y le dio una calada mientras comenzaba a caminar de nuevo. Y lo vio acercase a él, vio de reojo cómo ese pelirrojo, pecoso y todavía tan niño se acercaba a él para preguntarle lo mismo que a los demás.

Y su carácter de mierda habló una vez más por él, impidiendo que ese chico ni si quiera le hablara. Porque cuando todavía tenía la broca a medio a abrir él se adelantó.

-Que te jodan.

Lo dijo rápido, casi sin mirarle a la cara, sin dejar de caminar, sin darle oportunidad a que interactuaran.

Porque ese era su carácter.

Porque no le gustaba lo que sentía cuando miraba a Ian Gallagher.

Porque tenía miedo de lo que sentía cuando lo hacía...