Aquí les dejo mi nueva adaptación.
¡Espero les guste! :*
****Los personajes no son míos, pertenecen a Stephenie Meyer, al final de la adaptación les digo el nombre del autor***
¡que la disfruten! :)
BELLA.
—Eso fue divertido —dijo Alice cuando estábamos sentadas en O'Malley's veinte minutos más tarde. Ella estaba en frente de Rosalie y de mí, sentada con las piernas cruzadas en el taburete.
—Eso fue absurdo. —Levanté mi agua y bebí, a pesar que estaba algo tentada a pedir otro trago—. Ella realmente no sabe qué va a pasar con cualquiera de nosotras.
—¡Ella podría! —discutió Rosalie—. Parece como que adivinó todas las cosas sobre nosotros.
Me giré hacia ella.
—Vamos, eres doctora. Tú crees en la ciencia, no en la magia.
—¿No puedo también creer en la magia? —preguntó con nostalgia—. También me gusta. Ella realmente le dio en el blanco con todas nuestras personalidades.
—Tal vez —concedí—, pero sabía que tú eras la mayor, así pudo haber solo arrojado mucho del hijo mayor en ti. Y ¿qué tan difícil es decir de esta Brillante SwanDestellante que ella es hermosa y feliz?
Brillante SwanDestellante arrugó una servilleta y me la lanzó.
—Agua fiestas. Vamos, se supone que estamos celebrando esta noche.
Suspiré.
—Lo siento, lo siento. Tienes razón.
La camarera llegó y colocó tres platos llenos con tres gordas y jugosas hamburguesas con queso y gruesas papas fritas cortadas a mano. Mi boca se hizo agua.
—Estoy pensando en intentar hacer la dieta paleo este verano para perder algo de peso para la boda —anunció Alice esto justo antes de enterrarle el diente al blanco pan de su hamburguesa.
—¡Ja! La seguirás menos de un día. —Rosalie sirvió cátsup en su plato—. Créeme. La intenté la semana pasada. No duré ni la mañana.
—¿Por qué necesitarías intentarla? —La miré con incredulidad—. No tienes ni un gramo extra en ti.
Alice y yo siempre estuvimos celosas del cuerpo delgado natural de Rosalie. Nadaba incontables kilómetros cada semana para mantener fuera los kilos extras de mi pequeño y curvilíneo cuerpo.
—Para sentirme mejor. —Se encogió de hombros—. He escuchado a las personas decir que se sienten increíbles en la dieta paleo, pero no es realista para mí. Me gusta mucho el pan. Y la pasta. Y el vino.
—Sí, el vino podría ser un asunto para mí, trabajando para un viñedo y todo eso. —Alice bajó su hamburguesa y sumergió una papa frita en el charco de cátsup de Rosalie—. Tal vez lo repensaré. Entonces vamos a hablar sobre el guapo extraño de Bella. —Sus ojos se abrieron más con deleite—. ¿Quién podría ser?
—Ella no dijo que fuera un guapo extraño, solamente dijo que era un extraño. —Me estiré para alcanzar la mostaza y serví un poco encima del pan superior—. Y eso fue un cargamento de pura mierda.
—Tú no sabes eso. ¿Qué si no lo es? —Alice agitó una papa hacia mí, una gota de cátsup cayendo sobre la mesa—. Todo lo demás que dijo sobre ti dio en el clavo.
Recoloqué el pan y le di una gran mordida, masticando lentamente mientras reflexionaba sobre eso. ¿Fue cierto lo que dijo sobre mí? ¿Que una vez que tomo una decisión la sigo hasta el final, ya sea esté bien o no? Y de todas formas, ¿no era eso admirable? ¿Por qué era tan molesto ver más allá de tus metas? Estaba donde me encontraba en la vida por determinación y trabajo duro. A los veintiséis años, era una empresaria exitosa quien comenzó su propio pequeño negocio y lo manejaba diariamente; una leal novia para mi primer amor; y una dueña de un hogar gracias a las sabias inversiones y frugal vida.
Entonces ¿por qué eran tan inquietantes las palabras de Madam Psuka?
—Tal vez 'al revés' no sea algo malo —dije esperanzadoramente—. Tal vez solo estén viniendo grandes cambios.
—Eso es verdad. —Asintió entusiastamente Rosalie—. Ella no dijo que el caos fuera malo o algo así. Y nadie puede sortear el caos como tú, Bells.
—Gracias.
Le di una sonrisa agradecida.
—Un buen caos puede inclusive ser divertido —intervino Alice—. Como comprometerte y planear una boda. O renovar tu nueva casa, eso va a ser un proyecto enorme.
Fruncí el ceño hacia ella.
—No necesita tanta renovación, no realmente.
Los ojos de Alice se entrecerraron.
—Bella. Tienes un comedor pintado con esponja. No.
—Y el papel tapiz en la habitación de invitados es horrible —agregó Rosalie—. Perdona si soy entrometida.
—Y ese esténcil de hiedra en la cocina. —Alice se estremeció.
—Eso no me molesta mucho. La habitación principal y el baño son perfectos. Y no tengo dinero para rehacer todo de una sola vez, de todas formas.
—¿Qué sobre Jacob? ¿No podría estar ayudando con esos gastos? Asumiendo que se está mudando ahí —murmuró ella en voz baja.
—Él se mudará allí eventualmente. —Me encogí de hombros—. Pero primero tiene que vender su condominio, y lo ha vuelto hipotecar para invertir en el puerto deportivo. El dinero es escaso para él ahora mismo. Además, me gusta tener el lugar para mí sola por un tiempo. Y me lo puedo permitir. Me siento bien por eso.
Alice extendió su mano sobre su pecho.
—Está bien, pero por favor déjame ayudarte en esa cocina. Tiraremos ese papel y lo pintaremos. No puedo manejar la hiedra.
Rosalie se rio.
—También ayudaré, cuando pueda. Mis horas serán mucho mejores que antes. Casi humano, creo.
—Bueno. Entonces puedes registrarte para ese lugar de citas en línea del que te hablé.
Alice le dirigió a Rosalie una mirada de suficiencia antes de terminar su hamburguesa.
Rosalie suspiró, tomó su vaso de agua y volvió a dejarlo.
—¿Alguien lista para otra bebida?
—Sí —dijimos Alice y yo al unísono. Pedimos copas de vino de Abelard Vineyards, donde Alice trabajaba y planeaba casarse, y brindamos por nuestros éxitos una vez más.
—Por Alice, que tu boda sea el evento más hermoso que haya visto esta ciudad —dijo Rosalie con la copa de cristal levantada.
—Por Rosie Bonita, que tus futuros pacientes aprecien la suerte que tienen de tener el mejor médico del mundo —dije, chocando mi copa contra la de ella.
—Por Bella, que siempre abra la puerta de su nueva casa a guapos extraños. —Los ojos de Alice brillaron maliciosamente mientras tocaba su copa con las nuestras—. A veces un poco de caos es algo bueno.
Unos días después, me estaba alistando para el trabajo cuando mi teléfono vibró en el tocador del baño. Sorprendida, bajé la mirada mientras terminaba de colocar la liga en mi coleta. Eran las cuatro de la mañana. ¿A quién conocía que incluso estuviera levantado a esta hora?
Masen Cullen llamando, se leía en la pantalla.
Parpadeé.
¿Masen Cullen ya estaba levantado? Probablemente está de camino a su casa de un bar o una fiesta o de la habitación de alguna chica quien piensa que él la llamará mañana. Apuesto que me marcó borracho por error. Hizo eso la última vez que hablamos, hace cerca de un año antes, pero no lo admitió hasta después de que pasamos cerca de una hora al teléfono. Además ya iba tarde, estaba corta de personal hoy, y no hice los muffins para la multitud de la cafetería y conseguir avanzar las ensaladas para el almuerzo. La temporada de turistas estaba en pleno apogeo, y los comensales ayer me desplumaron. No tenía tiempo para una charla matutina con Masen Cullen.
Aun así, tomé su llamada. Siempre lo hice.
—¿Hola?
—¿Ya te casaste?
El descarado pero juguetón tono de su voz desbloqueo los veinte años de valiosos recuerdos. La casa en el árbol, el charco de lodo, el algodón pegajoso, recuerdos de veranos que pasé en la casa de verano de su familia en la península de Old Mission, donde crecí.
Sonreí.
—No.
—Bueno. Ese tipo era un tonto. Él no te merecía.
—Todavía estamos juntos, Masen.
—¿Todavía? Jesús. Eso es aún peor.
Masen y Jacob compartían una intensa aversión mutua, lo que nunca entendí, ya que nunca hubo nada romántico entre Masen y yo.
Bueno, excepto por esa noche.
La casi noche.
—¿Entonces qué hay de nuevo? ¿Te has vuelto a emborrachar?
En el espejo, noté que mis mejillas se habían vuelto rosadas.
—Estoy perfectamente sobrio, gracias.
—¿Entonces por qué me llamas a las cuatro de la mañana?
—Estoy aburrido de la chica que me está haciendo sexo oral.
—Oh, Dios mío. —Cerré los ojos con fuerza—. Por favor, dime que en realidad no hay una chica que te está haciendo sexo oral.
Eso no estaba totalmente fuera de discusión: Masen escribía en un blog increíblemente popular llamado 'Sexo y el Tipo Soltero', así como artículos para revistas para hombres, artículos con títulos como "¿Deberías follar a la hija del jefe? Con diagrama de flujo" y "Sexo anal para principiantes: Guía de campo". Ocasionalmente escribía sobre temas distintos del sexo, pero su marca se basaba en su despreocupada, inconformista vida de mujeriego. Y ese enfoque incluía muchos acostones, sexo anal y mamadas.
—No, solamente te estoy molestando.
—Bien.
—Ella está atada en el sótano ahora.
—Oh Jesús.
—¿Vas a trabajar?
Suspiré.
—Sí. Ya debería estar allí.
—Estoy en el pueblo.
—¿Lo estás? —Me giré y me incliné sobre el tocador. No podía recordar la última vez que había visto a Masen en persona, tal vez ¿dos años? Él se fue a la universidad y escuela de graduados en algún lugar del este y luego se mudó con mucha frecuencia, pero no había regresado aquí muy a menudo. La última vez que hablamos, estaba viviendo en Detroit—. ¿En casa de tu familia?
—Sí. ¿Estás ocupada más tarde?
No lo había pensado por un segundo, hoy era jueves, lo que quería decir que Jacob tenía su liga de tenis después del trabajo y yo natación en el gimnasio, pero después siempre nos encontrábamos para cenar. No nos habíamos visto realmente mucho esta semana. ¿Podía cancelar una cita pre pactada, por Masen, sin causar tensión?
—No estoy segura —contesté con evasivas—. ¿A qué hora?
—A la hora que sea.
—Déjame revisar algo. Te mandaré un mensaje de texto esta tarde.
—Bien. Tendré otra ronda aquí con Svetlana, y te veré en unas horas.
—¿Svetlana?
—Sí, ella es ucraniana, algún tipo de acróbata. No sé qué mierda está diciendo la mitad del tiempo, pero maldición, ella es flexible. Tal vez te enviaré una foto.
—NO. —Lo ha hecho antes, y tuve que eliminar la foto rápidamente antes de que Jacob la descubriera—. No te atrevas. Estoy colgando.
Acabé la llamada y rápidamente terminé de arreglarme para el trabajo. En los diez minutos hacia Coffee Darling, la pequeña cafetería que abrí hace tres años en el centro, los recuerdos sobre esos veranos de "nosotros-contra-el-mundo" cuando Masen y yo éramos cercanos. La propiedad de su familia bordeaba la granja de cerezas de mi familia, y por tanto tiempo como puedo recordar esperaba con ansias esas ocho semanas que pasábamos juntos mientras su familia estaba de visita desde su hogar en las afueras de Chicago. Un hijo único, un año mayor que yo, pero como cinco años menos maduro, y creciendo en una casa con solo hermanas, me gustaba la idea de pasar el rato con un niño.
Y a diferencia de mi hermana Rosalie que parecía gusano de biblioteca o de la reina del desfile Alice, no me gustaba nada más cuando era niña que correr afuera y ensuciarme, trepar a los árboles, nadar en la piscina de su familia o en la bahía. Como estudiantes de primaria, jugamos a piratas, espías o zombis. Como preadolescentes, tuvimos carreras de natación y concursos de pesca y fuimos juntos a la feria del condado, comiendo comida de carnaval pegajosa y montando Zipper o Round Up hasta que estuviéramos enfermos y mareados. Y lo extraño fue que, tan cercanos como éramos todos esos veranos, nunca hablamos durante el año escolar. Pero cuando él llegaba a fines de junio para las vacaciones, era como si nunca hubiéramos estado separados.
Las cosas cambiaron un poco el verano después de cumplir los dieciséis años, cuando repentinamente era alto y de voz profunda, y su cuerpo adquirió las curvas musculares y las líneas de un hombre adulto. Su rostro también cambió: era más anguloso, más fuerte en la mandíbula y pómulos, y con boca más llena. "Masen es tan guapo, ¿verdad?" comentaría mi madre. Yo pondría los ojos en blanco, porque ella no era la única mujer que se había dado cuenta. De repente, Masen era el amor platónico de todas las chicas, un papel que disfrutaba, enrollándose con cada chica guapa con pulso, incluido un puñado de mis amigas.
Secretamente, estaba de acuerdo con mi madre: Masen era guapo, pero su ego no necesitaba ningún impulso de mi parte. Cuando pasábamos el rato como adolescentes, soporté su juvenil y sucio sentido del humor, y levanté la nariz ante su coqueteo, haciéndole saber que no estaba impresionada. Luego me enamoré de Jacob, lo que Masen no entendía en absoluto; no solo pensaba que Jacob era un imbécil, sino que pensaba que las relaciones en general eran estúpidas y me decía repetidamente que me estaba perdiendo toda la diversión.
Cuando me detuve detrás de la tienda y estacioné mi auto, recordé su último verano aquí, después de graduarse de la preparatoria. Había estado de mal humor y distante hacia el final, no como él mismo en absoluto. Cuando le pregunté, solo dijo que tenía muchas cosas en la cabeza, con irse a la universidad en unas pocas semanas.
Su última noche en el pueblo, vino a despedirse, y el recuerdo de esa caliente noche húmeda regresó a mí con sorprendente claridad. Por varios segundos, contuve mi aliento, recordando cómo vino a mi ventana en medio de la noche, cómo el calor húmedo cubrió mi piel cuando salí a hablar con él, cómo el aire crepitaba con la electricidad de una tormenta de verano que se acercaba. Habían pasado nueve años, pero recordaba cada palabra que pronunció allí en la oscuridad, aún podía escuchar el sonido grave y crudo de su voz, el trueno rodando suavemente en la distancia. Nunca le dije a nadie sobre esa noche, ni Masen ni yo hablamos de ello otra vez. No es que haya pasado algo…
Pero nosotros casi.
Nosotros casi.
Caminé alrededor de la cuadra hacia el frente de la tienda, y me detuve en seco al ver a alguien apoyado contra la puerta. Mi corazón se aceleró de inmediato por el miedo, la calle aún estaba oscura a estas horas de la mañana, y no estaba acostumbrada a ver a nadie más que a los corredores ocasionales. Este era un hombre con una sudadera con capucha y jeans.
—Ya era hora —dijo.
Yo conocía esa voz.
—¿Masen? ¿Qué diablos? —Mi mano sobre corazón, volví a caminar hacia él—. Me asustaste hasta la muerte. Pensé que me estrangularías o algo así.
Se alejó de la puerta y se mantuvo de pie, con los pies separados, las manos en los bolsillos.
—Oye, estoy dispuesto. Si te gusta ese tipo de cosas.
Rodé los ojos.
—Um, no.
Pero por un loco segundo, lo imaginé con sus manos alrededor del cuello de una chica mientras la follaba. Apuesto a que lo ha hecho. Probablemente esté en esas cosas. No me repugna ni nada, de hecho, de alguna manera me excitaba, pero Jacob y yo éramos bastante vainillas, y eso estaba bien. Él sabía cómo hacerme venir, al menos. Los orgasmos eran orgasmos, ¿verdad?
No es que hubiera tenido uno en un tiempo. Uno que no fue auto inducido, de todos modos.
Deja de pensar en los orgasmos.
Cuando llegué a Masen, me paré frente a él. Era alto y delgado, con el cabello castaño que era corto en la parte posterior y los lados, un poco más largo y desordenado en la parte superior. Aun juvenilmente guapo, llevaba gafas negras con marcos gruesos y una sonrisa satisfecha.
—Llegas tarde.
—Sí, alguien me llamó a las cuatro de la mañana y me mantuvo hablando por teléfono durante diez minutos.
—Qué idiota.
—Totalmente. —Sonreí, alcanzándolo—.Ven aquí, idiota.
Fue solo un abrazo, y significaba uno de esos abrazos de amigos donde solo tus hombros se tocan, pero tan pronto como sus brazos me rodearon, me acercó para que mis senos se presionaran contra su pecho y nuestros torsos se tocaran. Algo revoloteó de nuevo dentro de mí, haciendo sonar una campana de advertencia en mi cabeza.
Retrocede, está oscuro y él es lindo, y si alguien te ve abrazándose aquí de esta manera, la noticia podría circular. Además, se siente un poco bien, y ¿cómo te sentirías al saber que Jacob abraza así a las mujeres y se entusiasma?
Lo solté y di un paso atrás, manoseando mis llaves. Por alguna razón, no pude reconocer la correcta, a pesar de que había abierto esta tienda prácticamente todas las mañanas durante los últimos tres años. Finalmente logré ponerla en mis dedos y abrí la puerta.
—Entra. Prepararé un poco de café.
Después de cerrar la puerta de nuevo detrás de nosotros, encendí todas las luces. Normalmente, no lo hacía hasta que se acercaba la hora de apertura, pero la posibilidad de estar sola con Masen en la oscuridad o incluso en la penumbra me hacía sentir un poco nerviosa. No habíamos estado solos en la oscuridad desde…
¿Qué demonios? Ya basta. Él es tu amigo. Sí, él es un coqueteo, pero coquetea con todo el mundo.
No, ¡él tiene relaciones sexuales con todo el mundo! ¡Y escribe sobre ello!
Correcto. Masen Cullen no era para mí.
Jacob era para mí. El buen viejo y familiar Jacob, el vendedor de botes. Tal vez no era perfecto, pero era mío. Nuestras vidas estaban sincronizadas.
Nuestras metas para el futuro alineadas.
Vaya, eso suena muy poco sexy.
Frunciendo el ceño, pongo el café, precalenté los hornos y comencé a hacer la mezcla para los panecillos de fresa en la cocina mientras Masen vagaba por la cafetería. No era muy grande, podía sentar a ocho en la barra y dieciséis en las pequeñas mesas alienadas en la pared opuesta. Larga y angosta, la cafetería estaba en el lado derecho de una vieja tienda centenaria que fue dividida en dos. Mantuve el viejo piso de madera y el alto techo, y por suerte para mí, el lugar era una cafetería antes de que yo comprara el negocio, remodelado y revitalizado. La carpintería y el revestimiento de madera estaban pintados de un verde grisáceo suave, las paredes de arriba eran de un blanco cremoso, y la encimera, mi gran derroche, era un magnífico mármol con vetas plateadas.
—Felicidades, Bella. —Masen apareció en el arco abierto de la cocina y se apoyó en ella—. Este es un lugar hermoso.
—Gracias. Estoy orgullosa de esto.
Vertí la masa en dos moldes para muffins. Olvidé lo azules que son sus ojos.
—Debes estarlo.
—Se útil y sirve un poco de café para nosotros, ¿eh? Entonces puedes volver a sentarte aquí mientras preparo el menú del almuerzo.
—¿Lo cambias todos los días?
—No todos los días. Esto varía. —Metí la charola de panecillos en un horno y saqué dos bandejas de rollos de canela sin hornear de la nevera. Normalmente tenía un chef de repostería/gerente adjunto por las mañanas, pero él pidió un fin de semana largo y se iba a ir hoy y mañana, así que me quedé ayer hasta tarde para recuperar la masa y preparar los rollos para hornear—. Utilizo muchos productos locales e ingredientes, así que cambio el menú según lo que esté en temporada y disponible. En este momento es temporada de fresas. ¡Y ruibarbo! Estoy haciendo un pastel de ruibarbo más tarde hoy. ¿Te gusta el ruibarbo?
—No lo sé. —Masen colocó una taza de café cerca de mí y se recostó contra el mostrador, levantando los labios hacia la suya—. Pero me encanta comer pastel. ¿Puedo probar el tuyo?
Dejé de desenvolver la lámina de plástico de las bandejas y lo fulminé con la mirada. Sobre el borde de su taza, sus ojos bailaban con alegría.
—Será mejor que estés hablando de ruibarbo o te estoy echando.
—Jesús. Tan sensible. —Tomó un sorbo de nuevo—. Me gustan las fotos en la pared allí. ¿Los que tienen el texto superpuesto? ¿Esa es Alice?
—Sí. Tomé esas.
Se detuvo con su café a medio camino de la boca.
—Cállate la boca. ¿Hiciste eso?
El orgullo me hizo sonreír.
—Sí. Estuve comprando con Alice en este antiguo establo de antigüedades el otoño pasado, y encontré esta vieja revista de mil novecientos treinta y ocho que contenía todos estos consejos de citas para chicas, como 'Por favor, adula a tu cita al hablar sobre sus temas favoritos' o 'Nunca te sientes incómodamente o parezcas aburrida en una cita, incluso si lo es'. Estábamos riendo. —Metí las dos bandejas de rollos en el segundo horno y puse un temporizador—. Siempre me ha gustado tomar fotos, y tuve la idea de que sería divertido crear una serie de fotos modernas con una cita del consejo en la parte superior.
—Eso es correcto. Había olvidado cuanto te gusta tomar fotos. Solías hacernos esas presentaciones de diapositivas. —Tomó otro sorbo de café—. Esas ahí son geniales. ¿Las vendes?
—¿Venderlas? —Hice una mueca—. Nah. Es solo por diversión. Pero encontré otro artículo de mil ochocientos noventa y cuatro con consejos para novias, y quiero hacer otra serie. Es increíble lo que las personas les dijeron a las mujeres, como 'Las esposas inteligentes están en alerta por nuevos y mejores métodos para negarse a sus amorosos esposos'.
Masen soltó una carcajada.
—Amorosos. Grandiosa palabra.
—Desearía tener un esposo para esa serie de fotos pero dudo que pueda hacer que Jasper lo haga.
—¿Quién es Jasper?
—El prometido de Alice. Se casan este otoño.
Él asintió.
—¿Entonces porque no se han amarrado tú y el siempre demasiado amoroso Jacob?
—Jacob no es demasiado amoroso —dije a la defensiva.
Se suponía que fuera un cumplido para Jacob, pero no salió así. Y me recordó de nuevo sobre la ausencia de calor sexual en nuestra relación, de hecho, no hemos tenido relaciones en dos meses. Pero este no era un hecho que quisiera compartir con Masen.
—Ah. El fuego se extinguió, ¿eh?
Asintió conocedoramente y bebió de nuevo.
—No, hay un montón de fuego, no que sea de tu incumbencia. —Mi tono se había vuelto cortante—. Solo quiero decir que las cosas están bien. Cómodas.
—¿Cómodas?
—Sí. Eso es lo que sucede cuando dos personas están comprometidas y juntas por un largo tiempo, lo cual tú no sabrías.
—Llévame ahí —dijo fácilmente.
Pero yo estaba agitada.
—Mira, solo porque tú hagas de tu forma de vida escribir sobre tus locas escapadas sexuales no quiere decir que la vida sexual de todos los demás sea aburrida. —Con movimientos bruscos, comienzo a sacar ingredientes y a hacer la ensalada de pollo al curry, golpeando cosas contra la encimera—. Jacob y yo tenemos un grandioso fuego, si realmente quieres saber.
—Bien.
—Caliente y explosivo fuego.
Dejé caer pesadamente el tazón para hacer la mezcla.
—Brillante.
Me giré hacia él y vi la expresión divertida en su rostro.
—¿Qué es tan gracioso?
—Nada. Estoy feliz por ti y tu fuego.
Colocando una mano en mi cadera, incliné la cabeza.
—¿Viniste aquí a las cinco de la mañana solo para divertirte a mis costillas?
—No. Pero no voy a mentir, es seguro que le agrega un extra.
—De todas formas, ¿qué estás haciendo en el pueblo? —Saqué un cuchillo del bloque y comencé a picar las pechugas de pollo previamente marinadas—. ¿No hay suficientes mujeres para atormentar en el área del metro de Detroit? O tal vez te has cansado de ese suministro y ya estás en otra ciudad.
—Sigo en Detroit. Y no atormento a las mujeres. Las adoro.
—Varias a la vez, apuesto.
Él se encogió de hombros.
—Ocasionalmente. Pero oye, todas saben el trato. Es solo por diversión.
Habiendo estado solamente con Jacob, no podía imaginarme cómo sería tener sexo con personas al azar fuera de una relación, pero la vida sexual de Masen me fascinaba de una manera un tanto aturdida.
—Sí, lo sé. He leído todo sobre esto.
Dejé un puñado de pollo en un tazón grande.
—¿Lees mis cosas?
Sonaba sorprendido.
Mi turno para encogerme de hombros.
—De vez en cuando. Me gustó especialmente el de ir a una mazmorra sexual por tu cumpleaños.
—Ni siquiera tuve relaciones sexuales allí.
—Lo sé, pero tú... hiciste otras cosas. Cosas locas.
Negué con la cabeza mientras recordaba haber leído lo que le pidió a la dominatriz que le hiciera. Me sorprendí mucho cuando leí su relato, y en secreto lo releía una docena de veces. ¿Eso me hacía una pervertida?
—Fue un poco loco. Y un poco doloroso. —Se estremeció y ajustó la entrepierna de sus pantalones—. Nunca ates las pelotas de alguien a un gancho en la pared y luego te arrastres desnuda delante de él.
Resoplé.
—Por favor. Yo no hago esas cosas.
—¿Qué quieres decir con "esas cosas"? ¿Qué hay de malo en jugar un poco?
—Nada, si te gusta ese tipo de cosas.
Traté de sonar despectiva.
—Dios mío. Tan crítica.
—No te estoy juzgando, Masen, solo estoy diciendo que no estoy en las cosas raras de la forma que tú lo estás.
—Apuesto a que te gustaría. Apuesto a que hay una pequeña pervertida en ti que simplemente se muere por salir.
Mi estómago se revolvió.
—¿Qué? No seas ridículo. Soy una persona normal.
—La gente normal puede ser pervertida, Bells. Te lo estoy diciendo. Te lo estás perdiendo. —Su voz se silenció—. Y apuesto a que una parte de ti, en el fondo, tiene curiosidad. —Hizo una pausa, acercándose a mí, con un tono bajo y serio—. Me gustaría llegar a esa parte profunda de ti.
Me quedé quieta, mi piel picaba con calor. ¿Qué demonios estaba pasando aquí?
Se echó a reír.
—Deberías ver tu cara en este momento.
Juntando mis labios, me concentré en cortar pollo nuevamente, pero mi visión se nubló por un momento y casi me rebano un dedo.
—Suficiente. Aún no me has dicho qué estás haciendo aquí.
Para mi alivio, se alejó y se apoyó contra el mostrador de nuevo.
—Estoy trabajando. Estoy escribiendo un artículo sobre el sexo en lugares encantados, y recordé el viejo asilo cerca de aquí. Conduje ayer y me colé allí para tomar algunas fotos anoche. Luego salí un poco para ver si aparecía algún fantasma.
—Buscando un encuentro sexual sobrenatural, ¿eh?
—No necesariamente, pero eso sería genial. Me follaría totalmente a un fantasma si ella fuera caliente.
Negando con la cabeza, saqué de la nevera un frasco de mayonesa casera al curry y lo vertí sobre el pollo.
—Enfermo. Y ridículo.
—¿Qué, no crees en los fantasmas?
—No. Pero tuve una lectura psíquica hace unos días. —Mezclando la mayonesa y el pollo con una cuchara grande de madera, negué con la cabeza al recordar a nuestra 'Noche de Salida de Hermanas' alimentada con vodka—. De Madame Psuka.
—¿Oh, sí? —Masen sonó interesado—. ¿Qué te dijo?
—Un montón de mierda sobre mi vida siendo puesta de cabeza por un extraño. Un hombre.
—Tal vez sea yo.
Masen sonaba feliz sobre ello.
Puse mis ojos en blanco, dándole un codazo así podía alcanzar el dispensar de emplayado del cajón.
—No eres tú. Ella dijo que era un extraño. Dijo que ni siquiera conozco su nombre.
Él hizo una pausa.
—Te apuesto que no sabes mi nombre.
—¿Qué? —Me detuve de lo que estaba haciendo y levanté mi mirada hacia él, perpleja—. Sí, lo sé. Es Masen… —Pero no pude pensar en su segundo nombre. ¿Qué demonios era esto?
Él negó con la cabeza.
—Masen es mi apellido. ¿Sabes cuál es mi primer nombre?
Jadeé.
—Espera. ¿Masen no es tu nombre?
—Nop. Es Edward.
Se veía presumido.
—¿Edward? —repetí, como si fuera el nombre más absurdo del universo—. No te creo.
Bajando la taza de café, sacó su billetera de su bolsillo trasero y sacó su licencia.
—Mira.
Y ahí estaba. Su nombre completo, dirección, y datos vitales justo enseguida de su sonrisa boba. Negué con la cabeza. ¿Quién demonios sonríe en la foto de su licencia de conducir?
Edward Masen Cullen.
Ese es quien.
