Palabra: conjuro.
Las mismas estrellas
Well, maybe there's a God above
But all I've ever learned from love
Was how to shoot somebody who outdrew ya
And it's not a cry that you hear at night
It's not somebody who's seen the light
It's a cold and it's a broken Hallelujah
Hallelujah, Leornard Cohen
«¿Estará viendo el mismo cielo que yo?»
Es una pregunta estúpida, pero se la hace a menudo.
Se acomoda en la orilla, entre las rocas. Las olas todavía chocan contra sus aletas. Sacude la cabeza para quitarse el cabello mojado de la cara y luego se queda mirando las estrellas.
Es en noches como esa que recuerda la voz de Kacchan señalándoselas todas. Le decía los nombres de todos esos puntos brillantes que los miraban desde el cielo en la oreja, haciéndole cosquillas con los labios al tocar su piel. Lo dejaba recargarse contra él, recostar su cabeza en su pecho.
Era durante esas noches que Kacchan era mucho más dulce que de costumbre.
«¿Estará viendo las mismas estrellas que yo?»
Es una pregunta estúpida.
Vuelve a sacudir la cabeza, esta vez no para quitarse mechones de cabello de la frente, sino para sacarse a Kacchan de la cabeza. Siempre es infructuoso.
Así que Izuku suspira. No aparta la vista de las estrellas y empieza a cantar.
Kacchan decía que tenía una voz hermosa. No lo decía con esas palabras. Jamás. Los antiguos no lo quisieran. Pero le decía que podría escucharlo cada mañana y cada tarde y cada noche porque su voz nunca le resultaría irritante. Kacchan tenía diferentes maneras de decir las cosas.
En la voz de la gente del mar está su magia.
Izuku canta. Pide por la protección de su gente. Pide que todos los sacrificios que ha hecho valgan la pena.
Ya no quiere que los cacen los humanos. Desea que los pocos arcaicos que quedan en los trece reinos dejen de perseguirlos. La guerra que mantienen desde hace siglos no tiene ya sentido.
Cuando la canción acaba, se da cuenta de que está llorando.
Siempre llora en tierra firme.
Las piedras donde las olas se estrellan le recuerdan a Kacchan, igual que la arena del mar y la marea que sube.
Una voz dulce lo interrumpe.
—Creí que estarías aquí.
Tsuyy lo mira desde el agua. Se apara en cabello verde de la cara.
—¿Me seguiste? —pregunta Izuku.
—Siempre vienes aquí cuando estás triste.
No menciona a Kacchan, pero ambos saben que ese «estás triste» es una clave para decir «estás pensando en él». Izuku nunca se molesta en decirle que no hay momento en el que Kacchan no esté en su cabeza.
—Me apetecía poner la cabeza en blanco —le dice, en cambio.
—Te oí cantar.
Izuku sonríe.
Hace muchos años, muchos antes de Kacchan, Tsuyu solía recostarse a su lado en la playa para oír su voz. Se quedaba dormida con los conjuros de Izuku. Siempre decía que le daban paz.
Hace años que no lo hacen, aunque a veces Izuku todavía es consciente de que ella lo sigue para oírlo cantar.
—¿Qué tal? —pregunta.
—Como siempre —le dice Tsuyu.
—Gracias.
Se hace una pausa. Tsuyu sale del agua y se sienta al lado de él. Extiende la cola, de un verde más oscuro que la suya.
—Entonces, ¿estabas pensando en él?
Izuku sabe que no va a salvarse del interrogatorio.
—Tsuyu…
—Cada vez vienes más seguido. Te he visto. Las ves por horas.
—Lo sé. —Izuku retrae un poco la cola. Apoya las aletas en la orilla de las rocas—. A veces me gustaría no pensar en él.
—Izuku… no digas eso…
—Sería más fácil.
No le quita los ojos de encima a las estrellas. Están todas allí. Y él recuerda los nombres de todas. Recuerda el tono de Kacchan al pronunciarlos, las inflexiones de su voz, sus manos señalándolas.
—Lo sé —le dice Tsuyu.
Usualmente habla más, sonríe más. Pero nunca cuando hablan de Kacchan. Entonces no sabe qué decirle e Izuku la entiende. No fue más que una espectadora de los seis meses que pasó en el paraíso.
El paraíso era los brazos de Kacchan.
—No me malinterpretes —empieza Izuku—, sé que tenía que hacerlo. Sé que no podía quedarse aquí por siempre. Pero de todas maneras fue la decisión más difícil que tuve que tomar.
Tsuyu apoya una mano en su espalda.
—Lo sé.
—Vine aquí porque tuve un presentimiento —empieza Izuku—. Malo. Lo siento aquí. —Se lleva las manos al estómago—. No me deja dormir. Siento que está a punto de pasar algo malo y… Me ayuda venir aquí.
Recordar a Kacchan siempre es agridulce.
Recuerda su sonrisa, tan rara y extraña; las chispas de sus ojos rojos como el sol al atardecer.
—¿Y?
Izuku se encoge de hombros.
—Me pregunto si ve las mismas estrellas que yo —confiesa—, si está bien. Ojalá esté bien.
No había cantado su conjuro de protección sólo para la gente del mar.
—Oh, Izuku…
La mano de Tsuyu en su espalda intenta animarlo, pero Izuku está en otro lado. La mitad de su vida está en el pasado.
Su vida dio un vuelco el día que vio el barco desde lejos. En ese entonces no sabía su nombre, ni quien era el capitán que lo tripulaba. Lo encontró días más tarde, tirado en la playa, después de una tormenta.
Se acercó.
Eso fue antes de que Kacchan fuera Kacchan.
—Lo sé. No importa. Todo estará bien —asegura Izuku—. Los antiguos nos protegen.
Ve las estrellas una vez más. Apenas es consciente de una lágrima rebelde que todavía se le escapa y baja por su mejilla.
«¿Estará viendo las mismas estrellas?»
—Vamos —le dice a Tsuyu.
No es bueno permanecer mucho tiempo en la orilla.
Así que, sin mirar atrás, se lanza al agua.
Sigue teniendo su presentimiento de que algo malo está por llegar a las costas del archipiélago. No puede quitárselo de encima, lo tiene pegado a la piel.
Ruega porque su voz haya sido suficiente.
Ya volverá después.
Los antiguos siempre escuchan, se dice. Tienen que escucharlo. Sacrificó casi toda su felicidad para proteger a su gente. «Por favor», les ruega. «Prótejanos».
Palabras: 979.
1) Buena, esta escena era más que nada para presentar la situación presente de Izuku (igual que el pasado era para presentar a Bakugo). Sus caminos van que corren a entrelazarse, pero pues van a pasar cosas.
2) He visto muchos merman Deku en el fandom, pero cuando vi el arte de tangmo (de la ilustración que usé de portada) quedé encantada. En serio. Además, con toda la mitología de las sirenas, rescaté que tienen unas voces preciosas y que de ahí proviene su magia. Sobre más mitología de mi worldbuilding improvisado… en los siguientes capítulos. Tengo unas cosas que todavía estoy decidiendo y otras que definitivamente quiero incluir. Sólo advierto que me voy a tomar todas las licencias que quiero que para algo este es un mundo fantástico y no algo historically accurate.
3) El soundtrack de este fic (aka las epígrafes a las que nadie hace caso más que yo) está diferente al resto de los últimos fics que he escrito. A ver qué tal me va quedando conforme vayan pasando los días.
Andrea Poulain
