II.
El timbre de la casa sonó y a Yona le pareció escuchar el son de unas campanas. Se levantó rápidamente del sofá en el que estaba sentada pasando el rato con Tae-Yeon y corrió hacia la puerta principal.
Sentía el corazón bombear a toda velocidad en su pecho y el inconfundible cosquilleo en su estómago. Derrapó un poco cuando se detuvo frente a la puerta principal y no pudo evitar echarse un vistazo en el espejo de la entrada para ver que todo estaba bien y en su sitio.
Sonrió al espejo -su cabello decentemente peinado, sus mejillas ruborizadas, el brillo en su mirada- y con esa misma expresión abrió la puerta.
Lo primero en lo que se fijó fue en la sonrisa deslumbrante del chico rubio y alto que aguardaba en la puerta. Después, admiró lo bien que le quedaba esa camiseta celeste y los vaqueros ceñidos; y tuvo que luchar por no ponerse a babear, no quería que se diera cuenta de lo tonta que se ponía cuando estaba a su lado.
—Hola, Yona, ¿cuánto tiempo? — le saludó cariñosamente, echándole, a su vez, un vistazo de arriba abajo— Vaya, estás muy guapa y muy alta.
—Hola y gr-gracias— el color viajó a sus mejillas y cambió el peso de su cuerpo al otro pie— Tú también estás muy g-gu-alto.
La sonrisa de él se hizo más amplia, más cálidas, y la atención de Yona se centró, inevitablemente, en las arrugitas que se le formaban en las esquinas de sus ojos y que suavizaban aún más su expresión.
—Ah— exclamó cuando se dio cuenta que se encontraban parados en la entrada como tontos—, ¡qué cabeza! Ven, pasa, pasa— abrió más la puerta y se hizo a un lado para dejarle hueco. Aprovechó que él se había girado un segundo para inspirar con fuerzas e intentar calmar a su loco corazón, pues este no se lo estaba poniendo nada fácil.
—Hum, sí, claro, pero…— el ceño de Soo Won se frunció ligeramente mientras parecía estar buscando algo— Oye, cariño, ¿lo has encontrado? — preguntó alzando la voz.
"¿Eh? ¿Cariño?", se extrañó Yona, creyendo sentir un nudo empezar a formarse en su estómago. No, no podía ser lo que estaba pensando…
Su respuesta vino de la mano de una tercera persona desconocida, quién abrió la puerta del copiloto de un coche que había aparcado en la puerta, y tomó la forma de una bonita chica. Yona sintió como el suelo se abría a sus pies y amenazaba con succionarla mientras cientos de pensamientos se amontonaban en su cabeza.
—¡Sí, lo encontré! — sonrió ampliamente, cerrando la puerta y acercándose a la casa mientras parecía estar poniéndose un pendiente— El muy… se había escondido debajo del asiento.
Yona, notando el corazón en la boca, observó como las facciones de su amado Soo Won se dulcificaban y una cariñosa sonrisa aparecía en sus labios mientras observaba a la chica de pelo largo y negro y ojos profundos y oscuros que caminaba hacia ellos. Se agarró a la puerta con fuerzas para no caerse, pues sentía como las piernas le empezaban a temblar incontrolablemente.
"No, él no podía… no…"
La chica llegó a la altura de Soo Won y este le pasó una mano por la cintura, acercándola a él. Entonces, ambos la miraron.
—Lili, te presento a Yona; es mi prima, pero la quiero como si fuera mi hermanita— sus palabras eran como puñales que se le clavaba una y otra vez en el corazón sin compasión; sin embargo, sus ojos marrones destilaban la más pura emoción y sinceridad, estaba realmente ilusionado porque ellas se conocieran — Yona, ella es Lili, mi novia. Perdón por no haberte avisado antes, en un principio no iba a venir, pero hubo un cambio de última hora. ¿Es alguna molestia?
"¿Qué si molestaba? Acabas de traer la única arma que podía destruirme con la apariencia de una bonita chica y una amable sonrisa, ¿por qué iba a molestarme?"
—¡Encantada, Yona! — exclamó la chica, tirándose a ella para darle un abrazo— Soo Won me ha hablado mucho de ti; cosas buenas, te lo prometo. ¡Espero que nos hagamos amigas!
Yona no supo cómo no se puso a gritar.
·
«— No me gustan las tormentas.
Hak levantó la mirada de los deberes que estaba haciendo -lo que pasaba cuando los dejaba para última hora - y se encontró a Yona sentada en su cama jugando a su consola, aunque ahora la había dejado de lado y se dedicaba a observar el cielo que se veía a través de la ventana. Su ceño estaba poblado de arrugas y se movía inquieta.
—¿Te dan miedo? — preguntó con algo de mofa.
Con su burla, se ganó que le fulminara con la mirada y sacudiera la cabeza enérgicamente.
—¿Qué? ¡No! — se cruzó de brazos— Solo no me gustan.
Pero Hak la conocía y podía notar como había intentado esconder el temblor de sus manos. Quiso ahondar más en el tema, pero, en ese momento, escucharon la voz de Mundok llamándolos desde la planta de abajo, diciéndoles que la cena ya estaba hecha, y Yona lo aprovechó para huir de allí.
Hak rio por lo bajo y, cerrando el libro de historia, fue detrás de ella a la cocina, donde ya le esperaban Mundok sentado en la cabecera de la mesa, Ai -la mujer que tenía contratada el abuelo para ayudarle con las cosas del hogar- terminando de preparar los últimos detalles de la comida y Yona jugueteando con un pequeño Tae-Yeon, que estaba sentado en su silla especial.
Al igual que con Hak, su abuelo había decidido adoptar a Tae-Yeon que tenía tan solo dos añitos, y el hogar que Hak siempre había conocido se había convertido en algo completamente diferente, pues, ahora eran tres niños -u dos niños y un hombrecito- los que vivían bajo el mismo techo.
Habían pasado tres meses de la muerte de Il y después de mucho papeleo y cuestiones legales que el joven no entendía, Mundok se había convertido en el tutor legal de la pequeña Yona, quién había pasado a formar parte de su familia, aunque ya lo hubiera sido desde mucho antes. Hak aún no se creía ese hecho, le costaba asimilarlo, porque había pasado de verla los fines de semanas y en algunas comidas a hacerlo todos los días, a verla cada mañana en el desayuno, a que hicieran los deberes juntos o que se sentaran ambos en el sofá ver la televisión un ratito después de cenar; no lo asimilaba, sí, pero eso no quería decir que no le gustase.
La chica había cambiado a raíz de la muerte de su padre: ya no sonreía tanto como antes, no le gustaba estar delante de desconocidos y solía encerrarse en su habitación sin querer ver a nadie. Y a Hak le había costado, pero, poco a poco, había ido colándose en esa coraza que había creado la niña a su alrededor; igual que ella había arrollado su corazón hacía ya un par de años, la primera vez que se vieron, y se había asentado para no marcharse jamás. Una vez recordaba haberle prometido a Il que protegería a su hija, a ella misma le había jurado que siempre estarían juntos, y sabía que, costara lo que costase, sería fiel a sus palabras.
—¡Ambe! ¡Ambe! — rio Tae-Yeon, dando golpes con la cuchara en la mesa. Hak, quién se encontraba pasando por su lado para dirigirse a su sitio, se la quitó.
—No des golpes, campeón— le riñó suavemente.
—¡Ah! ¡Mía! ¡Mía! — frunció el ceño Tae-Yeon, estirando la mano en su dirección— ¡Dame!
—Hak, no lo molestes— le dijo Yona e intentó arrebatárselo pues en cualquier momento el niño podría ponerse a llorar.
—Lo mimas demasiado, princesa, ¿no te parece?— puso los ojos en blanco y una sonrisa maliciosa se extendió en sus labios cuando veía que sus intentos no servían para nada— ¿Qué, no puedes cogerlo?
—¡Cállate! — las mejillas de ella se ruborizaron por la rabia e indignación y lo fulminó con la mirada— Dame la cuchara, Hak.
—¡Ada! ¡Ada! — coreaba Tae-Yeon de fondo, aunque tampoco es que pareciera muy preocupado, más bien estaba entretenido con la discusión de los otros dos.
—Hak, no hagas que me levante— refunfuñó Mundok sin alzar la mirada de unos papeles—, dale la cuchara y no te comportes como un idiota.
—Eso, Hak, no seas un idiota— se mofó Yona, sacándole la lengua.
De pronto, un trueno retumbó en el ambiente y Hak advirtió el momento exacto en el que el semblante divertido de la chica se transformaba en una mueca de horror. Nunca había estado con ella en los días de tormenta así que el pavor que parecía tenerle a estas le cogió con la guardia baja -recordó lo que le dijo en su habitación y pensó había mucho más que puro disgusto. Yona se recluyó, encogiéndose aún más en la silla, y bajó lo máximo posible la cabeza mientras Tae-Yeon abría los ojos sorprendido y Mundok y Ai se miraban entre ellos; Hak, en cambio, no apartó la mirada de la chica.
—Voy a ir a asegurarme de que estén todas las ventanas cerradas— comentó Mundok antes de levantarse.
—¿Buum? — preguntó el niño, todavía con los ojos como plato.
—Es una tormenta, cariño, un trueno— contestó Ai acercándose con su sopa.
—Bum… Eta, gusta— abrió la boca y tarareó satisfecho cuando Ai le llevó la cuchara -una nueva- a la boca.
Yona no habló en toda la cena, y Hak tampoco lo hizo.»
·
Toda la grada oeste se puso en pie cuando Los Dragones de Kouka -específicamente, la mortífera y certera pierna de Jae-Ha- marcaron el último gol segundos antes de que el árbitro pitara el final del partido, dándole así la victoria a Los Dragones.
En menos de un parpadeo, Jae-Ha se vio rodeados de sus compañeros, que riendo y celebrando, fueron a él a abrazarlo. Shin-Ah, incluso, se coló entre la masa de chicos, lo cogió en sus hombros y lo paseó por todo el campo. Jae-Ha con la mayor sonrisa que pudo poner recibió las felicitaciones y el cariño de los que lo apoyaban coreando el nombre del equipo, el cual fue rápidamente seguido y en menos de un segundo, el nombre de Dragones de Kouka retumbó por el lugar.
A Hak le hubiera gustado unirse a la celebración. Estar junto a sus compañeros y gritar que eran los campeones, que nadie podían con ellos. Sentirse los reyes del mundo por un rato. Quería, de verdad que sí, pero había algo que se lo impedía.
Y ese algo tenía una cabellera pelirroja y unos ojos oscuros que parecían estar llamándole desde el otro lado del campo.
Apretó los dientes y apartó la mirada de sus amigos -de ella, allí, sentada junto a Soo Won- y, a pesar de eso, siguió notando sus pupilas clavadas en él, un fuego candente clavada en su nuca. En ese momento, apareció Jae-Ha ya sobre sus piernas y le pasó un brazo por los hombros.
—¡Arriba esos ánimos, que parece que estás en un funeral! ¡Venga hombre, tenemos que celebrarlo!
Para ser honestos, Hak no tenía nada de ánimos de festejar.
—Voy a ducharme, nos vemos ahora— se desprendió del abrazo y sin darle una segunda mirada se marchó del campo, dejando a su espalda el ambiente de celebración.
Fue hacia los vestuarios, aliviado de que estaría desierto -pues estaba seguro de que todos se quedarían un rato más en el campo- y dejó que todos los malos sentimientos que inundaban su cuerpo se fueran por el desagüe mientras el agua le caía por encima. Fue en vano, porque la imagen de Soo Won sonriendo y hablando con esa chica extraña mientras Yona permanecía a su lado erguida y seria, ligeramente inclinada hacia Yoon como si no pudiera aguantarlo, no se le iba de la cabeza.
Porque no necesitaba que ella le explicara nada para saber lo que estaba ocurriendo.
"Si es que soy gilipollas…"
Expulsó todo el aire de sus pulmones por la nariz, y se puso el recambio de ropa que siempre tenía por allí. De su mochila sacó el móvil y al encenderlo descubrió que le habían mandado un mensaje.
Y no cualquier persona.
Sintió su corazón golpear con su caja torácica antes de bombear a mayor velocidad.
¿Dnd estás?
¿Qué dónde estaba? Pues…
Respondió con un escueto mensaje -en los vestuarios-, y no pasó ni un minuto que se conectó y lo leyó. Tampoco tardó en responder.
¿Podemos vernos en el gimnasio?
·
«Yona no era más que un bulto arrebujado en las mantas a su lado del sofá mientras veían la tele, o hacían el intento. Hak quería centrarse en la película que estaban echando -Capitán América era su favorito de la saga Marvel-, pero sus ojos no dejaban de escaparse hacia la chica y la forma en la que este se estremecía cada vez que un trueno retumbaba en el cielo.
No había abierto la boca en toda la noche y mientras se dirigían al salón a hacer tiempo para la hora de dormir, la había visto caminar más rápido de lo normal, coger una manta -no sabía si por equivocación o no, pero era la de él- y tirarse en su parte de sofá -más cerca a la de Hak de lo normal, como si el espacio que pudiera haber entre ellos fuera algo insalvable.
El chico no le había comentado nada tampoco -aunque se le habían ocurrido varias cosas que decir que seguro la harían enfadar y mirarle con su adorable ceño fruncido- y permaneció a su lado con los brazos cruzados firmemente con las ganas de abrazarla y decirle que todo estaría bien amenazando con tomar el control de su cuerpo.
—Chicos— dijo en algún momento Mundok, asomando la cabeza por la puerta— A dormir ya, que mañana tenéis clase.
—Ya vamos— respondió Hak cuando vio que la chica no iba a hablar.
Mundok se marchó y Hak volvió a observar a la chica, quién había empalidecido aún más si era posible, y no apartaba sus ojos de la pantalla de televisión, aunque se notaba que no le estaba prestando nada de atención.
—¿Vamos? — inquirió en un tono suave, al igual que con el que se le hablaría a un animalillo que pudiera asustarse con el más mínimo ruido.
Yona parpadeó, como si hubiera emergido de una parte profunda de su mente, y sus ojos violáceos -ligeramente acuosos- se conectaron con los suyos. De nuevo, no dijo nada, sino que asintió con la cabeza y empezó a moverse como si cada movimiento le supusiera un esfuerzo casi titánico. Hak se encargó de apagar la tele, la luz de la sala y la siguió escaleras arriba. Su habitación estaba antes de la de ella, así que mientras ella se acercaba a su puerta, observó su andar tembloroso, su mirada inquieta en cada rincón de la casa.
Sintió como algo dentro de él se resquebrajaba y, por una vez, no quiso callar a la voz que le gritaba en su cabeza.
—¿Quieres leer un poco?
Yona se sobresaltó, no habiéndose esperado sus palabras, y se giró a mirarlo confundida, aunque había un matiz de alivio que se atisbaba en el fondo de su mirada.
—¿Qué? — habló por primera vez en lo que pareció una eternidad.
Hak apartó la mirada, repentinamente nervioso y sonrojado, y abrió su puerta. Entonces, la invitó a pasar con un movimiento de cabeza.
—Ven, entra.
Aún seguía un poco perdida por la propuesta, pero la pequeña no dudó ni se negó. Es más, la sonrisa que le dedicó yendo a dónde estaba él consiguió que la sangre viajara a sus mejillas con mayor fuerza y un extraño tirón se adueñara de su pecho.
—¿Vamos a leer? ¿Ahora? — preguntó ella, adentrándose en la habitación sin vacilar.
—Pero no puedes decirle nada al abuelo— cerró la puerta y la observó sentarse en su cama con el rostro más animado— Cómo se entere, nos la cargamos, especialmente yo.
—Lo sé, lo sé, tranquilo.
—Bueno, ¿cuál quieres?
—Hum…
De pronto, el cielo rugió, rompiendo la paz y tranquilidad que había en el ambiente, y la luz entró por los ventanales. La pequeña Yona chilló y se encogió sobre sí misma, y Hak, antes de haber pensado en lo que hacía, corrió hacia donde estaba ella. No, ya no se podía contener más, y menos viendo lo mucho que estaba sufriendo.
—Hak…— sollozó Yona, y se tiró a los brazos del chico, escondiéndose en el pecho de este como si se quisiera esconder allí por años.
A Hak no le importaría que eso ocurriera.
—¿Por qué no mejor me invento la historia y nos ahorramos buscar un libro? — inquirió Hak en un tono desenfadado, intentando que se olvidara de lo que estaba pasando afuera.
—Vale…— asintió ella, sin hacer el menor intento de apartarse; es más, cuando el intentó hacerlo, se aferró a su ropa con fuerzas— ¡No, no, por favor!
—Sshh, tranquila, no me voy a ir a ningún lado— le acarició el cabello con ternura— Solo nos voy a tapa. ¿Tú no tienes frío?, porque yo estoy a nada de convertirme en un muñeco de nieve.
Yona tardó un poco en contestar, aunque no fue porque no quisiera, sino que se escuchó otro trueno y tuvo que ahogar su grito en el pecho de él. Hak la sostuvo con cariño y paciencia.
—Sí…— susurró la niña cuando ya se había tranquilizado.
Se acostaron juntos y Yona no tardó en volver a acurrucarse en su pecho; un acto que le salió espontáneo y natural. Sintiendo los brazos de él rodeándola, apoyó la cabeza en el hueco de hombro y, por un momento, pensó que le gustaba estar en ese lugar.
—Bueno, pues… Había una vez, un reino muy lejano llamado Kouka…
Hak habló sobre un reino extenso y hermoso, sobre una princesa con el cabello del color del amanecer y sobre su guardián, un chico apuesto y gallardo que la seguía a todas partes; le habló de tribus y dragones, de cómo la princesa fue valiente y se enfrentó a todo por su reino, de cómo lo salvó de manos de un malvado rubio -al cual, casualmente, no le puso nombre-, de cómo consiguió hacer buenos y leales amigos…
Habló durante horas y no calló hasta que no sintió la respiración acompasada de la chica sobre su piel y no supo que se había quedado dormida.
Fuera, el cielo parecía estar rompiéndose en mil pedazos».
·
Yona lo encontró apoyado en la pared del gimnasio, con los pies cruzados, las manos metidas en los bolsillos y el pelo -todavía húmedo- cayéndole por la frente, impidiendo ver esos ojos que observaban el suelo casi con desinterés.
Llegó a su altura sin que él hubiera dado muestra de que estaba al tanto de su presencia, aunque sabía que la había escuchado llegar. El silencio que se formó entre ellos fue tan denso y pesado como una capa de humo sobre ellos, causando que Yona tuviera la sensación de estar ahogándose.
—Felicidades por el partido— susurró en algún momento, sin saber muy bien cómo romper el mutismo.
—Gracias— respondió él y alzó sus ojos, clavado sus ojos en los de ella con firmeza— Pero dudo que me hayas llamado para venir aquí por eso, ¿verdad?
Yona sintió como el aire escapaba de sus pulmones y su pecho se apretujaba dolorosamente. Su mirada estaba lejos de ser la dulce y divertida que lo caracterizaba, aquella la molestaba a todas horas; ahora lo único que Yona encontraba en ella era la más fría y pura indiferencia, como una daga hecha de escarcha que iba directo a su corazón ya hecho pedazos.
—Yo…—escondió sus ojos en el suelo y dejó de su cabello formara una cortina natural contra ese ataque directo—Hak, yo… He sido una tonta— el cristal agrietado que eran sus sentimientos terminó por romperse y las lágrimas que había estado conteniendo todo este tiempo -y que se había obligado a no enseñar- escaparon finalmente— Yo no sabía… no quería… pero él… He sido…
Lloraba mientras hablaba, hablaba mientras lloraba y no era capaz de hacer bien ni una cosa ni la otra.
"Soy patética", pensaba mientras intentaba enjuagarse las lágrimas de sus mejillas. "Soy patética, y todo en lo que podía pensar era que necesitaba a Hak. Aunque lo único que vaya a conseguir es que él termine por burlarse de mi".
Hak la observó, con su cuerpo completamente paralizado, como si su mente se le hubiera escapado de su interior con un suspiro y vagara a la deriva por el mundo. La vio allí, tan sola y perdida, que ese familiar sentimiento que se adueñaba de él cada vez que la veía comenzó a inundarla.
"Maldita sea, no puedo enfardarme contigo, no puedo. Te odio y te amo, y nunca sabrás lo loco que me vuelves."
—Princesa…
Primero un pie, después el otro; cuando se quiso dar cuenta, había llegado a ella y la había estrechado entre sus brazos, notando que este se amoldaba perfectamente al suyo, como si hubieran sido hecho para estar juntos.
"Pero tú de eso no te das cuenta."
Los dedos de ella se aferraron a la parte de atrás de su sudadera -como tantas veces había hecho- y lo hacían con tanta fuerza que Hak dudaba que pudieran quitarse después. Lloraba y no parecía importarle mojar su ropa o arrugarla. Lloraba al igual que todas las veces en las que terminaba quedándose dormida en sus brazos. Lloraba y no solo lo hacía con el cuerpo, sino también con el alma.
—Hak, duele— le decía, como si necesitase exteriorizar sus sentimientos, hacerlos más real, como si él no fuerza capaz de darse cuenta— Duele mucho.
¿Qué si dolía? Pues claro que dolía. Igual que un corazón arrancado de cuajo, que un puñal que se clavaba en el costado una y otra vez o quedarse sin oxígeno y sentir que te ahogas…
—Lo sé, princesa…, créeme que lo sé…
El tiempo se detuvo un momento que se alargó hasta la eternidad y las estrellas fueron las únicas espectadoras silenciosas de la imagen de un muchacho sosteniendo a lo más valioso de su vida en sus brazos.
Llorando porque le habían roto el corazón.
·
«Se encontraba sumido en la inconciencia -un raro sueño de un chico alto y rubio que no hacía más que molestar a su princesa con unos divertidos ropajes rojos- cuando sintió un movimiento a su lado. Se medio espabiló lo justo para advertir una figura en la oscuridad de la habitación.
—¿Eh?
—Ssshh— respondieron. Reconocía esa voz.
—¿Princesa? —parpadeó para aclarar la neblina de sueño que le impedía pensar con claridad y su mirada captó la pequeña sonrisa que le dedicó desde el lateral de la cama y el rubor que cubría sus mejillas.
—Hola.
—Pero, ¿qué…?
—¿Me haces un hueco, por favor?
Se movió, incluso antes de que procesara la pregunta que ella le había formulado. La sitió meterse entre las sabanas, como si fueran suyas, y acomodarse a su lado. Hak, durante casi un minuto, tan solo pudo parpadear.
Es cierto que ya habían dormido juntos antes -cada vez que había una tormenta gorda-, pero esta vez… Llovía, sí, pero no con mucha intensidad, y Hak dudaba muchísimo que cayera algún relámpago o hubiera algún trueno. Entonces… ¿por qué…?
—Buenas noches, Hak— murmuró ella.
Cuando se quiso dar cuenta, estaba sonriendo como un idiota. Sacudió la cabeza y se giró hacia donde estaba ella, tumbada sobre su costado izquierdo. Tan tranquila y bonita… tan…. Yona.
Retuvo el deseo de entremeter sus dedos en la espesa y hermosa cabellera rojiza de la chica.
—Buenas noches… princesa.»
·
Jae-Ha venía ajustándose el cabello en una coleta baja y Shin-Ah rebuscando en su mochila. Ambos tenían el cabello húmedo, señal de que acaban de venir de los vestuarios y de las duchas, y mientras sus amigos los habían estado esperando en el aparcamiento.
Ninguno de los dos puso cara de sorpresa cuando se encontraron a Hak, Yona, Lili y Soo Won apoyados en el coche de este último charlando entre ellos. Lo que si notaron fue la tensión en el cuerpo de la pelirroja mientras esbozaba una seca sonrisa y aparentaba escuchar lo que fuera que estuviera diciendo el rubio con interés. Hak, a su lado, con otra sonrisa -aunque esta más natural- comentaba de vez en cuando a lo que sea que estuviera diciéndole, con Lili también aportando alguna que otra cosa.
—Mírale las manos— susurró Shin-Ah.
Se detuvieron donde Zeno, Yoon y Kija los esperaba, también echándole rápidos vistazos a ese extraño e inquietante cuarteto, e hizo lo que le dijo. Hak tenía una de las manos metida en el bolsillo de su chaqueta y estaba apretada en un puño por la tirantez de su brazo mientras que la otra caía libre a su lado, lo suficientemente cerca como para que se rozara con la de la chica, pero no que no se notara si uno no se fijaba bien.
No sé qué fue lo que le sorprendió más al peliverde, si eso o que Yona no reaccionara negativamente a eso, apartándose nerviosa o algo así.
—¿Qué hacéis aquí, tan apartados? — preguntó Jae-Ha a sus amigos. No era la primera vez que venía Soo Won como para que ahora se mostrasen reservados, y muchísimo menos que lo hiciera el espontáneo y abierto de Zeno.
—¿No lo notas en el aire? — susurró Yoon— Seguro que te acercas y te ahogas de la tensión que hay en ellos. Estábamos esperándoos para marcharnos lo antes posible.
—¿Cómo está Yona?
—La señorita no ha abierto la boca desde que volvió del baño— respondió Zeno en un inusual tono serio.
—Soo Won y Lili fueron un momento a su coche mientras os esperábamos los demás— siguió contando Kija— y cuando ella llegó, Lili, la chica, la llamó, diciéndole que quería enseñarle una cosa. Ella se acercó y poco después apareció Hak.
—Puso cara de haber mordido un limón cuando vio la escena— tomó ahora la palabra Yoon— y rápidamente pasó de largo y fue a ellos, saludando como si no pasara nada a Soo Won y Lili. Siguen hablando desde entonces. De qué, ya no lo sé.
Jae-Ha suspiró y los miró una segunda vez por casi un minuto.
—¡Eh, chicos! — los llamó, atrayendo la atención de los cuatro en un momento— ¡¿Nos vamos?! ¡Como tardemos más, se habrá acabado todo!
Yona le miró fugazmente y sonrió a los recién llegados, el alivio tiñendo su mirada. Los cinco aprovecharon para acercarse al coche.
—¿A dónde vamos? — preguntó Lili con entusiasmo.
—A una fiesta— respondió Jae-Ha— En una finca a las afuera de la cuidad, para los jugadores del equipo… y, en realidad, todo el que quiera ir— mostró su sonrisa más cordial— Por cierto, mi nombre es Jae-Ha, y ese de ahí es Shin-Ah, que no hemos tenido el gusto de presentarnos.
—Encantada, yo soy Lili— les respondió de forma encantadora— Y lo de la fiesta me parece muy buena idea, ¿podemos ir también? — miró a Soo Won, quién le sonrió enternecido.
—Claro, no veo problema.
—Entonces, vamos— exclamó Kija cuando vio la ligera mueca que aparecía en los labios de la pelirroja.
—¡Sí, fiesta! — celebró Zeno, pasando el brazo por los hombros de Yoon— ¡Comida y bebida gratis! ¡Eso le gusta a Zeno!
—Tranquilízate y no te vuelvas loco que no pienso llevarte otra vez a rastras a tu casa, ¿eh? — farfulló Yoon poniendo los ojos en blanco, aun sabiendo que sus palabras caerían en saco roto.
—Bueno, Yona, ¿nos guías tú como antes? — inquirió Soo Won.
Yona abrió la boca y Jae-Ha vio el pánico y la negación rotunda aparecer en sus ojos. Un par de segundos después parpadeó y eso fue sustituido por dolor y resignación.
—No creo que pueda ser— se metió entonces Hak, agarrando el brazo más cercano de Yona con suavidad y tirando de ella; había una tensión en su mirada que te invitaba a no llevarle la contraria si no querías tener problemas, aunque estaba velado con una sonrisa de disculpa y fastidio — Yona y yo tenemos que hablar de una cosa con el abuelo, así que id tirando vosotros y ahora un rato los alcanzamos.
—¿Va todo bien? — preguntó Soo Won con preocupación.
—Sí, no es nada— hizo un movimiento de mano para quitarle importancia— Tonterías del viejo, seguro. Nos vemos en la fiesta, ¿vale?
Y sin esperar contestación alguna, sus dedos se entrelazaron con los de la chica -un movimiento natural y firme, como si hubiera ocurrido antes de que lo procesara- y tiró de ella en la dirección en la que se encontraba aparcado su coche.
—Yo… os llevo— murmuró Jae-Ha.
Todos miraban a la pareja marcharse.
·
«—¿Ya te vas?
—¿Has visto la hora? Se hace tarde, así que levántate.
La muchacha frunció el ceño y apartó las sábanas antes de sacar los pies del interior de la cama. Hak, a su lado tumbado, siguió sus movimientos con una intensa mirada, ignorando el incansable cosquilleo de su estómago, un ya familiar y viejo amigo.
—Vamos bien de tiempo, princesa, no te sulfures.
Yona puso los ojos en blanco mientras buscaba sus zapatillas que, misteriosamente, volvían a estar debajo de la cama.
—¿Cómo puedes estar tan tranquilo? De verdad, me sacas de quicio… Ajá, aquí estás— murmuró cuando encontró una de ellas.
Una pequeña sonrisa se formó en los labios del chico, quién giró sobre sí mismo en el colchón hasta quedar en el lado que había ocupado la chica; enterró la cabeza en la almohada e inhaló, pero porque respirar era una necesidad básica del ser humano y no porque el lugar estaba impregnado de su aroma. Que nadie osara pensar lo contrario.
—Porque siempre eres tú la que te duchas primero. Puedo quedarme unos minutitos más en la cama.
—Eres un perezoso…— rio suavemente en el momento que encontró el otro par y se levantó. Vio que todavía no se había movido y sacudió la cabeza —Venga, que tenemos que ir a la escuela.
—Que sí, pesada. Corre ve a la ducha.
Yona anduvo hacia donde estaba la puerta de la habitación y estaba abriéndola cuando escuchó unos pasos, unos pasos que se acercaban. Rápidamente, cerró la puerta lo más silenciosamente que pudo y no le dio tiempo a girarse que notó la presencia de Hak a su espalda.
—Escóndete bajo la cama.
Ella lo hizo y acababa de deslizarse por el suelo cuando la puerta se abrió mientras Hak, intentando pasar desapercibido, se había movido por la habitación, haciendo como que buscaba la ropa que se podría ese día para ir al instituto.
—¿Todavía sigues así? — se escuchó el suspiro de Ai. Yona se la imaginó con las manos en las caderas y el ceño fruncido, su habitual postura con ellos todas las mañanas.
—Sí, sí, ya voy— refunfuñó el muchacho.
—Vais a conseguir que me salgan canas algún día, de verdad. Por cierto, ¿sabes dónde está Yona? No escucho el agua correr. Por favor, no me digas que ella también se ha quedado dormida. Estos niños… y yo con tantas cosas que hacer… Voy a ir a sacarla de la cama de la oreja...
—Eh, no te preocupes, Ai — detuvo su perorata Hak lo suficientemente alto como para atraer la atención de la mujer que seguía murmurando para sí— Yo voy a despertarla, si quieres, ve tú a hacer lo que necesites.
Yona contuvo la respiración mientras esperaba la contestación de la mujer. Porque si rechazaba la oferta e iba ella misma a "despertarla", terminaría descubriendo que no había nadie en esa cama, y que en realidad estaba…
—Tres minutos os doy para escuchar el grifo de la ducha, ¿me estás oyendo, jovencito? — terminó claudicando y Yona se la imaginó apuntándolo con su inseparable arma, capaz de poner en banda al más fiero y rebelde de los muchachos: una espátula de madera.
—Sí, general— Hak hizo un saludo militar, ganándose con lo fulminara con la mirada antes de cerrar la puerta tras de sí— ¿Qué te van a salir canas? ¿Pero tú te has visto en el espejo? — masculló para él, suspirando— Princesa, ya puedes salir, es seguro.
Yona se arrastró lentamente y cuando alzó la mirada se encontró a Hak observándola con las manos en la cintura y una amplia sonrisa en los labios, con el pelo revuelto y la huella de la almohada en la mejilla.
—Qué poca vergüenza, mira que quedarte hasta tarde en la cama y tener que ir yo a despertarte... Deberías aprender de mí— se burló, pero después estiró un brazo para ayudarla a ponerse de pie.
Yona tanteó si aceptar o no el agarre, y terminó haciéndolo, pero con el ceño doblemente fruncido.
—Eres un idiota.
—Y tú una dormilona, pobre Ai, dándole tú más trabajo.
Yona sintió sus mejillas enrojecer por la rabia mientras se marchaba de allí sin mirar atrás rumbo a su habitación. Deseaba correr a la cocina y decirle a Ai que no, que ella estaba despierta a su hora, y era otro el remolón y vago en la casa. Sin embargo, nadie debía conocer lo que estaba pasando desde hacía años en esa casa -exactamente unos siete años, desde que ellos tenían seis y ocho años.
Una rutina que empezó siendo solamente cuando había tormenta, después derivó a cada vez que llovía, y finalmente había llegado a un punto en el que cada noche ella se deslizaba en su cama porque, de no ser así, la muchacha se veía incapaz de dormir. Por mucho que diera vueltas en la cama, por mucho que se pusiera música o intentara leer, el sol podía aparecer por el horizonte que ella no había sido capaz de pegar ojo en toda la noche.
Y había un ejemplo perfecto para eso. Hacía tres años, Hak se había marchado con sus compañeros del fútbol de campamento por un fin de semana -siendo la primera vez que dormían separados. Cuando volvió ese domingo, se encontró a Yona convertida en un zombie con las ojeras llegándole a la barbilla, los ojos irritados y el ánimo a la altura de sus pies, tambaleándose de un lado a otro de la casa. Y esa noche, no pasó un minuto después de que su cabeza tocase la almohada de la cama de él, que había caído en un profundo y apacible sueño.
Hasta ese momento, Hak no tomó en serio las consecuencias que trajo el que la invitara a su habitación aquella noche de truenos, porque él tampoco pudo dormir mucho durante las dos noches que estuvieron separados.
Hak la observó marcharse, un remolino rojo y blanco, y miró el rebujo que eran las sábanas.
Escuchó el agua correr por las cañerías y, una vez más, pensó que cada vez se le hacía más difícil dejarla ir por las mañanas.»
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Estaba sonando We can't stop de Miley Cyrus a toda voz cuando Hak aparcó el coche, cerca de la zona arboleda que rodeaba la casa, junto a unas decenas de coches más. Yona observó los alumnos que salían de la casa o se encontraban en el patio, y daría lo que fuera si la casa, por dentro, no estuviera a reventar.
El muchacho apagó el motor y, durante unos segundos, ninguno de los dos se movió.
—Te lo digo por última vez: una palabra y nos vamos de aquí.
Yona suspiró y terminó sacudiendo la cabeza antes de sonreírle honestamente.
—No podemos hacerles ese feo a los chicos, Hak, pero agradezco muchísimo que me lo digas. Además, es tu fiesta. Tú has ganado con ellos.
—Princesa…—apartó la mirada y observó por el cristal a todos los adolescentes borrachos. No había rastros de sus amigos así que seguramente estarían dentro— Dime al menos cuando te sientas incómoda y me invento una excusa.
—Hak…
—Por favor— la miró y Yona leyó algo en su mirada que no supo ponerle nombre pero que hizo que su corazón aumentara de velocidad.
—Bien— claudicó, sabiendo que no habría otra manera, que no la dejaría en paz hasta que obtuviera lo que buscaba.
Se bajó del coche y esperó a que Hak lo cerrara con seguro y se colocara a su lado para dirigirse hacia la casa. Lo sentía a su lado, y cuando entraron en la casa -como había temido era muchos cuerpos para un espacio tan reducido-, sintió su mano colocarse en la parte baja de su espalda.
Evitó caminar más deprisa -sentía su mano por todo el cuerpo- y se escabulleron entre la muchedumbre, rumbo a la cocina para buscar a sus amigos o conseguir algo de beber. Cuando llegaron no los encontraron, y eso no pareció alterar el humor del muchacho, quién se acercó a la barra que estaba a reventar de bebidas.
—¿Qué quieres beber? — le echó un rápido por encima del hombro— Espera, no me lo digas, lo adivino— puso los ojos en blanco y sin esperar respuesta preparó la mezcla.
Yona sonrió ampliamente cuando probó el vaso y, efectivamente, había acertado: vodka con Coca-Cola, no muy fuerte, y con bastante hielo. Tal y como le gustaba a ella.
—No sé cómo puedes beber esa asquerosidad.
—Deja mis gustos en paz, Hak, que esto es ambrosía de los dioses— exageró para picarlo— ¿Tú que estás bebiendo?
—Refresco— alzó la lata para mostrársela— Esta noche traigo el coche y no queremos que haya ningún accidente.
Hak notó como ella lo miraba más tiempo de lo normal en silencio y eso lo puso nervioso. ¿Había dicho algo malo? ¿Por qué lo miraba de esa forma? La música retumbaba en la casa, embotonando los sentidos, y por un ínfimo instante Hak se los imaginó en medio de la pista bailando, uno junto al otro, sus cuerpos rozándose…
—¡Hasta que llegasteis! — exclamó Zeno, pasando uno de sus brazos por los hombros de la pelirroja. Tenía un vaso de plástico en la mano, aunque vacío. Yoon venía tras él, con otro refresco, y sacudiendo la cabeza.
—Hola, chicos— sonrió divertida Yona, su cuerpo había empezado a moverse ligeramente al ritmo de la canción pues Zeno no dejaba de inclinarse y mover las caderas— Veo que te estás divierto, Zeno.
—Zeno está muy feliz porque sus amigos han ganado y están todos juntos en una fiesta, y, por supuesto, porque está la señorita con ellos.
—¿Dónde están los demás? — preguntó Hak a Yoon, dándole un buche a la lata.
—Fuera, aquí dentro no se puede estar. Pero ese tonto se ha tomado el vaso demasiado rápido y quería más.
—¡Yona, querida! — el sonriente rostro de Jae-Ha apareció por la puerta y tras él vinieron los demás. La muchacha intentó no mirar al rubio y la chica que no parecían despegarse y estaba riendo de algo que le susurraba él en el oído— ¿Quieres ir a bailar?
—Bueno, yo…
—No se diga más— cortó lo que estaba diciendo—Vamos a mover ese cuerpo.
Le quitó la bebida de las manos y se la dio a Hak, quién tan solo tuvo tiempo a parpadear, antes de que Yona fuera arrastrado entre los cuerpos de los demás alumnos hacia el salón, donde se encontraba la verdadera pista de baile improvisada.
La música sonaba más fuerte si era posible, tanto que el suelo parecía estar temblando y habían colocado luces de colores que no dejaban de parpadear y proyectar diferentes figuras. Yona se sentía mareada, pero se dejó llevar cuando Jae-Ha colocó las manos en su cintura y la pego a él.
Rieron y bailaron juntos. Sentía el cuerpo como si estuviera hecho de aire y la firme presencia del peliverde a su alrededor la hacía sentir menos vergonzosa. Sabía que su amigo no la juzgaría ni tenía malas intenciones, así que se movió como la música le pedía. Se miraron y Jae-Ha le sonrió ladinamente -esa sonrisa tan suya que volvían a todas locas-, y Yona vio el rostro del chico bajo las diferentes luces mucho más guapo de lo normal.
Dio una vuelta siguiendo la música y detrás de ella se encontró a Zeno, adentrándose también en la muchedumbre para bailar. Levantó la mano para atraer su atención y que supiera donde estaban, y la sonrisa de él se amplió cuando se acercó a ellos.
Yona se vio bailando y divirtiéndose con sus dos amigos, olvidándose de todo lo que había ese día y centrándose en el presente. Soo Won no había venido, Soo Won no le había presentado a su novia y ella no había sentido su corazón ser absorbido por un agujero negro. En realidad, era una de las tantas fiestas a las que había ido con sus chicos, después de un partido de fútbol. Hak estaría hablando con los chicos del equipo, pero con un ojo puesto en ella; Yoon sería la mamá del grupo asegurándose de que no les pasaba nada; Kija se descontrolaría una vez se tomara el primer chupito y Shin-Ah estaría huyendo de su club de fans.
Nada de corazón rotos. Nada de dolor.
Solamente ella, la música y sus amigos.
En algún momento se vio bailando sola con Zeno. Jae-Ha había puesto el ojo en su próxima conquista y se había separado de ellos mientras bailaba con la guapa chica de pelo rubio que llevaba tiempo poniéndole ojitos.
Tenía la garganta seca y sentía la espalda sudada, pero siguió cantando la canción del momento que en ese momento estaba escuchándose por los altavoces. Zeno la acompañaba y se carcajeaba mientras ellos cantaban -o desafinaban.
—¡Cantas muy mal! — se burló por encima de la música.
Zeno, como respuesta, se contoneó graciosamente.
—¡Pero Zeno consigue hacer la pista arder!
La canción terminó y otro más comenzó. Yona atisbó una figura morena acercarse a ellos y sonrió cuando esta se acercó a su amigo. Iba a saludarla cuando en ese momento aparecieron dos personas más entre la multitud. Yona sintió como si la burbuja que la había arropado durante ese rato se hubiera explotado, dejándola vergonzosamente expuesta. No sabía que exponía sus pensamientos, pero Zeno, que se encontraba de espalda a ellos y saludando a la recién llegada, vio que algo pasaba y echó un vistazo por encima de su hombro.
Lili tiraba del brazo de Soo Won, a quién se le podía notar la incomodidad desde kilómetros, y este parecía estar negándose, aunque sin mucho esfuerzo.
No, no, por favor.
—Me voy a buscar a Kija y los demás— se acercó a Zeno para hacerse escuchar por encima de la música— Discúlpate de mi parte.
No le dio tiempo a escuchar la respuesta que se escabulló entre la gente. Sentía el corazón querer escapársele del pecho y la música, ahora, no hacía más que retumbar en su cabeza, poniéndola más histérica de lo que ya estaba.
Necesitaba salir.
Necesitaba aire.
Buscó a sus amigos dentro de la casa -aunque sin mucho empeño- y decidió salir un rato a la calle. La oferta que le había hecho Hak cada vez se le hacía más atrayente, aunque no sabía si cuando lo viera sería capaz de decirle que se marcharan, no quería cortarle la diversión a pesar de que se lo había prometido. Pero, a todo esto… ¿dónde estaba?
Salió por la puerta principal y pensó que sería un lugar apartado pero seguro apoyarse en el coche de Hak. Podría llamarlo o mandarle un mensaje esperando que revisara en algún momento cercano el móvil. Es más, estaba segura de que cuando llevara un tiempo sin verla, él mismo iría a buscarla.
Se encontraba caminando hacia el aparcamiento cuando sus pasos se detuvieron y sintió como el suelo se abría a sus pies y amenazaba con tragársela.
Porque había encontrado a Hak, sí.
Pero este estaba en estos momentos demasiado ocupado explorando la boca de una chica.
¡Que levante la mano quién se viene a golpear a Hak! Cariño, te aviso que la acabas de cagar y mucho...
O no, ¿quién sabe? (?)
En fin, ¿qué os ha parecido? ¿Qué creéis que habrá pasado? ¿Cómo pensáis que se lo tomará Yona? ¡Contadme!
Me gustaría agradecer y mandar mi inmenso cariño a todos los que han decidido darle una oportunidad a esta historia. Es el primer HakYona que hago y espero que os guste tanto como yo disfruto escribiéndolo. También me gustaría agradecer a mis compañeros de Twitter que le han dado un voto de confianza y están leyendo esto, además de lo mucho que me han ayudado aportando ideas y leyendo cada tontería que publicaba. ¡Os adoro, chicos!
Y no me quiero marchar sin hacer mención a tres personitas:
Guest: bueno, persona impersonal (?), espero que hayas continuado leyéndola y le hayas encontrado más sentido. He intentando que el juego del tiempo presente y pasado fuera lo más claro posible, así que si tienes cualquier duda, dímela sin falta que yo con gusto te la aclararé. Eso va para todo el mundo, por supuesto. ¡Muchas gracias por tomarte la molestia de comentar!
kibun No Tenshi: ¡Me alegro que te haya gustado la historia! Tengo que reconocer que me emocionó mucho cuando leí tu comentario. Muy pocos se toman el tiempo en dejar un comentario y no te digo ya como de los tuyos; eres una persona maravillosa. La historia me está costando mucho plasmarlo tal y como me lo imagino, y a veces me frustro porque no me sale como quiero, pero leyendo tus palabras me alegro de que todo el esfuerzo esté mereciendo la pena. Es todo un honor que te haya gustado tanto y espero que esta continuación no haya bajado el nivel. ¡Este capítulo va dedicado a ti con todo mi cariño!
Lale181: ¿Quién no amaría ver a estos chicos como simple estudiantes, con sus problemas cotidianos? Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a esa idea y hasta hace poco no decidí hacerlo realidad: un mundo donde fueran ellos mismo, lo más cercano a la realidad posible, pero teniendo una vida normal, con sus más y sus menos, con sus amores y desamores, con preocupaciones por los exámenes o no tener el último videojuego. Me alegro que te haya gustado mucho y espero que sea así con este capítulo y los demás que vienen. Respecto a Hak y Yona, bueno, no puedo decirte mucho, pero estos dos han estado viviendo en una burbuja que acaba de explotar y creo que es el momento de que vean la realidad... Ahora, ¿será lo que ellos deseaban? Te dejo ahí la duda. ¡Muchas gracias por el capítulo y este capítulo también está dedicado a ti!
En fin, no me enrollo más que no quiero aburrir.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
