Capítulo 2:
Víctor Zsasz ha tenido muchos contrincantes en su vida. La mayoría de ellos ni siquiera merecía la pena mencionarlos, pero siempre los recordaría con las marcas en su cuerpo. Cada una de ellas era una historia. La mayoría eran traidores al Don, personas que merecían morir por haber traicionado a Carmine Falcone, el único Don al que Víctor respetaba más que a su propia familia, aquel por el que Víctor entregaría su vida sin ni siquiera dudarlo.
Carmine era como un padre para él. Él vivía para agradarlo y a cambio Carmine le otorgaba su aprecio. Porque puede que Mario y Sofia fueran sus hijos de sangre, pero Carmine nunca le había tratado diferente a ellos. Ellos no merecían llevar el apellido Falcone. No eran dignos. Estaban malcriados, creían que por ser hijos de su padre tenían derecho a todo.
Víctor nunca olvidará los años de sufrimiento a manos de esos dos, la rabia que tuvo que contener para no tener represalias de su Don y no caer bajo su desgracia. Sofia fue la peor, intentando atacarle y echándole la culpa, diciendo que fue él el que la provocó y que ella sólo se tuvo que defender. Pero Víctor nunca dañaría a nadie con el apellido Falcone, y el Don lo sabía, asique la exilió de Gotham. Desde entonces Víctor no tuvo que volver a preocuparse por ella. Sólo tuvo que preocuparse de Mario.
Oh, cómo deseaba que Jim Gordon lo hubiera matado.
Víctor no quería causarle aflicción a su Don, pero los constantes recordatorios de Mario de que era una mascota, alguien reemplazable al Don, alguien inferior a él por no ser un Falcone…a veces hacía que deseara partirle la cara de un buen puñetazo. O jugar con él, si era posible.
Pero Jim Gordon era un buen policía y nunca mataba si no era por una buena razón.
No era como los otros policías de Gotham. Víctor recordaba la primera vez que conoció a Jim Gordon, cómo le vendieron sus compañeros. Qué ganas tenía Víctor de ponerse a jugar con cada uno de ellos, hacer práctica de tiro. La forma en que lo vendieron le daba escalofríos.
Víctor se había criado con un código que respetaría hasta el último momento de su vida. ¿Y él era el malo? Él nunca dejaría a nadie tirado de esa manera.
Desde entonces, Jim Gordon se había ganado su respeto. Incluso podía admitir que se había encariñado algo con el policía.
Pero es que todos los villanos de Gotham con renombre tenían sentimientos de amor-odio con el detective Gordon. La broma entre los villanos era qué si en verdad querías ser alguien, tenías que burlar al detective. Era como una especie de iniciación.
Y a veces Víctor le odiaba. Porque Jim Gordon le hacía sentir cosas que nunca había sentido por nadie. A veces se preguntaba si la relación que tenía con el detective era la misma que su Don tenía con el santo Peter Gordon, del que Carmine Falcone con una copa de whisky en su mano, una sonrisa y una mirada melancólica y lejana, no dejaba de hablar.
Hay veces que Víctor quería que su relación con Jim fuera igual o lo más cercana posible a la que Carmine tenía con Peter. Pero la mayoría de las veces, Víctor Zsasz temía a Jim Gordon y lo percibía como una amenaza. Zsasz lo supo desde el primer momento en el que se encontró con Jim; había encontrado a su igual y al mismo tiempo a su completo opuesto.
Jim es terco, valiente, amable, hosco, correcto, pero moralmente ambigüo. Es el único policía que Pingüino nunca pudo comprar, pero que siempre está allí para sacarle del apuro cuando realmente lo necesita. Es el rompecabezas que Edward Nygma nunca pudo resolver. Es el oponente al que Jervis Tetch nunca pudo vencer. El único policía que no es leal a nadie de la mafia, pero que respeta profundamente a Carmine Falcone. Un policía que estaba en contra de la Pax Pengüina, pero que no dudó en aliarse con Headhunter y tratarlo como a un igual.
Jim Gordon era una completa contradicción. Cuando creía que ya había comprendido cómo funcionaba la mente del policía, Jim Gordon volvía a sorprenderlo, demostrándole que todo lo que había creído sobre él, era erróneo.
Víctor sabe perfectamente la reputación que tiene, el miedo que siembra en cada persona de Gotham. Sabe que su fama lo precede. Y a él le encanta que cada vez que su nombre es pronunciado o se muestre en algún sitio, la gente se estremezca. Es una reacción instantánea. Pero hay veces que se pregunta qué pensará el detective sobre él. Si alguna vez Jim Gordon pensará en él, si lo hará en la habitación o en la ducha, después de un largo día de trabajo y necesite relajarse con una ducha fría, una copa o el calor de su mano. Porque Víctor a veces pensaba en el policía cuando necesitaba relajarse con una buena cogida en el Foxglove.
A veces Víctor tiene celos de Harvey Bullock. Harvey es un mal policía. Es corrupto, desleal, borracho, grosero y un jugador. Bullock no es trigo limpio, pero parece cuidar la espalda de Gordon por alguna razón que Víctor no ha comprendido, aunque cree que la sospecha. Bullock no dudó en traicionar a Fish, a Carmine Falcone y a sus propios compañeros. Y aquí Víctor tiene dos teorías: la primea es que Bullock está enamorado secretamente de Jim Gordon; la segunda es que Carmine Falcone le está pagando para que evite que Gordon se meta en problemas con las personas equivocadas.
Víctor ha hecho su propia investigación sobre el detective. Sabe dónde vive y desgraciadamente ha visto el paupérrimo contenido de la nevera de Jim. Sabe que el sueldo de un policía no da para mucho, también sabe que Jim tiene muchos gastos y que hace lo que puede para llegar a fin de mes. Donde otros de sus compañeros habrían ido a pedir un préstamo a la mafia, Jim ahorra de dónde puede y tirando con lo poco que tiene.
A Víctor le encantaba el detective, su cabezonería tan comparable a la suya. Sus ganas de luchar, su voluntad, su ambición.
Con la llegada de Jim Gordon a Gotham, ha tenido que intensificar el juego. Ahora siente la emoción al evadir a su oponente, la adrenalina de la persecución. Sabe que puede estar obsesionándose con el detective, pero cada vez que se encuentran es como un juego de caza, uno de ellos era la presa y el otro el cazador.
Y a Víctor siempre le gustó cazar y aún más cuando su presa no le tenía miedo y se le encaraba. Esos eran los momentos que más disfrutaba de su vida cotidiana.
